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Nota sobre esta transcripción

El audio de esta charla se corta a media frase justo al final («…y la oración de Pablo al…»), así que el cierre del mensaje —incluida la aplicación final y probablemente la oración de cierre— no quedó grabado.

Les pedí que abrieran la Biblia en Efesios 3, porque algunas de las oraciones de Pablo han sido preservadas para nosotros aquí en la Escritura, y dos de esas oraciones están en Efesios: la primera está en el capítulo 1, y la segunda en el capítulo 3, y son muy instructivas para nosotros como pastores, y esposas, y líderes, y esposas. El título de este mensaje es «el pastor que ora». Vamos a leer Efesios 3, del versículo 14 al 21.

14 Por esta causa, pues, doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, 15 de quien recibe nombre toda familia en el cielo y en la tierra. 16 Le ruego que Él les conceda a ustedes, conforme a las riquezas de Su gloria, el ser fortalecidos con poder por Su Espíritu en el hombre interior; 17 de manera que Cristo habite por la fe en sus corazones. También ruego que arraigados y cimentados en amor, 18 ustedes sean capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, 19 y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que sean llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios. 20 Y a Aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros, 21 a Él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.

Vamos a orar. Señor, estas son tus palabras, tú las inspiraste. Te pedimos, Señor, que estas palabras nos hables de nuevo a nosotros, pero confesamos nuestra necesidad de tu ayuda; y te pedimos que, mientras se predican estas palabras, tu Espíritu Santo esté activo para vivificarlas, no solo en nuestras mentes, sino en nuestros corazones, para que por la predicación de la palabra y la obra del Espíritu estas palabras nos transformen. Haz todo eso para tu gloria, te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.

Una carta pastoral, un pastor que vela por las almas

John Newton imprimió y distribuyó una carta a todos los miembros de su iglesia; era una carta pastoral, y empieza de esta manera: «mis queridos amigos, cada persona en nuestra iglesia tiene un lugar en mi corazón de manera individual; estoy deseoso de demostrarles que yo velo por el bienestar de sus almas, y de la misma manera, de tener un testigo en cada conciencia, de que nadie puede presentar como excusa la ignorancia de cosas que le compete saber. Espero que ustedes reciban esta carta, en buena parte, como una muestra de mi amor, y que la leerán con atención». Y después de asegurarles que ellos ya estaban bien con Dios por el evangelio de Cristo, les habla de maneras específicas sobre cómo él está velando por sus almas, y así es como está orando por ellos: les advierte que no sean engañados por el mundo, ora por su crecimiento en piedad, por la centralidad que debe tener la palabra de Dios en sus vidas, y ora que ellos puedan tener comunión con Dios leyéndola cada día, como se nos instruye en la Biblia hacerlo; y los exhorta a que continúen participando en los servicios de adoración, y ora para que sean fortalecidos cada domingo mientras Dios obra en ellos. Y termina la carta diciendo, una vez más, que él siempre los lleva en sus oraciones ante el trono de la gracia; y firma la carta de esta manera: «su amigo afectuoso y siervo en el evangelio de Jesucristo, John Newton».

Esta carta de Newton fue escrita con mucha habilidad pastoral, y la razón por la que les escribió esta carta a su iglesia es porque él está velando por sus almas, y en base a lo que él vio, sintió una responsabilidad de orar por ellos; y eso es lo que vemos aquí en Efesios 3. Pablo también escribe, con su maravillosa habilidad pastoral, una hermosa carta a la iglesia de Éfeso; y como John Newton, que sabía que quería que su iglesia supiera por qué les estaba escribiendo, también Pablo quería que esta iglesia supiera. Y por eso empieza esta oración en el versículo 14 diciendo «por esta causa» —y nos tenemos que preguntar cuál es esa causa por la que Pablo está orando esto por los efesios—. Tengan en mente que él empezó con esa misma frase en el capítulo 3, versículo 1; ahí está esa frase, «por esta causa», y luego él divide ahí las cosas y les dice cuál es la naturaleza de su ministerio en el evangelio a los gentiles, en los versículos del 2 al 13. Y después de describirse a sí mismo como prisionero de Cristo Jesús por amor de los gentiles, les dice, en los versículos 2 al 6, que Dios ya le había revelado que los gentiles también son participantes de la promesa en Cristo Jesús, del cual Pablo fue hecho ministro; esto lo dice del versículo 3 al 8: «de este evangelio yo fui hecho ministro de acuerdo al don de la gracia de Dios que me fue concedido por la obra de su poder, a mí, que soy el menor de todos los santos; esta gracia me fue dada para predicar entre los gentiles las inescrutables riquezas de Cristo».

