Nota: no existe nota type: sermon ni título original para esta grabación — el título se infirió de la frase con la que el propio predicador lo anuncia (“la predicación del día de hoy yo le he titulado ‘El hombre frágil y la gracia inmensa’”), tercer sermón de la serie “Sobre la roca”. Se recortó todo el segmento inicial (falla técnica y reinicio del servicio, un largo bloque de adoración y cantos dirigido por otra persona, y una oración pastoral por enfermos y por las ofrendas que menciona a hermanos de la congregación por nombre) — es liturgia dirigida por otra persona, previa al sermón. También se recortaron las disculpas iniciales de Quique por problemas técnicos de transmisión (puramente administrativas). Se conservó su reflexión personal sobre los planes cancelados por la pandemia, porque es la ilustración con la que abre el argumento del sermón. Se conservó la oración de cierre completa; se recortó el canto y la breve despedida final de otra persona que siguen después.
Introducción
El día anterior a esta prédica, revisando videos viejos de YouTube, apareció uno de la conferencia “Fieles a su llamado” de Gracia Soberana Ciudad Juárez, a la que se asistió en 2015 — un evento que marcó la vida personal y familiar, al que se había asistido cada año desde entonces, y para el que ya se tenían apartados los boletos de avión para agosto de 2020. También se había decidido que las dos hijas (que estudian en casa) regresarían este año a la escuela presencial. Ninguno de esos planes se cumplió.
Idea clave
Se suele planear como si se fuera a vivir para siempre, pero la pandemia ha recordado que se es frágil, que en cuestión de días una persona sana puede perder la vida.
La predicación de hoy, dentro de la serie “Sobre la roca”, se titula “El hombre frágil y la gracia inmensa”, y recorre tres pasajes: una gran ironía en Santiago, una gran esperanza en Isaías, y un gran llamado en 1 Juan.
I. Una gran ironía
Santiago 4:13-14
Ahora bien, escuchen ustedes los que dicen: «Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad y pasaremos allí un año, haremos negocio y tendremos ganancia», sin embargo, ustedes no saben cómo será su vida mañana. Ustedes son como neblina que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece.
Estas personas no eran necesariamente grandes empresarios, pero tenían una actitud arrogante: hacían planes económicos a corto y mediano plazo sin considerar que no son dueños de su futuro. El problema no es planear en sí — es hacerlo sin conciencia de la propia fragilidad, ya sea al planear un negocio, al endeudarse para comprar cosas, o al proyectar una carrera universitaria.
El hombre rico insensato
Jesús contó la historia de un hombre rico cuyos graneros ya no le alcanzaban; decidió construir otros más grandes y decirse a sí mismo: “tienes bienes almacenados para muchos años; relájate, come, bebe y diviértete.” Pero Dios le dijo: “Necio, esta misma noche te van a pedir la vida; y todo lo que has acumulado, ¿de quién será?” (Lucas 12:16-20)
Esa confianza suele estar puesta en la propia inteligencia, fuerza, salud o visión de negocios — y esta pandemia lo ha desnudado. Al día de esta prédica, la zona metropolitana de Orizaba (unos 400,000 habitantes) registraba 1,128 casos confirmados y 53 fallecidos por COVID-19; la vecina Córdoba, más de 1,000 casos y casi 100 muertes.
Cita de un asesor científico de la OMS (entrevista a un diario británico)
“El comportamiento epidemiológico de este virus no será muy diferente al de otras enfermedades respiratorias… países como Alemania pueden tener vacunas suficientes a principios del año siguiente, pero para países como Brasil, Argentina, Chile o México, quizás nunca lleguen a recibir una sola dosis.”
No se puede confiar en la vacuna, ni en la sabiduría humana. Como dice el propio texto, solo se es neblina — algo que aparece por poco tiempo y se desvanece.
Hierba cortada
Unos hermanos que hacían trabajos de mantenimiento en el templo levantaron un montón de hierba cortada; en cuestión de horas ya estaba seca. Así es la vida humana — no importa cuánto se logre, se tenga, o cuán exitoso se sea, todo es pasajero, como flor del campo.
Idea clave
La gran ironía es que, siendo tan frágiles, se vive con arrogancia, como si se fuera a vivir para siempre.
II. Una gran esperanza
Isaías 40:1-2 (paráfrasis leída)
Consuelen, consuelen a Mi pueblo, dice su Dios. Hablen al corazón de Jerusalén… que su iniquidad ha sido quitada, que ha recibido de la mano del Señor el doble por todos sus pecados.
Este pasaje llega en un contexto de juicio y castigo sobre Judá, y aun así trae consuelo: el pecado ya fue perdonado.
