Nota importante: el archivo original de YouTube está nombrado 2021-01-17 (Viviendo en comunidad).txt, pero el contenido real de la grabación no tiene nada que ver con ese título — el propio predicador anuncia explícitamente “la predicación del día de hoy se llama Caminando en la oración” y dice que es “el segundo domingo del año” de una nueva serie de año nuevo llamada “Directrices”. Esto coincide con el título de OTRO archivo de este mismo lote, 2021-01-10 (Caminando en oración).txt — es decir, hay una discrepancia entre el nombre de archivo y el contenido real que Quique debería revisar (posible corrimiento de una semana en el etiquetado de los archivos de esta mini-serie, o contenido/nombre cruzados entre 01-10 y 01-17). Se tituló y formateó esta transcripción según lo que el audio realmente dice, no según el nombre del archivo. Se recortó el llamado a la adoración inicial (lectura de Hebreos 10:19-22, cantos, una extensa oración pastoral intercesora por varios hermanos por nombre, y los avisos de Puntos de Gracia, curso de membresía y venta de garaje) — contenido litúrgico/administrativo, no parte del sermón. Se conservó la oración de cierre del predicador.
Introducción
Estas primeras tres semanas del año se abre una nueva serie de año nuevo llamada “Directrices”, para fijar el rumbo que se debe seguir para crecer en la gracia de Dios — viendo cosas ya conocidas, pero que vale la pena repetir. La predicación de hoy, segundo domingo del año, se llama “Caminando en la oración”.
George Müller
George Müller nació en Prusia en 1805. De joven fue un vago callejero, alcohólico, estuvo preso varias veces por problemas de borrachera, adicto al juego. Su familia lo metió a un seminario para ver si “hacía algo de su vida” — terminó pastoreando una iglesia sin ser creyente, hasta que unos hermanos le predicaron el evangelio y su vida cambió por completo. Él y su esposa nunca pudieron tener hijos propios; al iniciar su ministerio como creyente auténtico, llegó a rechazar el sueldo que le daba la iglesia y sirvió solo por fe. Empezó recibiendo a 30 niñas sin hogar en su casa; en pocos años eran 200, y con el tiempo tuvieron que comprar un edificio para más de 2,000 niños, a quienes dio techo, comida, educación y la Palabra de Dios — y jamás, en todos esos años, le pidió un solo peso a nadie más que al Señor. Hay muchas historias de provisión sobrenatural en momentos de necesidad extrema (como la leche que llegó justo cuando no había para los niños). Müller murió de edad avanzada, de rodillas, en oración — su esposa lo encontró así. En una entrevista le preguntaron qué haría diferente si supiera que iba a morir al día siguiente; respondió que iría a su casa, oraría como todas las noches, y se dormiría, porque no haría nada distinto a lo que siempre había hecho: estaba en paz con Dios.
Idea clave
Para la mayoría de nosotros la oración ha pasado a ser un accesorio de la vida cristiana — algo que se hace en público, antes de comer o cuando hay un problema — y eso contrasta con lo que la Biblia enseña en todas sus páginas: toda la Biblia es un clamor a Dios.
Lectura del pasaje
Salmo 28:1-2
Clamo a ti, oh Señor, roca mía; no seas sordo para conmigo, no sea que si guardas silencio hacia mí, venga a ser semejante a los que descienden a la fosa. Escucha la voz de mis súplicas cuando a ti pido auxilio, cuando levanto mis manos hacia el lugar santísimo de tu santuario.
Es un salmo de David.
I. ¿Cómo es posible que un Dios santo escuche mis oraciones? (vv. 1-2)
David empieza diciendo “clamó” — no es simplemente “platicar” con Dios, como muchos enseñan que orar es “platicar con Dios”. Es cierto que hay algo de verdad ahí, pero no es platicar con Él como se platica con un compadre o un amigo cualquiera. Clamar significa presentarle a Dios un ruego intenso, que procede desde el corazón.
El delegado ante un hombre poderoso
Si te mandaran como delegado a hablar con un hombre muy importante para presentarle una solicitud, no llegarías con un “qué onda” — llegarías con respeto. Así hay que acercarse a Dios.
David lo llama “roca”: en Deuteronomio 32 Moisés dice que la Roca, “su obra es perfecta, porque todos sus caminos son justos” — un peñasco que nadie puede mover, imagen de la inmutabilidad y fidelidad de Dios.
La mesa de trabajo y el ácido muriático
Mover una mesa de trabajo entre cuatro personas costó trabajo — un peñasco de verdad no lo mueven ni cien personas, ni las máquinas más poderosas. Así es Dios: inmutable, fiel, no cambia de opinión. Y sobre la santidad de Su presencia: el ácido muriático, cuando está concentrado, consume lo que sea (dejó un moño en un mueble de mármol, deshizo la suela de unos zapatos) — así es la presencia de Dios para el pecador que se le acerca sin mediación: lo consume.
