Introducción
Ilustración: La caída de Steve Lawson
Fue hace tres semanas, no recuerdo mal, que se reveló una noticia que francamente sacudió a todos los cristianos, me atrevería a decir que no de todo el mundo, pero sí de toda esta parte del mundo, de todo occidente. Hace unas semanas la iglesia Trinity Bible Church, en Dallas, publicó un anuncio —a lo mejor algunos de ustedes ya saben de qué voy a hablar— acerca de un pecado cometido por el pastor Steve Lawson. Steve Lawson fue un gran predicador, un hombre que tiene, si no recuerdo mal, 72 o 73 años; sirvió al Señor desde su juventud, un prominente maestro de las Escrituras. Es más, a lo mejor su nombre no te suena, pero él trabajaba de cerca con John MacArthur, un poquito más conocido por acá.
En 2018 se volvió pastor principal de esa iglesia. Déjame hablarte un poquito de él, porque Steve fue un hombre que fue como un precursor en muchas cosas, sobre todo en la importancia de que la iglesia volviera a las Escrituras; era un hombre poderoso en palabra, como Apolo, y escribió más de 30 libros. Pero si hoy tú entras a la página de la Trinity Bible Church hay una declaración —está en inglés, la voy a leer traducida al español—:
Los ancianos de la Trinity Bible Church de Dallas lamentablemente anuncian que, con efecto inmediato, Stephen J. Lawson ha sido retirado indefinidamente de todas las actividades del ministerio en esta iglesia. Los ancianos fueron informados por Steve de una relación inapropiada que ha tenido con una mujer. Los ancianos se han reunido con Steve y continuarán a su lado, orando por él, con el objetivo final de su arrepentimiento personal. Steve ya no será pagado por sus servicios a esta iglesia. A la luz de esto se nos recuerda que todos somos pecadores. Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y Cristo sigue siendo la cabeza de Su iglesia, que es más grande que cualquier hombre caído. Jesucristo continuará dirigiendo Su iglesia, incluyendo esta iglesia, tal como lo ha hecho desde el comienzo de esa obra. Pedimos sus oraciones por los ancianos, por nuestro cuerpo y por Steve y su familia. Tengamos siempre presente la Palabra de 1 Corintios 10:12.
Hermano, esta fue una noticia fatal. Unos días después, otro pastor, Phil Johnson, filtró en redes sociales que Steve había estado en una relación inapropiada con una mujer de veintitantos años, y que llevaba en esa relación cinco años; que Steve confesó porque cuando el papá de la muchacha se enteró lo amenazó con hacerlo público.
Déjame hacerte algunos comentarios al respecto. En primer lugar, la caída de Steve Lawson es algo terrible para la Iglesia de Cristo. Hay muchas personas —y si buscas en YouTube “Steve Lawson” verás que ya lleva tres semanas esta noticia— que han estado burlándose o condenando. No me refiero a gente no creyente, me refiero a gente creyente que utiliza esto simplemente para aumentar sus vistas y sus “me gusta” en YouTube. No nos corresponde a nosotros hacer escarnio de él; somos llamados a orar por él y por otros hombres. Pero creo que lo importante de señalar es que esta realidad nos debe llevar a temer por nosotros mismos.
12 Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga.
El pecado es una realidad abrumadora. La Biblia nos enseña que es poderoso y que sigue presente en la vida de aquellos que hemos creído en Jesús. Si recuerdas cómo le dijo Dios mismo a Caín, comparó el pecado con una fiera que estaba a la puerta esperando dominarlo. Esa misma realidad se aplica a nosotros como creyentes. Y no me refiero solo al pecado sexual —también se reveló que no hubo fornicación entre Steve y esta mujer, fue una relación de cierto romance, pero no hubo nada sexual—.
