Introducción

Repaso de la serie

Ya llevamos siete semanas en esta serie que titulé “Muéstrame tu fe”, viendo doctrina, más o menos dos semanas por cada punto de la Declaración de Fe. Hemos repetido una frase: información no es lo mismo que transformación. Saber doctrina es formidable, es glorioso —lo que Dios dice de sí mismo, de nosotros, del mundo— pero de nada sirve saberlo de manera puramente teórica; lo que queremos ver es cómo eso se conecta con nuestra vida. Un resumen rápido: hablamos de la doctrina de la Biblia —las Escrituras inspiradas son nuestra única regla para nuestra fe y nuestra vida—; de la doctrina de Dios —el Dios justo, misericordioso, santo, majestuoso, todopoderoso y compasivo se humilló para rescatarnos—; de la soberanía de Dios —garantiza que su perfecta voluntad siempre se cumplirá para su gloria y nuestro bien—; de la imagen de Dios; y de la doctrina del pecado.

Hoy vamos a empezar a hablar de la doctrina de Cristo, y le vamos a dedicar todo lo que queda del año.

Presentación del sermón

Este mensaje lo he titulado Una vida que persigue la supremacía de Cristo, basado en Colosenses 1 a partir del versículo 9. Vamos a ver tres puntos: unas metas, tomadas de la oración de Pablo y traídas a nuestro contexto; cómo podemos alcanzarlas; y qué pasos firmes debemos dar.

Argumento

Conocer y deleitarnos en el Cristo todoglorioso nos capacita para alcanzar las metas gloriosas.

9 Por esta razón, también nosotros, desde el día que lo supimos, no hemos cesado de orar por ustedes, pidiendo que sean llenos del conocimiento de Su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual, 10 para que anden como es digno del Señor, haciendo en todo, lo que le agrada, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios. 11 Rogamos que ustedes sean fortalecidos con todo poder según la potencia de Su gloria, para obtener toda perseverancia y paciencia, con gozo 12 dando gracias al Padre que nos ha capacitado para compartir la herencia de los santos en la Luz.

I. Metas gloriosas (vv. 9-12)

Ilustración: las metas

Todos tenemos metas — algunas buenas, otras no tanto. Si yo digo “quiero bajar de peso” sin más detalle, y dentro de tres meses bajé 300 gramos, ¿cumplí mi meta? No. Si digo “quiero ahorrar dinero” y al año ahorré cinco pesos, tampoco. Se ha puesto de moda el acróstico SMART: las metas deben ser específicas, medibles, alcanzables, relevantes y con un tiempo definido. Por ejemplo: correr 5 km para el 1 de diciembre, terminar la prepa en tres años, correr 10 km en una hora antes de que termine el año, ahorrar cinco mil pesos para un regalo. Las metas no son buenas ni malas en sí mismas — son correctas cuando están alineadas con prioridades correctas. Te motivo a tener metas para tu familia, tu salud, lo laboral y económico, pero deben estar alineadas con el evangelio.

Necesitamos metas para crecer en el evangelio — algo a lo que llegar, no solo “quiero ir al cielo, aunque sea de panza” (con el Señor no hay panzazos, estrictamente todos estamos reprobados). Este pasaje contiene una oración de Pablo, escrita desde la cárcel, por una iglesia que ni siquiera conocía. Las oraciones de Pablo son muy distintas a las nuestras — nosotros oramos por lo que tenemos enfrente de la nariz, Pablo ora por cosas más profundas. Vamos a convertir sus peticiones en metas para nuestra vida.

A. Tener un pleno conocimiento de la voluntad de Dios

9 …pidiendo que sean llenos del conocimiento de Su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual,

Imagínate comprender plena y perfectamente cuál es la voluntad de Dios — ¿cuántas metidas de pata no nos ahorraríamos? A veces, en medio de una discusión con mi esposa, digo algo y antes de terminar la frase ya estoy pensando “Señor, no debí haber dicho eso”. O pasamos horas y horas indecisos entre dos opciones, deseando que Dios mandara un ángel con un pergamino que nos dijera qué hacer. Imagínate tener un conocimiento completo del propósito de Dios para tu vida.

