Nota: el audio deja claro que este mensaje no se predicó en un culto dominical normal de GSO, sino en un encuentro con varias iglesias/pastores presentes (se dirige directamente a “Marcos” como anfitrión o invitado, y menciona “todas las iglesias que están aquí representadas”, “ninguna de las iglesias aquí representadas tiene más de tres décadas”). El campo audience se dejó como en el bosquejo por default, pero probablemente deba corregirse — Quique sabrá identificar el evento.

También: el bosquejo original trae passage: "[[Sal 22]]" en el frontmatter, que parece un error de copiado (este mensaje no expone el Salmo 22 — es un mensaje temático sobre la centralidad del evangelio, sin un solo pasaje central). Se omitió mainpassage aquí por esa razón.

Introducción

Yo no sé si Marcos se acuerda de mí — la primera vez que lo vi, yo tenía unos 15 o 16 años. Llegó a predicar a una reunión de matrimonios en la iglesia donde yo nací; él ni siquiera estaba casado todavía. Eso fue hace muchos años. Y en mi caso, conocí a Cristo también muy joven, hace unos 26 o 27 años, y a lo largo de este tiempo he podido ver, en el camino que he recorrido con el Señor, muchísimos errores y pecados míos, pero una gracia todavía más abundante.

El extra de la película

Si la historia del universo fuera una película, tú y yo participamos como un extra — como Michael Kowalski en Monsters Inc., que sale nada más en la portada de una revista, tapado por el código de barras, y grita “¡salí en la portada!” Muchas veces esa es nuestra actitud: en la gran historia de la redención, no somos más que un extra, pero nuestro problema es que pensamos que somos protagonistas. El que se lleva toda la gloria en todo lo que ocurre es el Dios trino.

Hoy me pidieron que hablara de la centralidad del evangelio, y la verdad es que es un tema del que se ha hablado tanto — como hace unos veinte años se puso de moda “una vida con propósito”, y salió una versión para niños, para matrimonios, como si fueran las partes de una saga de Marvel — que corremos el riesgo de usar “centrado en el evangelio” como una marca para promocionarnos a nosotros mismos. Cuando me pidieron que hablara de esto se me hizo un poco extraño, porque creo que no debería ser un tema aparte: si una iglesia no está centrada en el evangelio, ¿qué le vamos a decir?

Les advierto: la predicación de hoy no tiene 35 puntos —no me espanten con 5 puntos— y me dijeron que tenía dos horas y media para compartir, así que me sentí con toda la libertad de expandirme (tampoco es cierto lo de las dos horas y media).

I. El gran problema

A. Diagnóstico bíblico del corazón humano

Salmo 115:1

No a nosotros, Señor, no a nosotros, Sino a Tu nombre da gloria, Por Tu misericordia, por Tu fidelidad.

Este es uno de los salmos favoritos de los evangélicos para evangelizar a los católicos, muy claro para hablar de la idolatría — pero fíjense cómo empieza: el salmista le está pidiendo a Dios que la gloria sea para Él y no para nosotros. El Dios todo glorioso jamás glorificaría a una criatura pecadora como nosotros; más bien, creo que el salmista se está hablando también a su propio corazón, porque quien busca la gloria para sí mismo somos tú y yo. Esa es la realidad de nuestra condición caída.

Génesis 3:5

Pues Dios sabe que el día que de él coman, se les abrirán los ojos y ustedes serán como Dios, conociendo el bien y el mal.

Desde el principio de la historia de la redención, el ser humano ha anhelado recibir la gloria que le corresponde a Dios. Me atrevería a decir que todos los problemas que tú y yo tenemos se ocasionan porque alguien quiere para él la gloria que le corresponde a Dios — piensa nada más en los problemas que tuviste esta semana en tu casa, o en tu iglesia.

Santiago 4:1-2

¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No vienen de las pasiones que combaten en sus miembros? Ustedes codician y no tienen, por eso cometen homicidio. Son envidiosos y no pueden obtener, por eso combaten y hacen guerra.