Habiendo establecido que él es un ministro del evangelio, un pastor llamado a predicar las inescrutables riquezas de Cristo, entonces él dice «por esta causa». En otras palabras, la oración de Pablo fluye de su ministerio del evangelio, y su oración es realmente lo que significa para él servirlos como su pastor; porque, como John Newton, Pablo también estaba velando por las almas de esta iglesia, porque ya les había declarado las inescrutables riquezas de Cristo, y mientras velaba por sus almas vio cosas que informaron su oración, y cumplió con su responsabilidad como pastor orando por ellos. Esa es la razón por la que este pastor ora.

Hermano pastor: tú has sido llamado por Dios para ser un ministro del evangelio, y has sido llamado a velar por las almas de la gente en tu iglesia; y por lo tanto Dios te ha dado la responsabilidad de orar por aquellos que él ha encomendado a tu cuidado. Y tienes que entender esto bien: tu más grande responsabilidad es lo que nos enseñó el miércoles en la noche —tu prioridad es lo que Mike nos enseñó, nos debemos esforzar por la piedad—; debemos hacer esas dos cosas primero, porque esas dos cosas van a afectar cómo haces las demás, en el orden correcto. Mientras cumples con esta responsabilidad, un pastor ama y se preocupa por su gente al estar al lado de ellos cuando tienen un niño enfermo, por ejemplo; al estar con ellos en el hospital cuando un miembro de la iglesia tiene a un ser querido que está a punto de morir; o al visitar a alguno de los miembros después de que una tragedia inesperada ocurrió. Todas esas cosas tú tienes que hacer; pero, al cuidar de tu iglesia, es vital que como pastor y líder ores con frecuencia y de manera específica por aquellos que Dios te encomendó. Una de las razones por las que esta oración está preservada en la Biblia es que nos muestra a los pastores que debemos orar; debemos ser pastores que oran.

Les voy a dar mi sermón en una oración: el trabajo de un pastor requiere el poder de Dios. Muy sencilla, pero muy profunda: trabajo como pastor, poder de Dios. Vamos a ver esta oración, porque aprendemos seis cosas de este pastor que ora.

Primero: oramos con humildad y con denuedo

Vean eso en los versículos 14 y 15; ahí dice que dobla sus rodillas —versículo 14—. Es importante, porque eso comunica reverencia, un asombro, una adoración ante Dios; y es una expresión de verdadera humildad, porque la humildad genuina es vernos a nosotros de la manera correcta a la luz de quién es Dios. En otras palabras, la oración humilde no tiene como primera característica palabras elocuentes, ni tampoco es lo más importante qué tanto oramos; una oración humilde, de un corazón humilde, ve a Dios como él realmente es, y quién es él.

Él es el Señor, Padre, de quien toda familia en la tierra recibe su nombre —es una frase con la que Pablo se refiere a Dios como creador—: como el que creó todas las familias, y todos los cielos, creó a todos los ángeles y hasta los conoce por nombre; él creó toda familia en la tierra, él creó todas las naciones, las etnias, y él es el que también nos da nombre a todos. Así que la oración es un reflejo apropiado de nuestra relación creador-criatura; la oración es una expresión de dependencia humilde de parte de pastores finitos, de líderes y de sus esposas, ante aquel que nos ha creado. Es una disposición correcta, una expresión de los débiles que dice: «en tu gran poder creaste todo lo que hay en el universo, así que yo te pido que hagas, como el gran Padre y creador, lo que yo no puedo hacer como predicador». La oración es un clamor de los débiles al que es todopoderoso y fuerte.

