Si la Iglesia es posesión de Dios, adquirida y redimida para alabanza de su gloria (Ef. 1:14), ¿se imaginan la responsabilidad que implica cuidar del redil con la intención expresa de que la gloria del Redentor pueda ser desplegada a través de la Iglesia? Sin duda, la manera como nosotros pastoreamos a los redimidos del Señor contribuye a reflejar o empañar la gloria de la redención. No debemos empañar su gloria. Esta realidad le da sobriedad al llamado pastoral y debe motivarnos a ser más diligentes al cuidar del rebaño, a meditar continuamente en su Palabra y a orar fervientemente al Señor de la grey. Los pastores garantizamos que la Iglesia refleje la gloria de Dios solo en la medida en que somos fieles a las Escrituras en la predicación y en la aplicación. Como el pastor J. Stephen Yuille expresa: «cosas de gran valor requieren de gran cuidado. Las almas son infinitamente valiosas y por tanto merecen nuestro mejor esfuerzo. Si Dios considera a su pueblo digno de su sangre, nosotros debiéramos considerarlo digno de nuestro sudor».
«Cosas de gran valor requieren de gran cuidado… Si Dios considera a su pueblo digno de su sangre, nosotros debiéramos considerarlo digno de nuestro sudor».
Datos bibliográficos
autor:: Miguel Núñez libro:: De pastores y predicadores Pagina o posicion: Abrir en Logos