Introducción

19 Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, 20 por un camino nuevo y vivo que Él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, Su carne, 21 y puesto que tenemos un gran Sacerdote sobre la casa de Dios, 22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestro cuerpo lavado con agua pura. 23 Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es Aquel que prometió. 24 Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca.

Oración inicial

Señor Soberano, venimos ante ti con actitud de dependencia, de necesidad de ti. Señor, queremos venir a tu Palabra reconociendo que la necesitamos para nuestra vida, que necesitamos que tu Espíritu la tome y la traiga a nuestro corazón. Señor, yo me confieso como un hombre débil, como el primero con necesidad de tu Palabra; así que te ruego, mi Rey, que hoy tu Espíritu use mi debilidad para que tu pueblo pueda venir a tu palabra y ser edificado. Obra en medio de nosotros por tu gracia, tal y como tú lo prometiste, en el nombre de Jesús. Amén.

Ilustración: el Cerro del Borrego

Hace unos tres años, en la iglesia se empezó a mover algo con el ejercicio, y a mí se me prendió el foco: se me hizo que el siguiente iba a ser yo. Con una firme determinación empecé a hacer ejercicio — la última vez que había hecho algún deporte fue en la prepa, a los 18 años, jugando básquetbol; pasaron veinte años sin mover más músculo que los del control y el teclado.

Mi esposa siempre me motivaba a subir el Cerro del Borrego. La primera vez que lo subí me tardé casi una hora — la gente que hace ejercicio lo sube entre 12 y 15 minutos. Subiendo dije: “Señor, si me tienes que llevar, llévame, pero no vuelvo a subir.” Después de eso decidí que tenía que hacer ejercicio. Me costó mucho trabajo empezar — y a los pocos meses, sin experiencia, me lesioné la pierna, se me desgarró el tendón. Pensé: “¿Será que el Señor me está mandando un juicio por hacer ejercicio?” Estando lastimado, no quería que me vieran usando muletas, pero terminé aprendiendo a moverme con ellas; mi esposa me quería ayudar a levantarme y yo le decía que no.

Idea clave

Hay cosas que valen la pena y son difíciles de iniciar, fáciles de descuidar, sencillas de abandonar — pero cuando las quieres retomar, es muy difícil.

Seguir a Cristo entra en esa categoría. Él nos llama a entregarlo todo: a amar al prójimo, a amar a nuestros enemigos, a orar por quienes nos lastiman, a poner la otra mejilla — cosas que no hacemos de manera natural.

Cita — pastor alemán (Dietrich Bonhoeffer)

Jesús no nos exige nada sin darnos la fuerza para lograrlo. Los mandamientos de Jesús no tienen el fin de destruir la vida, sino más bien preservarla, fortalecerla y sanarla.

Y sin embargo, a veces lo olvidamos — así como el ejercicio o la lectura son fáciles de descuidar, también lo es nuestro tiempo de adoración, la motivación para el ministerio, o incluso seguir a Jesús. Esto es mucho más notable en tiempos de adversidad, cuando perdemos el enfoque y es fácil “tirar la toalla.”

Esta mañana veremos dos pasajes — Hebreos y 2 Timoteo — para ver cómo la gracia de Dios nos invita a responder en tiempos de adversidad.

I. Capacitados para permanecer y sostener (Heb 10:19-25)

Contexto

No sabemos con certeza quién escribió Hebreos, pero la iglesia que lo recibió no estaba precisamente de vacaciones: era una comunidad, probablemente de trasfondo mayormente judío, que enfrentaba presión — en el año 64 Nerón expulsó a los judíos de Roma y de otras grandes ciudades del imperio. Desde el principio, el autor presenta a un Cristo todosuficiente, mayor que Moisés, mayor que los ángeles, que ocupa el primer lugar en todo.

A. En Cristo tenemos acceso a la presencia de Dios

19 Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, 20 por un camino nuevo y vivo que Él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, Su carne, 21 y puesto que tenemos un gran Sacerdote sobre la casa de Dios,

El versículo 19 es contradictorio en el mejor sentido: los sumos sacerdotes tenían que cumplir un ritual complejo para poder entrar al Lugar Santísimo, donde habitaba la presencia de Dios (la shekiná), y entraban temiendo por su vida. Tú y yo tenemos el privilegio de entrar con confianza — habiendo sido rebeldes, podemos acceder a la presencia del Dios santo, por la sangre de Jesús, porque Él murió por nosotros y nos abrió un camino nuevo.

