Introducción

Ilustración: los anaqueles vacíos

Google Photos me manda notificaciones de “recuerdos de hace tantos años”, y hace unos meses me mostró una foto que le mandé a mi esposa hace cinco años, cuando fui a comprar al súper y no encontré arroz ni frijol — recordarán ese momento de la pandemia. El papel higiénico no me preocupaba —hay periódico, hay libretas—, pero cuando vi los anaqueles vacíos de granos, por unos instantes sentí una lucidez: todo lo que necesitamos para vivir —las bolsas del súper, el aceite, el agua— no depende, en última instancia, de fábricas o transportistas. Podías tener dinero, pero si no había qué comprar, ¿cómo le hacías? Todo depende de la generosa provisión de Dios por medio de Su creación.

Conexión con el sermón

Cuando el pueblo de Israel ofrecía una ofrenda de cereal, no lo hacía como una ceremonia vacía, sino como un tributo voluntario de gratitud al Dios que había provisto los granos, la lluvia, la tierra y el trabajo de sus manos — una manera de decir “nada de esto es mío, todo es tuyo, Señor”. Hoy, en Cristo, ese tributo toma un nuevo significado, porque Cristo fue el tributo perfecto, ofrecido por Dios mismo. El sermón de hoy se llama “Un tributo al proveedor de todo”. La semana pasada vimos el holocausto, que se quemaba por completo como entrega total a Dios; hoy vamos a ver la ofrenda de cereal.

Argumento

Ya que Cristo fue el tributo perfecto, podemos responder ofreciéndole lo mejor de nuestro trabajo en adoración y gratitud.

I. El Rey invita a traer un tributo

A. El cereal como un tributo (v. 1)

“Cuando alguien ofrezca una ofrenda de cereal como ofrenda al Señor…

Nota que no hay ningún requisito — “cuando alguien ofrezca” señala que era voluntario. La palabra hebrea que traducimos “ofrenda de cereal” es minjá. En otros pasajes esa misma palabra se traduce “regalo”: cuando Jacob, huyendo de regreso a ver a su hermano Esaú, le manda delegaciones con minjás; cuando los hermanos de José le llevan una minjá al gobernador de Egipto sin saber que era su hermano; cuando el rey de Aram manda a su siervo a buscar a Eliseo con una minjá.

Idea clave

Un minjá es un regalo que das voluntariamente a alguien superior.

Pero minjá también se usa, y este es su uso más extendido en el Antiguo Testamento, como “tributo” — lo que un pueblo conquistado debía pagarle a un rey, obligatoriamente. En Jueces 3, Aod le lleva un minjá al rey Eglón; los moabitas le pagaban tributo a David después de ser conquistados; los filisteos le pagaban minjá a Salomón.

Idea clave

Un minjá es un tributo que un Rey demanda.

Idea clave

El Señor se presenta como Rey y dueño de toda la creación, pero no obliga a Su pueblo a tributar, lo invita a hacerlo voluntariamente.

Para nosotros, ¿cuánto vale un kilo de harina? Unos veinte pesos — vas al súper y ya. Un hombre llamado Andy George quiso preparar una hamburguesa cultivando él mismo cada ingrediente: sembró su propio trigo, ordeñó su propia vaca, sacó sal del mar, crió sus propias gallinas. Le tomó seis meses y le costó mil quinientos dólares. Nosotros tenemos todo al alcance de la mano; en la antigüedad, para tener un kilo de harina había que sembrar el trigo y molerlo — trabajo duro, en un clima mucho más seco que el nuestro. Traer una ofrenda de cereal representaba meses de trabajo. Y recuerda, Israel estaba en el desierto — traer ese tributo era un acto de fe.

Idea clave

Para los israelitas en el desierto presentar un tributo de cereal implicaba reconocer a Dios como el Rey que provee a su pueblo de sus necesidades.

