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Introducción

Para comprender correctamente tanto el significado como la importancia de la membresía en la iglesia, primero es necesario tener una visión clara del fundamento bíblico de la autoridad que el Señor Jesucristo ha conferido a su iglesia. Los creyentes que no entienden este fundamento suelen rechazar la idea de una membresía formal en una iglesia local, y como resultado, se pierden de las muchas bendiciones que Dios, en su gracia, nos concede a través de ella.

Con el propósito de evitar esta pérdida, en esta lección estudiaremos el importante concepto de la autoridad de la iglesia.

Redimidos para ser parte de la iglesia

En nuestros tiempos, la máxima autoridad dentro de una nación la tiene el estado (es decir su gobierno), y todas las demás instituciones u organizaciones existen bajo su permiso y regulación. Aunque las iglesias también necesitan el reconocimiento del estado para constituirse y operar legalmente, y deben cumplir con las leyes civiles vigentes; una una verdad que todo cristiano debe tener absolutamente clara es: la iglesia local no existe por autorización del estado, sino por un mandato específico del Señor Jesucristo. Cristo es quien tiene toda autoridad, tanto en el cielo como en la tierra, como lo afirma la Escritura en Mateo 28:18, “Acercándose Jesús, les dijo: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra.”

Idea Clave:

La iglesia local no existe por autorización del estado, sino por un mandato específico del Señor Jesucristo.

Jesús es la autoridad suprema ante la cual todas las demás autoridades deberán rendir cuentas (incluidos gobiernos y naciones). Él es quien juzgará a las naciones. Cristo tiene el poder final sobre la vida y la muerte; y es por su voluntad que existen todas las cosas, incluyendo el estado. No es la iglesia la que depende del estado, sino todo lo contrario: el estado existe por permiso de Cristo.

Y así como Él tiene toda potestad en el cielo y en la tierra, ha delegado esa autoridad a su iglesia para hacer discípulos y representarlo entre todas las naciones. Su iglesia es un ejército imparable: las fronteras geográficas no podrán detenerla.

Ni siquiera el poder de la muerte podrá oponérsele, porque como dijo Jesús en Mateo 16:18

18 Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré Mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

Necesitamos cambiar nuestra manera de pensar acerca de la Iglesia

Es fundamental replantear nuestra percepción de la iglesia local y el modo en que nos relacionamos con ella. Frecuentemente, tendemos a menospreciarla, tratándola como una mera institución sujeta a nuestros gustos y conveniencias. Sin embargo, esta actitud no solo empobrece su verdadera naturaleza, sino que también deforma nuestra experiencia del cristianismo.

Algunos síntomas de esta visión equivocada son:

  • Asistir regularmente a la iglesia sin nunca comprometerse como miembro activo.
  • Bautizarse, pero sin integrarse a la vida de la iglesia.
  • Vivir aislados durante la semana, no entrelazarse con otros creyentes.
  • Asumir que se tiene la libertad de ausentarse de las reuniones dominicales sin mayor preocupación.
  • Tomar decisiones de impacto en nuestra vida sin buscar consejo pastoral o sin considerar cómo afectarán a la iglesia.
  • Ignorar nuestra responsabilidad sobre el bienestar espiritual y hasta físico de los demás miembros de la iglesia.

La raíz de estos síntomas es la creencia errada de que podemos dirigir nuestra vida cristiana cómo mejor nos parezca, y que la iglesia es sólo una opción más que podemos incluir cuando nos convenga. La iglesia local no es un club al que decidimos unirnos o no, basados en nuestras preferencias.

Idea Clave:

La iglesia local es el organismo que Jesucristo estableció en la tierra, a la cual ha delegado autoridad para afirmar, edificar y guiar nuestra vida en cristo.

Para cambiar nuestra mentalidad, necesitamos entender que la membresía en una iglesia no es opcional para el discípulo de Jesucristo. No es un “servicio al cliente” espiritual, ni una estación de gasolina que visitamos para “llenarnos” cuando lo necesitamos.

El pastor Jonathan Leeman expresa de la siguiente manera:

“Así como la Biblia reconoce al gobierno de tu nación cómo tu más alta autoridad en la tierra en lo que respecta a tu ciudadanía en esa nación, así también la Biblia establece a la iglesia local como tu más alta autoridad en la tierra en lo que respecta a tu discipulado a Cristo y a tu ciudadanía en la nación presente y futura de Cristo.”

Así como el estado ha recibido de Dios el poder para gobernar y, en algunos casos, castigar (Romanos 13:1–7), la iglesia ha recibido una autoridad espiritual que ni tú ni yo tenemos.

Comprender esto transformará profundamente cómo vemos la iglesia y qué significa realmente ser parte de ella.

