Estas Sagradas Escrituras nos enseñan que en esta única y simple esencia divina que hemos confesado hay tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El Padre, primera causa, principio y origen de todas las cosas. El Hijo, su Palabra y sabiduría eterna. El Espíritu Santo, su virtud, poder y eficacia. El Hijo engendrado desde la eternidad por el Padre. El Espíritu Santo, que procede eternamente de ambos; las tres personas no confundidas, sino distintas, y sin embargo no separadas, sino de una misma esencia, iguales en eternidad y poder. Y en esto confesamos lo que fue establecido por los antiguos concilios, y detestamos todas las sectas y herejías que fueron rechazadas por los santos doctores, tales como San Hilario, San Atanasio, San Ambrosio y San Cirilo.