Artículo 9 — Del pecado original o de nacimiento

El pecado original no consiste en la imitación de Adán (como vanamente dicen los pelagianos), sino que es el vicio y la corrupción de la naturaleza de todo hombre que es engendrado naturalmente de la descendencia de Adán. Por esto el hombre está muy lejos de la justicia original, y por su propia naturaleza se inclina al mal, de modo que el deseo de la carne es siempre contrario al espíritu; y por lo tanto, cada persona nacida en este mundo merece la ira y la condenación de Dios. Y esta infección de la naturaleza permanece incluso en los que son regenerados, por lo que la pasión de la carne, llamada en griego phronema sarkos (que algunos interpretan como la sabiduría, otros como la sensualidad, algunos como la afección y otros como el deseo de la carne) no está sujeta a la ley de Dios. Y a pesar de que no hay condenación para los que creen y son bautizados, el apóstol confiesa que la concupiscencia y la lujuria tienen en sí misma la naturaleza del pecado.


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