Artículo 10 — Del libre albedrío
La condición del hombre después de la caída de Adán es tal, que por su propia fuerza natural o buenas obras no puede convertirse ni prepararse a sí mismo a la fe e invocación a Dios. Por lo tanto, no tenemos poder para hacer buenas obras que sean agradables y aceptables a Dios, sin que la gracia de Dios por medio de Cristo nos preceda para que podamos tener una buena voluntad y obre en nosotros cuando tenemos esa buena voluntad.