El hecho de que tú vengas a una iglesia cristiana cada domingo no te hace automáticamente vencedor sobre el pecado. El hecho de que alguien entre a la iglesia, cante y dé su ofrenda no genera un cambio instantáneo en ti. El hecho de que alguien sirva en una iglesia —desde el que ocupa este lugar hasta quienes sirven con los niños, en la puerta o haciendo la limpieza— no lo hace necesariamente más espiritual. Y si eso es una realidad, significa que el pecado está obrando y debemos tener siempre cuidado de nuestra propia alma.
Este también es uno de los grandes pretextos que usan los no creyentes para señalar a la Iglesia de Cristo: “si los cristianos son así…“. Hay un pasaje en Romanos que, aunque le habla a los judíos, se nos aplica a nosotros:
23 Tú que te jactas de la ley, ¿violando la ley deshonras a Dios? 24 Porque tal como está escrito: «El nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de ustedes».
Si la vida de la iglesia se caracteriza por vivir de una manera diferente a lo que decimos, deshonramos el nombre del Señor.
La desconexión: todos somos Steve
A lo mejor te acuerdas del diagrama que hemos estado manejando las semanas pasadas, sobre lo que tú crees, lo que sientes y lo que decides. Puede haber personas que conocen mucho de la Palabra de Dios —que pueden citar de memoria no solo versículos, sino capítulos e incluso libros enteros— y no conocer a Dios. Puede haber personas que te hablen de teología, de los grandes héroes de la fe, de los reformadores y los puritanos, y que ni siquiera sean cristianas. El conocimiento por sí solo no cambia nuestras vidas, sobre todo si hay una desconexión entre lo que pasa en nuestra mente y lo que ocurre en nuestro corazón.
Lo que le pasó a Steve Lawson le puede pasar a cualquiera. Y de una u otra manera, ya nos está pasando a la mayoría de nosotros, aunque en menor medida.
Idea clave
Transformación es más que información.
Situaciones como esta suelen tener mucho eco porque el chisme se vende bien. Pero de alguna manera todos somos Steve Lawson. ¿Qué me dices de las decenas de pastores que han caído en adulterio en años recientes aquí en la región? ¿Del que sirve en la iglesia y es un ejemplo de amor y servicio, pero en la casa es una persona irritable y amargada? ¿De la mujer activa, servicial y humilde que constantemente bendice la vida de los hermanos, pero que en su interior se compara con otros, y esa comparación la lleva a hablar mal de ellos? ¿De creyentes llenos de energía, que a lo mejor tú ves activos y moviéndose, pero que luchan con la ansiedad y el temor, y esos temores no resueltos erosionan su paz, sus relaciones e incluso su relación con Dios?
La fe cristiana tiene una respuesta para todo esto. Al ansioso le diría: Dios es soberano. Y quiero pensar que muchos podemos afirmar eso, pero cuando enfrentamos circunstancias adversas es como si se nos desconectara la soberanía de Dios. A la persona que habla mal de otros porque se siente no valorada le diríamos: fuiste comprada a precio de sangre, vales para Dios; pero muchas veces eso no se conecta con nosotros. Hay cosas que sabemos aquí (en la mente), pero no las conectamos aquí (en el corazón). A alguien que está luchando con una relación inapropiada —Steve Lawson no llegó a esto en un día, y gloria al Señor que se reveló a tiempo antes de algo todavía más terrible— le diríamos: Cristo es tu deleite, no necesitas más que a Cristo y lo que Él te ha provisto.
Si tú eres cristiano, esta noticia, lamentablemente, es algo común, y todos de alguna manera estamos expuestos a lo mismo. Conocemos la verdad, pero la divorciamos de nuestro corazón. Ya sé que alguien puede decir: “no compares lo que yo hago con lo que hizo Steve, él sabía más que yo, él escribió libros”. Es cierto, no puedo defender lo indefendible; Steve tiene una responsabilidad delante de Dios tremenda. Pero si tú eres cristiano ya sabes lo más importante que debes saber: que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Todo lo demás de la Biblia es un extra para explicarnos la grandeza del evangelio.