Cuando hay guerras y conflictos decimos que vienen de que “mi esposa hizo tal cosa” o “el pastor está predicando mal” — pero la Escritura dice que vienen de las pasiones que combaten en nuestros miembros. Hemos sido redimidos y regenerados, el Señor nos ha dado una nueva naturaleza, pero todavía queda en nosotros lo que algunos llaman el pecado remanente — esas pasiones, esas concupiscencias que todavía residen en el corazón y anhelan tomar el control. Cuando perdiste el control hace un rato en tu casa, cuando te rebasa un imprudente manejando y te brota el viejo hombre, cuando un líder de iglesia cede ante la lujuria — de ahí viene.

Cita de Juan Calvino

“El corazón humano es una fábrica perpetua de ídolos.”

Esto es real para los incrédulos, pero también para los que hemos sido rescatados por la sangre de Jesús. Una de las manifestaciones más tremendas de esto es la teología de la prosperidad — doctrinas que prometen bienestar, éxito inmediato y soluciones sencillas.

B. El evangelio terapéutico

2 Timoteo 4:3-4

Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, conforme a sus propios deseos, acumularán para sí maestros, y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a los mitos.

Debido a que el ser humano sigue teniendo deseos pecaminosos, y esos deseos no le conviene confrontarlos, cierra sus oídos a la verdad del evangelio — pero sigue teniendo una profunda necesidad de Dios. (¿Alguien tiene un amigo ateo? Yo conviví con personas ateas en mi trabajo, y una de ellas leía su horóscopo — “¿pero no sabes que eso no existe?” Porque el ser humano tiene una profunda necesidad de Dios.) Lo que Pablo describe aquí es lo que algunos llaman el deísmo moralista y terapéutico: como una aromaterapia, o una risoterapia, pero con Dios — te hablan de Dios y te relajas.

Cita de David F. Wells, Dios en el torbellino

“La religión consiste en experimentar felicidad, contentamiento, tener a un Dios que le resuelve a uno los problemas y le provee cosas tales como el hogar, Internet, iPods, iPads e iPhones.”

El Dios de este falso evangelio es como el genio de la lámpara: lo frotas un poco y te dice “amo, dime qué deseas.” Esto es lo único que voy a citar de manera irónica en un sermón:

Citas (irónicas) de teología de la prosperidad

  • Joel Osteen: “Dios quiere que prosperes financieramente, tener mucho dinero, cumplir tus sueños y disfrutar tu vida.”
  • Joyce Meyer: “No creo que debamos estar sufriendo. Jesús sufrió para que nosotros no tengamos que hacerlo.”
  • Creflo Dollar: “Jesús murió para que tú puedas ser rico.”
  • Kenneth Copeland: “Cuando dices ‘soy rico’, estás activando la ley de la atracción espiritual.”
  • T.D. Jakes: “Dios no quiere que sobrevivas, quiere que prosperes.”

¿Es esto el evangelio? El problema es el corazón caído — de los incrédulos, un corazón no regenerado; pero también de nosotros, los creyentes que seguimos luchando con pasiones.

C. También es nuestro problema

Podría usar el resto del tiempo criticando a la teología de la prosperidad, pero también es nuestro problema — aunque vengamos a iglesias de sana doctrina y reformadas, seguimos teniendo pasiones que combaten en nosotros, solo que se manifiestan de una manera distinta.

Apocalipsis 2:1-3

Yo conozco tus obras, tu fatiga y tu perseverancia, y que no puedes soportar a los malos, y has sometido a prueba a los que se dicen ser apóstoles y no lo son, y los has hallado mentirosos. Tienes perseverancia, y has sufrido por Mi nombre y no has desmayado. Pero tengo esto contra ti: que has dejado tu primer amor.

Si Éfeso estuviera hoy, sería una iglesia reformada modelo: trabajarían hasta el cansancio en el evangelismo, tendrían misiones en la sierra, ofrendas para plantación de iglesias — y también serían auténticos policías de sana doctrina, detectando arminianismo, pelagianismo. Habían permanecido por décadas en un ambiente hostil (ninguna de las iglesias representadas aquí tiene más de tres décadas). El problema de Éfeso no era la doctrina, ni la pereza, ni la organización — todo lo tenían en orden. El problema es que, aunque todo se veía bonito y perfecto, habían dejado de amar a Cristo.

