Nota: transcripción de un subtítulo automático de YouTube, sin bosquejo escrito conocido en el vault. Título (“La gloria de Dios en medio de la crisis”) anunciado por el propio predicador. Es el primer domingo de culto en línea de la iglesia por la pandemia de COVID-19 — se conservó completa la introducción personal de Quique (por qué se pasó el culto a modalidad en línea, la llamada del pastor David Puga, el paralelo histórico con la iglesia perseguida en la Alemania nazi y en China) porque es parte real del mensaje, no una bienvenida litúrgica genérica; solo se quitó una palabra suelta y una marca [Música] al inicio, artefactos del subtítulo automático. El archivo termina de forma natural, sin cierre ni despedida adicional que recortar.
Introducción: por qué el culto es en línea hoy
Buenos días, familias — es un gozo poder estar juntos, los que están aquí y quienes están viendo en línea. Ayer, mientras se repasaban las notas del sermón, llegó una llamada del pastor David Puga avisando de la conferencia de prensa del subsecretario de salud. Con esa información, de manera emergente, se decidió que el culto de esta mañana sería en línea — en este momento hay unas 10-12 personas reunidas sirviendo, algunas escuchando, y el resto viendo en línea.
Esto se veía venir desde hacía varias semanas, siguiendo por un grupo de WhatsApp de pastores de Gracia Soberana en Latinoamérica lo que cada iglesia estaba haciendo. Al escuchar al subsecretario ayer, la reacción sincera fue de resistencia — “no, Señor, no puede ser, ¿cómo vamos a suspender el culto reunidos físicamente?” — fue triste, incluso la esposa preguntó si todo estaba bien. Pero en oración, buscando la guía y la sabiduría de Dios, hay una convicción plena: nuestro Dios reina, tiene control absoluto sobre todo, y en eso descansamos — por encima del gobierno, de la expansión de este o de cualquier otro virus, o de cualquier otra contingencia que pueda venir.
Esta no es la primera vez que algo así ocurre en la historia de la iglesia. Hace unos 80 años, en la Alemania nazi, el gobierno empezó a perseguir a la iglesia, imponiendo una agenda sobre qué y cómo predicar; un grupo de pastores que se llamó a sí mismo la Iglesia Confesante empezó a reunirse en edificios abandonados, en grupos pequeños, ante la persecución de un gobierno que conquistó casi toda Europa. La iglesia en China, con la entrada del gobierno comunista, sufrió algo parecido: persecución y encarcelamiento de muchos pastores. En eso se descansa: en que Dios está en control, no es la primera vez que el pueblo de Dios pasa por algo así — aunque hoy la diferencia es que se trata de un fenómeno verdaderamente global, de rincón a rincón del mundo.
El gobierno ha emitido estas alertas y se decidió ser obedientes a sus instrucciones. Y con eso, la invitación es a ir a la Escritura, a la Palabra de Dios, para buscar lo que Él tiene que decir en medio de esta situación — hoy se pausa la serie en el libro de Marcos para hacer un vistazo panorámico al libro del profeta Habacuc, leyendo fragmentos (no el libro completo, por el tiempo). El mensaje se titula “La gloria de Dios en medio de la crisis”, y se van a ver cinco puntos. El libro de Habacuc es, en esencia, una interacción — una conversación — entre el profeta y Dios.
I. Un clamor ante la violencia (Habacuc 1:1-4)
Habacuc 1:1-4
Profecía que tuvo en visión el profeta Habacuc. ¿Hasta cuándo, oh Señor, pediré ayuda y no escucharás, o clamaré a Ti: “¡Violencia!”, y no salvarás? ¿Por qué me haces ver la iniquidad, y me haces mirar la opresión? La destrucción y la violencia están delante de mí; hay rencilla y surge discordia. Por eso no se cumple la ley y nunca prevalece la justicia, pues el impío acecha al justo; por eso sale pervertida la justicia.