Idea clave
Si conocemos el evangelio y seguimos fallando, es porque hay una desconexión entre lo que decimos creer y nuestra vida.
El objetivo de la serie
El título de esta serie está tomado de Santiago 2:18 —no me acordaba de que en 2022 tuvimos una serie con un nombre muy parecido, basada también en Santiago—.
18 Pero alguien dirá: «Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras».
Te voy a resumir este versículo de una manera más corta:
Idea clave
La fe genuina te salva y te cambia.
Las obras no te salvan, jamás pueden salvar a nadie; eso está muy claro en toda la Biblia. Lo que nos salva es la gracia de Dios, ninguno de nosotros se puede salvar a sí mismo, y la fe es como la llave que el Señor nos da para acceder a esa gracia. Pero esa misma gracia que nos salva es una gracia que nos transforma.
En esta serie vamos a ver doce mensajes analizando doctrinas bíblicas, una por una. Pero el problema de traer doctrina, así como se escucha, es que muchas veces alguien puede pensar “nosotros tenemos la sana doctrina, no somos como las otras iglesias que no estudian la Biblia” — y no queremos hacer eso. A lo largo de estas doce semanas sí vas a tener información, pero te repito: la transformación es más que información. Si a lo largo de estas semanas solo tomas notas para aprenderte conceptos y anotar citas, no va a servir de nada, si no dispones tu corazón para que el Señor lo transforme.
¿Qué es una doctrina?
En primer lugar, tienes que saber que la Biblia no es un manual, sino una historia. Yo no puedo venir a la Biblia y usar una concordancia —un instrumento que algunas Biblias tienen al final, como un diccionario— para buscar, por ejemplo, “ira”, y creer que esa respuesta va a estar completa. La Biblia no es un manual; Dios no diseñó una enciclopedia. La Biblia nos cuenta una historia: la de cómo el Señor crea, cómo el hombre se rebela, y todo lo que Dios está haciendo para restaurar la creación a su estado original. A esa historia la gente estudiosa —los “nerds bíblicos”, lo digo de una manera respetuosa— le llama teología bíblica.
Lo que queremos ver en esta serie no es teología bíblica —eso es lo que vemos cuando vamos viendo los libros uno por uno—, sino lo que se llama teología sistemática: ¿qué enseña la Biblia sobre un tema determinado? Los estudiosos bíblicos, o los predicadores en una manera más pequeña, buscamos, leemos, y en oración, buscando la guía del Señor, tratamos de escribir un resumen de la enseñanza de toda la Biblia sobre ese tema. Nosotros normalmente no predicamos temáticamente por los problemas: primero porque es muy complejo —piensa en la doctrina de los eventos futuros, hay tantísimos pasajes que es muy complicado revisarlos todos—; y segundo, porque se presta a la distorsión. Si yo quiero hablar de la ira y yo mismo soy enojón, instintivamente lo voy a presentar más “blandito” para que a mí mismo no me caigan las piedras.
Un hermano llamado Heath Lambert lo dice así:
La buena teología se ocupa de hacer una interpretación cuidadosa de todos los textos relevantes en las Escrituras sobre un tema, y luego de hacer el arduo trabajo de discernir cómo colocar esos textos juntos.
Eso es una doctrina: lo que dice toda la Escritura sobre Dios, sobre el Hijo, sobre el Espíritu, sobre la salvación, sobre la Iglesia. Pero la buena doctrina no está diseñada para hacernos más cabezones —a lo mejor has visto en redes sociales gente, sobre todo hombres jóvenes, que empiezan a atacarse unos a otros con textos bíblicos, y eso no es buena teología, es orgullo humano con una capa de pintura muy delgada de Biblia—.
La buena doctrina, en primer lugar, nos lleva a la adoración: si tú empiezas a estudiar, por ejemplo, qué dice la Biblia acerca de Dios, eso te va a humillar.
1 Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes.
