Nota: transcripción de un subtítulo automático de YouTube, sin bosquejo escrito conocido en el vault. Se recortó la liturgia inicial (varios cantos de adoración prolongados, lectura del Salmo 93 como llamado a la adoración, y una oración pastoral extensa por enfermos de COVID-19 y por la iglesia hermana “Misión de Gracia” en El Paso) y los anuncios administrativos del final (cumpleaños, cambios de horario de culto y protocolo COVID, nuevo discipulado “Arraigados”). Se conservó la administración de la Cena del Señor porque el propio predicador la conecta explícitamente con el tema del sermón (participar del pan y el vino como “un compromiso para la misión”). El predicador no se identifica por nombre en este archivo, pero por el contexto (menciona a su hija cumpliendo años, y a “el pastor Moisés” como ausente por enfermedad ese domingo) se atribuye a Quique con confianza razonable.
Introducción
Continuamos con la serie “Palabras de vida.” Hoy queremos hablar de la palabra misión — somos emisarios débiles de un Rey glorioso.
Netflix y los 5,000 millones de horas
México tiene cerca de 18 millones de suscripciones a Netflix — aproximadamente el 14% de la población — y contando cuentas compartidas, unos 45 millones de usuarios activos, casi la mitad del país. Eso significa que los mexicanos consumimos en promedio unos 5,000 millones de horas de Netflix al mes. Estas plataformas nos venden dos cosas: buenas historias, y la posibilidad de desconectarnos de nuestra realidad — de la pandemia, de los problemas, de las deudas — por un rato.
Quisiera retarnos a recordar que nosotros tenemos una misión. No fuimos llamados solo para venir y sentarnos una hora a la semana, ni solo para tocar un instrumento o cantar tres canciones — fuimos llamados para algo mucho más grande, y esa misión forma parte de una historia gloriosa: toda la Biblia, de Génesis a Apocalipsis, cuenta una sola historia — Dios está derrotando el pecado y la muerte, y por medio de eso rescata un pueblo para Su gloria. Tú y yo formamos parte de esa historia.
I. Ya sabemos cómo termina la historia
Apocalipsis 7:9-10
Después de esto miré, y vi una gran multitud que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos, y clamaban a gran voz, diciendo: «La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero».
Esa multitud son las personas de toda la historia que han puesto su fe en Cristo para salvación — de pie delante del trono (algo asombroso, cuando Juan vio a Cristo cayó como muerto), vestidas de blanco porque fue Cristo quien blanqueó sus ropas con Su sangre. Apocalipsis 21 añade que Dios enjugará toda lágrima, y ya no habrá muerte ni dolor. Ese es el cuadro final: Dios se ha propuesto rescatar personas de toda nación para que le alabemos eternamente.
Habacuc 2:14
Porque la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del Señor, como las aguas cubren el mar.
Eso todavía no se cumple — hay millones de personas, incluso vecinos nuestros, que jamás han escuchado de Cristo. Pero no importa lo que pase — ni el virus, ni un accidente, ni una enfermedad — la historia ya está decretada: si has creído en Jesús, tu final ya está escrito, alabándole por la eternidad.
II. Dios usa gente débil para cumplir Su plan
Salmo 67:1-3 (paráfrasis leída)
Dios tenga misericordia de nosotros y nos bendiga; haga resplandecer Su rostro sobre nosotros — para que sea conocido en la tierra tu camino, en todas las naciones tu salvación; te den gracias los pueblos, oh Dios, todos los pueblos te den gracias.
El pueblo de Israel no pedía la bendición para sí mismo, sino para que las naciones conocieran a Dios. Y para salvar a esas naciones, Dios usa a personas débiles como nosotros.
2 Corintios 4:6-8 (paráfrasis leída)
Tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros. Afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos.
Los vasos de barro eran los recipientes de la gente pobre en el mundo romano — frágiles, se rompían solos con el tiempo, sin necesitar un golpe. Pablo, un hombre débil como nosotros, dice que llevamos el tesoro del evangelio en cuerpos así de frágiles — a propósito, para que sea evidente que el poder es de Dios y no nuestro. Dios podría haber usado ángeles, o solo a los grandes predicadores, pero elige usar a gente débil para que, cuando el evangelio avance, quede claro que fue Él.
