
Al hablar de los manuscritos del Nuevo Testamento, nos referimos a las miles de copias antiguas que preservan el texto griego, transmitidas a través de siglos por escribas que amaban la Palabra. Estos manuscritos no solo son testigos de la fidelidad de la Iglesia en preservar la Palabra, sino que también nos permiten rastrear cómo se ha transmitido y copiado el texto a lo largo del tiempo. Los papiros, los códices unciales y los códices minúsculos son los más importantes, pero también dedicaremos unas líneas para hablar de la importancia de los Padres de la Iglesia, los leccionarios y las traducciones antiguas.
I. Los manuscritos del nuevo testamento
Los papiros
Los papiros son los documentos más antiguos preservados hasta el día de hoy. Por esta causa, son un recursos fundamental para la crítica textual del NT. Todas las ediciones críticas dependen directamente del testimonio preservado a través de los papiros. Estas ediciones utilizan el símbolo 𝔓 para indicar que se trata de un papiro, el super índice indica el número de papiro. La figura 4 muestra una fotografía del 𝔓52, fechado en el 125 d. C.

Es el fragmento del nuevo testamento más antiguo conocido. Contiene fragmentos de Juan 18:31-33 y 18:37-38.
Debido a La fragilidad del papiro, hoy en día solamente se poseen 115 papiros con pequeñas porciones del NT. Los 𝔓2, 𝔓45 , 𝔓75 , 𝔓90 , 𝔓98 y 𝔓104 son los documentos más antiguos que contienen parte del NT.
Los papiros pueden clasificarse en cuatro grandes categorías: (1) los papiros Oxyrhynchus, (2) los papiros Beatty, (3) los papiros Bodmer y (4) otros papiros significativos.1
Papiros de Oxirrinco
Los Papiros de Oxirrinco fueron descubiertos entre 1898 y 1907 por Grenfell y Hunt cerca de un vertedero de basura en la antigua vidad egipcia de Oxirrinco. Investigaciones posteriores fueron financiadas la sociedad italiana de exploracion.
Aquí se encontraron fragmentos de literatura, contratos legales y manuscritos bíblicos. Casi la mitad de los 115 papiros del Nuevo Testamento fueron encontrados aquí.

Que contiene Mateo 1
Los Papiros de Chester Beatty
Los Papiros de Chester Beatty fueron adquiridos en Egipto en los años 30 por el magnate y filántropo de origen americano Chester Beatty, quien coleccionaba papiros. Posiblemente provienen de una biblioteca de una iglesia o monasterio. Incluyen manuscritos del Nuevo Testamento, lo que los hizo significativos para la crítica textual.

El 𝔓45 forma parte de la colección Chester Beatty y originalmente contenía los cuatro Evangelios (en el orden occidental de Mateo, Juan, Lucas y Marcos) con el libro de los Hechos. Se produjo a principios del siglo III y se conservan 30 de sus 220 hojas originales.
Los Papiros Bodmer
Los Papiros Bodmer, adquiridos en Egipto en las décadas de 1950 y 1960, fueron descubiertos cerca de los códices de Nag Hammadi. Se cree que pertenecieron a una biblioteca de un monasterio. La colección incluye varios papiros del Nuevo Testamento de alto valor.

Que contiene Mateo 1
El 𝔓66forma parte de los Papiros Bodmer y contiene fragmentos del Evangelio de Juan, copiado alrededor del año 200 d.C. Su estilo caligráfico sugiere que pudo ser realizado por un escriba profesional o, posiblemente, en un scriptorium. Es el testimonio más antiguo del Nuevo Testamento que carece de la historia de la mujer adultera (Juan 7:53-8:11).2
Otros papiros
A lo largo del siglo XX se descubrieron y publicaron varios papipos importantes. Por ejemplo, El 𝔓4, que contiene partes de Lucas, y 𝔓52, un fragmento de Juan datado alrededor del 125 d.C. Otros papiros importantes incluyen 𝔓32, que contiene porciones de Tito, y el 𝔓87, una copia temprana de Filemón. 3
Los códices unciales
Cuando la Iglesia dejó de ser perseguida los escribas gozaron de algunas libertades. Probablemente la más notable es el surgimiento de los códices. Los códices estaban formados por hojas de papiro o pergamino que se cortaban y se cosían. El resultado era algo muy parecido a los libros de hoy en día. Los códices se preservaban mucho mejor que los rollos. A diferencian de los papiros, la mayoría de los códices contienen todo o casi todo el Nuevo Testamento. Incluso, algunos de ellos contienen la LXX, y algunos escritos de los padres de la Iglesia. Hoy en día tenemos acceso a unos 250 códices. Los eruditos crearon un sistema para clasificarlos usando letras de los alfabetos latino, griego y hebreo. Además, cada códice tiene una clave numérica. Para diferenciarlos de los minúsculos, las claves que identifican a los unciales siempre empiezan con cero.
Por su antigüedad y contenido el códice sináitico es uno de los más importantes. Fue encontrado en el monasterio Santa Catarina, en la península del Sinaí por el biblista alemán Constantin Tischendorf.4 Frecuentemente se representa con la primera letra del alefato hebreo, א . En la figura 8 encontramos una fotografía de Mateo 1 en este códice. El códice alejandrino, representado con la letra “A” y el códice Vaticano, “B”, son otros de los códices más importantes.

Que contiene Mateo 1:1 - 2:5
Tanto los papiros como los códices fueron escritos en escritura uncial, por lo que es muy frecuente utilizar el adjetivo “unciales” para referirnos a éste tipo de códices.