B. La ofrenda de flor de harina

1 “Cuando alguien ofrezca una ofrenda de cereal como ofrenda al Señor, su ofrenda será de flor de harina, sobre la cual echará aceite y pondrá incienso. 2 Entonces la llevará a los sacerdotes hijos de Aarón; y el sacerdote tomará de ella un puñado de la flor de harina, con el aceite y con todo su incienso, y el sacerdote la quemará como memorial sobre el altar. Es una ofrenda encendida de aroma agradable para el Señor. 3 El resto de la ofrenda de cereal pertenece a Aarón y a sus hijos. Es cosa santísima de las ofrendas encendidas para el Señor.

La flor de harina era harina selecta, accesible pero un lujo. No se especifica cantidad — podías traer medio kilo o un costal. El aceite, de oliva, tampoco se compraba en la tienda: había que exprimir las aceitunas. Y el incienso —la resina, no varitas— era importado y costoso; no se mezclaba con la harina, se colocaba encima. Esta ofrenda representaba que a Dios no se le puede ofrecer cualquier cosa: hay que ofrecer lo mejor, con esfuerzo y trabajo duro.

Imagínate a la persona llegando con su bol de barro a la entrada del tabernáculo; el sacerdote tomaba solo un puñado de la harina y todo el incienso, y lo quemaba — el resto se lo quedaban los sacerdotes.

Idea clave

Este tributo incluía productos exclusivos, como incienso fino, cuyo costo reflejaba la gratitud del ofrendante.

Se quemaba como “memorial” — para que los israelitas recordaran que, aunque era su trabajo, lo que tenían en la mesa era porque Dios permitía que la tierra siguiera dando fruto; no hay otra explicación. Si mañana enfermas y ya no puedes producir, ¿de qué te sirve el dinero acumulado?

C. Las ofrendas de harina cocida

¿Y si la persona no tenía para el incienso? Podía traer una ofrenda cocida al horno —flor de harina con aceite, sin levadura—; un horno metálico también era costoso, así que si no tenías horno, podías traerla cocida en sartén de cobre o bronce; y si tampoco tenías sartén, en una cazuela de barro.

Idea clave

Quien no podía traer incienso, ofrecía lo mejor que tenía: su trabajo, su tiempo y su dedicación, preparando tortas cocidas como un tributo de gratitud al Rey.

En todos los casos, el resultado era el mismo: una ofrenda agradable a Dios.

D. El sustento de los sacerdotes (v. 3 / 10)

“El resto de la ofrenda de cereal pertenece a Aarón y a sus hijos. Es cosa santísima de las ofrendas encendidas para el Señor.”

Los sacerdotes trabajaban todo el día en el altar —mitad pastores, mitad carniceros, mitad asadores— y el Señor sostenía a sus siervos por medio de la adoración generosa del pueblo.

1 Corintios 9:13–14 (NBLA)

¿No saben que los que desempeñan los servicios sagrados comen la comida del templo, y los que regularmente sirven al altar, del altar reciben su parte? 14 Así también ordenó el Señor que los que proclaman el evangelio, vivan del evangelio.

Pablo conecta este principio con el sustento de los ministros del evangelio — no es un derecho ni una exigencia, sino un acto de gracia; y sin embargo la Escritura sí manda compartir con quienes nos instruyen en la Palabra (Gálatas 6:6). Yo, como pastor, recibo un salario fijo de la iglesia, y este pasaje me llama a recibirlo con responsabilidad y temor. Un compañero del seminario, casado y con tres hijos, decía del dinero que su iglesia le enviaba: “esta es la ofrenda de los santos, tengo que usarla con responsabilidad”. Para ti, como miembro, no debería ser una carga, sino una oportunidad de participar en la misión del evangelio.

Idea clave

Cuando sostenemos a quienes sirven a tiempo completo, estamos participando de un acto de adoración.

E. Otras reglas para el sacrificio (vv. 11–16)

“Ninguna ofrenda de cereal que ustedes ofrezcan al Señor será hecha con levadura, porque no quemarán ninguna levadura ni ninguna miel como ofrenda encendida para el Señor.

