Artículo 27 — Del bautismo
El bautismo no solamente es una señal de profesión y marca distintiva por la que los cristianos se distinguen de los no bautizados, sino que también es una señal de la regeneración o nuevo nacimiento, por el cual, como un instrumento, los que debidamente reciben el bautismo son injertados en la Iglesia; las promesas del perdón de pecados y de nuestra adopción como hijos de Dios por el Espíritu Santo son visiblemente firmadas y selladas; la fe es confirmada y la gracia aumentada por virtud de la oración a Dios. El bautismo de infantes debe conservarse en todo caso en la Iglesia como algo que va conforme con la ordenanza de Cristo.