Los códices minúsculos
Después del siglo X, las letras con las que se escribía el alfabeto griego cambiaron. Los copistas introdujeron las letras minúsculas, los espacios y los signos de puntuación. Los manuscritos que fueron copiados usando este estilo de escritura son conocidos simplemente como minúsculos. La mayoría de estos manuscritos proceden del imperio bizantino, en la actual Turquía. Hoy en día se tiene acceso a 2829 minúsculos y la gran mayoría de ellos concuerdan en lecturas que difieren de documentos más antiguos.5
Las traducciones castellanas más antiguas se basaron en este tipo de manuscritos. Al igual que los unciales, la mayoría de los minúsculos contienen todo o casi todo el Nuevo Testamento; pero debido a que fueron escritos en una fecha muy tardía, el testimonio de los papiros y unciales es considerado como prioritario. La figura 5 muestra un fragmento del códice 1, copiado en el siglo XII.

Aquí tenemos el Folio 5 que contiene Hechos 1
Otras fuentes indirectas
Los padres de la Iglesia
Los pastores y obispos que se encargaron de la Iglesia después de la muerte de los apóstoles son conocidos como los Padres de la Iglesia. En muchas ocasiones ellos escribían cartas a alguna iglesia o refutaban algunas de las acusaciones que los paganos hacían al cristianismo. Como cualquier pastor, citaban abundantemente las Escrituras. Ellos copiaban el texto bíblico desde un papiro y lo incluían en sus cartas. Las citas del Nuevo Testamento son tan abundantes en sus escritos que todo el Nuevo Testamento podría ser reconstruido con las citas bíblicas que extraemos de su obra. Su trabajo es de un alto valor para la crítica textual, porque reflejan un texto más cercano a los papiros que los unciales o los minúsculos.
Los leccionarios
Los leccionarios eran libros utilizados en la adoración pública que contenían selecciones del texto bíblico organizadas según el calendario litúrgico. Estos textos eran leídos durante la celebración de la santa cena o en otras reuniones, y por lo general estaban centrados en los evangelios y las epístolas.
Aunque ningún leccionarios contiene el texto de un libro bíblico completo y en orden, sí que tienen textos bíblicos claves que pueden compararse con otros manuscritos.
Los leccionarios más antiguos proceden del siglo VI, y nos ayudan a entender cómo se usaban e interpretaban el texto bíblico en los servicios de adoración de la iglesia primitiva. Además, los eruditos pueden comparar los pasajes que citan con otros manuscritos para entender el desarrollo de algunas variantes importantes a lo largo de los siglos.
Traducciones antiguas
Desde muy temprano, la Iglesia reconoció la necesidad de traducir la Escritura a los idiomas comunes. Esto dio lugar a algunas de las traducciones más antiguas de la Biblia, como la Vetus Latina (latín antiguo), la Peshitta (siríaco), la versión copta (egipcio), la versión armenia, la georgiana y la etiópie.
Aunque no son una fuente directa del texto original, los eruditos pueden reconstruir el texto que se uso para realizar la traducción. Este ejercicio ayuda a los estudiosos a comparar la evolución de algunas variantes.
II. La formación de las familias textuales
Uno de los grandes avances en el estudio del Nuevo Testamento ocurrió a finales del siglo XIX, cuando los eruditos B. F. Westcott y F. J. A. Hort observaron que los manuscritos minúsculos del texto griego estaban interrelacionados.6 Este descubrimiento impulsó nuevas investigaciones y llevó a la conclusión de que muchos manuscritos podían agruparse en familias textuales según su origen y características comunes.
La idea central es que, en los primeros siglos del cristianismo, los primeros manuscritos fueron llevados a distintas regiones geográficas como Alejandría, el occidente del Imperio romano y Siria-Bizancio. A medida que se copiaban los textos en estas zonas, surgieron variantes propias de cada región. Cuando un grupo de manuscritos concuerda en al menos el 70 % de sus variantes y difiere en al menos el 10 % de otros grupos, se considera que forman una familia textual.7
Al día de hoy, los estudiosos coinciden en que existen tres familias principales de manuscritos del Nuevo Testamento. No obstante, algunos eruditos han propuesto la existencia de una cuarta familia. A continuación, se presenta un esquema general de las familias textuales que han sido identificadas por la crítica textual:
Los estudiosos han llegado a la conclusión de que las principales familias textuales del Nuevo Testamento se formaron fundamentalmente antes del siglo IV. Identificar estas familias ha sido crucial para entender cómo se transmitió el texto del Nuevo Testamento en sus primeros siglos.
Ahora, pensemos por un momento en los enormes retos que implicaba preservar el texto bíblico en esa época. Por un lado, la mayoría de la población era analfabeta, y por tanto, eran pocos los copistas al servicio de la iglesia. A esto se sumaban las frecuentes persecuciones, que variaban en intensidad y duración según la región del Imperio Romano. En muchos casos, los cristianos se reunían en la clandestinidad. Los creyentes buscaban proteger el mensaje, pero sus circunstancias no siempre garantizaban una transmisión precisa.
Además, algunos copistas, movidos por el deseo de hacer el texto más claro, introdujeron cambios intencionales: suavizaron expresiones gramaticales ásperas, armonizaron relatos paralelos (especialmente en los evangelios) y añadieron pronombres o frases explicativas. Ahora imagina lo que ocurría si un copista tenía a la mano dos copias del mismo libro bíblico, con lecturas distintas en un mismo pasaje: al intentar combinarlas o elegir la que parecía más lógica, podía crear nuevas variantes.8
Por eso, los primeros cuatro siglos de la historia de la iglesia fueron un período sumamente complejo para la copia y preservación del texto bíblico. Tan así, que autores como Gordon Fee han calificado este tiempo como un verdadero “período de confusión textual”. Las condiciones no eran las ideales, y la falta de controles centralizados hizo que se multiplicaran los errores, algunos mecánicos, otros teológicos, otros bien intencionados pero igualmente problemáticos.
