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¿Por qué estudiar el NT en griego?

El estudio del Nuevo Testamento griego no es una curiosidad intelectual ni un lujo reservado para académicos. Es una expresión de humildad ante Dios y su palabra.

Sin duda estarás de acuerdo con que en el corazón del ministerio pastoral está el llamado a proclamar fielmente la palabra de Dios. No fuimos llamados a predicar lo que creemos que el texto dice, sino lo que realmente el Espíritu reveló. Aprender el idioma del Nuevo Testamento nos ayuda a dar un paso más en nuestra búsqueda por la fidelidad a la palabra revelada.

En nuestra declaración de fe, tenemos lo siguiente:

Toda la Escritura es exhalada por Dios, habiendo sido entregada de manera exacta a través de varios autores humanos por la inspiración y acción soberana del Espíritu Santo… como la Palabra de Dios perfecta, infalible, y autoritativa… En sus manuscritos originales, la Escritura como un todo, y todas sus partes es inerrante en todo lo que afirma…

Esta afirmación no solo nos llama a confiar en la Escritura, sino también a acercarnos a ella con la mayor fidelidad posible. Si creemos que los manuscritos originales son inerrantes, entonces estudiar el griego del Nuevo Testamento se convierte en una paso más en nuestra búsqueda por fidelidad.

Algunas personas pudieran tener temor de que estudiar griego puede generar orgullo, o hacer que lo técnico subordine la fe. No podemos negar que esto es un peligro real, pues como dijo aquel viejo reformador, “el corazón humano es una perpetua fábrica de ídolos”. Sin embargo, no podemos permitir que este temor nos paralice. Nuestro objetivo será acercarnos al texto bíblico con una actitud de humildad y asombro. Si lo hacemos de esta manera, el estudio del griego bíblico nos solo será una herramienta para la fidelidad, sino una invitación a la adoración.

En las siguientes líneas quiero presentarte tres razones por las que un candidato a pastor debería esforzarse en aprender el griego bíblico.

1. Refleja nuestro compromiso con la autoridad de la Escritura

16 Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia,

Estudiar el Nuevo Testamento en griego no es simplemente una herramienta académica; es una expresión concreta de nuestra sumisión a la autoridad de la Palabra de Dios. Si afirmamos que “toda la Escritura es inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16), entonces debemos acercarnos a ella con la humildad, esforzándonos por entenderla en la forma más exacta posible. El griego bíblico nos permite observar el texto con mayor claridad, y nos ayuda a poner más atención mientras dependemos del Espíritu para que ilumine nuestra mente y corazón.

En Mateo 5:18, el Señor nos dice:

18 Porque en verdad les digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla.

El texto original dice: “ἰῶτα ἓν ἢ μία κεραία”, refiriéndose a la más pequeña letra griega y a la marca diacrítica más insignificante del hebreo. Si el Señor le da tal importancia a los más pequeños detalles ¿No deberíamos también nosotros estudiar con dedicación y esmero los idiomas originales? Entonces, el estudio del griego del Nuevo Testamento es afirmar que cada tiempo verbal, cada artículo, cada estructura sintáctica tiene peso para nuestra doctrina y para nuestra vida.

2. Amplia la profundidad teológica

Estamos convencidos que cada vez que un creyente se acerca a la Escritura en fe y dependencia, el Espíritu obra para su edificación. No importa si lee el texto en español, inglés, o italiano. Entonces… ¿Por qué deberíamos esforzarnos tanto en aprender un idioma con el grado de complejidad del griego bíblico?

Nos ayuda a discernir la forma más fiel del texto bíblico

Uno de los beneficios más significativos de estudiar el griego del Nuevo Testamento es que nos capacita para interactuar con el texto bíblico en su forma más cercana al original. Aunque afirmamos con convicción que la Escritura es inspirada por Dios, también reconocemos que los manuscritos que tenemos hoy son copias transmitidas a lo largo de siglos. Estudiar el Nuevo Testamento Griego nos da acceso al trabajo de eruditos que por siglos han dedicado su vida a comparar los más de cinco mil manuscritos a los que actualmente tenemos acceso con el objetivo de determinar cuál fue el texto que el Espíritu inspiro.