Hay una pareja querida en nuestra iglesia que tuvieron problemas maritales por largo tiempo, y me pidieron que me reuniera con ellos para consejería y ayudarlos. Yo los amo, y me junté con ellos una vez al mes por tres años, haciendo mi mejor esfuerzo para aplicar la palabra de Dios en sus vidas; los corregía con amor, los alentaba, y después de tres años no hubo cambio. Yo les dije: «yo me pregunto si ahora sería mejor que se reunieran con otro de los ancianos, que los pueda ayudar de una manera en la que tal vez yo no he podido». Se reunieron con él por un año, ningún cambio; y regresaron a mi oficina, y les dije: «vamos a hacer las cosas diferente, ¿quiénes son sus mejores amigos en la iglesia, con los que tienen comunión? Quiero que vengan a nuestras reuniones, para que ellos me ayuden a ayudarlos». Y escogieron a dos o tres parejas más, y lo hicimos como por un año; les dimos consejo sabio, estos amigos los amaron, ningún cambio. De regreso a mi oficina, les dije: «yo creo que ya hice todo lo que creo que puedo hacer, los amo, pero ya no me voy a reunir con ustedes; pero nunca voy a dejar de orar por ustedes».

Ustedes tienen retos como esos en su iglesia, que aun después de años de una amorosa consejería bíblica todavía no cambian; tienen personas en sus iglesias que han sido diagnosticadas con enfermedades crónicas o cáncer, y por más que ustedes quieren que se sanen, se dan cuenta de que no tienen el poder para sanarlos. Dios soberanamente permite que pasen dificultades, cosas muy difíciles, en las vidas de la gente de su iglesia, por miles de razones; pero una es esta: que tú, como pastor, vayas a tu Padre, y dobles rodilla, y en humildad y dependencia ores desesperadamente.

Déjenme recordarles, pastor, líder, esposas, que ustedes pueden venir cerca de él, porque antes de la fundación del mundo él te escogió, y en amor te predestinó para ser adoptado por él mismo como su padre; te adoptó como hijo, como hija, por medio de Jesucristo, Efesios 1, versículos 4 y 5.

4 Porque Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor 5 nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme a la buena intención de Su voluntad,

Dios, por sí mismo, determinó salvarte, redimirte, y a través de la sangre derramada por Cristo, por ese sacrificio sustitutorio —incluyendo los pecados que cometiste esta mañana— y él hace todo eso por las riquezas de su gracia, como se nos dice en Efesios 2:7.

7 a fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de Su gracia por Su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

Así que tienes acceso al Padre por medio de Jesucristo: el Padre que te hizo, el Padre que te nombró, el Padre que te escogió y te predestinó para salvación y también para adopción. Así que él se deleita grandemente cuando tú, como su hijo o su hija, vienes a tu Padre; vienes seguido y le pides. Hermanos, tenemos acceso al Padre; Pablo nos recuerda de ese acceso en Efesios 3:12.

12 en quien tenemos libertad y acceso a Dios con confianza por medio de la fe en Él.

Y quiere decir que en Cristo Jesús tenemos libertad y acceso con confianza por medio de la fe en él; y por medio de tener ese acceso al Padre por Cristo, quiere decir que nuestras oraciones no deben ser tímidas, deben ser con denuedo, deben ser grandes, con confianza, porque sabemos que él tiene el poder, y él las va a responder de acuerdo a su voluntad. Así que les hago esta pregunta: ¿en dónde, en su iglesia, ahora mismo, necesitas el poder de Dios? No les voy a preguntar tanto si están orando; esa no es la pregunta correcta. Cuando te das cuenta de que lo que necesitas es poder, vas a orar con confianza y con regularidad, porque el trabajo del pastor requiere el poder de Dios.

Segundo: oramos por ese poder

Versículo 16, donde dice: «le ruego que él les conceda a ustedes, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder por su Espíritu en el hombre interior». Si estudian las oraciones de Pablo, van a ver que él muy seguido ora por poder; de hecho pidió por poder en las dos oraciones de Efesios —no vamos a tomar tiempo para leerlo, pero también está en Efesios 1:19, y de nuevo aquí en el capítulo 3—.