B. Tener sabiduría espiritual

No es lo mismo conocer que ser sabio — puedes comprenderlo todo y aun así tomar malas decisiones. La sabiduría es el conocimiento puesto en práctica. Conozco a alguien muy sabio en sus consejos que no es creyente; imagínate a alguien que ama al Señor, conoce Su Palabra, y es sabio. Yo, con mis hijas creciendo, a veces cometen cosas que para mí son como crímenes que merecerían prisión, y me pregunto: ¿cómo debo reaccionar? ¿Las agarro a palos, como quisiera, o les hablo con amor y ternura? Esa es la sabiduría espiritual: saber cómo reaccionar en cada circunstancia aplicando el conocimiento de la Palabra.

C. Agradar a Dios en todo

10 para que anden como es digno del Señor, haciendo en todo, lo que le agrada, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios.

¿Qué porcentaje de todo lo que haces, piensas y dices en un día agrada al Señor? En mi caso, si me baño en un 5%… Pero aquí Pablo ora por que todo lo que hacemos le agrade. Imagínate un lunes donde, desde que abres los ojos, todo lo que haces le agrada — las primeras palabras a tu esposa al despertar, la reacción cuando alguien se te atraviesa en el camino en vez de que salga algo desde lo más profundo de tu interior. Muchas de nuestras amarguras y enojos vienen justamente de que lo que hacemos no agrada al Señor, y por lo tanto tampoco agrada a nuestra esposa, a nuestros hijos, a nuestro jefe.

D. Dar fruto en toda buena obra

Fruto significa, en términos sencillos, dar resultado. ¿Alguna vez has intentado hacer algo bueno que no dio resultado —como decidir orar en familia y que nadie coopere—, y te sientes frustrado, amargado, a punto de rendirte? Lo que Pablo pide es que las cosas buenas que emprendamos den fruto, y que Cristo sea glorificado en ello.

E. Crecer en el conocimiento de Dios

Conocer y experimentar más de Dios cada vez. Cuando un pastor pregunta “¿cómo va tu tiempo con Dios?”, la respuesta más común es “ahí la llevo, más o menos”. Pero aquí se describe a alguien que cada día conoce más de Dios — igual que un niño que va a la escuela debería aprender algo nuevo cada día, nosotros deberíamos aprender algo de Dios cada semana, cada domingo, cada día.

F. Ser fortalecidos con todo poder

11 Rogamos que ustedes sean fortalecidos con todo poder según la potencia de Su gloria, para obtener toda perseverancia y paciencia,

No dice “un poquito fortalecidos” — dice “con todo poder”, según la potencia de la gloria de Dios, el mismo que con una palabra creó los miles de millones de astros del universo. Y sin embargo, se nos parte una uña y decimos “Señor, ¿por qué me haces esto?” — nos ahogamos en un vaso de agua. Lo que necesitamos es estar fortalecidos no según nuestra fuerza, sino según la de Dios, para obtener perseverancia — esa que necesitas no en el primer kilómetro relajado de una carrera, sino en el cuarto, cuando sientes que ya no puedes y sigues de todos modos.

G. Vivir dando gracias

12 dando gracias al Padre que nos ha capacitado para compartir la herencia de los santos en la Luz.

¿Has vivido con una persona quejumbrosa? Es difícil —oren por mi esposa, que vive con una—. Lo contrario es una vida que rebosa de gratitud. Mira las montañas, el cielo azul, el volcán, las nubes; si no te alcanza, ve a Veracruz y mira la inmensidad del océano, o sube al Pico de Orizaba. Podemos darle gracias por eso, pero el texto dice “dando gracias al Padre” porque Él nos hizo aptos para compartir la herencia de los santos — Él ya te salvó.

Idea clave

El Señor nos llama a perseguir estas metas gloriosas para Su gloria y nuestro deleite.