Isaías 40:3-5 (paráfrasis leída)
Una voz clama: preparen en el desierto el camino del Señor; enderecen calzada en la soledad para nuestro Dios. Todo valle sea alzado, todo monte y collado sean bajados… y se revelará la gloria del Señor.
Es la imagen de una alfombra roja, allanando el terreno porque viene alguien importantísimo — este es precisamente el pasaje que cita Juan el Bautista, escrito más de 600 años antes de que Jesús naciera. Quien viene a traer perdón es Dios mismo, hecho hombre — lo que algunos han llamado “la locura de la encarnación”: Aquel a quien los cielos de los cielos no pueden contener, hecho tan pequeño y vulnerable como un bebé.
Isaías 40:6-7 (relectura)
Toda carne es hierba, y todo su esplendor como flor del campo… en verdad el pueblo es hierba. Se seca la hierba, se marchita la flor, mas la palabra de nuestro Dios permanece para siempre.
Jean-Paul Sartre y Eclesiastés, sobre el sinsentido
Sartre, en su novela La náusea, escribió que “todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad.” El propio Eclesiastés dice algo similar (paráfrasis, NTV): “me di cuenta de que el sabio y el necio tienen el mismo destino… nada de esto tiene sentido.” Si la historia terminara ahí, ambos tendrían razón.
Pero la historia no termina ahí.
Isaías 40:9-11 (paráfrasis leída)
Súbete a un monte alto, portadora de buenas nuevas a Sion… levanta la voz, no temas; di a las ciudades de Judá: «Aquí está su Dios». He aquí, el Señor Dios vendrá con poder… como pastor apacentará Su rebaño, en Su brazo recogerá a los corderos.
Esta es la gran esperanza: siendo débiles, se tiene un Salvador glorioso que se hizo hombre, nació, creció, y cuando llegó el tiempo fue a la cruz a ocupar el lugar del pecador, para recoger y cuidar a Su rebaño.
III. Un gran llamado
1 Juan 2:15-17
No amen al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la carne, la pasión de los ojos y la arrogancia de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y también sus pasiones, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
Si la vida es tan frágil, el llamado es a dejar de vivir para uno mismo — para lo que se va a quemar, lo que no va a permanecer — y depender de Aquel que ya venció la muerte.
Conversación con las hijas
Hace unos días, frente a sus hijas, el predicador les dijo que había que pasar un tiempo buscando a Dios porque no se sabe si, al terminar la semana, la familia seguirá completa. La hija mayor se conmovió hasta las lágrimas — una reacción natural. Pero pase lo que pase, todo lo que viene, viene de Dios, y Él ya murió por cada uno.
Hebreos 2:14-15 (paráfrasis leída)
Por cuanto los hijos participan de carne y sangre, Él también participó de lo mismo, para anular, mediante la muerte, al que tenía el dominio de la muerte, y librar a todos los que por el temor a la muerte estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida.
El Hijo se hizo hombre, experimentó sed, hambre y cansancio, precisamente para destruir el poder de la muerte y librar del temor a quienes vivían esclavizados por él.
Conclusión
La conciencia de la propia fragilidad debe transformar la arrogancia en dependencia y esperanza. Sí se puede seguir planeando — pero reconociendo, como dice Santiago, “si el Señor quiere” — y buscando que la propia gloria, aquello que llena y da identidad, no sea el éxito ni la inteligencia ni las posesiones (que van a fallar, como fallan todos los ídolos), sino Cristo mismo.
Para quien no tiene esta esperanza: lo único necesario es acercarse hoy a Jesús, entendiendo que viene la muerte, que se es enemigo de Dios por naturaleza, pero creyendo en Aquel que se hizo hombre para llevar los pecados — acercarse a Él en arrepentimiento y fe.
Oración de cierre
Me acerco a Ti, Señor, con humildad, entendiendo lo débil que soy y entendiendo que Te necesito — entendiendo, Señor, que por mí mismo no sé si voy a terminar este mes. Ayúdame a ser consciente de eso, ayuda a mis hermanos a ser conscientes de eso; pero, por favor, no permitas que esta conciencia nos quite la paz. Al contrario, que ser conscientes de nuestra debilidad y vulnerabilidad nos haga acercarnos a Ti con humildad, para buscarte, para amarte, para encontrar nuestro gozo en Cristo — y que, al tenerlo a Él, sea nuestra esperanza firme. Obra esto en nosotros por el poder de Tu Espíritu. En el nombre de Cristo.
Después de la oración sigue un tiempo de canto congregacional (no transcrito) y una breve despedida de otra persona, bendiciendo a la congregación y anunciando los grupos en casa por video.