David sabía quién era: un pecador, “igualito a nosotros” — y por eso pregunta, en esencia, cómo es posible que un Dios tan santo escuche a un pecador miserable como él. En el Antiguo Testamento el lugar santísimo era un lugar donde solo una persona podía entrar, una vez al año, y se cuenta que le ataban una cuerda con un cascabel al sacerdote por si moría dentro (tradición extrabíblica, según Levítico).
Hoy sí sabemos la respuesta:
Hebreos 10:19-22
Puesto que tenemos confianza para entrar al lugar santísimo por la sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo que Él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, Su carne, y puesto que tenemos un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestro cuerpo lavado con agua pura.
Podemos entrar a la presencia de Dios porque Cristo, en Su cuerpo, cargó nuestros pecados para que nosotros fuéramos declarados santos. El Hijo de Dios tuvo que morir de la manera más terrible posible para que tú y yo pudiéramos hablar con Dios y que Él nos escuche. Cuando despreciamos la oración, despreciamos al Padre y al Hijo que murió por nosotros.
II. Si tu vida de oración no crece, es señal de muerte espiritual (vv. 3-5)
Se calcula que el cristiano promedio en EE.UU. ora un promedio de 2 minutos diarios.
Salmo 28:3-4
No me arrastres con los impíos ni con los que obran iniquidad, que hablan de paz con su prójimo mientras hay maldad en su corazón. Dales conforme a su obra y según la maldad de sus hechos, dales conforme a la obra de sus manos, págales su merecido.
Lo que David pide es ser librado de la hipocresía: orar bien en público, con versículos y buenos deseos, pero con maldad en el corazón — o, más común, orar solo cuando estamos en la iglesia y no en casa.
Jonathan Edwards, "Hipócritas deficientes en el deber de la oración"
“Una vida sin oración está lejos de ser una vida santa; es una vida pagana. El que vive así vive como un pagano que no invoca el nombre de Dios.” Y, parafraseado: si aquí cuesta tener comunión con Dios por medio de la oración, ¿para qué quieres ir al cielo, donde lo único que se hace es adorarlo y tener comunión con Él?
Cuatro días sin respirar
Si alguien te dijera “llevo cuatro días sin respirar”, sabrías que algo anda mal — no es posible. Así debería sonarnos que un cristiano, alguien con el Espíritu Santo dentro, pase largos periodos sin orar.
El problema de fondo (v. 5) es no tener en cuenta las obras del Señor: no entender que si podemos orar es porque Cristo ocupó nuestro lugar en la cruz. Despreciar la obra de Jesús en la cruz es despreciar al Padre mismo y al Espíritu que intercede por nosotros. Una vida de oración reducida a la apariencia pública y a clamores ocasionales es síntoma de muerte espiritual.
III. Lo que la oración produce (vv. 6-9)
Salmo 28:6-9
Bendito sea el Señor, porque ha oído la voz de mis súplicas. El Señor es mi fuerza y mi escudo; en Él confía mi corazón y soy socorrido; por tanto mi corazón se regocija y le daré gracias con mi cántico. El Señor es la fuerza de su pueblo, Él es la defensa salvadora de Su ungido. Salva a Tu pueblo y bendice a Tu heredad; pastoréalos y llévalos en Tus brazos para siempre.
Lo primero que produce la oración es gozo y alabanza a Dios — no es un peso ni una carga. Cualquier oración que le pidamos a Dios ya tiene, de fondo, la respuesta máxima posible: un Salvador. Dios no promete conceder todo lo que pedimos como lo pedimos, pero sí promete darnos la mejor solución — que es Él mismo. Cuando oramos, los creyentes obtenemos confianza, seguridad y gozo.
Conclusión
Tres principios: (1) si Dios escucha nuestras oraciones es por causa de Jesús; (2) si nuestra vida de oración no está creciendo, debemos preocuparnos, porque es síntoma de muerte espiritual; (3) en los creyentes, la oración produce seguridad y gozo.
Pasos prácticos para crecer en oración:
- Abraza a Jesús — entender que se puede orar no porque uno hable bonito, sino porque Jesús llevó nuestro pecado en la cruz.
- Conoce a Aquel a quien le hablas, a través de la Escritura — los salmos son oraciones de hombres reales, en circunstancias reales.
- Aparta tiempo — nada es más importante que pasar tiempo con el Creador del universo.
- Persevera — como los que corren en enero y cada vez son menos, no dejes que se apague el propósito.
Oración de cierre: “Señor, gracias por tu palabra. Ayúdanos a crecer en oración, Señor, te lo rogamos, necesitamos que nos ayudes a crecer en oración… porque queremos amarte más cada día. Oramos, Señor, y te lo suplicamos en el nombre de Jesús. Amén.”