19 y cuál es la extraordinaria grandeza de Su poder para con nosotros los que creemos, conforme a la eficacia de la fuerza de Su poder.

¿Por qué oraba Pablo regularmente por poder, para él y para otros? Creo que los versículos 7 y 8, que ya vimos, nos dan la respuesta: así lo dice en el versículo 7, que la única razón por la que él es ministro del evangelio es por el don de la gracia que le fue dada, por la eficacia de su poder. Pablo vivía consciente de que la única razón por la que él era cristiano es porque tuvo un encuentro con el poder salvador de Dios en el camino a Damasco, y vivía consciente de que su llamado al ministerio del evangelio le fue dado por el poder de Dios —como lo dijo Jeff el miércoles, nosotros hemos sido hechos obispos por el Espíritu Santo—. Pablo no se ganó su ministerio del evangelio, él no tenía méritos; él sabía que fue una elección de Dios, y fue llevada a cabo por el poder de Dios. ¿Tú crees eso acerca de tu ministerio, que fue Dios quien te llamó, y la única razón por la que lo estás haciendo es por su poder? Si tú estás consciente de eso, también vas a estar consciente de tu continua necesidad de orar por ese poder de Dios, y vas a estar consciente de que necesitas orar por el poder de Dios para tu gente.

La necesidad que tenía Pablo del poder de Dios se hacía más sensible al estar consciente de su propia debilidad; y él menciona su debilidad en el versículo 8, cuando dice que él es el más pequeño de todos los santos. Cuando él sabía que era así de pequeño, se le fue concedida esa gracia; y al describirse a sí mismo como el más pequeño de los santos, no era una humildad falsa, no era un intento falso de pretender algo, porque, si estudias las cartas de Pablo, él hace muchas referencias a su propia debilidad —un ejemplo: habla de su debilidad nueve veces en las cartas que les escribió a los corintios—; y en segunda de Corintios 12:9-10, él dice que se va a gloriar en su debilidad, para que el poder de Dios se perfeccione en él.

9 Y Él me ha dicho: «Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad». Por tanto, con muchísimo gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. 10 Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Y al depender de Dios, oraba regularmente por el poder, porque sabía que no tenía el poder para salvar personas, y no tenía el poder para hacer que su gente creciera en Cristo. El que se siente competente en sí mismo para producir fruto eterno —que es el único tipo de fruto que importa— no conoce ni a Dios ni se conoce a sí mismo; un pastor que no conoce el ritmo de desesperación y rescate es porque tiene sus ojos solo en lo que el hombre puede alcanzar.

Hermanos y hermanas, los retos que ahorita están enfrentando en su iglesia tienen la intención de cultivar en ustedes un ritmo de desesperación —significa desesperado para pedirle a Dios— y rescate, lo que significa que Dios da su poder y responde para ayudar; y él hace todo eso para que nosotros no nos sintamos competentes en nosotros mismos. Les voy a preguntar una vez más: ¿en dónde necesita ahorita tu iglesia el poder de Dios? Y lo que venga a tu mente es un ritmo de desesperación y rescate para tu vida; y quiero que te convenzas de que el Dios al que tú le oras es capaz de responder tu oración con poder.

Vamos a leer el versículo 16 una vez más: «le ruego que él les conceda a ustedes, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder por su Espíritu en el hombre interior». ¿Cómo sabes que Dios es capaz de responder tu oración por poder? Porque él es capaz, porque tiene riquezas infinitas de gloria de las cuales usar. ¿Qué quiere decir esa frase, «riquezas infinitas de gloria»? La gloria, como se usa aquí, nos comunica la idea de la perfección, del esplendor de Dios en todo lo que él hace; y muy a menudo en la Escritura esa gloria está conectada con el poder. Les voy a dar un versículo de prueba, Colosenses 1:

11 Rogamos que ustedes sean fortalecidos con todo poder según la potencia de Su gloria, para obtener toda perseverancia y paciencia, con gozo

Otra de las oraciones de Pablo: «siendo fortalecidos con todo poder de acuerdo a su gloriosa fuerza», porque la gloria de Dios es infinita y eterna, su reserva de poder es también infinita y eterna. Eso quiere decir que su reserva de poder es mucho más grande que cualquier necesidad que tu iglesia tenga, porque su poder es inagotable; lo voy a decir de otra manera: a Dios nunca lo podemos empobrecer, porque compartimos su poder con su pueblo.