B. Nos fortalece para permanecer firmes

22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestro cuerpo lavado con agua pura. 23 Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es Aquel que prometió.

Los guardias de Buckingham

Esos soldados que están en la puerta del palacio de Buckingham, en Inglaterra, se mantienen firmes en cualquier condición, sin importar el clima ni las distracciones. Lo que ellos han vivido no se compara a lo que muchos de nosotros enfrentamos, y aun así el mensaje del texto es: mantente firme, sin vacilar. No dice “aguántame cinco minutos” — dice “entrale.”

Idea clave

Cristo no solo nos salvó de nuestros pecados, también nos capacitó para permanecer firmes — porque fiel es el que prometió.

Nos capacita para sostener a otros

24 Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca.

No basta con que tú permanezcas firme; nuestro papel como hijos de Dios y como miembros de esta iglesia local es estimular a otros — orando, amando, congregándonos. Vivimos en una sociedad individualista donde nos quejamos de que nadie nos saluda, en vez de preguntarnos si nosotros saludamos primero.

Idea clave

Cristo no solo nos salvó, Él nos capacitó para permanecer firmes y para ayudar a otros a permanecer firmes también.

II. Su gracia nos llama a esforzarnos (2 Tim 2:1-7)

Contexto

1 Tú, pues, hijo mío, fortalécete en la gracia que hay en Cristo Jesús. 2 Y lo que has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean capaces de enseñar también a otros. 3 Sufre penalidades conmigo, como buen soldado de Cristo Jesús.

Pablo escribe desde la cárcel Mamertina en Roma — un calabozo de aproximadamente cuatro por dos metros, con dos niveles, comunicados solo por un hueco circular de unos 70 centímetros; un lugar húmedo, frío, oscuro, apestoso, propicio para enfermedades. Pablo estuvo ahí probablemente unos dos años, y por eso le pide a Timoteo que le lleve su capa — tenía frío. En 2 Timoteo 4:16 dice que en su primera defensa nadie estuvo a su lado, todos lo abandonaron.

Timoteo, por su parte, era un hombre de unos 45 años pastoreando la complicadísima iglesia de Éfeso. Pablo le habla con ternura — “hijo mío” — y le ordena: fortalécete en la gracia.

A. La disciplina del soldado (v. 4)

4 El soldado en servicio activo no se enreda en los negocios de la vida diaria, a fin de poder agradar al que lo reclutó como soldado.

El soldado distraído

Imagina a un soldado en pleno combate cargando lujos, música, hamburguesas, jugando en su celular — no tendría sentido. Un soldado está para lo que está. La manera en que nosotros nos fortalecemos es poniendo nuestra mirada fija en Jesús, esforzándonos por Él.

B. El esfuerzo del atleta (v. 5)

5 También el que compite como atleta, no gana el premio si no compite de acuerdo con las reglas.

El que no toma su cruz y sigue en pos de Mí, no es digno de Mí.

C. El esfuerzo del labrador (v. 6)

6 El labrador que trabaja debe ser el primero en recibir su parte de los frutos.

El trabajo de campo es pesado; para que un labrador pueda disfrutar, primero tiene que trabajar. Como iglesia local estamos siendo llamados a esforzarnos por la gloria de Cristo — a elegir, cuando toca, la reunión de la iglesia sobre la caminata familiar del domingo.

Idea clave

Fortalecerse en la gracia implica un esfuerzo duro, todos los días, para la gloria de Cristo.

¿En qué nos fortalecemos?

Cuando pensamos en alguien fuerte, pensamos en un maratonista, un fisicoculturista, un soldado — pero el texto no nos llama a fortalecernos a nosotros mismos, sino en la gracia. La gracia se puede resumir como todo lo que Dios ha hecho en Cristo para librarnos del castigo y el dominio del pecado y transformarnos a Su imagen, para que gocemos de Él por la eternidad: Su vida, Su muerte, Su resurrección, la redención, la adoración, la salvación, la regeneración, y todo lo que sigue haciendo en nuestra vida por Su Espíritu.

