Los que son unidos con Cristo son justificados por la sangre de Cristo, de todos sus pecados, los del pasado, del presente y los que todavía están por venir. Comprendemos que esta justificación es el perdón gratuito y libremente dado por Dios, de la culpabilidad de todo pecado. Y que viene por la satisfacción que Cristo hizo con su muerte y aplican al pecador por medio de la fe.

Juan 1:7; Heb 10:14; 9:26; 2 Cor. 5:19; Rom. 3:23; Hch. 13:38, 39; Rom. 5:1; 3:25, 30.