Introducción

Rey soberano y todopoderoso, me acerco ante ti como un hombre débil, rogándote que uses mi debilidad — no porque tenga nada de especial, sino por tu gracia y por amor a tu iglesia reunida, que ha venido a buscarte a ti, a buscar tu palabra, a buscar tu gracia. Así que todos nosotros nos sometemos a la dirección de tu Espíritu Santo, empezando por mí, un hombre débil, pero con una palabra que es viva y eficaz. Que hoy tu palabra hable, en el nombre de Jesús. Amén.

1 El Señor le dijo a Moisés: 2 «Dirás también a los israelitas: “Cualquiera de los israelitas, o de los extranjeros que residen en Israel, que entregue alguno de sus hijos a Moloc, ciertamente se le dará muerte; el pueblo de la tierra lo matará a pedradas. 3 Yo pondré Mi rostro contra ese hombre y lo exterminaré de entre su pueblo, porque ha entregado de sus hijos a Moloc, contaminando así Mi santuario y profanando Mi santo nombre. 4 Pero si el pueblo de la tierra cierra sus ojos con respecto a ese hombre, cuando él entregue alguno de sus hijos a Moloc, y no le da muerte, 5 entonces Yo mismo pondré Mi rostro contra ese hombre y contra su familia; y lo exterminaré de entre su pueblo, a él y a todos los que con él se prostituyan, prostituyéndose en pos de Moloc. 6 “En cuanto a la persona que vaya a los adivinos o a los espiritistas, para prostituirse en pos de ellos, también pondré Mi rostro contra esa persona y la exterminaré de entre su pueblo.

Ilustración: mi padre y el veneno

Fui niño en los años 80 — una época preciosa para ser niño. Uno de mis recuerdos es que en mi casa mis padres tenían una revista de primeros auxilios y peligros dentro del hogar. Yo todavía no sabía leer, y recuerdo que mi papá, que siempre ha sido muy cuidadoso con las cosas de seguridad, me enseñaba esa revista: qué hacer con una quemadura, con los alacranes, las tarántulas. Pero una de las cosas que recuerdo muy bien es qué hacer con los venenos. Hay un símbolo que sale en los frascos de veneno, y mi papá era muy enfático: donde esté ese símbolo, ni te acerques, porque si lo tomas te puedes morir.

Dios es igualmente cuidadoso cuando hablamos del pecado. Si pusiste atención a la lectura del pasaje, te vas a dar cuenta de que puede sonar, para nuestros oídos del siglo XXI, extremista, intolerante, retrógrado — porque lo que el Señor está diciendo es que cuando alguien cometía una lista de pecados, se le tenía que matar a pedradas. Este mensaje lo he titulado La sentencia del pecado y la provisión del evangelio. Vamos a ver tres puntos en Levítico 20, no secuencialmente por cuestión de tiempo, sino saltando entre versículos aislados — te invito a que lo leas completo en casa. Primero veremos la sentencia contra el pecado, luego el llamado de Dios a la santidad, y después la provisión del evangelio.

I. La sentencia contra el pecado

Idea clave

Donde hay pecado, hay sentencia — en este pasaje y en toda la historia de la redención, donde hay pecado siempre hay una sentencia de parte de Dios. No importa en qué página de la Biblia estés, donde hay pecado hay un castigo de parte de Dios.

A. Pecados contra Dios

Idolatría

El primer pecado que aparece, en los versículos 1 y 2, es la idolatría — entregar un hijo a Moloc. Moloc era una deidad pagana, algo así como el rey de los infiernos en la cosmovisión cananea, con fama de ser muy milagroso — especialista en las causas difíciles.

27 Entonces tomó a su hijo primogénito que había de reinar en su lugar, y lo ofreció en holocausto sobre la muralla. Y hubo gran ira contra los israelitas, quienes se apartaron de allí y regresaron a su tierra.

Cuando la Biblia dice que entregaban a sus hijos a Moloc, no habla de llevarlos al templo con un trajecito: cuando había un problema muy grande, se subía a un niño a la montaña más alta, se le degollaba, se derramaba su sangre y se le quemaba. Todo esto no es más que una forma extrema de religión por obras: “dale a Dios, y Dios te dará.” Esa es la lógica de cualquier culto pagano — si quieres un milagro, entregas algo y el dios o el santo te lo da.