Ser salvo por gracia significa reconocer que, sin importar cuántas buenas obras hagamos, jamás será suficiente para salvarnos — necesitamos un Salvador. Fortalecerse en la gracia significa reconocer cada día que lo que tú y yo tenemos es insuficiente.

5 Así dice el Señor: «Maldito el hombre que en el hombre confía, Y hace de la carne su fortaleza, Y del Señor se aparta su corazón. 6 Será como arbusto en lugar desolado Y no verá cuando venga el bien; Habitará en pedregales en el desierto, Una tierra salada y sin habitantes.

No importa la condición externa de nadie — cuerpo de atleta, dinero, edad, ropa nueva — seguiremos siendo insuficientes. Somos expertos en engañarnos a nosotros mismos.

Idea clave

El Dios de la Biblia no viene a decirnos “vamos campeón, tú puedes” — solo hay un campeón, y ese se llama Jesucristo.

La gracia es ofensiva porque implica entender que no tenemos nada y que toda la gloria es para el Señor — y todos queremos, aunque sea, un poquito de esa gloria. Pero también es gloriosa, porque si Dios lo hace todo, entonces no dependemos de nuestras limitaciones, sino de la provisión abundante de un Dios todopoderoso que entregó a Su Hijo por nosotros.

Y sin embargo el texto dice “fortalécete” — eso significa que no podemos permanecer pasivos. Pablo estaba en prisión, a punto de morir; Timoteo había sido llamado a una misión titánica, y seguramente tenía dudas. Lo que Pablo le está diciendo es: eres y siempre serás insuficiente; lo que necesitas es confiar activamente en la gracia de Dios.

La encomienda: encargar el evangelio a hombres fieles

Lo que Timoteo había oído desde niño es el evangelio — las buenas noticias de lo que Dios ha hecho en Cristo para redimir a los perdidos (1 Corintios 2:2, “nada me propuse saber entre ustedes excepto a Jesucristo, y este crucificado”). Ese tesoro no se esconde, se hace fructificar, encargándolo a otros — como un gerente al que se le confía un negocio y de quien se espera que lo administre bien.

El texto no dice “hombres perfectos” — esos no existen — pero tampoco dice “a cualquiera”: dice hombres fieles, que retienen la doctrina del evangelio y cuya vida lo refleja. Y lo que deben hacer es enseñarlo a otros. En el aposento alto había unos 120 discípulos; para el año 325, antes del edicto de tolerancia, se calculan siete millones de cristianos. Esa es la misma encomienda para esta iglesia — una iglesia más pequeña, con menos años, sin todavía reunión de hombres ni de mujeres ni de niños — pero llamada a que el evangelio siga siendo proclamado con fidelidad doctrinal y de vida.

El llamado a sufrir con Cristo

3 Sufre penalidades conmigo, como buen soldado de Cristo Jesús.

12 Y en verdad, todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, serán perseguidos.

¿Por qué Dios nos llama a sufrir? ¿Acaso es sádico? No: Dios no está satisfecho solo con perdonarnos — Su compromiso no es que “lleguemos terceros de panzazo”. Él quiere saturar nuestra vida de Su presencia, Su amor, Su gozo, Su gracia.

Cita — C.S. Lewis

Dios nos susurra a través de los placeres, nos habla en nuestra conciencia, pero nos grita en medio del dolor.

Dios nos llama de este modo porque seguimos estando sordos. Así como usó la prisión de Pablo, el circo romano para Policarpo, o la hoguera para John Huss, usa nuestros sufrimientos para recordarnos que somos insuficientes y dependemos de Su gracia — y es ahí, al confesarnos insuficientes, donde podemos recibir Su poder, Su amor, Su gracia.

Nota pastoral, dicha directamente a la congregación: esta iglesia local está pasando y va a pasar momentos difíciles — y en ese momento, una hermana amada de la iglesia estaba en agonía, gravemente enferma. El predicador se dirigió a la congregación reconociendo ese dolor real y presente, señalando que es precisamente en el sufrimiento donde recordamos que no somos suficientes y necesitamos un Salvador que nos sostenga.