La autoridad para identificar a quienes representan el reino de cristo

En los evangelios el Señor Jesús nos revela que vino a establecer el reino de Dios, no como un territorio geográfico, sino como Su gobierno sobre un grupo particular de personas. Podemos decir que el reino de Dios es Su acción soberana en el mundo para redimir un pueblo que le pertenezca y exprese su voluntad divina en la tierra.

Este reino está compuesto por personas que se han arrepentido (Mt. 4:17), que son pobres en espíritu (Mt. 5:3), humildes como niños (Mt. 18:3) y que han sido redimidas para ser posesión de Dios (Tito 2:14).

Pero un reino sin fronteras visibles plantea un problema político: cualquiera podría afirmar ser parte de él. Y Jesús advirtió que muchos impostores harían exacamente eso (Mat. 7:21-23). Así como nadie puede representar oficialmente a un presidente sin su autorización, tampoco alguién puede asumir, por cuenta propia, representar al Rey. Jesucristo mismo debe delegarte la autoridad para poder hacerlo.

En Mateo 16:15-19 vemos que a los primeros que el Señor Jesús confiere esta autoridad es a los apóstoles, representados por Pedro:

15 «Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?», les preguntó* Jesús. 16 Simón Pedro respondió: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente». 17 Entonces Jesús le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos. 18 Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré Mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. 19 Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos».

El Señor Jesús declara que edificará Su iglesia sobre personas que creen y confiesan que Él es el Hijo de Dios y el Señor de sus vidas. Es decir, le confiere a la iglesia la autoridad para establecer las estructuras básicas de la vida del reino, tales como decidir quién es reconocido públicamente como ciudadano del reino.

Al darles a Pedro y a los apóstoles las llaves del reino, les confiere la autoridad para hacer lo que Jesús acababa de hacer con Pedro: actuar como representantes del reino de Dios en la tierra para afirmar las verdaderas confesiones del evangelio y a los verdaderos confesores. En otras palabras, Jesucristo les delegó a los apóstoles la autoridad para identificar quien sobre la tierra es un ciudadano del reino, y por lo tanto, representa a Cristo.

Dos capítulos después, Jesús menciona nuevamente la palabra “iglesia”, pero ahora refiriéndose a la iglesia local, y repite la referencia a las llaves del Reino en Mt. 18:15-18:

15 »Si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano. 16 Pero si no te escucha, lleva contigo a uno o a dos más, para que toda palabra sea confirmada por boca de dos o tres testigos. 17 Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia; y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el gentil y el recaudador de impuestos. 18 En verdad les digo, que todo lo que ustedes aten en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desaten en la tierra, será desatado en el cielo.

Esto reitera que el Señor Jesucristo también le ha dado las llaves del reino a la iglesia local, y por consiguiente, la iglesia local posee autoridad delegada por Cristo mismo, para identificar y afirmar quien sobre la tierra es un ciudadano del reino, y por lo tanto, representa a Cristo y debe hacer visible su reino en este mundo. En pocas palabras, en lo concerniente al proceso de ser discipulado en Cristo, la iglesia local es para un cristiano la más alta autoridad sobre la tierra.

Cabe aclarar que esta autoridad no es absoluta, como tampoco la del estado lo es, pero Cristo espera que todos los cristianos se sometan a la instrucción, el cuidado y la supervisión de una iglesia local por ser ciudadanos de Su reino. Negar esta autoridad es negar el diseño de Aquel que tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra

Esto no significa que una iglesia local puede cambiar el estatus que una persona tiene en el cielo. Como veremos a continuación, la función de una iglesia es como la de una embajada. La embajada no nos hace ciudadanos, pero sí afirma nuestra ciudadanía de manera oficial, lo cual nosotros en lo individual no podemos hacer.

La iglesia es una embajada del reino de cristo

La iglesia no es el reino, pero sí es una embajada de ese reino. Y ¿Qué es una embajada? Es una institución que representa a una nación dentro de otra nación, que declara sus intereses al país donde se encuentra y protege a sus ciudadanos que viven en la nación anfitriona.

Pero existe otra clase de embajada, una que representa a un lugar o nación del futuro. Eso es la iglesia local, pues representa al grupo entero de personas bajo el señorío de Cristo que se reunirán al final de la historia; es decir, la iglesia local tiene una función representativa de la autoridad de Cristo y es el lugar sobre la tierra donde los ciudadanos del reino pueden, ahora mismo, encontrar asilo y reconocimiento oficial.

Las iglesias representan al reino de Cristo aquí y ahora. Afirman y protegen a sus ciudadanos aquí y ahora. Proclaman sus leyes aquí y ahora. Se postran ante Él como Rey aquí y ahora, y llaman a todos los hombres y mujeres a hacer lo mismo, pues en 2 Corintios 5:18-21 Dios nos ha encomendado el ministerio de la reconciliación y en el versículo 20 se nos dice: “Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo les rogamos: ¡Reconcíliense con Dios!”.

