La ira de Dios no es una emoción incontrolable, irracional o egoísta, sino un resultado de Su santidad, justicia y amor por todo lo que es bueno. Dios odia el pecado y viene contra él con una ira terrible y a menudo violenta. Si el hombre es objeto de la ira de Dios, es porque ha escogido desafiar la soberanía de Dios, violar Su voluntad y entregarse al mal.
El Evangelio De Cristo Jesús