Este oficio al cual Cristo es llamado, es de tres aspectos: profeta, sacerdote y rey, y el hecho de que son tres es necesario: por causa de nuestra ignorancia necesitamos el de profeta; en cuanto a nuestro alejamiento de Dios, necesitamos su oficio de sacerdote para reconciliarnos con Él; y en cuanto a nuestra adversidad e inhabilidad para retornarnos a Dios, necesitamos su oficio de Rey para convencernos, subyugarnos, atraernos y preservarnos para su reino celestial.
Deut.18:5; Hech.3:22,23; Heb.3:1; 4:14,15; Sal.2:6; 2 Cor.5:20; Hech.26:18; Col.1:21; Juan 16:8; Sal.110:3; Cant.1:3; Juan 6:44; Fil.4:13; 2 Tim.4:18.