Romanos 10:2-3

Porque yo testifico a su favor de que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento. Pues desconociendo la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios.

Podemos tener celo doctrinal, un testimonio ejemplar, una iglesia tremenda, y aun así no vivir centrados en el evangelio.

Cita de Paul Washer

“Si no tienes el evangelio correcto, no tienes el Cristo correcto.”

Idea clave

El gran problema es que la naturaleza caída, sin distinción, busca su propia gloria y rechaza el evangelio — y nuestras iglesias, no solo las de teología de la prosperidad, corren el mismo peligro.

II. El evangelio es necesario

Creo que el título de este punto está mal: no es que sea “necesario” — es imprescindible.

Romanos 1:18

Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen la verdad.

Juan 3:36

El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.

El evangelio es la única solución para librarnos de la ira de Dios — por eso predicamos el evangelio, oramos el evangelio, cantamos el evangelio. Y en segundo lugar, nada puede satisfacer jamás el alma humana fuera de Cristo.

Juan 6:35

Yo soy el pan de la vida; el que viene a Mí no tendrá hambre, y el que cree en Mí nunca tendrá sed.

Vivimos rodeados de comodidades —le echo agua al café, aprieto un botón y ya está— y esas comodidades no han podido llenar el alma. Nunca en la historia habíamos tenido tanto como sociedad, pero nunca habían existido niveles tan altos de depresión, estrés, soledad, suicidios, divorcios — porque el mundo puede buscar placeres, sexo, drogas, trabajo, dinero, videojuegos, pero nada satisface el alma más que Cristo. El evangelio no es solo la puerta de entrada; es el camino, lo que necesitamos cada día de nuestra vida.

Colosenses 1:22-23

Ahora Dios los ha reconciliado en Cristo en Su cuerpo de carne, mediante Su muerte, a fin de presentarlos santos, sin mancha e irreprensibles delante de Él. Esto Él hará si en verdad permanecen en la fe bien cimentados y constantes, sin moverse de la esperanza del evangelio…

Hasta tu último aliento vas a necesitar el evangelio de Cristo.

2 Pedro 1:9

Porque el que carece de estas virtudes es ciego o corto de vista, habiendo olvidado la purificación de sus pecados pasados.

Idea clave

El evangelio es necesario porque sin él todo esfuerzo humano fracasa, y es usado por Dios para santificar y sostener a Su pueblo — para crecer en santificación, dar fruto, sostener matrimonios, educar hijos, resolver conflictos. El mundo lo necesita, y la iglesia lo necesita.

III. La esencia del evangelio

Esta es una pregunta difícil de contestar rápido, pero la esencia del evangelio es que todo es para la gloria de Dios. Tú y yo estábamos totalmente perdidos e incapaces de salvarnos, y Dios, viendo nuestra condición, solo por Su gracia nos dio un Salvador — el único camino al Padre, solo Cristo, para que solamente por la fe pudiéramos ser salvos, para que al final toda la gloria sea solo para Dios.

Cita de Joel Beeke (citado por Miguel Núñez)

Si tenemos que reducir el calvinismo a un solo concepto, lo más seguro es hacer eco de Warfield, quien dijo que ser Reformado es ser Dios-céntrico.

IV. Arraigar mi identidad en Cristo

Para tener iglesias centradas en el evangelio necesitamos tener creyentes centrados en el evangelio. ¿Cómo? La vida es dura — y cuando vienes a Cristo no dejas de sufrir. Jesús mismo oró en Juan 17: “no te ruego que los quites del mundo.” Todos los que estamos aquí vamos a sufrir. Y el problema es que, cuando no estamos enraizados en el evangelio —como en la parábola del sembrador— las pruebas ahogan la planta. Me ha tocado ver personas con veinte o treinta años en una iglesia, con doctrina saludable, que ante el dolor de vivir en un mundo caído se apartan de la fe. No basta con estar arraigados en una iglesia o tener buena doctrina; necesitamos que nuestro corazón esté arraigado profundamente en el Señor.