No se sabe mucho de Habacuc — solo que un día se pone de pie y empieza a preguntarle a Dios por qué hay tanta violencia; el tono es de reclamo. Habacuc clamaba porque en el antiguo reino de Judá el pueblo de Dios había violado el pacto que Dios había celebrado con ellos — la palabra “violencia” en este libro implica también a alguien que está quebrantando la ley. Lo que Habacuc está preguntando es: ¿por qué tu pueblo no te obedece, y como consecuencia hay tanta violencia, y Tú no haces nada?
Este pasaje está dirigido al pueblo de Dios, no a la sociedad que no lo conoce. Dios tiene un mensaje para el mundo, pero su mensaje principal es para su pueblo — para nosotros como iglesia local, para todas las iglesias que predican a Cristo en este país, en América Latina, en el globo. Dios nos está hablando hoy a nuestra iglesia por medio de esta situación.
1 Pedro 4:17 (paráfrasis leída)
Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios.
No se está diciendo que este virus sea “culpa” de la iglesia, ni que Dios no tenga planes para los no creyentes — pero la principal voz de Dios debe oírla su pueblo. La pregunta que hay que hacerse no es solo “¿por qué Dios permite esto?”, sino qué está revelando esto en el corazón de cada uno. No es un secreto que la iglesia se ha apartado — por un lado, con el falso evangelio de la prosperidad y herejías que se extienden; por otro, con un legalismo que juzga a los demás basándose solo en las obras. Ese es el clamor de Habacuc: porque Dios no actúa ante la corrupción de su pueblo.
II. La respuesta devastadora de Dios (Habacuc 1:5-11)
Habacuc 1:5-6 (paráfrasis leída)
Mirad entre las naciones, observad, asombraos, admiraos, porque haré una obra en vuestros días que no creeréis, si se os contara. Porque he aquí, levanto a los caldeos, esa nación cruel e impetuosa.
Dios responde que va a usar a un pueblo pagano, a los caldeos (los babilonios), para marchar contra su propio pueblo y traer el juicio que Él mismo ha preparado. Lo asombroso es que Dios mismo dice que Él es quien va a hacer la obra — la situación no se sale del control de Dios; Dios tiene control de todo, y está usando este virus para hablar a su pueblo.
Habacuc 1:9 (paráfrasis leída)
Vienen todos ellos para hacer violencia… su horda de rostros avanza, recoge cautivos como arena. Se mofa de los reyes, y los gobernantes le son motivo de risa; se ríe de toda fortaleza, amontona escombros para tomarla.
No se entiende del todo por qué está pasando esto — como no entienden los hijos por qué no pueden salir, ni por qué la economía se está deteriorando — pero se sabe que Dios está usando esto para hablar a su pueblo auténtico, al que de verdad lo ama, y que tiene que escuchar esa voz que dice: “Despierta”.
III. La queja empedernida de Habacuc (Habacuc 1:12-2:1)
Habacuc 1:12-13 (paráfrasis leída)
¿No eres Tú desde la eternidad, oh Señor, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Señor, para juicio lo has puesto; Tú, oh Roca, lo has establecido para corrección. Muy limpio eres de ojos para ver el mal, y no puedes ver la opresión. ¿Por qué ves a los que proceden deslealmente, y callas cuando el impío destruye al que es más justo que él?
Habacuc empieza a darle argumentos a Dios de por qué no debería obrar así: Tú eres santo, ¿por qué vas a usar a pecadores? — son idólatras, le darán la gloria a su propio dios. Son terribles, implacables, “vaciarán su red y seguirán matando sin piedad a las naciones”. El reclamo es que un Dios santo no puede obrar de esa manera con instrumentos tan corruptos.
Habacuc 2:1 (paráfrasis leída)
Sobre mi guarda estaré, y sobre la fortaleza me pondré; velaré para ver lo que Él me dice, y qué he de responder cuando sea reprendido.
Habacuc se para firme, como diciendo: “Dios, no estoy de acuerdo, y aquí me voy a quedar hasta que me respondas”. Es un reclamo de valor — no solo le reclama una vez, sino que insiste: “Vas a hacer lo que dijiste, pero no estoy de acuerdo con tus métodos”.