Por eso el descubrimiento y la identificación de las familias textuales ha sido fundamental: permitió a los estudiosos clasificar y comparar manuscritos, rastrear patrones comunes, y establecer criterios más objetivos para reconstruir el texto más cercano al original. En lugar de quedar atrapados en un mar de variantes, los críticos textuales pudieron aplicar principios evaluando tanto la evidencia externa (manuscritos, versiones, citas patrísticas) como la interna (coherencia gramatical y teológica). A continuación te presentamos una breve introducción de las principales familias textuales:
La familia Alejandrina
Originaria de Alejandría, en el norte de Egipto, esta familia se distingue por poseer los manuscritos más antiguos, gracias al clima seco que favoreció su conservación.9 En términos generales, su texto presenta menos agregados y un estilo menos armonizado que el de otras tradiciones, especialmente la occidental.10
El códice Vaticano (“B”) es el representante más notable de esta familia, a la que algunos también llaman “familia B”. La mayoría de los papiros y códices unciales hallados pertenecen a esta tradición, lo que subraya su importancia para la reconstrucción del texto más cercano al original.11
Otros manuscritos importantes en esta familia son Este grupo está encabezado por el 𝔓7 y el 𝔓66 (ca. 200 d.C.) en los evangelios, el 𝔓42 (ca. 225) en las cartas paulinas, el 𝔓72 (ca. 275?) en las cartas de Pedro y Judas, y las citas de Orígenes (225–250). 12
La familia occidental
Los eruditos descubrieron que en la península itálica y el norte de África occidental se desarrolló una familia de texto diferente. Debido que el clima de esta región es ligeramente más lluvioso los manuscritos antiguos no se conservaron, por lo que solo nos sobrevivieron manuscritos más tardíos. El mejor representante de esta familia es el Códice “D”, fechado en el siglo VI. Esta familia también es conocida como la familia “D”. “Este tipo textual se caracteriza particularmente por paráfrasis extensas y adiciones largas, así como por tendencias armonizadoras y sustituciones de sinónimos. De hecho, el texto occidental de Hechos es alrededor de un diez por ciento más largo que otros textos y refleja casi con certeza una revisión temprana.”13
Los Manuscritos bizantinos
Representada principalmente por manuscritos minúsculos, esta familia corresponde a los textos más tardíos (siglos IX en adelante), pero constituye aproximadamente el 80 % de todos los manuscritos del Nuevo Testamento. Por ello, también se le conoce como el texto mayoritario, o “familia A”. A pesar de su volumen, la familia bizantina carece de respaldo temprano en papiros o códices antiguos. Algunos papiros como el 42, 68, 74 y 84 podrían tener afinidad con esta tradición, pero datan del siglo VI en adelante. Las lecturas propias de este texto aparecen por primera vez en un grupo de escritores vinculados a la iglesia de Antioquía: los capadocios, Juan Crisóstomo y Teodoreto de Ciro.
Debido a esto, algunos estudiosos han cuestionado su independencia como familia textual. Aunque existe la posibilidad de que los manuscritos más antiguos representantes de esta familia se hayan perdido debido a las condiciones climáticas húmedas de la región.
Hasta la segunda mitad del siglo XIX, casi todos los manuscritos disponibles para los traductores pertenecían a esta familia, lo que hizo del texto bizantino la base de muchas versiones antiguas. Su abundante testimonio sigue siendo de gran valor para la crítica textual.
“La mayoría de las lecturas distintivas de este texto son reconocidas generalmente como de naturaleza secundaria y se caracterizan por ellas suavizar la gramática, eliminando ambigüedades en el orden de las palabras, añadir sustantivos, pronombres y frases preposicionales, y armonizar un pasaje con otro”. Además, suele unificar las variantes (por ejemplo en Marcos 9:49).14
La familia Siria
Algunos eruditos consideran que en la región del actual norte de Israel, Siria y zonas limítrofes de Irán, se desarrolló otra tradición textual que algunos han denominado familia siria o cesarea. Su testigo más representativo es el códice Washingtonianus, del siglo V. A esta familia no se designa como “W” sino como “familia C”, ya que es un texto mixto que combina lecturas de la familia B (alejandrina) y D (occidental). Por ello, algunos expertos la consideran un testimonio secundario o híbrido.
Las preeminencia de las familias alejandrina y bizantina
Aunque hemos mencionado las cuatro familias textuales, las dos más relevantes para la crítica textual contemporánea son la alejandrina y la bizantina, no solo por su peso histórico, sino por la influencia que han ejercido sobre las ediciones críticas y las traducciones modernas.
Como ya se mencionó, la familia alejandrina debe su importancia a su antigüedad y fidelidad textual. Su estilo es conciso, menos armonizado y gramaticalmente más complejo, características que suelen considerarse señales de lecturas más cercanas al texto original. Por otro lado, la familia bizantina es importante por su difusión masiva a lo largo del Imperio Romano oriental, y representa más del 80% de todos los manuscritos griegos existentes.
III. La supremacía de la familia bizantina durante la edad media
Cómo se mencionó anteriormente, el ochenta por ciento de los manuscritos del Nuevo Testamento forman parte de la familia bizantina. Si deseamos entender la causa, es necesario que nos tengamos un vistazo del contexto político y religioso que se genero después del Siglo IV. Recuerda que las Familias textuales ya estaban consolidadas en esta época.
El declive de la familia Alejandrina
La decadencia del patriarcado de Alejandría
Alejandría había sido un centro de erudición cristiana y producción textual desde el siglo II. Pero poco a poco comenzó a perder protagonismo.