¿Por qué permite Dios que Su gente pase por sufrimiento para cumplir esta misión?
Hebreos 5:7-9 (paráfrasis leída)
Cristo, en los días de Su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte, fue oído a causa de Su temor reverente; y aunque era Hijo, aprendió obediencia por lo que padeció, y habiendo sido hecho perfecto, vino a ser fuente de vida eterna para todos los que le obedecen.
Dios no ve el sufrimiento como nosotros — en vez de evitarlo, envió a Su Hijo a sufrir de la manera más atroz, para que aprendiera obediencia y llegara a ser fuente de salvación. Y ahora nosotros somos llamados a anunciar Su evangelio incluso en medio del sufrimiento, la debilidad, la enfermedad o la escasez.
La iglesia perseguida en China
Hace décadas, con la revolución, China expulsó a todos los misioneros; las agencias misioneras pensaron que la iglesia desaparecería. Cuando el país volvió a abrir sus fronteras al evangelio, encontraron iglesias más grandes y más fuertes que antes — porque en medio de la persecución, la iglesia crece.
III. No estamos solos
Juan 20:21-22
Jesús entonces les dijo otra vez: «Paz a vosotros; como el Padre me ha enviado, así también Yo os envío». Y habiendo dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo».
Cristo envió a un puñado de discípulos a hablar de Él incluso a sus enemigos, a quienes los perseguirían — pero no los envió solos: les dio Su Espíritu, que vive en nosotros. Y como dice Mateo 28 en la Gran Comisión: “Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” — para que anunciemos el evangelio, cumplamos la misión, y le digamos al mundo que Cristo es el único camino.
Aplicación
No importa lo que venga — la única manera de asegurar la eternidad es creyendo en Cristo, en Su muerte y resurrección, acercándose a Él en arrepentimiento y fe. Y para quienes ya creen: primero confía, después anuncia — habla con tus vecinos, comparte con ellos, no desperdicies el tiempo con ellos hablando solo de la última serie de Netflix o de política; háblales de Cristo. Y si te sientes débil, recuerda que Él te ha dado Su Espíritu.
La Cena del Señor
Hoy tenemos en las mesas un recordatorio de la obra de Cristo: el pan y el vino. Según 1 Corintios 11, esta ceremonia sirve para anunciar la muerte del Señor hasta que Él venga — el vino recuerda Su sangre, el pan Su cuerpo molido por nosotros. Si has creído en Cristo y estás seguro de tu salvación (sea o no miembro de esta iglesia), estás invitado a participar — pero la Biblia también enseña que quien participa indignamente come y bebe juicio para sí, así que antes de participar, acércate a Él y pide perdón por tus pecados, arrepiéntete de cualquier pecado oculto. Participar del pan y del vino también es un compromiso con la misión: así como comemos este pan y bebemos esta copa para anunciar la muerte de Cristo, así la vamos a anunciar con nuestros amigos y vecinos.
Oración antes de participar: “Señor, gracias porque éramos merecedores de juicio, y sin embargo mandaste a tu Hijo a morir por nosotros en las peores circunstancias. Gracias por este pan, tu cuerpo que por nosotros fue molido, y por esta copa, tu sangre derramada en la cruz, sin la cual no hubiéramos podido ser lavados de este pecado. Ahora nos ves con la justicia de tu Hijo. En el nombre precioso de Jesús, amén.”
Oración de cierre: “Señor, tú eres el único digno de recibir la gloria y la honra, porque pusiste tu vida y la volviste a tomar; nos llamaste para tu gloria y ahora nos enseñas que somos tus agentes para anunciar tus virtudes y la vida que hay en ti, oh Jesús. Ayúdanos a fortalecernos en este tiempo de crisis para que podamos anunciar con pasión las buenas noticias que hay en ti, oh Cristo. Amén.”