Jill y yo crecimos en la parte central de Estados Unidos, que se conoce como el Medio Oeste, y mis abuelos tenían una granja; a mí me encantaba ir ahí a trabajar con mi abuelo, y cerca del granero había una bomba que salía del suelo, y esa bomba estaba conectada a un pozo de agua; tenía una palanca ahí arriba, y algo que la tapaba. En los días muy calientes, cuando yo quería, yo subía esa palanca, y se llenaba un vaso que había ahí, y el agua siempre estaba ahí, y siempre estaba fría, y siempre me refrescaba. La oración es así: traemos nuestros vasos, los metemos al pozo de las infinitas riquezas de su gloria, y él nos da su poder, y su sabiduría, y su ayuda; siempre están ahí, y siempre son buenas.

Una perspectiva correcta de Dios, y un entendimiento correcto de las infinitas riquezas de su gloria, nos enseña que es imposible pedirle a Dios algo que sea demasiado grande para él; sus riquezas infinitas de gloria y de poder ahí están para nosotros, si nos atrevemos a pedirle. ¿Lo creen? ¿Lo creen? No hay nada en este texto que nos limite en lo absoluto; de hecho, más bien nos lleva en la dirección opuesta, nos anima a venir con mucha frecuencia y a pedirle por grandes cosas; y eso es lo que va a pasar, porque entre más sucede eso, más se deleita él, más responde, y más nos da la bienvenida de seguir viniendo. Y esto es lo que significa para ustedes y para mí: es nuestra propia falta, nuestra culpa, si no le pedimos, si no comprendemos las infinitas riquezas del poder de Dios. El trabajo de un pastor requiere el poder de Dios.

Tercero: oramos por la ayuda del Espíritu

Vamos a ser breves en este punto, porque es un poco fuera del texto, pero es importante. Vean lo que dice en el versículo 16: que les conceda el ser fortalecidos, conforme a las riquezas de su poder, por el Espíritu, por su Espíritu, en su ser interior. Recibimos el poder divino de Dios por medio de su Espíritu; por medio de la agencia del Espíritu Santo nos entrega un poder divino a nosotros, y eso es consistente con otros pasajes. Jesucristo dijo, antes de su ascensión:

8 pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes; y serán Mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra».

El día de Pentecostés, los discípulos están en el aposento alto; el Espíritu Santo desciende sobre ellos, y Pedro sale y predica poderosamente el evangelio en el poder del Espíritu, ¿y qué pasa? Que tres mil personas se convierten en un solo día. ¿No les encantaría ver eso en su iglesia, una demostración así del poder de Dios? Pero estas son las buenas nuevas: Jesucristo continúa llenándonos con su Espíritu, para que a través del Espíritu ustedes y yo, hombres y mujeres finitos, recibamos poder divino para nuestro ministerio.

Si ustedes toman el versículo 16 a la luz de toda esta carta, vemos que al Espíritu Santo se le hace referencia doce veces, y Pablo nos dice en Efesios 5:18:

18 Y no se embriaguen con vino, en lo cual hay disolución, sino sean llenos del Espíritu.

«Sean llenos del Espíritu» es un verbo imperativo en el tiempo presente, y es un mandamiento para que seamos llenos del Espíritu a diario; así que le tenemos que pedir. Y eso nos revela por qué Jesús le llamó al Espíritu Santo nuestro ayudador, o consolador, en Juan 16. Si tienes cristianos en tu iglesia que están batallando con estar seguros de su salvación, ora con ellos, y ora que el Espíritu que vive en ellos es el mismo Espíritu que los ha sellado, y es el mismo Espíritu que puede obrar con poder para garantizar su herencia eterna; para que puedan, como nos dijo el pastor Carlos ayer, tus esfuerzos, tus esfuerzos evangelísticos, deben ser en poder, por el poder del Espíritu, porque tú no puedes hacer que un alma muerta venga a la vida, es solo por el poder regenerador del Espíritu de Dios.

