I.8 — Amamos el evangelio de Dios

Como discípulos de Jesús, somos personas del evangelio. El núcleo de nuestra identidad es nuestra pasión por las buenas noticias bíblicas de la obra de salvación de Dios a través de Jesucristo. Estamos unidos por nuestra experiencia de la gracia de Dios en el evangelio y por nuestra motivación de hacer conocer ese evangelio de la gracia hasta los confines de la tierra por todos los medios posibles.

A) Amamos las buenas noticias en un mundo de malas noticias. El evangelio aborda los efectos nefastos del pecado, el fracaso y la necesidad humanos. Los seres humanos se rebelaron contra Dios, rechazaron la autoridad de Dios y desobedecieron la Palabra de Dios. En este estado pecaminoso, estamos alienados de Dios, entre nosotros y del orden creado. El pecado merece la condena de Dios. Quienes se rehúsan a arrepentirse, «no obedecen el evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor».1 Los efectos del pecado y el poder del mal han corrompido cada dimensión de la persona humana (espiritual, física, intelectual y relacional). Han permeado la vida cultural, económica, social, política y religiosa a lo largo de todas las culturas y todas las generaciones de la historia. Han ocasionado incalculable sufrimiento a la raza humana y daño a la creación de Dios. Contra este trasfondo sombrío, el evangelio bíblico es, ciertamente, buenas noticias.

B) Amamos la historia que el evangelio cuenta. El evangelio anuncia como buenas noticias los hechos históricos de la vida, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Como el hijo de David, el Mesías Rey prometido, Jesús es aquel a través de quien, exclusivamente, Dios ha establecido su reino y ha actuado para la salvación del mundo, permitiendo que todas las naciones de la tierra sean benditas, como prometió a Abraham. Pablo define el evangelio al decir que «Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce». El evangelio declara que, en la cruz de Cristo, Dios asumió sobre sí, en la persona de su Hijo y en nuestro lugar, el juicio que merece nuestro pecado. En el mismo gran acto de salvación, completado, reivindicado y declarado a través de la resurrección, Dios obtuvo la victoria decisiva sobre Satanás, la muerte y todos los poderes del mal, nos liberó de su poder y del temor a ellos y aseguró su destrucción final. Dios logró la reconciliación de los creyentes con él y entre sí cruzando todas las fronteras y las enemistades. Dios también logró su propósito de la reconciliación final de toda la creación, y en la resurrección corporal de Jesús nos ha dado las primicias de la nueva creación. «Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo».2 ¡Cómo amamos la historia del evangelio!

C) Amamos la seguridad que el evangelio brinda. Únicamente al poner nuestra confianza en Cristo solo, somos unidos con Cristo a través del Espíritu Santo y somos considerados justos en Cristo ante Dios. Siendo justificados por fe, tenemos paz con Dios y ya no enfrentamos la condenación. Recibimos el perdón de nuestros pecados. Nacemos de nuevo a una esperanza viva al compartir la vida resucitada de Cristo. Somos adoptados como coherederos con Cristo. Pasamos a ser ciudadanos del pueblo del pacto de Dios, miembros de la familia de Dios y lugar de morada de Dios. Así que, al confiar en Cristo, tenemos plena seguridad de la salvación y la vida eterna, ya que nuestra salvación depende, en última instancia, no de nosotros mismos, sino de la obra de Cristo y la promesa de Dios. «Ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro».3 ¡Cómo amamos la promesa del evangelio!

D) Amamos la transformación que el evangelio produce. El evangelio es el poder de Dios que transforma las vidas, que está obrando en el mundo. «Es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree».4 La fe sola es el medio a través del cual se reciben las bendiciones y la seguridad del evangelio. Sin embargo, la fe salvadora nunca permanece sola, sino que se demuestra necesariamente en la obediencia. La obediencia cristiana es «la fe que obra por el amor».5 No somos salvados por buenas obras sino, habiendo sido salvados sólo por gracia, somos «creados en Cristo Jesús para buenas obras».6 «La fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma».7 Pablo veía la transformación ética que produce el evangelio como obra de la gracia de Dios, la gracia que logró nuestra salvación en la primera venida de Cristo, y la gracia que nos enseña a vivir éticamente a la luz de su segunda venida.8 Para Pablo, «obedecer al evangelio» significaba tanto confiar en la gracia como, luego, ser enseñado por la gracia.9 La meta misional de Pablo era lograr la «obediencia a la fe» entre todas las naciones.10 Este lenguaje, muy asociado al pacto, evoca a Abraham. Abraham creyó la promesa de Dios, lo cual le fue acreditado como justicia, y luego obedeció el mandamiento de Dios en demostración de su fe. «Por la fe Abraham […] obedeció».11 El arrepentimiento y la fe en Jesucristo son los primeros actos de obediencia que exige el evangelio; la obediencia continua a los mandamientos de Dios es la forma de vida hecha posible por la fe del evangelio, a través del Espíritu Santo que nos santifica.12 La obediencia, por lo tanto, es la evidencia viva de la fe salvadora y el fruto vivo de ella. La obediencia es, también, la prueba de nuestro amor por Jesús. «El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama».13 «En esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos».14 ¡Cómo amamos el poder del evangelio!

Footnotes

  1. Génesis 3; 2 Tesalonicenses 1:9 ↩

  2. Marcos 1:1,14-15; Romanos 1:1-4; Romanos 4; 1 Corintios 15:3-5; 1 Pedro 2:24; Colosenses 2:15; Hebreos 2:14-15; Efesios 2:14-18; Colosenses 1:20; 2 Corintios 5:19 ↩

  3. Romanos 4; Filipenses 3:1-11; Romanos 5:1-2; 8:1-4; Efesios 1:3-14; Colosenses 1:13-14; 1 Pedro 1:3; Gálatas 3:26–4:7; Efesios 2:19-22; Juan 20:30-31; 1 Juan 5:12-13; Romanos 8:31-39 ↩

  4. Romanos 1:16 ↩

  5. Gálatas 5:6 ↩

  6. Efesios 2:10 ↩

  7. Santiago 2:17 ↩

  8. Tito 2:11-14 ↩

  9. Romanos 15:18-19; 16:19; 2 Corintios 9:13 ↩

  10. Romanos 1:5; 16:26 ↩

  11. Génesis 15:6; Hebreos 11:8; Génesis 22:15-18; Santiago 2:20-24 ↩

  12. Romanos 8:4 ↩

  13. Juan 14:21 ↩

  14. 1 Juan 2:3 ↩