“Después de esto oí como una gran voz de una gran multitud en el cielo, que decía: «¡Aleluya! la salvación y la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios, porque sus juicios son verdaderos y justos…”
Los redimidos, por toda la eternidad cantaremos acerca de la victoria del Cordero. Quienes hemos sido llamados, podemos disfrutar de la plenitud de su salvación aun en este tiempo al que los teólogos suelen llamar el ya pero todavía no. Sin embargo, entre el pueblo evangélico existe cierta ignorancia sobre las implicaciones y el alcance de la salvación que se traduce en inseguridad, gozo disminuido, evangelismo deficiente y adoración mutilada.
Este ensayo realiza un esbozo de los fundamentos bíblicos del ordo Salutis. Después de definirlo, se traerán algunas aclaraciones importantes, se presentará una breve descripción de sus elementos, para concluir con implicaciones pastorales.
El Pocket Dictionary of the Reformed Tradition define así al ordo salutis:
es el orden lógico por el cual el Espíritu Santo aplica los beneficios de la obra de Cristo a quienes están en unión con Él”.1
Este orden es “lógico no cronológico”. Es decir, no deberíamos intentar diseccionar la salvación en pasos consecutivos.2 Por el contrario, podemos distinguir diversos movimientos dentro de la única obra de Salvación,3 pero no es correcto separarla como si se tratara de una receta de cocina; pues la salvación es un proceso unitario.
Una mala comprensión del evangelio pudiera ocasionar que alguien llegara a pensar que puede apropiarse de los beneficios de la obra de Cristo separados de Cristo mismo. Sin embargo, debemos enfatizar que “el ofrecimiento del evangelio es Cristo mismo”.4 Toda la riqueza de la salvación solo puede ser apropiada por aquellos que se apropian de Cristo (Rom 4:25); pues “la Unión con Cristo es el fundamento de todas las bendiciones de la salvación”.5 Así que hablar del ordo salutis implica desplegar las bendiciones que tenemos en Cristo. Comprender estas verdades debería llevarnos a atesorar a Cristo como nuestro bien más preciado (Fil. 3:8). Esta comprensión, a su vez, produce en el creyente un gozo inefable (1 Ped. 1:8) que nos mueve a proclamarlo con poder (Hec. 4:29). Así se observa en todo el NT: hemos sido sepultados y resucitados con Él (Col. 2:12), las promesas del evangelio solo son nuestras en él (2 Cor. 1:20), en Él obtenemos nuestra herencia y somos sellados con el Espíritu (Ef. 1:11-13) somos llamados a andar en Él (Col. 2:6) y , seremos glorificados con Él tal como padecemos con Él (Rom 6:5, Fil 1:29).
El Espíritu nos une a Cristo y nos hace participes, aquí y ahora, de las bendiciones que Cristo ganó para nosotros (Ef. 1:3). Ferguson comenta: “Las bendiciones de la salvación pasan a ser nuestras a través del Espíritu, exclusiva, inmediata, simultánea y escatológicamente en Cristo… estamos en Cristo únicamente por el Espíritu”.6 Esta realidad debe movernos a vivir en completa dependencia al Espíritu y con la más profunda gratitud.
- La salvación inicia por el ejercicio de la soberanía de Dios; desde la eternidad “elige a algunas personas para ser salvas, no en base de méritos previsibles en ellos, sino porque ese es su soberano deseo” (Hch 13:48; Rom 8:28–30; Ef 1:11; 2 Tim 1:9).7
- En el presente escuchamos el llamamiento del evangelio: la convocatoria de responder a Cristo en arrepentimiento y fe.
- En base a esta convocatoria y según el previo designio del Padre, el Espíritu Santo llama eficazmente a los elegidos para que respondan en fe salvadora (Hec, 16:14).
- Para ello, produce el milagro de la regeneración (Tit 3:5). Por este acto, el Espíritu “renueva el corazón, el núcleo mismo del ser de una persona, implantando en él un nuevo principio para sus deseos, propósitos y acciones”.8
- Después de esto ocurre la conversión: el ser humano responde con arrepentimiento y fe al llamado del evangelio debido a la obra regeneradora del Espíritu
- De esta manera, en la justificación el Padre declara legal e instantáneamente que los pecados del creyente son perdonados,9 que la justicia de Cristo le pertenece y le declara justo delante de sus ojos (Rom. 3:20-21).10 Como se mencionó anteriormente estos sucesos no sin ni independientes ni cronológicos, y son operados por el Espíritu de Dios en el pecador, dándole una nueva vida y un nuevo estatus delante de Dios.
- Por la adopción el creyente entra en una nueva relación con Dios: Dios ha dejado de ser su juez o enemigo, ahora es su Padre (Gal 4:5).
- En ese mismo instante el Espíritu Santo inicia la obra de santificación. Mientras que en la justificación la justicia de Cristo es imputada externamente, en la santificación la justicia de Cristo es impartida internamente por el poder del Espíritu, de manera que el creyente es transformado día a día a la imagen de Cristo (Cf. Ro. 8:29).
- Además, Dios ha prometido que “todos los que verdaderamente han nacido de nuevo serán guardados por su poder y perseverarán como creyentes hasta el final” (1 Cor. 1:8, Fil. 1:6).11 A esto se le conoce como la perseverancia de los santos.
- Cuando Cristo vuelva, los creyentes experimentaremos la glorificación, el paso final en nuestra redención. El Señor nos otorgará cuerpos glorificados y libres de los efectos del pecado (1 Cor. 15:42, Ap 21:4).
Algunos aspectos del ordo salutis pueden crear controversia, pero cuando un creyente profundiza en su comprensión de la salvación, puede gozarse y adorar de una manera más plena, pues el Espíritu le mueve a apreciar la profundidad de la gracia de Dios. Además, debido a que su salvación no descansa sobre sus méritos, puede disfrutar de seguridad eterna. Evidentemente, esto ocasionará que su evangelismo sea, no solo teológicamente apropiado, sino también lleno de poder y convicción.
Por otro lado, comprender este asunto modelará el ministerio pastoral, pues afectara el estilo y contenido de la predicación, el énfasis en la adoración congregacional, el contenido del evangelismo entre otras prioridades ministeriales; afectando, de esta manera, la vida de una iglesia local. Por lo tanto, Crezcamos en nuestra apreciación Cristo y su obra.
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Footnotes
-
Kapic, Kelly M., y Wesley Vander Lugt. Pocket Dictionary of the Reformed Tradition (Downers Grove, IL: IVP Academic, 2013) ↩
-
Ferguson , Sinclair . El Cristo completo (Poiema Publicaciones, 2019): 61. ↩
-
Berkhof, Louis. Teología Sistemática. (Bellingham, WA: Tesoro Bíblico, 2018). ↩
-
Ferguson, El Cristo completo :46. ↩
-
Letham, Robert. La obra de Cristo (Barcelona: Andamio, 2013): 85. ↩
-
Ferguson, Sinclair. El Espíritu Santo. (Barcelona: Andamio, 2016): 111. ↩
-
Grudem, Wayne. Teología Sistemática: Una introducción a la doctrina bíblica (Miami, FL: Editorial Vida, 2007): 702. ↩
-
Packer, J. I. Teología Concisa (Miami, FL: Editorial Unilit, 1998), 165. ↩
-
Fesko, J. V. “John Owen on Union with Christ and Justification.” Themelios 37, no. 1 (2012): 11. ↩
-
Grudem. Teología sistemáica:759. ↩
-
Grudem. Teología sistemática:828. ↩