Cuando tú estudias la doctrina bíblica, lo que te va a llevar es a entregarte a Dios; si no produce ese resultado, lo que estás estudiando es tu orgullo. En segundo lugar, la buena doctrina impulsa la transformación:
Salmo 119:7 (RV1960)
Te alabaré con rectitud de corazón cuando aprendiere tus justos juicios.
Cuando alguien aprende la enseñanza bíblica, su corazón se transforma.
Idea clave
Transformación es más que información.
¿Qué necesito para ser transformado?
Primero, necesitas un corazón nuevo. Bíblicamente no puedes cambiar si no has nacido de nuevo. Sé que puede sonar orgulloso lo que voy a decir, pero el hombre que no conoce a Cristo no puede cambiar de raíz; lo máximo que puede hacer es sacar un clavo con otro clavo. Yo lo he visto: hay gente que deja de tomar y se vuelve adicta a la pornografía, o deja la pornografía y se vuelve mujeriego. El hombre en su estado natural, cuando no conoce a Cristo, no puede cambiar de raíz. ¿Y cómo obtenemos un nuevo corazón? Por medio del nuevo nacimiento: aquellos que creen que son pecadores, que merecen la condenación, y que creen que Cristo murió por ellos en la cruz, cuando lo creen de verdad con todo el corazón, la Biblia nos enseña que nacen de nuevo y Dios les da un nuevo corazón. Si tú no crees eso con todo tu corazón, puedes venir a todos los cultos y a todas las reuniones de oración, pero no vas a cambiar.
En segundo lugar, necesitas una mente iluminada por el Espíritu. Necesitamos entender cosas, necesitamos cierta información, necesitamos venir a la Escritura y aprenderla —eso no es suficiente, pero lo necesitas—. Es como un carro: necesita aceite, agua o anticongelante, líquido de frenos y gasolina. Si tu carro tiene gasolina pero no aceite, ¿qué le va a pasar? Hay muchos cristianos “desvielados” por ahí, porque saben un montón, pero, otra vez, la transformación es más que información. Y si tiene aceite, líquido de frenos y anticongelante, pero no gasolina, tampoco va a avanzar: lo necesita todo. Nosotros como cristianos también necesitamos que el Espíritu ilumine nuestra mente, para que no solo tengamos información de la Biblia, sino sabiduría espiritual de parte de ella.
En tercer lugar, necesitamos un corazón inflamado por la majestad de Dios. Tú no puedes leer la Biblia, no puedes ser cristiano y leer los Salmos —el Salmo 45, el Salmo 150, o pasajes como Isaías del 40 en adelante que hablan de la grandeza de Dios— y seguir igual. Si eres un cristiano saludable, hay algo en tu corazón que empieza a palpitar. Y necesitamos, de parte del Espíritu, una firme determinación de glorificar a Dios con nuestra vida.
Argumento
Transformación es más que información: la buena doctrina bíblica no busca hacernos más sabios en apariencia, sino llevarnos a la adoración y a la transformación del corazón por el Espíritu.
Yo, como pastor, lo máximo que puedo contribuir es a que tengas información. Tú me escuchas, a veces medio cabeceando, una hora a la semana —¿y cuántas horas pasarás en YouTube, Netflix, Instagram, Facebook, o viendo novelas en la semana? Si tú me dices que estás en YouTube viendo predicaciones de Miguel Núñez, te digo, ¡qué bueno! Yo sé que como predicador me falta muchísimo. Lo que me consuela es lo que una vez dijo Sugel Michelén: que en esto de la predicación, los años más difíciles son los primeros cincuenta. Eso me consuela, todavía no llego a eso. Podré no ser como Sugel —para mí, uno de los más grandes predicadores vivos— ni como Miguel, ni como quien tú quieras, pero lo que nosotros, los que servimos al Señor en la Palabra, podemos hacer es contribuir para que tengas información; el resto, todos los días, te toca a ti. Si tú te alimentaras una sola vez a la semana —aunque fuera en el mejor bufet de la ciudad— no sé qué problemas te traería, pero me imagino que nada bueno. Necesitas estar constantemente recibiendo, no información, sino sabiduría del Espíritu por medio de la Palabra. Por eso te hemos insistido: ten tu devocional, busca al Señor en oración. Pídele: “Señor, agita mi corazón, quiero sentirlo latir por ti, o por mi pecado”. Si lees la Biblia y dices “Señor, qué pecador soy” o “Señor, qué grande es tu amor”, es porque el Espíritu está obrando en ti, y necesitas que Él ponga una firme determinación en ti.