III. La esperanza de fortalecerse (2 Tim 2:8-13)

8 Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David, conforme a mi evangelio, 9 por el cual sufro penalidades, hasta el encarcelamiento como un malhechor. Pero la palabra de Dios no está presa. 10 Por tanto, todo lo soporto por amor a los escogidos, para que también ellos obtengan la salvación que está en Cristo Jesús, y con ella gloria eterna. 11 Palabra fiel es esta: Que si morimos con Él, también viviremos con Él; 12 Si perseveramos, también reinaremos con Él; Si lo negamos, Él también nos negará; 13 Si somos infieles, Él permanece fiel, pues no puede negarse Él mismo.

Somos propicios a olvidar lo que a Jesús le costó nuestra salvación — la cruz, la ira de Dios — y que Él ya venció y está reinando. Aunque era el Rey prometido, digno de honor y gloria, soportó la humillación por nosotros; si Cristo sufrió siendo Rey, ¿qué esperamos nosotros?

Nuestra esperanza no es evitar la muerte, sino Su promesa de resurrección — que Él está reinando y que reinaremos con Él (compárese Juan 14: “no se turbe vuestro corazón… en la casa de mi Padre muchas moradas hay”). El versículo 12 deja también una advertencia: negarlo habla de un apartamiento de Cristo que hace evidente que esa persona nunca lo conoció de verdad — no se trata de perder la salvación, sino de que el creyente auténtico permanece hasta el final.

Y al final hay una nota de gracia: todos somos infieles en algún grado, no hay nadie perfecto — pero si somos infieles, Él permanece fiel.

Conclusión

Dios nos está llamando para algo más grande que hacer dinero, tener una buena figura, cumplir metas, o educar bien a los hijos. Tampoco nos llamó solo para lamentarnos de nuestras desgracias — enfermedad, escasez, las pruebas con la familia que Dios nos dio. Nos llamó para que nos fortalezcamos en Su gracia, para que día tras día vivamos creyendo y recordando que no somos suficientes y necesitamos del Salvador.

Cita — Dietrich Bonhoeffer, El precio de la gracia

La gracia costosa es el tesoro escondido en un campo, por la cual un hombre va y con gusto vende todo lo que tiene; es la perla de gran precio, por la cual un comerciante da todo cuanto posee. Es el real reino de Cristo, por cuyo bien el hombre quita todo cuanto moleste a sus ojos, todo aquello que le haga tropezar; es el llamado de Jesucristo, ante el cual el discípulo deja su red y le sigue. Es costosa porque nos llama al discipulado, a seguir a Cristo Jesús. Es costosa porque cuesta al hombre su vida, y es gracia porque ella le da en cambio la verdadera vida. Es costosa porque condena el pecado, y es gracia porque justifica al pecador arrepentido. Y por encima de todo es costosa porque le costó a Dios la vida de Su Hijo — «habéis sido comprados por precio» (1 Corintios 6:20) — y no podemos abaratar aquello que ha sido tan costoso para Dios.

Si estás escuchando este mensaje y sabes que no eres suficiente: reconoce tus limitaciones delante de Dios, reconoce que no tienes la fuerza para reinar tu propia vida ni para crecer en santificación por ti mismo, reconoce que necesitas el poder del Espíritu. Confiesa tu propia debilidad, tus temores, tu debilidad frente al pecado. Pero también confía en la resurrección y espera Su venida.

Cita — Martín Lutero

Tenemos que creer, vivir, amar y trabajar como si Jesucristo hubiera muerto ayer, hubiera resucitado hoy, y como si fuera a venir mañana.

Sé fiel en tu búsqueda personal de Dios, no cedas al mundo, prepárate para el sufrimiento — ser fiel implica sufrimiento, y cada iglesia local pasa momentos de sufrimiento. Pero eso también implica valorar la iglesia: entender que esta iglesia local, con todos sus errores y problemas, es una manifestación de la gracia. El Señor nos está llamando a fortalecernos en Su gracia para llevar el evangelio a otros.

Oración final

La grabación termina con el predicador invitando a la congregación a cerrar los ojos para orar. El audio se degrada notablemente en las últimas frases — el habla se vuelve entrecortada e ininteligible en varios tramos — así que no se transcribe la oración completa para no inventar palabras que no se distinguen con claridad; se alcanza a reconocer que ora reconociendo la insuficiencia de la congregación para criar a los hijos, servir y perseverar, y pidiendo que el Señor los llame a esforzarse en Su gracia por la misma razón por la que Cristo se entregó hasta la muerte.