En cuanto a su oficio como intermediario, la Escritura nos manifiesta la llamada de Cristo a este oficio; porque nadie toma este honor para sí sino el que es llamado de Dios, como lo fue Aaron, siendo este llamamiento una acción de Dios, por la cual una promesa especial es hecha, Él ordena su Hijo a este oficio. Y esta promesa es que Cristo debiera ser hecho un sacrificio para el pecado; que Él verá su semilla y prolongará sus días, y la voluntad del Señor prosperará en su mano; todo esto siendo de la gracia absoluta y libre de Dios hacia los elegidos, y sin ninguna condición prevista en ellos para poder conseguirla.

Heb.5:4-6; Isa.53:10,11; Juan 3:16; Rom.8:32.