¿Han tenido alguna vez situaciones de consejería o de liderazgo en su iglesia en las que ustedes terminaron diciendo «no sé qué hacer»? Yo las he tenido; Carlos también las ha tenido —yo creía que era el único—. Estamos enfrentando un problema en nuestra denominación; le dije a un pastor «no sé qué hacer», y me dijo «yo tampoco sé qué hacer, pero es bueno saber que no sabe lo que sabe, por lo que él tenga, y me dice: debemos orar; eso es lo que tenemos que hacer, debemos orar». El ministerio pastoral al que hemos sido llamados a hacer no lo podemos hacer en nuestras propias fuerzas y en nuestra propia sabiduría; necesitamos la ayuda del Espíritu Santo. Para servir a los miembros de tu iglesia, tú tienes que ser guiado por el Espíritu, necesitas la sabiduría que te da el Espíritu, y necesitas el poder del Espíritu.

Cuarto: oramos por nuestro crecimiento en piedad

Al orar por el poder, notaron cómo es que el Espíritu Santo concede ese poder: ese poder se dispensa en nuestro hombre interior. Y esa frase, «hombre interior», es una frase muy peculiar que usa Pablo, y esencialmente se refiere al corazón; ese corazón que ha sido pecaminoso pero que ha sido regenerado por el Espíritu, y nos volteamos del pecado para poner nuestra fe en Cristo; y sin embargo, nuestro corazón —como nos recordó Juan anoche— todavía tiene pecado que mora allí. Por lo tanto debemos pelear contra el pecado. ¿Por qué? Dios liberó su poder en nuestro hombre interior por medio de su Espíritu; la primera parte del versículo 17 nos dice de manera… esta es la razón: que Cristo habite por la fe en sus corazones, por ese poder que se nos da por el Espíritu en el hombre interior. Hay un efecto transformador por el cual nos volvemos cada vez más y más como aquel que mora en nuestro corazón, Jesucristo.

D. A. Carson dice que este es un clamor por poder: poder para ser santos, poder para actuar y pensar y hablar de maneras que le agradan a Dios, poder para tener una mayor resolución para caminar en una transparencia de gratitud, y ser humildes; poder para ser personas que disciernen, obedientes y confiables; poder para crecer en conformidad a Jesucristo. El poder de Dios no es una realidad abstracta, es un poder que nos transforma; es el mismo poder del que nos habló anoche Juan en Romanos 8, es el mismo poder por el que está orando Pablo aquí en Efesios 3. Y Pablo estaba muy consciente de su propia batalla contra el pecado, y estaba pastoreando a personas que también tenían batallas contra el pecado, y él ora que los efesios puedan crecer en piedad.

Esta oración está colocada en la carta después de comunicar una eclesiología muy rica y las riquezas del evangelio, en los versículos 1 al 3; y aquí empieza a voltear hacia el capítulo 4, donde se nos dan muchos imperativos del evangelio. Ya nos dio los indicativos, y luego vienen los imperativos, y nos muestra cómo vivir para Cristo: que debemos ser imitadores de Dios, caminando en amor como Dios es amor; que debemos caminar con una pureza sexual, capítulo 5; con los esposos y esposas amándose y respetándose unos a otros, versículos del capítulo 5, 21 al 33. Todos esos, y muchos más, los podemos llevar a cabo, y el crecimiento puede suceder, solo porque el poder de Dios se nos concede.

Yo soy un pastor que necesita el poder de Dios; Jill y yo vamos a estar casados por 45 años, y cada año se vuelve más dulce, pero yo todavía peco contra ella. Hace poco empecé a ver varias ocasiones en las que yo había sido impaciente con ella, o había sido egoísta, o actuado con autojustificación; y fui con los pastores con los que me reúno, y les dije eso; les dije: «yo quiero que sepan esto, quiero que me den retroalimentación, quiero que me pregunten, y quiero que oren por mí, porque yo necesito poder para cambiar». Un pastor que vive consciente de su necesidad del poder de Dios, ese pastor va a ser un pastor que ora, que va a orar por ese poder de Dios, y ese poder para que se le sea concedido a su pueblo.