Algunos de los pasajes más relevantes son Marcos 16:9–20, Juan 7:53–8:11, 1 Juan 5:7–8, entre otros. Nuestras Biblias modernas indican que hay variaciones en los manuscritos por medio de notas al pie, pero cuando leas el texto texto griego, su aparato crítico te informará con detalle que manuscritos tienen esas variaciones. Cuando combinamos esta formación técnica con una humilde dependencia del Espíritu, podemos tener un discernimiento no académico, sino pastoral, que nos ayude a saber con certeza cuáles fueron las palabras que el Espíritu inspiro. Esto nos ayudará a enseñar con convicción y autoridad, sabiendo que el texto que predicamos es la misma Palabra inspirada por Dios.

Nos permite observar los detalles que dan forma al mensaje

Cada término, cada tiempo verbal, cada partícula griega fue colocado en su lugar con un propósito dirigido por la persona del Espíritu Santo. Estudiar el Nuevo Testamento en griego nos permite ver esos detalles que, aunque pequeños, pueden enriquecer nuestra comprensión del texto, nuestra predicación, y nuestra enseñanza.

Para decirlo de alguna manera, el texto griego nos permite acceder al nuevo testamento en 4k. Podrás notar matices y énfasis que no podemos ver en español. Esto abre una puerta impresionante para profundizar en el texto. El griego será, entonces, una herramienta más, que junto con la predicación expositiva, será de bendición para tu propia vida y para la iglesia a la que sirves.

3. Nos ayuda a aprender humildad y disciplina

Algunas personas pueden considerar que estudiar griego es un motivo de arrogancia, pero es justo lo contrario. Estudiar griego bíblico no es una muestra de superioridad intelectual, sino una expresión de humildad. Su objetivo no es alimentar el orgullo, sino confrontarnos con nuestra pequeñez ante la inmensidad de la Palabra revelada. El estudio serio del texto original requiere disciplina, paciencia y dependencia del Espíritu.

10 porque Esdras había dedicado su corazón a estudiar la ley del Señor, y a practicar_la_, y a enseñar Sus estatutos y ordenanzas en Israel.

Esdras es un ejemplo de este tipo de esfuerzo. La palabra “estudiar” implica una búsqueda diligente y meticulosa. Esdras no se conformó con una lectura superficial; preparó su corazón, estudió con profundidad, vivió lo que aprendió, y luego lo enseñó. Este orden, buscar, obedecer, enseñar, es el modelo que todo estudiante de griego debería seguir.

El estudio del idioma original no es un fin en sí mismo. Es una expresión de dependencia. Es una manera de decir: “Señor, quiero entender tu Palabra como tú la diste”. Es un trabajo duro, y sin duda durante este año de estudio tendrás momentos donde querrás rendirte. Pero, la palabra de Dios vale el esfuerzo. Solo una actitud de humilde dependencia del Espíritu para que nos conceda desarrollar nuestra capacidad intelectual y nuestra disciplina de estudio será lo que nos ayude a cumplir nuestra meta.


2. ¿De donde vino el griego bíblico?

Un idioma con raíces profundas

El griego koiné no surgió de la nada. Es parte de la gran familia de lenguas indoeuropeas, de la cual también forma parte el español. Esto significa que, aunque nuestro idioma y el griego bíblico están separados por varios siglos y miles de kilómetros, comparten estructuras gramaticales, vocabulario, y la misma “lógica” lingüística. Esto nos da una ventaja sobre los estudiantes anglófonos, pues aunque el inglés también es un idioma indoeuropeo, es parte de una rama mucho más lejana al griego que nuestro idioma materno.

El griego no surgió de la nada. Se desarrollo a partir de un idioma llamado por los lingüistas “protoindoeuropeo”. Cuando el nuevo testamento se escribió, el griego ya llevaba al menos dos milenios como una familia separada del Protoindoeuropeo. Piensa en las implicaciones ¿Podrías comprender un fragmento escrito en “español” del año 1025? probablemente no. Sin duda no seríamos capaces, siquiera, de comprender a un hablante de aquella época.