Espero que recuerdes que en el año 451 se celebró el Concilio de calcedonia, donde se afirmó que Cristo es una sola persona en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división ni separación. Uno de los principales promotores del monofisismo (la doctrina rechazada en el concilio) fue Dióscoro, el obispo de Alejandría. Esto provocó una ruptura entre la Iglesia de Alejandría y Constantinopla, que no fue solo doctrinal, sino también política y cultural. La Iglesia copta (egipcia) se separó y rechazó la autoridad del concilio, dando origen a lo que hoy conocemos como las Iglesias ortodoxas orientales no calcedonianas.
Tras el concilio la influencia de Alejandría disminuyó. Además, la tradición textual alejandrina perdió la buena reputación que tenía. Finalmente, la centralidad de Constantinopla como sede imperial y eclesiástica consolidó el texto bizantino como el estándar en Oriente.
La expansión del islam
A partir del siglo VII, el islam reconfiguró profundamente la geopolítica del mundo conocido. A medida que se consolidaba en regiones clave como Egipto y el norte de África, el contacto entre las comunidades cristianas se redujo drásticamente, y con ello, la producción y transmisión de manuscritos en griego declinó notablemente en esos territorios.
Muchos copistas egipcios comenzaron entonces a trabajar con manuscritos ya influenciados por el texto mayoritario bizantino, lo que fue diluyendo progresivamente la fidelidad de la tradición textual alejandrina. Además, a medida que el islam crecía en poder y la fe cristiana era marginada, el uso y copia del texto griego fue disminuyendo hasta casi desaparecer por completo en dichas regiones.
De hecho, algunos estudiosos sugieren que la presión política y religiosa del islam pudo haber obligado a esconder o desechar ciertos manuscritos, lo que explicaría descubrimientos como el del célebre basurero de Oxirrinco. Así, la tradición textual alejandrina cayó en una larga sombra, y su preservación dependió, en gran parte, de unos pocos testigos antiguos conservados fuera de Egipto o redescubiertos muchos siglos después.
En Occidente: la Vulgata reemplaza el texto griego
Mientras tanto, en el mundo occidental, se produjo otra transición decisiva. El griego había dejado de ser la lengua común, y el latín se convirtió en el idioma dominante tanto en la liturgia como en la vida intelectual. Fue en este contexto que Jerónimo emprendió la traducción de la Biblia al latín a finales del siglo IV.
La Vulgata se consolidó como la versión estándar de la Escritura en todo Occidente, una especie de “Reina Valera 60” de la edad media. Esto marcó el abandono paulatino del texto griego como fuente directa para la lectura y la enseñanza, lo cual dejó al mundo occidental fuera del desarrollo textual griego durante casi un milenio. Esto coincidió con la caída del imperio romano de occidente cuando los bárbaros irrumpieron y fragmentaron la estructura política, cultural y eclesial de Europa occidental. Esto aceleró el proceso de descentralización y ruptura de las redes que habían sostenido la producción y el intercambio intelectual grecorromano.
En este nuevo escenario, el latín se consolidó como la lengua común de la iglesia, la educación y la administración eclesiástica. El acceso a los textos en griego, y al griego mismo como idioma, fue decayendo drásticamente en el occidente cristiano, hasta el punto que llegó a verse sospechoso, sobre todo después del gran cisma de 1054. Las comunidades ya no podían cotejar el texto traducido con su forma original, y durante siglos el texto griego del Nuevo Testamento quedó olvidado para el occidente
Así, la conjunción entre la caída del Imperio y el ascenso de la Vulgata marcó un punto de inflexión en la historia textual de la Biblia, no solo por una cuestión de idioma, sino también por el desplazamiento de la autoridad textual. En ese contexto, el texto griego sobrevivió casi exclusivamente en el oriente cristiano, bajo la custodia de los copistas bizantinos.
La preservación del texto bizantino en Oriente
El único texto que perduró en la tradición griega fue el bizantino. Y esto se debió, en gran medida, a la estabilidad institucional y litúrgica de la Iglesia Oriental, especialmente en torno a Constantinopla. Allí, el texto bizantino se convirtió en la base del Nuevo Testamento utilizado en la práctica y en la devoción de las comunidades. Durante más de mil años, la historia del texto griego del NT fue, en buena parte, la historia de copias bizantinas.
Sin embargo, comprendiendo este contexto, entendemos por qué es necesario regresar a los testigos más antiguos para evaluar con cuidado la forma más fiel al texto original inspirado.
Después de siglos en los que la familia bizantina dominó la transmisión textual del Nuevo Testamento en el oriente cristiano, el panorama cambió radicalmente con el surgimiento de la imprenta en el siglo XV. Lo que hasta entonces había dependido de la mano paciente de copistas y monjes pasó a ser reproducido con una velocidad y uniformidad nunca antes vistas. Este avance técnico no solo revolucionó el acceso a la Escritura, sino que también abrió la puerta a una nueva etapa en la historia del texto griego del Nuevo Testamento.
IV. El Texto griego impreso y el establecimiento del Textus receptus
Casi todos los manuscritos que mencionamos anteriormente, salvo un puñado de minúsculos, permanecieron ocultos o desconocidos hasta bien entrado el siglo XIX. En los días de la Reforma, los primeros traductores de la Biblia trabajaban con acceso extremadamente limitado: por lo general contaban con uno o dos manuscritos bizantinos, muchas veces copias tardías de baja calidad. Aun así, impulsados por el deseo de poner la Escritura en manos del pueblo, comenzaron a traducir la Biblia a las lenguas vernáculas.
A medida que crecían los esfuerzos de traducción y se disponía de más ejemplares del texto griego, los estudiosos notaron discrepancias entre los manuscritos. Esta situación evidenció la necesidad de contar con una edición confiable y estandarizada del Nuevo Testamento en griego. Fue así como surgieron los primeros intentos de establecer críticamente el texto: los eruditos comenzaron a comparar y analizar sistemáticamente los manuscritos disponibles, con el fin de producir una edición impresa que reflejara el texto más cercano posible al original. Estas ediciones fueron conocidas como textos críticos, y su publicación marcó el inicio formal de la crítica textual moderna.
