Creemos que somos hechos partícipes de esta justificación solo por la fe, como está escrito: «Padeció por nuestra salvación, para que todo aquel que en él cree no perezca». Y esto se hace en cuanto nos apropiamos, para nuestro uso, las promesas de vida que nos son dadas por medio de él, y sentimos su efecto cuando lo aceptamos, estando seguros de que somos afirmados por la Palabra de Dios y no seremos engañados. Así, nuestra justificación por la fe depende de las promesas por las cuales Dios nos declara y testifica su amor.