Idea clave

El evangelio nos enseña que todo lo que Dios da, lo da por gracia. Tú no tienes nada que darle a Dios; tú te acercas y Él te da, te provee, te bendice.

Esa mentalidad de “si oro más, Dios me lo va a dar”, “si doy más, Dios me va a bendecir más”, “si sufro más, Dios me va a recompensar más” también se infiltra en la mente cristiana, y no es correcta.

Una hija hospitalizada

Recuerdo las veces que mi hija estuvo hospitalizada, cuando uno va con Dios y le dice: “Señor, por favor, sana.” Muchas veces yo veía que el Señor no me respondía cuando yo quería. Y no faltan quienes te ofrecen: “si tu Dios no te responde, ponle una veladora a fulano.” Pero lo que estos ídolos siempre piden es algo a cambio. La Biblia dice que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta, y si Él no sana, no provee o no da como tú quieres, lo que debes decir es: “Señor, yo confío en ti, tú nunca te equivocas, tú eres fiel, tú eres bueno.”

Espiritismo

27 “Si hay adivino o espiritista entre ellos, hombre o mujer, ciertamente se les dará muerte…

Saúl es el mejor ejemplo de para qué se usaban los espiritistas.

26 Pero Samuel respondió a Saúl: «No volveré contigo; porque has desechado la palabra del Señor, y el Señor te ha desechado para que no seas rey sobre Israel».

6 Y Saúl consultó al Señor, pero el Señor no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas. 7 Entonces Saúl dijo a sus siervos: «Búsquenme una mujer que sea adivina para ir a consultarla»…

Saúl desobedeció a Dios, y Dios lo desechó — y cuando el hombre rechaza a Dios y a Cristo, le queda un hueco en el corazón que sigue necesitando a Dios, así que busca la palabra de Dios en otros lugares: horóscopos, energías, “el universo”, o predicadores falsos que confirmen sus deseos en vez de confrontar su pecado. Alguna vez vino un hombre, casado, que me dijo que se quería divorciar para casarse con otra persona, siendo ambos creyentes — me preguntó qué enseña la Biblia. Le dije lo que dice la Biblia, y no lo volví a ver en la iglesia; después supe que se había casado con esa persona en otra congregación. Eso es adivinación contemporánea: si no te gusta lo que Dios te dice, buscas a alguien que te diga lo que quieres escuchar.

B. Pecados contra el prójimo

Deshonra a los padres

9 “Todo aquel que maldiga a su padre o a su madre…

Maldecir incluye ofender, desobedecer, despreciar, deshonrar. Es especialmente grave porque los padres son la primera autoridad con la que el ser humano se encuentra, antes de tener un jefe, antes de entender que existe Dios.

11 Hay gente que maldice a su padre, Y no bendice a su madre.

30 detractores, aborrecedores de Dios, insolentes, soberbios, jactanciosos, inventores de lo malo, desobedientes a los padres…

Cuando leo “inventores de lo malo” pienso en alguien como Hitler, que inventó maneras de matar a millones de personas — y justo al lado la Escritura pone a los desobedientes a los padres. Una persona que maldice a su padre y a su madre ha perdido todo sentido de autoridad, y si no se sujeta a sus padres, tampoco se va a sujetar a Dios. Si tienes hijos, no consientas que te ofendan — no por orgullo personal, sino porque tú eres la autoridad que Dios les puso; y si has perdido su respeto, gánalo siendo consistente con lo que dices, mostrando primero amor y ejerciendo disciplina bíblica. Porque cuando se pierde el respeto por la autoridad, se abre la puerta a una vida sin frenos — de hecho, eso es lo que sigue en el texto.

Inmoralidad sexual

10 “Si un hombre comete adulterio con la mujer de otro hombre… el adúltero y la adúltera ciertamente han de morir.

El resto de Levítico 20:10 en adelante habla de pecados de naturaleza sexual: infidelidad, incesto (tener relaciones o casarse con un familiar cercano), homosexualidad, y termina con el bestialismo. Todo esto, para nuestra sociedad, es visto como normal — el que no engaña a su esposa es visto como un tonto, y la idea de “puedo hacer con mi sexualidad lo que yo quiera” es lo que el mundo nos ha metido.

1 Tesalonicenses 4:3-4

3 Porque esta es la voluntad de Dios: su santificación; es decir, que se abstengan de inmoralidad sexual; 4 que cada uno de ustedes sepa cómo poseer su propio vaso en santificación y honor.