Aquí en la mesa del Señor hemos comido un pan judío sin levadura, matzo — no es muy agradable, tieso, sin el sabor rico que produce la fermentación de la levadura y el azúcar (que, por cierto, también genera alcohol). El pan que de verdad nos gusta es el esponjoso, con azúcar. Pero el que pone las reglas de la adoración no eres tú ni soy yo, ni lo que nos gusta.

Idea clave

La adoración aceptable no se define por el gusto humano, sino por la instrucción divina.

Además, toda ofrenda de cereal tuya sazonarás con sal, para que la sal del pacto de tu Dios no falte de tu ofrenda de cereal; con todas tus ofrendas ofrecerás sal.

La sal, en el Antiguo Testamento, no era solo condimento —de hecho no se usó como tal hasta el año 800 después de Cristo— sino que se usaba para sellar pactos: cuando dos partes cerraban un trato, comían juntas y ponían sal como quien firma un contrato. Dios le está recordando al pueblo: yo estoy en pacto contigo, te cuido, te protejo; pero tú también estás en pacto conmigo.

Idea clave

Dios no solo quiere tu tributo superficial, sino la intención de cumplir el pacto.

14 “Pero si ofreces al Señor una ofrenda de cereal de los primeros frutos, ofrecerás espigas verdes tostadas al fuego, granos tiernos desmenuzados, como ofrenda de cereal de tus primeros frutos. 15 Luego echarás aceite y pondrás incienso sobre ella. Es una ofrenda de cereal. 16 Y el sacerdote quemará como memorial parte de los granos desmenuzados, con su aceite y con todo su incienso. Es una ofrenda encendida para el Señor.

Cuando yo trabajaba en el IMSS, llegaba “la segunda de julio” —un bono como las utilidades— y la mayoría de los compañeros, al día siguiente, ya no tenían nada, porque se iba en tarjetas y deudas. La ofrenda de primeros frutos era distinta: lo primero que brotaba en la cosecha, espigas verdes todavía sin madurar, se lo llevaban al Señor antes de saber si el resto sería abundante.

Idea clave

La adoración verdadera comienza cuando damos a Dios lo primero, no lo que sobra.

Resumen

Idea clave

El Señor invita a Su pueblo a ofrecer voluntariamente lo mejor del fruto de su trabajo como tributo de gratitud por Su provisión y salvación.

Pero este tributo no fue el final de la historia — apuntaba hacia un tributo mucho mayor, ofrecido no por el pueblo, sino por el mismo Rey.

II. El Rey se entregó como el mejor tributo

A. ¿Por qué es tan difícil entregar lo mejor de nuestro trabajo?

Si hay un equivalente en el Nuevo Testamento a la ofrenda de cereal, es nuestra ofrenda de dinero. A veces, si soy franco, traigo el billete más chico que tengo — o me da gusto encontrar uno más pequeño en la cartera.

Génesis 4:3–4

Al transcurrir el tiempo, Caín trajo al SEÑOR una ofrenda del fruto de la tierra. 4 También Abel, por su parte, trajo de los primogénitos de sus ovejas y de la grasa de los mismos. El SEÑOR miró con agrado a Abel y su ofrenda,

La diferencia entre Caín y Abel no es que uno trajera animales y el otro vegetales —aquí mismo en Levítico Dios acepta ofrendas de cereal—. La diferencia es que Abel trajo lo mejor, y Caín simplemente “trajo algo”. El Señor miró con agrado a Abel, pero no a Caín.

Idea clave

Dios no ve solo la ofrenda: ve si nuestro corazón considera Su dignidad como lo primero.

¿Por qué nos cuesta tanto dar lo mejor?

Primero, porque vivimos cansados. El domingo es el único día que nos permitimos dormir hasta tarde; después de una semana agotadora, lo único que le damos a Dios es energía residual —mi reloj mide mi “batería corporal”, y en la mañana traigo apenas 16%, casi nunca subo de 30—. Es como prometerle a tu esposa una cena especial y, cuando llega el momento, servirle dos maruchan con mayonesa porque estás muy cansado. ¿Qué le dice eso?