Rápido: tenemos que tener nuestra teología de la santificación correcta. No es nada más orar por poder sin esfuerzo, no es nada más te conectas ahí a una conexión eléctrica del poder de Dios y ya, soy perfecto, y me vuelvo el esposo más paciente del mundo de un día para otro; no funciona así. Ayer lo dijo Mike: debemos ocuparnos en nuestra salvación con temor y temblor, nos esforzamos por la piedad —versículo 13 de Filipenses 2— porque es Dios quien obra en nosotros.

13 Porque Dios es quien obra en ustedes tanto el querer como el hacer, para Su buena intención.

Nuestro crecimiento en piedad, el crecimiento en piedad de tu iglesia, requiere dos cosas: un esfuerzo intencional, como Mike nos enseñó muy bien, y pelear contra el pecado, como nos enseñó Juan; pero también tenemos que orar por poder, y para que Dios nos transforme. Esa es una de las razones por las que los domingos por la mañana son tan importantes: porque, como pastor que está a punto de orar y de llamar al pueblo de Dios a vidas piadosas, también tienes que orar para que puedan crecer en esa piedad. Eso es lo que escuchamos anoche: Manolo oró, y él oró que pudiéramos crecer en piedad; y luego Juan predicó, y nos llamó a luchar contra el pecado para crecer en piedad. Hubo tanto oración como predicación, y su gente necesita las dos cosas.

Quinto: oramos que nuestra gente conozca de una manera más plena el amor de Jesús

Vamos a leer ahora los versículos 17 al 19 —capítulo 3, versículo 17—: «de manera que Cristo habite por la fe en sus corazones. También ruego que arraigados y cimentados en amor, ustedes sean capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que sean llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios». Y sabemos que Pablo le está escribiendo a cristianos, porque esa es la palabra que usa, y les dice que deben estar arraigados y cimentados en amor —esas son palabras fundacionales—, revelando que ellos han colocado su fe en que el amor de Dios ha sido derramado en sus corazones (Romanos 5:5), y que ellos puedan llegar a conocer este amor de Dios; ellos ya conocían el amor de Cristo, porque él está orando que lo conozcan más.

Estos versículos nos recuerdan que somos criaturas finitas, y tenemos esta habilidad limitada de conocer y de experimentar el amor ilimitado del Salvador; y por eso él ora que oren para conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento. Necesitamos poder para conocer lo que no se puede conocer; pero tenemos que entender bien: esto no es una oración simplemente para amar más a Jesús, más bien es una oración para entender mejor el amor que ya tiene Cristo por nosotros.

Este pastor que ora asume que, separados del amor, del poder de Dios, la gente por la que está orando va a tener un aprecio muy pequeño del amor de Cristo. Hermanos y hermanas, ustedes y yo necesitamos poder; la gente en tu iglesia necesita poder. Y esta es una razón por la que esto es tan importante pastoralmente: cuando la gente duda del amor que Cristo tiene por ellos, se voltean y van a buscar otras cosas; y a lo mejor se van a buscar terapias que no tienen nada que ver con la palabra de Dios, se pueden ir a buscar —hay muchas cosas a las que se pueden voltear—; y cuando la gente hace eso, y se voltea a otras cosas, tú tienes que pastorearlos y aconsejarlos con la palabra de Dios. Tú no debes terminar esa conversación sin orar que Dios les dé poder para conocer la altura, la longitud, la profundidad y la anchura del amor de Jesús por ellos. Lo tienes que hacer, hermano, por eso, porque el trabajo del pastor requiere el poder de Dios.

Sexto y última: oramos por la gloria de Dios

Versículos 20 y 21: «y a Aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros, a él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén». Doxología: esta doxología que termina la primera parte de la carta de Efesios, y la oración de Pablo, al…