Erasmo de Rotterdam
La primera persona en cotejar varios manuscritos griegos del Nuevo Testamento y publicar sus resultados en forma de una edición impresa fue el sacerdote católico y humanista Erasmo de Róterdam, en 1516.15
Erasmo quedó huérfano a temprana edad. Tras ingresar a un monasterio, fue ordenado sacerdote. Durante sus años de formación, Europa experimentaba un resurgimiento del interés por las fuentes clásicas grecolatinas, impulsado por el humanismo renacentista. El estudio del griego, una lengua prácticamente desconocida en la escolástica medieval, ganó popularidad entre los académicos más inquietos. Erasmo compartía ese entusiasmo y, mientras aún estaba en el monasterio, comenzó a aprender el alfabeto griego y algunas palabras por su cuenta.
Sus notables dotes académicas lo llevaron a la Universidad de París para realizar estudios teológicos. Sin embargo, el currículo de la época estaba centrado en el latín y no incluía el estudio de los idiomas bíblicos. Esto no impidió que Erasmo, por iniciativa propia, profundizara en el griego. Antes de completar su doctorado, surgió la oportunidad de viajar a Italia, donde residían destacados eruditos y bibliotecas humanistas. Erasmo interrumpió sus estudios y emprendió un itinerario de más de una década dedicado a perfeccionar su dominio del griego y a estudiar textos del Nuevo Testamento. Recorrió Europa, buscando los mejores maestros y manuscritos disponibles.
Un momento crucial en su vida ocurrió en la biblioteca de un convento en París, donde encontró un manuscrito con las anotaciones críticas del humanista italiano Lorenzo Valla. En él, Valla señalaba errores de traducción en la Vulgata, la versión latina oficial de la Iglesia, corrigiéndolos a partir del texto griego. Este descubrimiento impactó profundamente a Erasmo. Llegó a la conclusión de que la Vulgata contenía múltiples errores que podían ser subsanados si se volvía al texto griego original. No obstante, esta idea era polémica en su tiempo, ya que muchos consideraban el texto griego como sospechoso, por estar supuestamente influido por la tradición de la Iglesia Oriental.16
Motivado por el trabajo de Valla, Erasmo emprendió su propia labor crítica. Durante más de diez años comparó los pocos manuscritos griegos a los que tuvo acceso. Al final, declaró: “Después de cotejar los manuscritos griegos antiguos, he corregido el Nuevo Testamento completo y he anotado más de mil pasajes.”
Es importante señalar que Erasmo no contó con los papiros tempranos descubiertos siglos después. Sus fuentes consistían principalmente en algunos manuscritos minúsculos, la mayoría del siglo XII al XV, y de calidad textual limitada. Originalmente, su intención era publicar una edición corregida de la Vulgata, pero el impresor Johann Froben lo convenció de incluir también el texto griego en paralelo. Algunos creen que Froben buscaba adelantarse al Cardenal Francisco Ximénez de Cisneros, quien preparaba una edición políglota del Nuevo Testamento. Si Froben lograba imprimir primero, obtendría importantes ventajas económicas y prestigio editorial.
Erasmo concluyó su trabajo en 1515 y Froben comenzó la impresión de inmediato. A pesar del uso de dos imprentas y el ritmo acelerado del trabajo, la impresión tomó casi un año. El propio Erasmo admitió que la obra fue más “lanzada que editada”, debido a los errores tipográficos y la premura del proyecto. Esta primera edición recibió el título Novum Instrumentum, aunque ediciones posteriores adoptaron el nombre más conocido: Novum Testamentum. La figura 7 muestra la página de agradecimientos de aquella primera edición histórica.
Primera edición del NT de Erasmo en la hoja de agradecimientos.
Las dos primeras ediciones de Erasmo fueron duramente criticadas por omitir el famoso pasaje de 1 Juan 5:7–8, conocido como la “coma joánica”. Bajo presión de sus críticos, Erasmo prometió que lo incluiría si encontraba al menos un manuscrito griego que lo contuviera. Más tarde apareció el minúsculo 61, fechado en el siglo XVI, probablemente copiado después que Erasmo prometiera incluir la coma joánica, y Erasmo incluyó el versículo en su tercera edición. La última revisión de su texto apareció en 1535, un año antes de su muerte.17
La Políglota Complutense
Aunque Erasmo fue el primer estudioso en cotejar manuscritos griegos del Nuevo Testamento y publicar su trabajo en forma impresa, el primer texto griego que se terminó de imprimir fue el de la célebre Políglota Complutense. Esta magna obra fue patrocinada por el Cardenal Francisco Ximénez de Cisneros, arzobispo de Toledo y figura central del humanismo español, quien impulsó su desarrollo desde la recién fundada Universidad de Alcalá, en la ciudad conocida por su nombre latino, Complutum.
El proyecto fue monumental y tenía como fin ofrecer a la Iglesia un texto bíblico más cercano a las lenguas originales. La edición constaba de seis volúmenes y presentaba una Biblia multilingüe sin precedentes. En el Antiguo Testamento, el texto hebreo, la traducción griega de la Septuaginta y la Vulgata latina aparecían en columnas paralelas. En algunos libros, como los poéticos, también se incluyó el texto arameo del Tárgum Onquelos, acompañado de una traducción latina interlineal. El Nuevo Testamento, por su parte, mostraba el texto griego en paralelo con la Vulgata.
