Nota: no existe nota type: sermon ni título original para esta grabación — el título se infirió de la frase que el propio predicador usa para anunciarlo (“la predicación del día de hoy la he titulado ‘Sobre la roca: confiados en el evangelio en medio de la crisis’”). Se recortó todo el segmento inicial (llamado a la adoración con el Salmo 103, un largo bloque de cantos congregacionales, una oración pastoral extensa por los enfermos y por las ofrendas, y un segundo bloque de avisos administrativos sobre la reapertura del templo, el protocolo sanitario y el “semáforo rojo”) — es liturgia/administración, no el sermón. Sí se conservó la reflexión personal sobre cómo la pandemia cambió los hábitos cotidianos, porque enmarca directamente el tema del mensaje. Se conservó la oración de cierre completa; se recortó el canto y la breve despedida final que siguen después.
Es plena pandemia de COVID-19 (~3 meses de confinamiento), servicio transmitido en línea, sin público presencial (o con una capacidad mínima habilitada).

Introducción

La semana pasada terminó la serie de predicaciones en el libro de Amós — un libro que habló duramente, principalmente de juicio y exhortación, recordando que el pueblo de Dios le pertenece y que Dios usa todas las circunstancias, incluso una pandemia, para hablarle a Su pueblo. Hoy arranca una nueva serie, titulada “Sobre la roca”, que busca responder cómo debe verse la vida de un creyente en este tiempo: en su matrimonio, en su familia, en la crianza de sus hijos, en su relación con Dios.

La pandemia ha cambiado hábitos — desde la hora en que los niños se despiertan hasta la manera de trabajar desde casa — y ha revelado algo más profundo: la fragilidad humana. Normalmente se vive como si se fuera a vivir para siempre, haciendo planes sin considerar la propia debilidad.

Isaías 40:6-7 (paráfrasis leída)

Una voz clama: proclama. Y él respondió: ¿qué proclamaré? Toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo. Se seca la hierba, se marchita la flor, cuando el aliento del Señor sopla sobre ella.

Esto no lo produjo la pandemia — es la naturaleza humana, débil y vulnerable a enfermarse de muchas maneras. Lo que el virus ha hecho es recordarlo de una manera más real: se puede morir en cualquier momento, sin importar la edad o el estado de salud.

Idea clave

La pregunta de hoy es cómo vivir con esta realidad — y la respuesta es que la fe y la vida del creyente están sobre la roca, y se puede vivir confiado en el evangelio en medio de esta crisis.

Es una predicación temática — la primera en más de un año — que recorre tres pasajes bíblicos.

I. Estamos seguros sobre la roca: no hay condenación

1 Tesalonicenses 5:9-10 (paráfrasis leída)

Porque no nos destinó Dios para ira, sino para obtener salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que, ya sea que estemos despiertos o dormidos, vivamos juntamente con Él.

Pablo escribía a una iglesia con problemáticas y hermanos que estaban muriendo por distintas causas — había desánimo. El recordatorio es que Dios no nos ha destinado para condenación. Este pasaje está dirigido a quienes se han arrepentido de su maldad y han puesto su fe genuina en Jesús, no a quienes solo repitieron una oración como fórmula mágica.

Idea clave

Si has creído en Jesús, nada de lo que te pase en la vida va a ser para mal — todo lo que ocurre en la vida de un creyente, Dios lo va a usar para bien. Esto no significa que solo pasarán cosas buenas, sino que incluso lo que parece malo será para bien y para Su gloria.

No hay condenación para los que están en Cristo Jesús (Romanos 8). Sin embargo, se sufre escasez, enfermedad, dolor, tristeza y hasta la muerte — hay hermanos que están padeciendo muerte por causa del nombre de Jesús. Ante el sufrimiento se suele preguntar “¿por qué a mí, si soy cristiano, si sirvo, si voy a la iglesia?” — esa es una pregunta incorrecta, porque nunca va a tener una buena respuesta si la pregunta está mal planteada.

En primer lugar, Jesús jamás prometió ausencia de sufrimiento:

alusión a Juan 16:33

En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, Yo he vencido al mundo.

En segundo lugar, hay una obra que Dios está haciendo en la vida de cada creyente: hacer que cada día se parezca un poco más a Jesús.

alusión a Filipenses 1:6

El que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.

alusión a Efesios 4:13

Hasta que todos lleguemos… a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

alusión a Romanos 8:29

Fuimos predestinados a ser conformados a la imagen de Su Hijo.

Idea clave

No hay condenación; todo lo que ocurre es para bien, y lo que parece malo es algo que Dios usa para que nos parezcamos más a Jesús. Cualquier sufrimiento no es castigo, es gracia — es Dios diciendo “te doy esto, hijo, para que dejes de confiar en tus propias fuerzas y confíes en Mí.”

1 Tesalonicenses 5:10 (relectura)

Él murió por nosotros para que, ya sea que estemos despiertos o dormidos, vivamos juntamente con Él.

La roca firme no depende de quién es uno, de su título académico, sus habilidades, su dinero o cuán santo se crea — Cristo sufrió la muerte más atroz para recibir la ira que el creyente merecía y darle la salvación que jamás podría ganar. “Despiertos o dormidos” habla de estar vivos o muertos: no importa si se está de pie, en un ataúd o bajo tierra — Él murió para asegurar que, sea lo que sea que le pase al cuerpo, haya vida.

Idea clave

Por Su muerte, Cristo asegura que quienes lo aman solo recibirán gracia y más gracia, sin importar las circunstancias, sin importar si se vive o se muere.