Segundo, porque estamos acostumbrados a lo práctico — queremos que algo nos funcione, nos sirva; pero Dios no quiere algo práctico, quiere algo que nazca del amor. Es como comprarle a tu esposa, porque se te olvidó su cumpleaños hasta las siete de la noche, un chocolate de la tienda de la esquina — no es el chocolate lo que importa, es la ausencia de intención.

Tercero, porque somos tentados a reservar lo mejor para nosotros — como guardar una botella de vino especial “para una ocasión” que nunca llega, porque en el fondo no la quieres compartir. Y en cuanto al diezmo, muchos decimos “eso es del Antiguo Testamento, muy legalista” y damos menos.

Cuarto, porque confundimos adoración con rutina. Y quinto, porque dar lo mejor implica intención, sacrificio y vulnerabilidad — entregar lo mejor no es natural, va en contra de nuestra comodidad y nuestro egoísmo.

Idea clave

Entregar lo mejor no es natural: es un acto contra la comodidad, el olvido y el egoísmo. Solo lo logra quien se ha asombrado con el tributo que Dios ya entregó.

B. Cristo no solo entregó lo mejor de Su trabajo, sino Su propia vida

A lo largo de Su ministerio, Cristo no se dio a medias — recorría las ciudades sanando y enseñando, oraba noches enteras. Cada enseñanza, cada milagro, cada paso hacia Jerusalén, fue una expresión perfecta del trabajo que el Padre le encomendó.

Idea clave

Él no dio lo que sobraba de Su tiempo… dio todo de sí.

Jesús les dijo: «Yo soy el pan de la vida; el que viene a Mí no tendrá hambre, y el que cree en Mí nunca tendrá sed.

El Señor ya no nos manda a traer nuestra harina o a preparar nuestras tortas — Él mismo se hizo pan y se entregó por nosotros, no solo para calmar el hambre del momento, sino el hambre eterna.

Lucas 22:19 (NBLA)

Y tomando el pan, después de haber dado gracias, lo partió, y les dio, diciendo: «Esto es Mi cuerpo que por ustedes es dado; hagan esto en memoria de Mí».

Cristo es ese minjá, ese regalo a Dios, sin defecto, sin reservas, entregado voluntariamente y por amor.

Idea clave

Cristo no solo nos mostró cómo ofrecer lo mejor: Él fue el tributo perfecto que hace aceptable nuestra adoración.

Argumento

Cristo fue el tributo perfecto, respondamos ofreciéndole lo mejor de nuestro trabajo en adoración y gratitud.

Conclusión

No estás obligado a venir a la iglesia, ni a orar todos los días, ni a darle a Dios lo mejor de tu trabajo — pero el Señor, al darlo todo por nosotros, nos pregunta: ¿cómo vas a responder? Muchas veces somos tacaños, no solo con el dinero, sino con el tiempo — dos horas en Netflix pasan volando, dos horas de rodillas ni las recordamos.

Aplicacion

  • Reconoce con humildad la fuente de todo lo que tienes — la ropa, la casa, la comida — y que la oración por los alimentos no se convierta en un ritual vacío; hazlo con tus hijos, para que sepan que lo que hay en la mesa viene, en primer lugar, de Dios.
  • Vive asombrado por el tributo que Dios ofreció — no dejes que la muerte de Cristo por ti se vuelva algo familiar.
  • Examínate: ¿por qué te cuesta dar lo mejor? ¿Miedo, flojera, o simplemente falta de amor a Dios?
  • Aparta tu ofrenda anticipadamente, como principio del Nuevo Testamento, y comunícaselo a tus hijos — cómo se reparte el ingreso familiar entre renta, comida, lo que se da al Señor — porque la manera en que ofrendamos sí refleja lo que atesoramos.

Si estás aquí de visita: todo lo que tienes es un regalo de Dios, y el mayor regalo que puedes recibir no es tu casa ni tu coche — es Cristo mismo. No se trata de lo que tú puedas darle a Dios, sino de que Él ya se entregó por ti.

Cristo fue el tributo perfecto. Respóndele dando lo mejor.

Ahí donde estás, cierra tus ojos y vamos a orar. Señor, tú eres nuestro proveedor…