Nota: transcripción de un subtítulo automático de YouTube, sin bosquejo escrito conocido en el vault. El título (“El león y el pueblo que rompe el pacto”) no es una inferencia — el propio predicador lo anuncia explícitamente. Predicó Enrique Villegas Carmona (confirmado al ser presentado por el equipo de adoración). Servicio en línea, plena pandemia de COVID-19, Día de las Madres — se recortó toda la parte previa a la prédica (bienvenida, dos cantos de alabanza con oración pastoral intercalada, oración por la ofrenda, saludo y oración específica por las madres de la congregación, y la presentación de Enrique) por ser contenido litúrgico/administrativo sin relación con el tema del sermón. Se conservó la lectura del pasaje y todo el cuerpo del mensaje. Cerca del final hay un canto de adoración intercalado antes del cierre — se recortó el canto, pero se conservó la lectura final de 2 Corintios 5:14 y la oración de cierre que el predicador retoma después del canto, porque son la conclusión real del mensaje. Se recortó la despedida/avisos logísticos finales.

Introducción

Lectura del pasaje

Amós 3:9 - 4:3 (paráfrasis leída)

Proclamad en los palacios de Asdod y en los palacios de la tierra de Egipto, y decid: Congregaos sobre los montes de Samaria, y ved los grandes tumultos dentro de ella, y las opresiones en medio de ella. Y no saben hacer lo recto, declara el Señor, los que atesoran violencia y despojo en sus palacios. Por tanto, así dice el Señor Dios: Un enemigo rodeará la tierra, derribará tu poder, y tus palacios serán saqueados. Así dice el Señor: De la manera que el pastor libra de la boca del león dos patas o la punta de una oreja, así escaparán los hijos de Israel que moran en Samaria en el rincón de una cama, y al lado de un diván. Oíd y testificad contra la casa de Jacob, declara el Señor Dios, Dios de los ejércitos. Que el día que castigue las transgresiones de Israel castigaré también los altares de Bet-el, y serán cortados los cuernos del altar y caerán a tierra. Heriré asimismo la casa de invierno con la casa de verano, y las casas de marfil perecerán, y muchas casas serán arruinadas, declara el Señor. Oíd esta palabra, vacas de Basán, que estáis en el monte de Samaria, que oprimís a los pobres y quebrantáis a los menesterosos, que decís a vuestros señores: Traed, y beberemos. El Señor Dios juró por su santidad: He aquí, vienen sobre vosotras días en que os llevarán con ganchos, y a vuestros descendientes con anzuelos de pescador; y saldréis por las brechas cada una en derechura, y seréis echadas al Harmón.

Ilustración: el contrato de internet

Hace unos diez años, recién casado, el predicador contrató un servicio de internet con la promesa de gran velocidad. Al conectarlo, resultó peor que el internet telefónico que ya usaba antes. Al ir a reclamar, la respuesta fue: el contrato firmado era forzoso por 12 meses — se podía cancelar, pero había que pagar los 11 meses restantes de todos modos. Un contrato tiene términos y condiciones que obligan a quien lo firma.

Idea clave

Todo el libro de Amós está en el contexto del pacto que Dios había celebrado con Su pueblo — y ese pacto también tenía términos y condiciones.

Hoy es popular la frase “Jesús es relación, no religión” — pero muchos la usan para decir “puedo hacer lo que quiera porque Jesús está en mi corazón”. La relación que existía entre Dios e Israel, y la que existe hoy entre Dios y Su pueblo, es una relación de pacto: de contrato.

Amós es un libro crudo, incluso cruel. Se verán tres puntos: (1) un gran castigo para una gran traición, (2) la destrucción de la religión falsa y la avaricia, y (3) la aniquilación del ocio y la arrogancia.

I. Un gran castigo para una gran traición (vv. 9-12)

Dios manda emisarios a Asdod y a Egipto — los dos mayores enemigos históricos de Israel (Egipto, donde Israel fue esclavo; y con probabilidad Siria, la nación que finalmente lo aniquiló) — y los convoca a los montes alrededor de Samaria, como en un anfiteatro, para que sean testigos de las atrocidades que ocurrían dentro de la capital del reino.

Samaria era gobernada por una clase rica que abusaba de su poder, oprimiendo y acumulando riqueza a costa de la explotación de los más vulnerables. Esa fue la primera acusación: Israel se comportaba exactamente igual que las naciones paganas que lo rodeaban.

La segunda acusación (v. 10) es más fuerte todavía: “no saben hacer lo recto”. Israel había sido llamado a ser un pueblo absolutamente distinto — distinto en su comida (de ahí viene, hasta hoy, la certificación kosher), en su conducta, en su sexualidad, en todo. Pero el pueblo olvidó esa distinción: eran deshonestos, abusivos, lujuriosos, iracundos — igual que cualquier otra nación. Lo terrible es que las naciones paganas convocadas como testigos no tenían pacto con Dios; Israel sí, y aun así no se distinguía en nada.