Estas no son cosas que diseñé para predicar — son cosas que escribí para mí mismo. Son cuatro convicciones centrales que aplico a mi propia vida para procurar arraigarme en el evangelio:

Cuatro convicciones centrales

  1. Toda bendición, ya sea física o espiritual, temporal o eterna, procede del Padre por medio de Cristo a través del Espíritu Santo.
  2. Mi valor no se mide por mis logros ni se desvanece por mis errores; mi valor reside en el inmutable amor de Dios en Cristo.
  3. Dios no solo nos llama a vivir el evangelio, sino que por gracia nos capacita para hacerlo.
  4. Mis dones o habilidades son insuficientes para transformar mi corazón o el de otros; si anhelo ser de bendición, necesito depender totalmente de la persona y la obra del Espíritu.

1. La fuente de toda gracia

Santiago 1:16-18

Amados hermanos míos, no se engañen. Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación.

Todo lo bueno que tienes —el auto en que llegaste, el techo que tienes, lo que traes en la cartera— viene de Su gracia. Y las bendiciones eternas no se acaban de contar: hemos sido adoptados, santificados, perdonados, limpiados, redimidos.

Romanos 8:28-29

Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito. Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de Su Hijo…

Todo lo que ocurre en la vida de los creyentes es para nuestro bien — y el propósito no es que vivamos cómodos, sino que seamos hechos conforme a la imagen del Hijo. Pregúntate: ¿cómo debe afectar esta verdad la manera en que enfrento los retos de la vida (quedarme sin trabajo, un hijo en el hospital), los conflictos en la iglesia, mis propias carencias? ¿Qué puedo hacer para recordar esta verdad todos los días?

2. Identidad en Cristo

Mi valor no se mide por mis logros ni se desvanece por mis errores; mi valor reside en el inmutable amor de Cristo.

2 Corintios 5:14-15 (DHH)

El amor de Cristo se ha apoderado de nosotros desde que comprendimos que uno murió por todos y que, por consiguiente, todos han muerto. Y Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí mismos, sino para él, que murió y resucitó por ellos.

Todos tenemos cosas que nos hacen sentir orgullo —la belleza si eres joven, el dinero si lo tienes— pero el valor no puede venir de eso, ni de lo bien que uno pueda predicar, en el caso de los pastores.

3. El poder del evangelio

Dios no solo nos llama a vivir el evangelio, sino que por gracia nos capacita para hacerlo. Cada vez que la Escritura da un imperativo, antes hay un indicativo — los Diez Mandamientos no empiezan con un mandamiento, empiezan diciendo “Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto.” Cuando el Señor nos manda amar a nuestras esposas, no dice “les conviene” — dice ámenlas como Cristo amó, porque Él ya nos amó primero, y nos ha dado Su Espíritu para vivir en nosotros.

4. Somos canales, no fuentes

Sansón, Saúl y Salomón

Imagínate a Sansón como líder de jóvenes en una de nuestras iglesias — el ministerio estaría lleno. A Saúl como líder de alabanza — un galán, las reuniones estarían a reventar. A Salomón en el púlpito, con toda su sabiduría. Los tres tenían una habilidad sobrenatural dada por Dios, y los tres terminaron en la peor de las humillaciones. Tus dones, no importa cuáles sean, nunca van a ser suficientes — ni siquiera para ti mismo.

Lo que necesitamos es confiar en la gracia de Dios, confiar en que todas las cosas las hace Cristo por medio de Su Espíritu. Si queremos iglesias centradas en el evangelio, necesitamos ser creyentes que se arraigan cada día en la identidad de Jesús — eso se construye en los púlpitos, y los pastores tenemos una tremenda responsabilidad delante de Dios por eso, pero también se construye en la vida privada de cada quien, de rodillas, pidiéndole al Señor que nos ayude a enraizarnos en Cristo y Su evangelio.

Los reto a que lo hagamos así. Vamos a orar y después vamos a tener un descanso.

La grabación se corta abruptamente (“en la vida tenía que…”) justo cuando empieza la transición a la oración de cierre — no se conservó la oración final ni el resto del evento.