Creemos que el hombre fue creado puro y perfecto a imagen de Dios, y que por su propia culpa cayó de la gracia que había recibido, quedando así alejado de Dios, fuente de la justicia y de todo bien, de modo que su naturaleza está totalmente corrompida. Y estando cegado en su mente, depravado en su corazón, ha perdido toda integridad, y no hay bien en él. Y aunque todavía puede discernir el bien y el mal, decimos, sin embargo, que la luz que tiene se convierte en tinieblas cuando busca a Dios, de modo que de ningún modo puede acercarse a él por su inteligencia y razón. Y aunque tiene una voluntad que lo incita a hacer esto o aquello, con todo, está enteramente cautiva del pecado, de modo que no tiene otra libertad para hacer el bien que la que Dios le da.