Aunque la impresión del Nuevo Testamento estuvo lista en 1514 —dos años antes del Novum Instrumentum de Erasmo—, la obra completa no pudo publicarse oficialmente hasta 1520, cuando el papa León X concedió finalmente su autorización. El retraso en el permiso papal y el alto costo de impresión, debido al uso de múltiples alfabetos (hebreo, griego y latín) y los desafíos técnicos de la época, limitaron la tirada a solo 600 ejemplares. Esto contrastaba con la edición de Erasmo, que, al ser más compacta, económica y rápida de reproducir, alcanzó mayor circulación y notoriedad.
No obstante, desde el punto de vista filológico y editorial, la Políglota Complutense fue una obra de calidad superior, tanto por el cuidado tipográfico como por la seriedad académica del equipo que la produjo. Entre sus colaboradores destacan figuras como Antonio de Nebrija, primer gramático de la lengua española, y Alfonso de Zamora, un converso judío experto en hebreo bíblico.
La siguiente imagen presenta una página del Antiguo Testamento en esta monumental obra:

A pesar de su importancia académica y de la excelencia de su ejecución, la Políglota Complutense no logró ejercer una influencia duradera sobre el desarrollo de la crítica textual. Esto se debió a una combinación de circunstancias históricas, editoriales y culturales. Aunque el Nuevo Testamento complutense estuvo impreso desde 1514, su publicación oficial se retrasó hasta 1520 por falta de aprobación papal. En ese lapso, la edición de Erasmo —publicada en 1516— ya había ganado terreno en Europa, convirtiéndose en la primera fuente impresa de referencia para traductores y lectores del griego bíblico.
Además, la Políglota fue una obra sumamente costosa y compleja, impresa en tiradas reducidas, con apenas seiscientos ejemplares disponibles. Su carácter multilingüe, aunque admirable, dificultaba su producción masiva. Por el contrario, la edición de Erasmo, más económica, portátil y accesible, pudo circular ampliamente y ser reimpresa en numerosas ocasiones, facilitando así su difusión entre impresores y reformadores.
La orientación académica y eclesiástica de la Políglota también influyó en su recepción. Fue concebida como una herramienta de consolidación doctrinal y de afirmación católica, no como un punto de partida para investigaciones críticas continuas. Su enfoque conservador limitó su uso más allá del entorno en que se originó. A esto se suma el hecho de que sus redactores no la sometieron a revisiones posteriores ni generaron una tradición editorial que le diera seguimiento, a diferencia del texto de Erasmo, que sirvió de base para las ediciones de Stephanus, Beza y los Elzevir.
Tampoco debe pasarse por alto el componente cultural. Mientras que Erasmo operaba en núcleos editoriales clave del norte de Europa, como Basilea, la Políglota surgió en el mundo académico hispano-latino, que pronto quedaría marginado del centro del debate protestante y de la evolución de la crítica textual. Así, a pesar de su enorme valor histórico y textual, la Políglota Complutense quedó relegada a un segundo plano en el proceso que llevó a la consolidación del Textus Receptus.
El Textus Receptus
Textum ergo habes, nunc ab omnibus receptum: in quo nihil immutatum aut corruptum… (Ahora tienes el texto recibido por todos, en el cual no hay nada alterado o corrupto.) – Prólogo a la segunda edición del NT griego de Elzevir (1633)18
Con esta declaración, cargada de confianza inicia la segunda edición del Nuevo Testamento griego publicada por los hermanos Bonaventura y Abraham Elzevir (1633) que pasaría a ser conocida como el Textus Receptus, o “Texto Recibido”. Aunque el nombre se aplica de manera genérica a todas las ediciones impresas del NT griego desde la primera de Erasmo (1516) hasta la de Elzevir, en sentido estricto el término se refiere únicamente a esa edición de 1633.
Después de la muerte de Erasmo, su texto griego fue editado, corregido y reimpreso por diversos eruditos, entre ellos Robertus Stephanus, quien introdujo el sistema de versículos que usamos hasta ahora, y Theodoro de Beza, ambos figuras clave durante la Reforma. Cada nueva edición introducía ligeras variaciones, algunas de las cuales sumaban cientos con respecto a ediciones anteriores. Sin embargo, a pesar de estas diferencias, las ediciones de esta tradición, incluida la de Elzevir, compartían una base común: se construían mayormente sobre manuscritos bizantinos tardíos, debido a que eran los únicos accesibles en Europa occidental en aquel entonces.
La edición de los Elzevir, impresa en Leiden, en el actual países bajos, alcanzó una gran aceptación entre los estudiosos protestantes y católicos por su elegante presentación y por el aire de autoridad que transmitía. La frase latina del prólogo dio origen al término Textus Receptus, pero algunos historiadores han señalado irónicamente que más que el texto recibido por todos, fue el texto impuesto por las circunstancias, ya que por generaciones fue el único texto griego impreso al que muchos traductores y exégetas tuvieron acceso.
A lo largo de los siglos XVI y XVII, el Textus Receptus ejerció una influencia profunda en la traducción de la Biblia. Fue la base textual de la Biblia del Oso (Reina-Valera 1569), la King James Version (1611) y muchas otras traducciones reformadas. Su legado, aunque hoy superado en términos de crítica textual, sigue siendo significativo dentro de la historia de la transmisión bíblica y de la fe cristiana que se apoyó en él.
V. La era de descubrimientos y consolidación crítica
Con el paso del tiempo, los investigadores comenzaron a descubrir manuscritos más antiguos que aquellos utilizados por Erasmo y sus sucesores. A comienzos del siglo XIX, los estudiosos empezaron a comparar estos manuscritos recién hallados con el texto del Textus Receptus y notaron la existencia de diferencias entre ellos. Aunque la mayoría de estas variantes eran menores, como cuestiones de ortografía, orden de palabras o puntuación, también identificaron algunas diferencias sustanciales que merecían un examen cuidadoso.