Tenemos siete metas. Bromeaba diciendo que la próxima semana necesito que me traigan al menos cuatro de las siete, o les pongo una multa — no es cierto. La verdad es que ninguna de estas siete cumple con ser “alcanzable” según el criterio SMART — apuntan alto a propósito. Mientras estemos aquí respirando, no vamos a poder agradar a Dios en todo lo que hacemos; no se puede. Pero el Señor nos da estas metas para que apuntemos muy alto, y nunca nos conformemos con menos, ni con nuestra vida tal como está, hasta que estemos en Su presencia.

II. ¿Cómo puedo alcanzar esas metas? (vv. 13-22)

Idea clave

Para alcanzar esas metas gloriosas debo conocer a Cristo y deleitarme en Él.

Después de presentar estas peticiones, Pablo no le dice a la iglesia “vamos a esforzarnos” — observa lo que dice a partir del versículo 13.

A. Conoce a Cristo, el libertador y redentor (vv. 13-14)

13 Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de Su Hijo amado, 14 en quien tenemos redención: el perdón de los pecados.

Todos nacemos esclavizados al pecado, bajo ese dominio. Pero cuando alguien llega a Jesús, comprende que merece el infierno y que Cristo fue a la cruz para conseguir su perdón, y cuando el Espíritu Santo le muestra eso y lo abraza en arrepentimiento y fe, ocurre el nuevo nacimiento: Él nos libera del dominio de las tinieblas y nos traslada al reino de Su Hijo amado. Aquí en Orizaba, con toda su violencia y sus luchas, ya estamos disfrutando las bendiciones de ese Reino.

B. Deleítate en la gloria de Cristo (vv. 15-19)

15 Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 16 Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él. 17 Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen. 18 Él es también la cabeza del cuerpo que es la iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que Él tenga en todo la primacía. 19 Porque agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud,

Las relaciones en el matrimonio se pueden deteriorar con los años. Una de las cosas que puedes hacer es deleitarte —mirar a tu esposa o esposo y ver todo lo bueno que tiene, su carácter, saborearlo, gozarte en eso—. Cuando contemplas algo así, en la naturaleza por ejemplo —una noche estrellada, una hoja perfectamente diseñada, subir una montaña y contemplar la creación—, algo se mueve en el corazón. Si eso pasa con la creación, ¿qué debería ocurrir cuando contemplamos al Creador, aunque sea con los ojos de la fe?

“Él es la imagen del Dios invisible” — Juan 1:18 nos dice que a Dios nadie lo ha visto jamás, pero el unigénito, que vive en unión íntima con el Padre, lo ha dado a conocer. Podemos conocer y ver a Dios mismo por medio de Jesús. “Primogénito” no habla del primero en ser creado, sino del primero en poder y autoridad sobre toda la creación. “Todas las cosas” —esa palabra no nos cambia de verdad la mente, porque nuestro cerebro la reduce a lo que conocemos, pero habla de la inmensa creación entera, hasta el diseño perfecto de una hoja— todo fue creado por Él y para Su gloria. Incluye a los ángeles y a los demonios: Él los creó, y ya los sometió. Él es eterno, antes de todas las cosas, y las sostiene: si el universo sigue funcionando es porque Él lo sustenta.

“Él es también la cabeza del cuerpo, que es la iglesia” — es un milagro que pecadores como nosotros estemos conectados con el Creador de todo, por medio de la unión que produce el Espíritu. Nunca vas a estar solo, porque Él es tu cabeza. Uno de los problemas más grandes que tiene mi esposa soy yo: si yo tomo una mala decisión, ella se ve afectada. Pero nuestra Cabeza jamás toma malas decisiones, jamás se le olvida lo importante, y siempre cuida a Su pueblo — ¿cómo nos iba a descuidar, si le costamos Su sangre?

“Porque agradó al Padre” — es notable cuántas veces la Biblia dice que algo le agradó al Padre, y casi siempre es el Hijo. A mí me pueden agradar cosas distorsionadas —te acuerdas de aquella hamburguesa de 2000 calorías que vimos hace unas semanas, y todavía de vez en cuando saco mi celular para ver la foto y suspirar—; mis gustos están distorsionados. Pero a Dios solo le agrada lo que es correcto, y le agradó que en Cristo habitara toda la plenitud. Para alcanzar esas siete metas necesitamos, primero, conocer a Cristo como redentor y libertador, y también hacer lo que hace el Padre: deleitarnos en Él, hacer que lo que Él es y ha hecho sea lo más valioso para nosotros. Primero, rendirte a Él por completo — hay mucha gente que viene a la iglesia y escucha los mensajes sin haberse rendido nunca del todo. Segundo, buscarlo todos los días, no solo en la iglesia — sumergirte en la Biblia para ver lo que dice del Creador que te ama.