Así que vamos a ver doctrina bíblica estas semanas, enfocándonos en cómo esa doctrina afecta nuestra vida cotidiana. Y quiero empezar con algo muy sencillo, algo que ya hemos visto otras veces: la doctrina de la Biblia.
I. La autoridad de las Escrituras
Ilustración: ¿Cuál es la principal diferencia entre catolicismo y protestantismo?
Si hay algún católico que nos visita, te pido una disculpa de antemano, pero tengo que hablar de esto. Podrías decir “las imágenes”, y es cierto que aquí no tenemos ninguna; podrías decir “salvación por medio de la fe”, y es cierto, esa es una diferencia abismal; o “solo fuera de la iglesia no hay salvación”; o “la suficiencia de las Escrituras”. Todo eso es correcto, pero para mí el problema del catolicismo es que nosotros entendemos que solo la Escritura es Palabra de Dios. Si alguien te habla de lo que sea, lo que le tienes que preguntar es: ¿dónde está eso en la Biblia? Y si no está, “oídos sordos”. El catolicismo enseña que la Biblia es Palabra de Dios, pero también lo es la tradición de la iglesia: la enseñanza bíblica está al mismo nivel que la enseñanza del Papa, los concilios y, en general, el magisterio de la Iglesia católica. Si quieres entender la Escritura no puedes hacerlo solo; necesitas primero leer todo lo que han escrito los papas y los concilios, y por medio de eso acercarte a ella.
20 ¡A la ley y al testimonio! Si ellos no hablan conforme a esta palabra, es porque no hay para ellos amanecer.
La Biblia por sí misma da testimonio de que ella es el único registro de la voluntad de Dios. Recordarás en Hechos 17 a los bereanos: cuando Pablo les hablaba, ellos no le creían hasta que lo comprobaban en la Escritura.
Esto nos lleva a ver cuatro características de la Palabra de Dios. La primera es Su autoridad.
21 pues ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios.
Idea clave
Si Dios se reveló por medio de Su Palabra, entonces Su Palabra tiene toda autoridad.
Si la Biblia dice algo y un pastor dice lo contrario, ¿a quién le vas a creer? A la Biblia. Sea el pastor quien sea, aunque sean Carlos Contreras o Miguel Núñez, nuestra base siempre será la Escritura.
4 Pero Jesús le respondió: «Escrito está: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Idea clave
Si Dios se reveló por medio de Su Palabra, Su Palabra tiene toda autoridad y debemos someternos a ella.
Si yo no creo en la Biblia, siendo la Biblia Palabra de Dios, eso equivale a no creerle a Dios; desobedecer la Biblia es desobedecer a Dios. La mayoría de los problemas en la vida de los cristianos son por una de dos causas: o porque ignoran las Escrituras —como dice Oseas, “mi pueblo pereció porque le faltó conocimiento”— o porque se rebelan contra ellas. ¿Por qué los padres cristianos tienen problemas en su crianza? Porque ignoran la Escritura o se rebelan contra ella. ¿Por qué ocurren cosas como lo que le pasó a Steve Lawson? Porque hubo un hombre a quien no le importó y se rebeló contra ella.
II. La inerrancia de las Escrituras
18 a fin de que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, los que hemos buscado refugio seamos grandemente animados para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.
28 »Ahora pues, oh Señor Dios, Tú eres Dios, Tus palabras son verdad y Tú has prometido este bien a Tu siervo.
Si Dios no puede mentir, significa que toda la Palabra es verdad; no hay nada en la Escritura que contradiga la verdad.