En la Biblia el sexo y la adoración van juntos. Dios diseñó nuestra fisiología, y diseñó lo que ocurre físico, químico y hormonalmente durante el acto sexual para que fuera gloriosamente placentero — como una expresión de amor y entrega en una relación de pacto, es decir, en el matrimonio, porque el matrimonio bíblico refleja el evangelio.

El diseño no fue un accidente

Dios hubiera podido hacer que nos reprodujéramos de otra manera — hay animales en el mar, como la esponja, que si se parten en dos ya son dos esponjas; las bacterias se reproducen por mitosis. Pero Dios no lo hizo así. Diseñó el sexo con sabiduría para que reflejara Su gloria — en el acto sexual, dentro del matrimonio, un hombre y una mujer se entregan para el bien y el disfrute del otro. Eso refleja el evangelio, la entrega completa de Cristo por nosotros, y es —aunque suene raro decirlo así— una sombra pequeñita del deleite que existe dentro de la Trinidad por siempre: el Padre deleitándose en la belleza del Hijo.

Cuando alguien usa ese regalo de Dios con propósitos egoístas, está ofendiendo a Dios, porque la sexualidad es un altar — solo puedes adorar a Dios o adorarte a ti mismo. Todas las inmoralidades sexuales también ofenden a otra persona: el adulterio ofende al cónyuge traicionado; el incesto, a la familia; y si hay descendencia, también a los hijos, que pagan las consecuencias. El pecado sexual promete placer, pero genera esclavitud — incluso la pornografía, que consiste en ver a personas creadas a imagen de Dios cometiendo actos pecaminosos y deleitarse en eso, y que normalmente conduce a la masturbación: “no me importa nadie más que mi propio deleite.”

C. La sentencia

ciertamente se le dará muerte; el pueblo de la tierra lo matará a pedradas.

28 Cualquiera que viola la ley de Moisés muere sin misericordia…

23 Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Alguien podría decir: qué drástico, qué cruel es ese Dios que no nos deja ser libres. Pero lo que Dios está haciendo es protegiendo a su creación — como un padre que ve a su hijo acercarse a un frasco de cianuro: no le dice “pásale, agárralo”, sino que lo aparta, aunque lo lastime, porque quiere salvarle la vida. Si alguien pensara “pobrecito, su problema era muy grande, ya sacrificó un hijo a Moloc, tiene otros veinte, tranquilo” — no, aquí no hay alternativa: si alguien violaba uno de estos mandamientos, moría, sin excepción.

Pero lo más terrible está en el versículo 3: “Y pondré Mi rostro contra ese hombre.” Cuando te enfrentas a una persona enojada no quieres verle el rostro — pero si esa persona que pone su rostro en tu contra es Dios…

16 El rostro del Señor está contra los que hacen mal, Para cortar de la tierra su memoria.

18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres…

Dios además hace una advertencia al pueblo: no pueden hacer un pacto de silencio entre ellos (“si tú no dices nada de lo mío, yo no digo nada de lo tuyo”). Si el pueblo cerraba los ojos ante el pecado de alguien, Dios mismo se encargaría de la sentencia, contra el pecador y contra quien lo encubriera.

D. ¿Por qué hace Dios este decreto?

¿Por qué es Dios tan aguafiestas? ¿Por qué no nos deja disfrutar nuestra sexualidad como queramos, o elegir otros dioses? El pecado atenta contra la naturaleza de Dios.

3 Santo, Santo, Santo es el Señor…

Hay cosas que tú y yo no podemos tocar sin morir — hay derivados del mercurio que si te tocan la ropa, hasta ahí llegaste, porque son contrarios a nuestra naturaleza. El pecado no puede hacer nada contra Dios; como Dios es muchísimo más poderoso, el pecado siempre es castigado delante de Él. Tenemos un problema en las iglesias donde hablamos tanto de la gracia que podemos minimizar el pecado — “no pasa nada, Dios ya me perdonó” — pero Hebreos nos llama a luchar contra el pecado.

En segundo lugar, el pecado produce muerte eterna.

Apocalipsis 21:8

8 Los cobardes, incrédulos, abominables, asesinos, inmorales, hechiceros, idólatras y todos los mentirosos tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y azufre.

34 …todo el que comete pecado es esclavo del pecado.

Y todo pecado esclaviza y genera muerte — no solo las adicciones, aunque son el ejemplo más evidente.

15 …cuando el pecado es consumado, engendra muerte.