De la misma manera debes saber que el griego que aprenderemos no te dará la capacidad de leer a Homero o a los filósofos griegos, tampoco vas a poder viajar a Grecia y platicar con un hablante moderno. Aprenderemos un griego muy específico. A continuación te presento un brevísimo resumen de la historia del desarrollo de la lengua griega.

Protogriego

Los estudiosos creen que los hablantes más antiguos de griego, llegaron a la península helénica, procedentes quizá de los balcanes antes del 2000 a. C. Esta migración se realizó en olas a lo largo de varios siglos. Durante este periodo la población nativa, conocidos como egeos, fue lentamente absorbida por los migrantes.1 Lamentablemente, no se posee ningún registro escrito de este periodo.

Griego micénico

Es la forma más de griego más antigua de la que tenemos registro escrito. Se estima que tuvo su auge entre los siglos XV al XII a.C. Toma su nombre de una tablillas de arcilla descubiertas cerca de la ciudad de Micenas, en Creta. Usa un sistema de escritura totalmente distinto, al que se le llama escritura “lineal B”.

Tablilla en Lineal B de Pilos

En esta época no existía una nación griega. Los griegos eran un conjunto de naciones estado que, aunque compartían una herencia común, tenían rivalidades y conflictos entre ellos. Cada región desarrollo su variedad de griego distinto de las demás. Aunque el griego miceno es el único con registro escrito antiguo, en esta época se empezaron a el griego ático, el griego jónico, el griego dórico y el griego eólico.

Griego clásico

Entre el siglo VIII y el IV a.C, una de las ciudades estado más importantes, Atenas, empezó a ganar dominio sobre otras naciones de habla griega, hasta que su dialecto, el griego ático, se empezó a imponer a las demás. Con el paso del tiempo, el griego ático domino sobre las otras variedades.

Los estudiosos griegos habían adaptado el alfabeto fenicio a su propia lengua. Hoy conocemos este sistema de escritura como “uncial”, que ya es muy similar al que usamos en nuestros testos griegos actuales. La morfología y la sintaxis eran muy complicadas, pero por la misma causa, su exactitud y estética se considera muy rica.

En este periodo, y debido a la prosperidad ateniense, muchos filósofos y escritores escribieron literatura tan importante que ha sobrevivido hasta nuestros días. Los escritos de Aristóteles, Sócrates y Platón se escribieron en esta variante del griego.

Griego koiné

Después de las conquistas de Alejandro Magno, el idioma de los conquistadores se esparció en todo el imperio. Sin embargo, esta fue una versión simplificada. Fue la lengua del comercio, la filosofía popular. Era el idioma que escuchabas en el mercado, en la calle. Aunque conservó la profundidad del griego clásico, muchas de sus estructuras se simplificaron, lo que lo hizo accesible.

En la época del Nuevo Testamento, el griego koiné era la lengua franca predominante en la parte oriental del Imperio romano, mucho más extendida y funcional que el latín en esa región. Aunque el latín era la lengua oficial de la administración romana, el griego era el idioma común del comercio, la educación y la vida cotidiana en ciudades como Jerusalén, Antioquía, Éfeso y Corinto.

La soberanía de Dios en la expansión helenística

La difusión del griego koiné no fue un accidente histórico. Bajo Alejandro Magno, el idioma se extendió desde Grecia hasta Egipto, Persia y la India. Esta expansión creó un mundo interconectado, donde el griego era la lengua común. Cuando Cristo vino, el escenario estaba preparado: una lengua compartida, caminos romanos, y una red cultural que permitía que el Evangelio se difundiera rápidamente. Como dice Gálatas 4:4: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo…” El griego koiné fue parte de ese cumplimiento. Dios usó una lengua humana, accesible y funcional, para comunicar verdades eternas.


Ejercicios


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Footnotes

  1. Aune, D. E., & Svebakken, H. (2016). GRECIA. En S. Pagán, D. G. Ruiz, & M. A. Eduino Pereira (Eds.), Diccionario Bíblico Eerdmans (p. 755). Editorial Patmos.