Sobre la situación de la crisis actual: hay creyentes que piensan que están inmunes al virus solo por ser hijos de Dios — eso no tiene base bíblica; Dios va a usar la enfermedad y la crisis económica para hacer entender algo a su pueblo. Hay otros que piensan que todo es exageración política — puede haber intereses políticos detrás, y no hay ni los recursos ni la capacidad para desenredarlo, pero eso no significa que se sea invulnerable. El reclamo de Habacuc, “un Dios santo no puede obrar así”, es el mismo reto: aceptar que Dios está obrando en medio de su pueblo aunque no se entienda del todo cómo.
IV. La respuesta contundente de Dios (Habacuc 2:2-20)
Habacuc 2:2-4
Entonces el Señor me respondió, y dijo: “Escribe la visión, y grábala en tablas, para que corra el que la lea. Pues la visión es aún para el tiempo señalado; se apresura hacia el fin, y no defraudará. Aunque tarde, espérala; porque ciertamente vendrá, no tardará. He aquí, el orgulloso, en él su alma no es recta; mas el justo por su fe vivirá”.
Dios manda publicar la visión para que todo el mundo se entere. El juicio anunciado sobre Israel y Judá fue terrible — según un profeta, cuando se cumplió la profecía, una tercera parte del pueblo murió en la guerra, otra tercera parte fue llevada cautiva a trabajos forzados en Babilonia, y la última tercera parte salió huyendo. Muchos pensaban que faltaba tiempo todavía, que la vida podía seguir igual — y llegó de repente. Lo que hoy se vive es, comparado con la peste negra o las persecuciones de regímenes comunistas, apenas una caricatura de lo que la iglesia ya ha pasado — y de lo que viene, según Apocalipsis.
A partir del versículo 5, Dios va denunciando pecados específicos del pueblo: la borrachera, el enriquecerse pidiendo prestado sin pagar las deudas, la violencia institucionalizada, la corrupción institucional, la vanidad. “Has maquinado vergüenza para tu casa, destruyendo a muchos pueblos, pecando contra ti mismo” (v. 10) — un mensaje también para hoy, para quienes se dicen creyentes y están concentrados en acumular riquezas o simplemente en sobrevivir, olvidándose de la gloria de Dios y de su juicio venidero.
Habacuc 2:14
Porque la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del Señor, como las aguas cubren el mar.
Como una lámpara en medio de la noche más oscura, después de tanta denuncia aparece la esperanza: Dios está obrando en medio del caos y la muerte para que un día toda la tierra reconozca su gloria. En medio de la desintegración social que se vive, Dios obra para dar gloria a su nombre.
V. La oración de confianza de Habacuc (Habacuc 3)
Habacuc 3:2
Oh Señor, he oído lo que se dice de Ti, y temo. Oh Señor, aviva tu obra en medio de los años, en medio de los años dala a conocer; en la ira, acuérdate de tener compasión.
Habacuc le dice a Dios que solo con oír de Él, tiembla — y le pide que vuelva a ser hoy lo que fue en el pasado. Del verso 4 al 12, Habacuc exalta a Dios por atributos que resultan temibles: trae luces y rayos (v. 4), controla las enfermedades (v. 5), controla los sismos (v. 7). No hay mutación de ningún virus que Dios, en su soberanía, no haya permitido — tiene una gloria deslumbrante y aplastante.
Idea clave
Este es nuestro Dios, tan poderoso que podría destruir toda la creación con un soplo — eso debería producir temblor y terror en los habitantes del mundo. Solo con un virus, ya se ha visto de qué es capaz de hacer temblar.
Habacuc 3:13 (paráfrasis leída)
Saliste para socorrer a tu pueblo, para socorrer a tu ungido. Destrozaste la cabeza de la casa del impío, dejándolo al descubierto de pies a cabeza. Marchaste por el mar con tus caballos, sobre el montón de las aguas caudalosas.