II. Vivimos y morimos para Él

Romanos 14:7-9 (paráfrasis leída)

Ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Porque para esto Cristo murió y resucitó, para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos.

Esta idea es contraria a lo que enseña la sociedad — “es mi vida, hago lo que quiera si a nadie molesto” — pero el creyente no vive para sí: ni siquiera vive para sus propios hijos o proyectos, sino para Cristo, porque Él lo compró.

La muerte que tampoco es para uno mismo

El predicador confiesa que alguna vez pensó que le gustaría morir en un accidente “para no sufrir” — y reconoce el egoísmo detrás de esa frase. Ni la muerte es para uno mismo: incluso el sufrimiento de una enfermedad terminal no es “para” el que sufre, sino para que en ese sufrimiento se glorifique a Dios y otros puedan ver la paz de Cristo en medio del dolor. Ni las deudas son “para” quien las tiene — son para que Dios reciba gloria en cómo se cumplen los compromisos.

La pandemia recordó la fragilidad: hoy se está aquí, mañana no se sabe. El objetivo, sea cuando sea que se muera, es glorificar a Dios en ello — dejando un legado, un ejemplo, una familia instruida en la Palabra, no una carga de deudas.

La pieza del rompecabezas

Vivir para la gloria de Dios se disfruta más, no menos — porque para eso fuimos creados. Es como buscar la pieza correcta de un rompecabezas: se prueban varias que no encajan, hasta que se encuentra la que sí — así encaja la vida cuando se vive para la gloria de Dios.

Romanos 14:8-9 (relectura)

Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos… porque para esto Cristo murió y resucitó, para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos.

Cristo no murió solo para ser Salvador, sino para ser Señor — dueño de la vida de quien cree. Todos, por naturaleza, son egoístas: se vive para los propios sueños, comodidad, o incluso se usa a otras personas (cónyuge, hijos) para complacerse a uno mismo. El mensaje del evangelio es que, cuando se merecía el castigo, Cristo lo llevó en la cruz para dar vida a los que creen — y por eso murió y resucitó para ser Señor tanto en vida como en muerte.

III. Mientras tanto: vivimos por fe, no por vista

2 Corintios 5:1 (paráfrasis leída)

Sabemos que si esta tienda de campaña en que vivimos se deshace, tenemos de Dios un edificio, casa no hecha de manos, eterna en los cielos.

El cuerpo es como una tienda de campaña — una residencia temporal, no algo en lo que uno se instala. Sería absurdo que alguien fuera a acampar y empezara a amueblar la tienda como si fuera permanente. Esa tienda se va desgastando con la edad (“la edad de los nuncas”: nunca me había dolido esto, nunca se me había hinchado aquello) — y no debe extrañar, porque es natural.

2 Corintios 5:2, 4 (paráfrasis leída)

Mientras tanto, gemimos, anhelando ser revestidos de nuestra habitación celestial… vivimos en esta tienda, agobiados.

Se vive agobiado por muchas cosas: persecución, tentación, el temor al virus, la inseguridad, enfermedades como el cáncer o el alzhéimer, accidentes — pero también se vive anhelando algo mejor.

2 Corintios 5:5, 7 (paráfrasis leída)

Dios es quien nos ha hecho para esto mismo, y nos ha dado el Espíritu como garantía… Porque por fe andamos, no por vista.

La paz no depende de estar sano, ni de que la familia esté bien — depende de en dónde se está parado: en el Salvador que murió. Pablo, agobiado, perseguido y enfermo, podía decir que eso no le quitaba la paz, porque sabía en quién estaba parado.

2 Corintios 5:8-9 (paráfrasis leída)

Confiamos, y preferimos estar ausentes del cuerpo y presentes con el Señor. Por tanto, también nos empeñamos… en serle agradables.

Pablo preferiría estar ya con el Señor, pero mientras siga en este cuerpo se empeña, se esfuerza, en vivir para agradarle en todo — no es “Señor, ya llévame”, sino vivir con determinación para Su gloria mientras se sigue aquí.

Conclusión

En resumen: hay seguridad porque se está sobre la roca que es Cristo, que ya compró a los suyos y les pertenece sin importar lo que ocurra en vida o en muerte; y mientras se vive en este mundo de sufrimiento, se debe vivir confiado, agradándole — glorificando a Dios en la crisis, en cualquier circunstancia, porque Su gracia y Su amor son más grandes que cualquier situación.

Para quien no ha creído: solo hay una roca firme, que es Jesús — la invitación es acercarse a Cristo, reconociendo que se es pecador y que se merece el castigo que Él llevó en la cruz, creer que resucitó, y aferrarse a Él; Él no rechaza a nadie que se acerca con un corazón humilde.

Idea clave

Estamos seguros sobre la roca para vivir confiando en Él y dándole gloria — en el matrimonio, en el carácter, en cada circunstancia de esta pandemia y de cualquier crisis que venga.

Oración de cierre

Gracias, Señor, por la seguridad que tenemos en Cristo. Él murió para dar vida, para traernos confianza, para asegurarnos en dónde estamos parados, para asegurar nuestro lugar en la eternidad — pero también murió y resucitó para ser nuestro Señor durante este tiempo. Ha sido un tiempo duro, Señor, que ha mostrado nuestra debilidad, nuestra fragilidad, nuestro carácter — necesitado de nuestro Rey y Salvador Jesucristo.

Después de la oración sigue un tiempo de canto congregacional (no transcrito) y un breve cierre de despedida agradeciendo la conexión y bendiciendo a los presentes.