Ilustracion

Hoy en día se escucha decir de alguien: “es recto, es honesto, es fiel a su esposa — lo único que le falta es ser cristiano.” O peor: “vive mejor que la mayoría de los cristianos.” Eso no debería poder decirse. Antes se contrataba a alguien “porque es cristiano, y esos son honestos” — hoy en muchos formularios la religión ya ni se pregunta, es irrelevante.

Por esa gran traición viene el gran castigo (v. 11): un enemigo rodearía a Israel, destruiría su poder, sus fortalezas, y quedarían en ruina — exactamente como estaba estipulado en los términos del pacto.

Deuteronomio 28:20

Enviará el Señor sobre ti maldición, confusión y censura en todo lo que emprendas, hasta que seas destruido y perezcas rápidamente a causa de la maldad de tus obras, por haberme abandonado.

Los términos eran claros desde el principio: si obedeces, vivirás y prosperarás; si me abandonas, serás destruido. Si alguien cancela un contrato, tiene que atenerse a sus términos y condiciones — así también Israel.

En el v. 12, Dios usa una ilustración gráfica: cuando un león ataca a una oveja, lo más que un pastor puede rescatar es un pedacito de pata o de oreja. De la misma manera, de Israel solo se salvaría un resto mínimo — “un pedazo de cama o un trozo de tela del sofá”. La destrucción era inevitable, otra vez conforme a los términos del pacto:

Deuteronomio 4:26 (NTV, paráfrasis leída)

Hoy pongo al cielo y a la tierra como testigos contra ustedes: si rompen el pacto, pronto desaparecerán de la tierra.

II. La destrucción de la religión falsa y la avaricia (vv. 13-15)

Dios vuelve a convocar a las naciones para que testifiquen contra “la casa de Jacob” — un recordatorio deliberado de los patriarcas, de cómo Dios había formado a Su pueblo de un hombre sin hijos. Esas naciones ahora serían testigos contra el pueblo del pacto.

“El día que castigue las transgresiones de Israel” — la palabra “transgresión” no es una palabra cotidiana, pero significa simplemente romper el pacto (como ocurre en el pacto matrimonial cuando alguien es infiel).

Dios castigaría también “los altares de Bet-el”: uno de los primeros reyes de Israel, por razones políticas, había construido dos becerros de oro (uno en Bet-el) para que el pueblo los adorara — a pesar de que Dios había prohibido explícitamente hacer imágenes o inclinarse ante ídolos (Éxodo 20). El pueblo llevaba allí sus ofrendas, sus animales, su dinero, pensando: “ya le trajimos su lanita, ya estamos bien con Dios” — mientras vivían exactamente como paganos.

Idea clave

Si tú quieres adorar a Dios y no estás viviendo según lo que Él ha pedido, es una religión falsa — es hipocresía. Si quieres adorar a Dios a tu manera, y no como Él lo estipuló, esa religión no sirve.

Levítico 26:31 (paráfrasis leída)

Dejaré en ruinas vuestras ciudades, asolaré vuestros santuarios y no oleré vuestros suaves aromas.

Dios destruiría ese lugar de adoración falsa. (El predicador hace una pregunta retórica, sin resolverla dogmáticamente: ¿no será por algo así que Dios permitió que se suspendieran los cultos presenciales durante la pandemia — cultos que a veces se llenan de gente que viene a “sentarse a pensar que está bien con Dios” sin vivir según Su pacto?)

En el v. 15, Dios anuncia que también destruirá las casas lujosas — la de verano, la de invierno, la de marfil — de la clase alta. Dios aborrece las riquezas obtenidas por medio del pecado.

Idea clave

La avaricia no se mide por cuánto tienes, sino por lo que deseas. Puede haber una persona rica generosa y contenta, y una persona pobre envidiosa y aparentando lo que no tiene.

Cita de una canción de Rubén Blades

“Viviendo en un mundo de pura ilusión, diciendo a su hijo de cinco años: no juegues con niños de color extraño… ahogados en deudas para mantener su estatus social.” Muchos viven endeudados no por necesidad real, sino por mantener una apariencia, un estilo de vida que no pueden solventar — eso es avaricia.

III. La aniquilación del ocio y la arrogancia (4:1-3)

Dios se dirige ahora a las “vacas de Basán” — una imagen para las mujeres ricas de Samaria (Basán era la región con las mejores pasturas y el ganado más gordo de Israel). Se les acusa de dos cosas: oprimir a los pobres y desvalidos con arrogancia, y faltarle el respeto a sus maridos (“decís a vuestros señores: traed, y beberemos”) — una actitud de desprecio hacia la autoridad, que pisoteaba a quien tenía menos y buscaba quitarle a quien tenía más.