Este pasaje habla del éxodo. Habacuc está diciendo: entiendo que vas a hablar a tu pueblo por medio de esta crisis, tiemblo ante tu poder y tu gloria — pero tengo esperanza, porque ya en el pasado destrozaste a un enemigo que parecía invencible. Con esa confianza se podía acercar Habacuc a Dios en aquel tiempo — y hoy, con qué confianza nos podemos acercar: no hay otra confianza sino que, al igual que Dios libró a Israel de la esclavitud en Egipto, hoy nos ha librado de la esclavitud del pecado por medio de una obra mucho más grande que abrir el mar. Podemos encontrar deleite en Dios en medio de esta o cualquier crisis porque, aunque su gloria debería darnos miedo, Él ya nos salvó por medio de Cristo — así como salvó a Israel abriendo el mar, nos ha salvado enviando a su Hijo único para que, siendo justo, muriera en una cruz por los pecadores.
Habacuc 3:17-19 (paráfrasis leída)
Aunque la higuera no eche brotes, ni haya fruto en las vides; aunque falte el producto del olivo, y los campos no produzcan alimento; aunque falten las ovejas del aprisco, y no haya vacas en los establos; con todo, yo me alegraré en el Señor, me regocijaré en el Dios de mi salvación. El Señor Dios es mi fortaleza; Él ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por las alturas me hace caminar.
Habacuc mismo confiesa: “se estremecieron mis entrañas, a tu voz tiemblan mis labios… y sin embargo, tranquilo espero el día de la angustia” — y aun así, con todo, decide alegrarse en el Señor.
Cierre: las cinco escenas y la aplicación
Se han visto cinco escenas: el clamor ante la violencia (“Dios, ¿por qué no haces nada?”), la respuesta devastadora de Dios (iba a usar la crisis para hablar a su pueblo), la queja empedernida (“un Dios santo no puede obrar así”), la respuesta contundente de Dios (Él está obrando en medio de la muerte y el caos), y finalmente esta oración de confianza — Dios está obrando en medio del caos y la muerte, y debemos confiar en que el Dios poderoso ya ha dado salvación a su pueblo, así como en el éxodo, debemos confiar en la obra de Jesús.
1 Corintios 5:7 (paráfrasis leída)
Limpiaos de la levadura vieja, para que seáis masa nueva, así como sois sin levadura; porque aun Cristo, nuestra Pascua, ya ha sido sacrificado por nosotros.
Si ya se ha creído en Cristo y se ha venido a Él en arrepentimiento y fe, Él ya ha perdonado — pero la consecuencia de haber recibido ese regalo de salvación debe ser, según se acaba de leer, limpiar la vieja levadura. No basta con quedarse diciendo “Dios tiene control de todo, vamos a confiar” — en efecto lo tiene, pero en ese control está hablando a su pueblo. Es un mensaje de reprensión, un llamado de atención para preguntarse dónde está el corazón, dónde está la confianza, dónde están las prioridades — esta crisis va a revelar el corazón de cada uno.
El propio predicador confiesa que esta semana Dios le habló también a él: “perdóname porque creo que no he orado lo suficiente, necesito estar más cerca de Ti” — y esa fue la invitación: date cuenta dónde está tu corazón, date cuenta si has estado viviendo toda tu vida para la gloria de Dios o si has caído en alguno de estos pecados que Dios mencionó, y si es así, arrepiéntete — este es tiempo de arrepentirnos; no se puede volver a la normalidad sin arrepentimiento.
Para quien solo busca consuelo: si esta crisis apenas está empezando, la única esperanza real está en Cristo — acercarse a Él y confiar en que murió para rescatar, para que los pecados que condenan sean aniquilados en la cruz, para dar una nueva vida y para que ahora se viva para Él. Arrepiéntete, cree, confía en que Él está obrando en todo esto para acercarte a Él.
Dios está gobernando sobre la crisis para mostrar la gloria de su Hijo, la gloria del evangelio — y la va a mostrar en un pueblo fiel: en creyentes que permanecen en medio de la escasez, de la enfermedad, aun con un pariente enfermo, siguiendo a Cristo. Dios quiere mostrar su gloria en medio de la crisis, pero lo va a hacer por medio de un pueblo que vive para Él porque confía en Él.