Por todo lo anterior, dice el Pastor J. Leeman, “la iglesia local es una embajada real, establecida en el presente, que representa el reino futuro de Cristo y el arribo futuro de su iglesia universal”.

Las iglesias no siempre lo hacen bien, pero es su trabajo identificar y afirmar quién pertenece al reino y quién no.

La autoridad que como embajada del reino de Cristo tiene la iglesia local, les da a las personas que declaran “yo soy de Jesús” la oportunidad de demostrar que esas palabras significan algo.

  • La iglesia local protege la reputación de Cristo al procurar distinguir a los creyentes genuinos de los falsos.
  • La iglesia local le permite al mundo mirar el lienzo del pueblo de Dios, y ver un cuadro auténtico del amor y la santidad de Cristo, y no una imitación.
  • Y la iglesia local traza un sendero con barandales y estaciones de descanso para el largo recorrido de nuestra vida cristiana.

Sometiéndonos a la iglesia, no afiliándonos

Jesús no nos concedió el derecho de gobernarnos y declararnos a nosotros mismos como ciudadanos de su reino, sino que instituyó a la iglesia local como representante de su autoridad sobre nosotros. Por lo tanto, nosotros no tenemos la opción de simplemente “afiliarnos” a una iglesia local como lo hacemos a algún club o asociación civil; más bien, se nos llama a someternos a ella como lo hacemos al gobierno, pues lo que la Escritura nos revela es que:

Los cristianos no se afilian a sus iglesias, se someten a ellas.

No malentiendan. Desde el punto de vista de un no-creyente, una iglesia local sí es una asociación, nadie está obligado a afiliarse. Pero desde la perspectiva de una vida en Cristo, no lo es. Una vez que te entregas a Cristo, te haces parte de su pueblo también, lo cual implica que cuando recibes al Hijo y eres reconciliado con el Padre, recibes también a toda la familia de Dios—lo cual haces a través de tu iglesia local.

Recordemos también que la autoridad de Cristo se ejerce a través de dar nuestras vidas por el bien de otros, como lo hizo el Señor Jesús por nosotros. Y su autoridad también obra por medio del tierno, eficaz y transformador poder de la Palabra y del Espíritu, y no por el poder manipulador de la persuasión o la coerción. Y en Su Palabra, Cristo nos llama a someternos voluntariamente y a entregarnos a servir en una iglesia local, como se nos exhorta en Hebreos 10:24-25

24 Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca.Advertencia a los que continúan pecando. (Ver también Hebreos 13:17).

Imaginen un mapa en el cual aparecen todas las naciones del mundo, Ahí hay una pequeña embajada de luz. Es un grupo de cristianos reunidos en el nombre de su rey Jesús. De pronto ese punto de luz se divide en dos, luego cuatro, luego ocho y así sucesivamente. Una nueva nación está creciendo, una nación establecida dentro de las otras naciones. Esta nueva nación no cambia las fronteras en el mapa, pero no puede ser contenida por esas fronteras. Los que marcan los límites entre países no pueden detener a estos ciudadanos de otro mundo. Los puntos de luz cruzan todas las fronteras, expandiéndose por todas partes como la levadura en la masa, o como estrellas que aparecen una tras otra a medida que el cielo se obscurece.

Estas son las iglesias de Cristo y sus miembros. El mundo jamás ha conocido ni conocerá algo semejante. Y por la gracia de Dios, y la fe en la obra redentora de Cristo, y tenemos el enorme privilegio y la gran responsabilidad de ser parte de esa nación, y de contribuir a su incontenible expansión en todas las otras naciones.

Preguntas de Discusión

  1. ¿Cuál era tu idea o concepto de la iglesia cuando recién te convertiste a Cristo, y cuáles eran tus expectativas?
  2. ¿Por qué piensas que la mayoría de los creyentes tienen un concepto equivocado de lo que significa ser miembros del cuerpo de Cristo?
  3. ¿Cómo afecta a tu entendimiento en cuanto a tu iglesia, el saber que fue establecida por el Soberano de todo el universo, el único Ser que posee autoridad suprema sobre toda la creación, nuestro Rey y Redentor Jesucristo?
  4. ¿Con cuál de los síntomas de nuestra errónea manera de pensar acerca de la iglesia te identificas más y por qué? (ver pág. 2)
  5. ¿Qué pasos puedes o debes tomar para ver a tu iglesia como lo que realmente es, una embajada de una nación futura (celestial), y para contribuir al cumplimiento de la misión que le fue encomendada a esa embajada?
  6. De lo aprendido en esta lección, ¿qué es lo que más te ha impactado o ayudado a tener un entendimiento bíblico de la iglesia y de tu membresía en ella?

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