Tu familia debe ver las riquezas de tu caminar espiritual fuera de tus deberes ministeriales. Tu gozo en Cristo, tu vitalidad como un hombre de Dios, tu amabilidad ante la oposición, tu claro enfoque en la gracia de Cristo (no solo en el perdón sino también en el fortalecimiento) serán los lentes a través de los cuales ellos verán tus esfuerzos para ministrarles la gracia de Dios.
Diariamente, introduce a tu esposa e hijos en lo intimo de tu consuelo y fortaleza en Cristo. Permite que te vean leer y meditar la Palabra de Dios. Que te vean como un hombre de oración y humilde debilidad delante de un Dios de poder. Nada le dará a tu familia un sentido de bienestar como tu amor y devoción a Dios.
Querido Timoteo