C. Deleítate en Su salvación y permanece firme

20 y por medio de Él reconciliar todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de Su cruz, por medio de Él, repito, ya sean las que están en la tierra o las que están en los cielos. 21 Y aunque ustedes antes estaban alejados y eran de ánimo hostil, ocupados en malas obras, 22 sin embargo, ahora Dios los ha reconciliado en Cristo en Su cuerpo de carne, mediante Su muerte, a fin de presentarlos santos, sin mancha e irreprensibles delante de Él. 23 Esto Él hará si en verdad permanecen en la fe bien cimentados y constantes, sin moverse de la esperanza del evangelio que han oído.

Tú y yo vamos a pecar hasta el último de nuestros alientos, sin importar cuántos años llevemos en la iglesia. Pero aunque soy pecador, Cristo ya me presentó ante el Padre sin mancha, irreprensible — un milagro, posible porque así lo declaró Dios y porque Cristo lo ganó en la cruz. Cuando pecas, ¿cómo reaccionas? Hay quien no le importa —y eso es un problema de conciencia—; hay quien huye, deja de leer la Biblia, deja de orar cuando el pecado es “más grande de lo normal”. Pero lo que hay que hacer es venir con Cristo y decirle: “Señor, no entiendo cómo me perdonas, después de todo lo que he hecho, pero te doy gracias porque tu Palabra dice que si confieso mis pecados, tú eres fiel y justo para perdonarlos”. Me sorprende que mi esposa me perdone una y otra vez las mismas cosas, y Dios me sigue perdonando millones de veces más — deléitate en eso.

Y no te rindas. A veces, por ser pecadores, no vemos cambio; a veces los problemas parecen insoportables; a veces la carrera ha sido larga y simplemente estamos desgastados. Pero si quieres cumplir estos propósitos, no te rindas, permanece firme — va a haber momentos en que sientas que no puedes, y ahí es cuando las promesas de Dios se vuelven reales, y vas a ser fortalecido con todo poder.

III. Dando pasos firmes

Vimos siete metas que deberíamos perseguir, y tres cosas que debemos hacer para alcanzarlas. Lo resumo así: para alcanzar metas divinas, conocer a Cristo y deleitarte en Él es el camino.

Necesitamos empezar nuestro día buscando al Señor. Nuestra vida siempre está corriendo, siempre hay cosas que hacer, pagos, metas — necesitamos poner un corte, y empezar no simplemente “teniendo un devocional” o haciendo una oración rápida de tres minutos, sino deleitándonos, lo cual requiere dedicar tiempo. Y también, cada semana o cada mes, dedicar un tiempo más largo — como en el entrenamiento de una carrera, donde además de correr un poco cada día hace falta un día de entrenamiento largo. Si crees que un culto de dos horas ya es mucho tiempo, en el cielo vamos a estar así por siempre. No te conformes con diez minutos al día; aparta, cada semana o cada dos semanas, una hora de rodillas — vas a descubrir lo hermoso que es.

Pero no vas a poder hacer nada de esto si no conoces a Cristo como tu redentor y libertador — y lo primero que necesitas es rendirte a Él. A lo mejor has venido a esta iglesia por meses, o por años, pero lo que se necesita no es venir a la iglesia, sino confiar en Jesús, rendirte a Su soberanía.

Conclusión

Si quieres cumplir estas metas, lo que necesitas es conocer a Cristo y deleitarte cada día en Su gloria. ¿Dónde estás? Cierra los ojos, por favor. Pregúntate: ¿en cuántas de estas siete cosas has fallado? Ninguno de nosotros las ha logrado cumplir, ninguno. Pero lo que necesitamos…