Esto llevó a una nueva pregunta: ¿reflejaba realmente el Textus Receptus de manera fidedigna los manuscritos originales del Nuevo Testamento, como se había creído durante siglos? La respuesta, tras rigurosos estudios comparativos, fue negativa. Investigadores alemanes como Karl Lachmann, Constantin von Tischendorf y otros, ya habían empezado a demostrar que los manuscritos de la familia bizantina —base del Textus Receptus— no eran los más antiguos ni necesariamente los más precisos.
Westcott y Hort
Los eruditos ingleses Brooke Foss Westcott y Fenton John Anthony Hort presentaron en 1881 una refutación de la superioridad del texto bizantino. En su obra titulada The New Testament in the Original Greek, argumentaron que el texto bizantino había sido producido mediante un proceso editorial posterior, posiblemente en el siglo IV o V, y que reflejaba un estilo más armonizado y menos auténtico que los textos representados en los manuscritos alejandrinos, como el Códice Sinaítico (א) y el Códice Vaticano (B).
El enfoque de Westcott y Hort, conocido como teoría del texto “neutral” o “alejandrino”, marcó un punto de inflexión en la crítica textual. Su edición no solo fue influyente por sus argumentos, sino también por su metodología: clasificaron familias textuales, evaluaron lecturas por su antigüedad y dificultad interna, y propusieron criterios objetivos para la selección de variantes. A lo largo del siglo XX, sus conclusiones influyeron directamente en la elaboración de al menos siete ediciones críticas del Nuevo Testamento, muchas de las cuales coinciden entre sí en más de dos tercios del texto. Las diferencias restantes suelen limitarse a detalles menores.
Hoy en día, el texto base aceptado para el estudio académico y la traducción bíblica se encuentra en las ediciones críticas producidas por Nestle-Aland y las Sociedades Bíblicas Unidas. Sin embargo, todavía persisten diferencias de opinión entre los especialistas. Mientras que la mayoría de los eruditos confían, en mayor o menor medida, en la reconstrucción basada en los manuscritos más antiguos (generalmente alejandrinos), algunos defienden la superioridad del llamado texto mayoritario, que reproduce la tradición bizantina en su forma más estable. A continuación, exploramos brevemente estas dos corrientes textuales.
El trabajo de Westcott y Hort no solo desafió la autoridad del Textus Receptus, sino que también sentó las bases metodológicas para las ediciones críticas que dominarían el siglo XX. La más influyente de ellas fue desarrollada por Eberhard Nestle, y más adelante perfeccionada por Kurt Aland y las Sociedades Bíblicas Unidas.
El texto de Nestle-Aland y las Sociedades Bíblicas Unidas
En 1898, la Sociedad Bíblica de Wurtemberg publicó la primera edición del Novum Testamentum Graece, editada por el filólogo alemán Eberhard Nestle. Su propósito fue ofrecer una síntesis crítica basada en las ediciones de Tischendorf, Westcott/Hort, y Richard Weymouth. A lo largo del siglo XX, esta obra fue refinada significativamente, sobre todo bajo la dirección del erudito Kurt Aland, quien introdujo criterios más rigurosos y aprovechó los nuevos descubrimientos de manuscritos, especialmente los papiros del siglo XX.19
La edición actual, conocida como Nestle-Aland 28 (NA28), incluye un aparato crítico detallado con las variantes más relevantes entre los manuscritos griegos, versiones antiguas y citas patrísticas. Es la edición preferida por profesores, estudiantes y académicos que desean conocer las principales variantes textuales que afectan cada versículo. El aparato crítico se convirtió en una herramienta indispensable para el análisis textual, especialmente en contextos académicos y de formación teológica avanzada.
En 1955, las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU) conformaron un comité internacional de expertos para desarrollar una edición crítica orientada a la traducción bíblica. A diferencia del NA28, cuya documentación textual es más amplia, la edición de las SBU —actualmente en su quinta revisión (UBS5)— se enfoca exclusivamente en las variantes que tienen un impacto directo sobre la traducción del texto. Su diseño fue pensado para ser una herramienta práctica para traductores, y por ello, su aparato crítico es más selectivo pero también más accesible.
Cabe señalar que ambas ediciones, NA28 y UBS5, comparten el mismo texto griego básico, aunque difieren ocasionalmente en puntuación, división de párrafos y disposición editorial. Su uniformidad textual refleja el consenso alcanzado por el comité editorial internacional y la madurez de la crítica textual contemporánea.
Una de las ventajas más notables de estas ediciones es la transparencia con la que presentan las variantes. Por ejemplo, en 1 Juan 5:7, el texto griego dice: “porque tres son los que dan testimonio”. Sin embargo, el aparato crítico señala que algunos manuscritos tardíos agregan la conocida cláusula trinitaria: “en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, y estos tres son uno”. Gracias al aparato, sabemos que este agregado solo aparece en una traducción latina del siglo XVI y en seis manuscritos griegos de origen tardío (siglos XII al XVI), ninguno de ellos confiable como testigo primario. Este tipo de información permite a traductores, pastores y estudiantes tomar decisiones informadas y responsables sobre qué texto utilizar y cómo interpretarlo.
En la actualidad, tanto el NA28 como el UBS5 son reconocidos como los textos críticos estándar a nivel internacional. Su aparato crítico proporciona las herramientas necesarias para investigar la historia textual del Nuevo Testamento con profundidad y fidelidad, lo que los convierte en recursos esenciales para todo lector serio de las Escrituras.
Aunque las ediciones críticas modernas se han convertido en el estándar para la exégesis y la traducción bíblica, no todos los estudiosos están de acuerdo con sus presupuestos y conclusiones. Un grupo minoritario ha defendido una alternativa basada no en la antigüedad de los manuscritos, sino en su abundancia numérica: el llamado Texto Mayoritario.