Idea clave
La Biblia nunca afirma nada contrario a la verdad.
Creemos que en la Biblia no hay errores, porque es Palabra de Dios y Dios no se puede equivocar. En el siglo XIX hubo un escándalo en el que los arqueólogos atacaban a los cristianos porque la Biblia habla de una civilización, los hititas —recordarás que Urías, esposo de Betsabé, es llamado “el hitita”—, y decían que esa civilización nunca existió, que la Biblia se la había inventado. A principios del siglo pasado se descubrió que los hititas fueron una civilización impresionantemente grande que influyó en toda la zona del Oriente Medio, asentada en lo que hoy es Turquía. Porque todo lo que la Biblia dice es verdad.
III. La claridad de las Escrituras
130 La exposición de Tus palabras imparte luz; Da entendimiento a los sencillos.
No necesitas ser un genio para entender la Biblia. Es suficientemente clara para que todas sus enseñanzas puedan ser entendidas por quienes la leen buscando la ayuda de Dios y dispuestos a seguirlas. Es cierto que hay pasajes difíciles —Pedro mismo dice que Pablo escribió cosas difíciles de entender—, pero el mensaje central de la Biblia, cualquiera con actitud de humildad lo puede entender.
6 Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. 7 Las enseñarás diligentemente a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.
Es tanto así que en Deuteronomio 6 el Señor le ordena al pueblo repetirle la Palabra a los niños, porque los niños la pueden entender. Y si un niño la puede entender, tú también puedes.
Idea clave
La Biblia está escrita de tal manera que sus enseñanzas pueden entenderlas todos los que la leen buscando la ayuda de Dios y estando dispuestos a seguirlas.
IV. La necesidad de las Escrituras
La creación nos habla de Dios —si sales a ver los astros o las montañas, lo que te dicen es “Dios existe”—, pero las Escrituras eran necesarias para que pudiéramos creer y conocer quién es ese Dios, qué es lo que quiere hacer y cómo salva.
13 porque: «Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo». 14 ¿Cómo, pues, invocarán a Aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en Aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?
17 »Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad.
Idea clave
Necesitamos la Biblia para conocer el evangelio, para conocer la voluntad de Dios y para crecer en la vida espiritual.
V. La suficiencia de las Escrituras
15 Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. 16 Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra.
Hoy la palabra “perfecto” tiene una connotación negativa: cuando a ti te dicen “eres un(a) perfecto(a)” normalmente no te quieren decir algo bueno, sino que te falta humildad. Pero cuando el texto habla de que el hombre de Dios sea perfecto, lo que sigue explica qué quiere decir: “equipado para toda buena obra”. Quieres ser un mejor creyente, un mejor esposo, un mejor padre, un mejor trabajador, un mejor ciudadano, un mejor evangelista —lo que necesitas está en la Escritura.
Idea clave
La Biblia contiene todo lo que necesitamos para la salvación, para confiar en Dios perfectamente y para obedecerle perfectamente.
Viviendo a la luz de la Palabra
Argumento
Si conocemos el evangelio y seguimos fallando es porque hay una desconexión entre lo que decimos creer y nuestra vida; la Palabra de Dios —con autoridad, sin error, clara, necesaria y suficiente— es el instrumento que Dios usa para cerrar esa brecha.
Si tú crees que eso es la Biblia, que tiene autoridad, que se puede entender, que la necesitas, eso tiene que afectar tu vida, y se tiene que demostrar de tres maneras.
Ama la Palabra
Si eres un creyente, necesitas amar las Escrituras —puedes leer el Salmo 119, que es una declaración de amor de un hombre a la Palabra—. Alguna vez lo ilustré así: hace muchos años, cuando una persona vivía lejos y quería escribirle a otra, se usaba la carta. A mí nunca me tocó mandar ni recibir una carta así, pero a mi madre le tocó enseñarme las cartas que mi padre le enviaba cuando eran jóvenes: hechas a mano, con dibujos, a veces con perfume, a veces con una flor seca en medio. Si tu ser amado se fue lejos y te promete que va a volver, pero te envía cartas, ¿qué haces con ellas? ¿Las guardas sin leer? No — si de verdad amas a esa persona las vas a leer una, dos, tres veces.
