En cuanto a este oficio de intermediario, es decir, el de ser profeta, sacerdote y rey de la Iglesia de Dios, este oficio es propio solamente de Cristo, que ni en parte, y mucho menos en su totalidad, puede ser transferido a otra persona.
1 Tim.2:5; Heb.7:24; Dan.7:14; Hech.4:12; Luc.1:33; Juan 14:6.