Muertos al pecado

Definición

«Muertos al pecado» es una descripción de la condición del creyente en virtud de su unión con Cristo en su muerte y resurrección. Romanos 6 desarrolla esta realidad con precisión: el creyente fue crucificado con Cristo, de modo que el «viejo hombre» fue destruido y el cuerpo del pecado deshecho. Esta muerte al pecado no es una aspiración ni una promesa futura: es una realidad presente que constituye la base del imperativo de la santificación. El creyente no debe tratar de morir al pecado —ya ha muerto—; debe considerarse muerto al pecado y vivo para Dios, y vivir en consecuencia. La tensión de Romanos 6-7 no niega esta realidad sino que describe la experiencia de quien todavía lucha con el pecado remanente siendo ya libre de su dominio.

Características bíblicas

  • El creyente fue crucificado con Cristo: el viejo hombre fue crucificado para que el cuerpo del pecado sea destruido (Rom. 6:6)
  • El mandato es «consideraos muertos al pecado»: el imperativo descansa sobre el indicativo (Rom. 6:11)
  • El bautismo simboliza y señala esta unión con Cristo en su muerte y resurrección (Rom. 6:3-4)
  • El que ha muerto ha sido justificado del pecado: ya no está bajo su dominio (Rom. 6:7)
  • El creyente no puede vivir en el pecado porque ha muerto a él: la gracia no es licencia (Rom. 6:2)
  • La mortificación es el ejercicio práctico de lo que ya es verdad posicionalmente (Col. 3:5)