Nota: transcripción de un subtítulo automático de YouTube, sin bosquejo escrito conocido en el vault. Se recortó la liturgia inicial (varios cantos de adoración y una oración pastoral extensa por la congregación, incluyendo intercesión por un hermano llamado Arturo hospitalizado por COVID-19) y el cierre (himno final y despedida administrativa) — se conservó la oración de apertura del propio predicador antes de pasar a la Escritura, y su oración de cierre completa, por ser parte real del sermón. El predicador no se identifica por nombre explícitamente en este archivo, pero por el contexto (menciona a “Moisés” como compañero pastoral, y las referencias personales coinciden con otras transcripciones ya identificadas como de Quique en esta misma serie) se atribuye a Quique con confianza razonable, no absoluta.

Introducción

Continuamos con la serie “Palabras de vida” — hemos estado tomando palabras que forman parte de nuestro vocabulario cristiano para explicar su significado. La semana pasada vimos la seguridad, la semana antepasada la santificación, y hoy quisiéramos hablar del crecimiento, o podríamos usar otra palabra: la madurez.

Quiero seguir contestando una pregunta: ¿por qué es tan difícil cambiar? Llevamos once meses de pandemia — es doloroso escuchar de personas amadas que el Señor, en Su soberanía, ha llamado a Su presencia; las cifras son alarmantes (casi un millón y cuarto de muertos a nivel global), la crisis económica se compara con la Gran Depresión, y además de la crisis sanitaria y económica hay una crisis espiritual: hay hermanos para quienes venir a la iglesia era su única actividad espiritual, y cuando se quitaron los cultos presenciales, muchos se alejaron de Dios. Esta situación no creó el problema — solo reveló uno que ya existía: si nuestra comunión con Dios se limitaba a venir los domingos, a dar una ofrenda, o a servir en algo, entonces las pruebas nos van a tambalear.

Si tú eres creyente, el cambio es una obra que hace Dios — nosotros nos esforzamos, pero es Su gracia la que transforma. La pregunta es: ¿qué tengo que hacer yo para crecer?

Las plantas junto a la llave

En mi casa, afuera donde está la llave del agua, mi esposa tiene un montón de plantas — y las que están más grandes y bonitas son las que están cerca de la llave, porque cuando la abrimos, les cae agua y se riegan. Eso es lo que tú y yo debemos hacer: acercarnos y ponernos en el lugar donde Dios nos va a cambiar.

Somos transformados al deleitarnos en Dios por medio de tres medios de gracia: la lectura de la Biblia, la oración, y la comunión con la iglesia. Vamos a contestar tres preguntas: ¿por qué leemos la Biblia?, ¿cuál es el propósito de la oración?, y ¿qué es la comunión de la iglesia?

I. Por qué leemos la Biblia

Muchas personas leen la Biblia porque los pastores los tienen “hasta acá”, o porque les preguntamos si la leyeron, o porque les sale un versículo del día en una aplicación — y otras leen porque quieren conocimiento, lo cual está bien pero no es el motivo más importante.

2 Corintios 3:14-18

14 Pero el entendimiento de ellos se endureció, porque hasta el día de hoy, en la lectura del antiguo pacto, el mismo velo permanece sin alzarse, pues solo en Cristo es quitado. 15 Y hasta el día de hoy, cada vez que se lee a Moisés, un velo está puesto en sus corazones. 16 Pero cuando alguno se vuelve al Señor, el velo es quitado. 17 Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad. 18 Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu.

Pablo está citando Éxodo 34. Dios había prometido a Israel vivir en medio de ellos — para eso les dio la ley en el Sinaí. Moisés subió cuarenta días a la presencia de Dios; cuando bajó, su rostro resplandecía, y el pueblo se aterrorizó, así que Moisés se cubría el rostro con un velo (algo muy parecido a nuestros cubrebocas) cuando hablaba con la gente. Si el pueblo no soportó el reflejo de la gloria de Dios en el rostro de Moisés, mucho menos podían soportar que Dios viviera en medio de ellos — esa fue la tragedia de Israel, y ese velo sigue hasta hoy sobre quienes leen el Antiguo Testamento sin volverse al Señor.

Los fariseos memorizaban el Antiguo Testamento completo, leían y recitaban cuatro horas diarias — y aun así su corazón estaba endurecido. Se puede leer y releer la Biblia y no ver ningún efecto en la vida — el problema, dice el texto, es la incredulidad: leer las Escrituras que hablan de Cristo sin creer en Cristo. Lo que tiene que haber, según el v. 16, es arrepentimiento — volver el corazón a Dios. Y según el v. 17, cuando alguien se vuelve al Señor recibe otro regalo glorioso: el Espíritu Santo, que habita en el creyente como maestro para comprender la Escritura.

El verso más importante es el 18: hoy, en el siglo XXI, tú y yo podemos contemplar la gloria de Dios con el rostro descubierto — ya no hace falta el velo. Podemos ver esa gloria en la Escritura. Por eso leemos la Biblia: no solo para aprender teología, sino porque en este libro vemos la gloria de Dios, y mientras nos deleitamos contemplándola, el Espíritu nos transforma.