El texto mayoritario
Algunos especialistas en el estudio del texto griego del Nuevo Testamento han expresado su desacuerdo con los métodos y presupuestos de la crítica textual contemporánea. Entre los principales exponentes de esta postura se encuentran Zane C. Hodges y Arthur L. Farstad, quienes afirman que el texto más cercano al original no debe buscarse necesariamente en los manuscritos más antiguos, sino en la mayoría de los manuscritos griegos existentes, la gran mayoría de ellos pertenecientes a la familia bizantina. Por esta razón, su propuesta ha sido denominada el Texto Mayoritario.
Para estos autores, la crítica textual moderna está, en parte, condicionada por un enfoque racionalista que desconfía de la transmisión tradicional del texto. En cambio, sostienen que la providencia divina se manifiesta en la consistencia de la mayoría textual, y que la preservación del texto a través de los siglos por la comunidad cristiana es un factor a considerar seriamente. Argumentan también que la aparente escasez de manuscritos bizantinos tempranos se debe más a factores climáticos que a ausencia histórica. Es decir, el clima seco de Egipto favoreció la conservación de manuscritos alejandrinos, mientras que las condiciones más húmedas de Asia Menor y Bizancio no permitieron que sobrevivieran los documentos más antiguos de esa región. Desde este punto de vista, la falta de evidencia temprana para el texto bizantino no debería interpretarse como prueba de su origen tardío.
Como culminación de su planteamiento, Hodges y Farstad publicaron en 1982 una edición del texto griego titulada The Greek New Testament according to the Majority Text, basada en una estadística de los manuscritos disponibles. Esta edición intentó ofrecer un texto alternativo al de Nestle-Aland y UBS, más representativo de la tradición manuscrita que ha prevalecido a lo largo de la historia eclesiástica.
No obstante, su propuesta ha sido recibida con escepticismo por buena parte de la comunidad académica. Aunque su crítica al absolutismo de los manuscritos más antiguos plantea un punto válido, muchos estudiosos consideran que los criterios metodológicos empleados en la edición del texto mayoritario son limitados y a veces arbitrarios, especialmente al priorizar la cantidad de manuscritos sin considerar adecuadamente la calidad, la antigüedad ni las familias textual. Hoy en día, esta posición cuenta con pocos defensores entre los expertos en crítica textual, aunque ha hallado eco en algunos sectores conservadores de la iglesia.
Ejercicios
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Footnotes
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Philip Comfort, Encountering the manuscripts: an introduction to New Testament paleography & textual criticism (Nashville, TN: Broadman & Holman, 2005), 57. ↩
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Jeffrey E. Miller, «Papyri, Early Christian», en The Lexham Bible Dictionary, ed. John D. Barry et al. (Bellingham, WA: Lexham Press, 2016). ↩
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Philip Comfort, Encountering the manuscripts: an introduction to New Testament paleography & textual criticism (Nashville, TN: Broadman & Holman, 2005), 58. ↩
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James H. Charlesworth, “Codex Sinaiticus,” in The Anchor Yale Bible Dictionary, vol. 1 (New York: Doubleday, 1992), 1074: 1074 . ↩
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Barbara Aland y Kurt Aland, eds., Novum Testamentum Graece, 27.ª ed. (Stuttgart: Deutsche Bibelgesellschaft, 1989): 7 – 14. ↩
-
Eldon Jay Epp, “Textual Criticism,” in The Anchor Yale Bible Dictionary, vol. 6 (New York: Doubleday, 1992), 393–435: 435. ↩
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Eldon Jay Epp, “Textual Criticism,” in The Anchor Yale Bible Dictionary, vol. 6 (New York: Doubleday, 1992), 393–435: 431. ↩
-
“Textual criticism”, en Studies in the Theory and Method of New Testament Textual Criticism. (Grand Rapids: Eerdmans, 1993): 9 ↩
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Eldon Jay Epp, “Textual Criticism,” in The Anchor Yale Bible Dictionary, vol. 6 (New York: Doubleday, 1992), 393–435: 431. ↩
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George Ladd, Crítica del Nuevo Testamento (El Paso, TX: Mundo Hispano, 1990): 71. ↩
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Michael S. Heiser, NT281 Cómo obtuvimos el Nuevo Testamento, Educación Móvil Logos (Bellingham, WA: Editorial Tesoro Bíblico, 2021).. ↩
-
“Textual criticism”, en Studies in the Theory and Method of New Testament Textual Criticism. (Grand Rapids: Eerdmans, 1993): 6 ↩
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“Textual criticism”, en Studies in the Theory and Method of New Testament Textual Criticism. (Grand Rapids: Eerdmans, 1993): 6 ↩
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“Textual criticism”, en Studies in the Theory and Method of New Testament Textual Criticism. (Grand Rapids: Eerdmans, 1993): 8 ↩
-
Eldon Jay Epp, “Textual Criticism,” in The Anchor Yale Bible Dictionary, vol. 6 (New York: Doubleday, 1992), 393–435: 427. ↩
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La Iglesia católica y la Iglesia griega se separaron oficialmente en el Gran Cisma de 1054, manteniéndose en tensión hasta tiempos recientes. ↩
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William W. Combs, “Erasmus and the Textus Receptus,” Detroit Baptist Seminary Journal 1 (1996): 35–54: 35. ↩
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William W. Combs, “Erasmus and the Textus Receptus,” Detroit Baptist Seminary Journal 1 (1996): 35–54: 45. ↩
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Barbara Aland y Kurt Aland, eds., Novum Testamentum Graece, 27.ª ed. (Stuttgart: Deutsche Bibelgesellschaft, 1989): 44–45. ↩