Santiago 4:1-2 (paráfrasis leída)

¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre vosotros? ¿No vienen de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; por eso cometéis homicidios. Sois envidiosos, y no podéis obtener; por eso combatís y hacéis guerra.

Cita de un político sudamericano (identificado en el audio como José "Pepe" Mujica)

“Hemos sacrificado a los viejos dioses… ocupan el templo del dios mercado… él nos organiza la economía, la política, los hábitos, la vida, y hasta nos financia en cuotas y tarjetas la apariencia de felicidad.” Mujica calculaba que si cada habitante del planeta viviera según el estándar de consumo del americano promedio, harían falta tres planetas Tierra para sostenerlo.

Dios jura solemnemente (v. 2) que a esas mujeres arrogantes, y también a su descendencia, las sacarían con garfios y anzuelos por las brechas de la muralla, para llevarlas “al matadero” (según una traducción más clara). La aniquilación de la arrogancia.

Deuteronomio 28:63 (paráfrasis leída)

Y sucederá que tal como el Señor se deleitaba en vosotros para prosperaros y multiplicaros, así el Señor se deleitará en vosotros para haceros perecer y destruiros; y seréis arrancados de la tierra a la cual entráis para poseerla.

Conclusión

Los tres puntos: un gran castigo para una gran traición, la destrucción de la religión falsa y la avaricia, y la aniquilación de la arrogancia. El mensaje central: el pueblo del pacto ha de ser fiel al pacto, o sufrir las consecuencias.

Israel jamás se arrepintió y fue destruido tal como Amós lo profetizó. Los primeros lectores del libro (el reino de Judá, en el sur) leyeron esto cuando Israel ya no existía — y el llamado para ellos era: despierten, ustedes están igual que Israel; arrepiéntanse. Tampoco se arrepintieron.

“Cristo no es religión, es relación” — totalmente de acuerdo, pero es una relación de pacto: el nuevo pacto, sellado no con la muerte de un animalito sino con la muerte de Cristo, Dios hecho hombre. Confesar con la boca que Jesús es el Señor, y creer que Dios lo resucitó, es entrar en ese pacto — y tener un Señor significa hacer lo que Él manda. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (Gálatas/2 Corintios).

Lucas 6:46 (referencia)

¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?

En el Sermón del Monte, Jesús advierte que muchos le dirán “Señor, Señor” —profetizaron, expulsaron demonios en Su nombre— y Él responderá: nunca los conocí.

1 Pedro 4:1-3 (paráfrasis leída)

Puesto que Cristo ha padecido en la carne, armaos también vosotros del mismo propósito, pues quien ha padecido en la carne ha terminado con el pecado, para vivir el tiempo que le queda en la carne, no ya para las pasiones humanas, sino para la voluntad de Dios. Porque ya basta el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, habiendo andado en sensualidades, lujurias, borracheras, orgías, disipación y abominables idolatrías.

El pueblo del pacto debe ser fiel al pacto, o sufrir las consecuencias. Si eres parte de este pacto, se invita a vivir de manera que las prioridades económicas no sean las del mundo (sin dejar de trabajar ni de esforzarse), a ser generoso con quien no tiene, a no ser indiferente ante la necesidad ajena — y a recordar que Cristo ya dio Su Espíritu para poder obedecer el pacto.

Si alguien solo ha creído que Jesús es “su cuate” y nada más, esa no es la relación bíblica — hay que prepararse para las consecuencias, que no son un ejército enemigo, sino la eternidad en el infierno. La invitación es a creer que Cristo murió para pagar los pecados y resucitó, y a recibirlo como Señor.

(Canto de adoración — recortado.)

Cierre: 2 Corintios 5

2 Corintios 5:14-15

14 Pues el amor de Cristo nos apremia, habiendo concluido esto: que uno murió por todos, por consiguiente todos murieron; 15 y Él murió por todos, para que los que viven ya no vivan más para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos.

El evangelio llama a vivir no para nosotros mismos, sino para un Señor que lo dio todo, un Rey al cual el amor de Cristo nos constriñe a adorar, respetar y obedecer. De otro modo, éramos esclavos del pecado, condenados, presos y sin esperanza; ahora, en la verdad de Cristo, tenemos un Rey al que servir.

Oración de cierre (paráfrasis): gracias por el nuevo pacto y por la redención completa en Jesús; ayúdanos a vivir en fidelidad a ese pacto, con la ayuda del Espíritu Santo — para quienes han estado viviendo en desobediencia con una religión falsa, que el Espíritu les hable y les guíe al arrepentimiento; y para quien todavía no ha creído, que el Espíritu le hable y le guíe también al arrepentimiento. En el nombre de Jesús.