Fue designado por Dios desde la eternidad a este oficio; y en cuanto a su humanidad, desde la matriz fue llamado, separado e investido con todos los dones necesarios, Dios habiéndole dispersado sin medida su Espíritu.
Prov.8:23; Isa.42:6; 49:15; 11:2-5; 61:1,2; Luc.4:17,22; Juan 1:14,26; 3:34.