Este sacerdocio no era temporal ni tampoco legal, sino según el orden de Melquisedec; y es estable y perfecto, no solo por un tiempo, sino para siempre. Y le viene a Cristo como a uno que vive para siempre. Cristo fue a la vez, sacerdote, sacrificio y altar. Era el sacerdote de acuerdo con sus dos naturalezas. Era el sacrificio según su naturaleza humana, por eso este sacrificio está atribuido a su cuerpo y sangre. Pero la efectividad de este sacrificio dependió de su naturaleza divina y por eso es llamado la sangre de Dios. Él era el altar según su naturaleza divina, siendo del altar la santificación de todo lo que es sacrificado sobre Él, y por eso tenía que ser más digno el altar que el sacrificio mismo.
Heb.7:16 etc.; 5:6; 10:10; 1 Ped.1:18,19; Col.1:20.22; Heb.9:13; Hch.20:28; Heb.9:14; 13:10,12,15; Mat.23:17; Jn.17:19.