Nosotros debemos amar las Escrituras porque son las cartas de nuestro Rey, de nuestro amado que se fue y que dijo que va a volver. Tienes que leerla y memorizarla —¿has visto a los niños viendo una película que les gusta, repitiendo el diálogo de memoria porque la han visto muchas veces? Si para nosotros la Biblia tiene un valor especial, deberíamos dedicarle nuestra atención para memorizarla. Búscala: vivimos en un mundo tan ajetreado, diseñado para que trabajes y trabajes y, cuando tienes un rato libre, te ofrece entretenimiento barato — el objetivo es que la gente no piense, y el diablo lo que quiere es que los creyentes no vengan a la Palabra de Dios.
Sométete a la Palabra
Si la Biblia fue transmitida por Dios mismo, ¿qué tienes que hacer? Cristo mismo lo dijo: “¿por qué me dicen ‘Señor, Señor’ si no hacen lo que yo les mando?“. La Biblia debe ser nuestra regla y debo someterme a ella. Es cierto que a veces es terriblemente difícil; hay veces que leo y digo: “Señor, sé cuál es tu voluntad, pero no puedo” —cuando me manda perdonar a alguien que me afectó de una manera terrible en mi niñez, digo: “quiero hacerlo, pero ayúdame”. Cuando me dice que ame a mi esposa como Cristo amó a la iglesia, digo: “soy incapaz de hacerlo, pero quiero”. La idea es que debo someter mi corazón.
He escuchado comentarios sobre uno de los pasajes más controversiales, el que dice que las mujeres se sometan a sus maridos como al Señor: gente que dice “yo, a ese pasaje…“. Puede ser difícil, pero una mujer creyente no puede decir “yo por qué” — si eres creyente, te sometes a la Palabra de Dios, aunque sea difícil, aunque te esfuerces y sigas fallando; ese es nuestro llamado. La Palabra de Dios dice que lo que Dios unió no lo separe el hombre. Sé que a veces es de dos, y si la otra parte no quiere, no hay nada que hacer; y es cierto que la Biblia da concesiones, hay casos legítimos, pero son el último recurso —está en 1 Corintios 7—. La primera respuesta de un creyente ante un cónyuge difícil es amar, perdonar, sujetarse.
Esto no significa usar la Palabra como chantaje espiritual: cuando mi esposa no quiere hacer las cosas como a mí me gustan, estoy tentado a citarle pasajes de Efesios sobre la sumisión, pero si lo hago con ese fin, eso es pecado — lo que yo debería citarme a mí mismo de Efesios es amar a mi esposa como Cristo ama a la Iglesia.
Comparte la Palabra
Si la Palabra es verdad y está transformando tu vida, vamos a querer hablar de ella.
Conclusión
Idea clave
Transformación es más que información.
El riesgo más grande, el pecado más grande, es convertir la santa Palabra de Dios —que es poderosa, más que una espada de dos filos— en un motivo de orgullo. El Señor no nos llama a ser una iglesia con sana doctrina; nos llama a vivir la sana doctrina, todos los días.
Aplicacion
- Esfuérzate esta semana por leer la Biblia todos los días, no de prisa, sino con todo tu corazón — diez minutos, empezando con oración (“Señor, abre mis ojos”) y el resto en lectura. No necesitas leer grandes capítulos: si solo puedes leer uno o dos versículos, quédate ahí y medita en ellos. Si no sabes qué leer, empieza por los Salmos o el evangelio de Juan.
- Pídele a Dios un corazón dispuesto a someterse a Su Palabra.
Porque transformación es más que información, y si estamos aquí es porque queremos ser transformados, no solo informados.
Cierra tus ojos y vamos a orar.