El café

Me encanta el café — si pudiera, me tomaría diez o veinte tazas al día. He probado cafés tan buenos que no quería lavarme los dientes después, para conservar el aroma. Si en un libro puedes encontrar la presencia del ser más glorioso, algo que da más deleite que cualquier cosa que el dinero pueda comprar, ¿cada cuánto deberías leerlo? Cada vez que se pueda — y a diferencia del café, la Biblia jamás se agota.

Si la Biblia no es un deleite para ti, eso revela que algo anda mal — arrepiéntete y pídele a Dios que te dé ese deleite. Léela para saborearla, sorbo a sorbo, como el buen café. Dos consejos prácticos: aparta diariamente un tiempo tranquilo para leerla (con calma, analizando, preguntándole al texto, memorizando al menos un versículo a la semana), y después comparte lo que leíste — con tu esposa, tus hijos, tus amigos.

II. Cuál es el propósito de la oración

El cristiano promedio ora en tres situaciones: por los alimentos, en una crisis, o porque lo obligan en la iglesia — y normalmente pide por lo que más le preocupa.

Efesios 3 (paráfrasis leída)

Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien recibe nombre toda familia en el cielo y en la tierra, que os conceda, conforme a las riquezas de Su gloria, ser fortalecidos con poder por Su Espíritu en el hombre interior; que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, y que arraigados y cimentados en amor seáis capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que seáis llenos de la medida de toda la plenitud de Dios.

Pablo, orando de rodillas, no pide cosas materiales — pide que la iglesia sea fortalecida en su interior y que conozca el amor de Cristo. Eso es lo que deberíamos orar en este tiempo de pandemia: Señor, ayúdanos a estar firmes en la fe, sin importar si estamos en salud o enfermedad, y ayúdanos a conocer más tu amor.

Lucas 21:34-36 (NTV, paráfrasis leída)

Tengan cuidado, no dejen que su corazón se entorpezca con parrandas y borracheras, ni por las preocupaciones de esta vida, no dejen que aquel día los agarre desprevenidos… Manténganse despiertos en todo tiempo, orando, para que tengáis fuerzas para escapar de todas estas cosas que están por suceder, y podáis estar de pie delante del Hijo del Hombre.

Idea clave

La vida es una batalla, y la oración en medio de esa batalla funciona como un radio con el que te comunicas con el Rey y el General supremo para pedirle que te envíe suministros.

El propósito de la oración es rogar al Rey que en medio de la batalla nos fortalezca y nos recuerde cuán grande es Su amor por nosotros — no oramos solo para obtener lo que queremos.

III. Qué es la comunión de la iglesia

Hebreos 10:23-25

Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es el que prometió; y consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que aquel día se acerca.

Los primeros lectores de Hebreos estaban siendo perseguidos, amenazados de muerte — y aun así se les llama a mantenerse firmes y a estimularse unos a otros. Nosotros no vivimos persecución, pero tenemos nuestras propias pruebas; la pandemia ha sido una de ellas.

La comunión de la iglesia no es una pachanga ni un convivio: es cuando el amor de Cristo que he recibido me impulsa a amar a mi hermano, a servirlo, y a animarlo a que ame y obedezca más al Señor — no solo a notar su necesidad material, sino a pensar cómo ayudarlo a amar más a Dios.

Tarea práctica

Si tienes más de un mes en la iglesia, deberías tener los números de teléfono de algunos hermanos. Si no los tienes, pide que te agreguen al grupo de WhatsApp de la iglesia (Moisés y yo somos los administradores). Busca al hermano que está cerca de ti, pídele su teléfono, y piensa cómo puedes animarlo al amor y a las buenas obras — un mensaje preguntando cómo está, un versículo, una oración.

Conclusión

¿Por qué leemos la Biblia? Porque en este libro vemos la gloria de Dios. ¿Cuál es el propósito de la oración? Rogar al Rey que en medio de nuestra batalla nos fortalezca y nos recuerde Su amor. ¿Qué es la comunión de la iglesia? Cuando el amor de Cristo obra en nosotros y nos impulsa a amar y servir a nuestro hermano, y a animarlo a que ame más al Señor.

Esfuérzate en deleitarte cada día más en esto. Toma un tiempo para leer la Escritura, para memorizarla, para compartirla; toma un tiempo para orar; sé intencional para buscar a tus hermanos. El rebrote de la pandemia es prácticamente inevitable, y si quieres seguir creciendo cuando esto venga, tienes que aferrarte a la Palabra, a la oración y a la comunión.

Oración de cierre: “Señor, gracias por tu palabra. Ayúdanos a amarte más, ayúdanos a cambiar, a ser transformados. Ayúdanos a que tu palabra sea un deleite y no un pesar, una carga, una costumbre, sino un placer, porque te mira a ti. Ayúdanos a que hablar contigo diariamente sea un refrescamiento, porque estamos en tu presencia. Te rogamos al Rey de gloria que nos fortalezca y nos ayude a conocerle más, ayudándonos a saber que la iglesia no es un lugar de reunión sino un equipo, una familia, donde unos a otros nos ayudamos. Ayúdanos a que durante los meses que vienen, si es que tú permites que volvamos a cerrar, estos medios puedan fortalecernos para seguir creciendo, para que no nos estanquemos, para que no volvamos atrás. Te lo ruego en el nombre de Cristo.”