Si practicas un pecado, estás sembrando muerte en tu familia, en tu círculo, en tu iglesia — relaciones que mueren, matrimonios que mueren, corazones que mueren en vida. Y la evidencia más grande de cuánto aborrece Dios el pecado es que estuvo dispuesto a cargar su sentencia sobre Su propio Hijo.

21 Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él.

El Dios de la Escritura no es un Dios distante que juzga desde su trono: es un Dios que nos ama tanto que estuvo dispuesto a hacerse hombre y cargar sobre sus hombros la sentencia que nosotros merecíamos, para librar a todo el que cree.

II. El llamado a la santidad

7 Santifíquense, pues, y sean santos, porque Yo soy el Señor su Dios.

Es una cuestión de identidad: como yo soy tu Dios y tú eres mi pueblo, aferrado y conectado a mí, esa es la causa por la que puedes ser santo — porque yo soy tu Dios.

15 Si ustedes me aman, guardarán Mis mandamientos.

No es una condición que hay que cumplir — el Señor no dice “si de verdad me amas, entonces me vas a obedecer” como si fuera un chantaje; dice que la consecuencia de amarlo es que lo vas a obedecer. Entonces hay que concentrarse en amar a Cristo, porque si amas a Cristo, la obediencia viene sola — como decía mi mamá cuando ensuciábamos la ropa o el piso: “no me aman.” Y tenía razón, porque un hijo que ama a sus padres cuida no ensuciarse para no darles trabajo.

24 …Ustedes poseerán su tierra, y Yo mismo se la daré para que la posean, una tierra que mana leche y miel…

Si tú me obedeces, vas a vivir en plenitud — como en una tierra que mana leche y miel, no como los que no obedecieron. Dios quiere que lo obedezcas porque es la única manera de vivir en plenitud; Dios no nos aparta para aislarnos, nos aparta e invita a que le obedezcamos para bendecirnos.

III. La provisión del evangelio

Si hubiera aquí un cristiano con cincuenta años en Cristo, que hubiera leído cincuenta veces la Biblia completa y orado todos los días sin faltar uno, esa persona seguiría batallando con el pecado. ¿Por qué? Porque somos “prontos a divagar”, prontos a alejarnos del Dios que nos salvó. ¿A poco nunca has salido de la iglesia llorando y vuelto a hacer lo mismo? Necesitamos reconocer que seguimos luchando con la idolatría, en una actitud de arrepentimiento.

7 …Vuelvan a Mí y Yo volveré a ustedes…

Y hay una demanda de santidad real:

14 Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

18 Porque yo sé que en mí, es decir, en mi carne, no habita nada bueno. Porque el querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no.

Escuchas la Palabra y dices “ahora sí ya no me voy a enojar, ahora sí voy a dejar este hábito” — ¿y cuánto te dura? Si bien te va, una semana. Jamás vas a poder por tu propia cuenta.

23 …la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

1 Por tanto, ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús…

Leer este pasaje debería volarnos la cabeza: acabamos de leer que la sentencia de Dios contra el pecado es irremediablemente la muerte. ¿Qué ocurrió para que ya no haya condenación? Que la condenación que yo merecía cayó sobre Jesús — cientos de veces me hubieran tenido que apedrear o quemar, y todo eso cayó sobre Él, para que tú y yo, que seguimos fallando, podamos creer que ya no hay condenación.

Si tú no has creído en Cristo, tienes dos opciones: pagar tu propia sentencia en el infierno, o dejar que alguien la pague por ti — ese alguien es Cristo, y lo único que Él te pide es que creas y te arrepientas.

Juan 3:36

El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.

3 Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo: enviando a Su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne, 4 para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 5 Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu.

A Dios no solo le interesa librarte de la condenación — quiere darte el poder para que puedas cumplir el requisito de la ley. Recuerdo la primera vez que vi pornografía, siendo adolescente — literal, la cara me ardía de vergüenza. El problema es que uno se acostumbra a cargar con eso, y eso te esclaviza; tarde o temprano te pasará factura. Pero los que estamos en Cristo ya tenemos Su Espíritu para vencer el pecado.

Aplicación

Todos tenemos un Moloc al que adoramos — algo que te dice “no le clames a Dios, pídeme a mí, yo te voy a satisfacer”: puede llamarse éxito, orgullo, manipulación, poder, placer. Tienes que identificar esos ídolos: ¿qué cosas toleras en tu vida que sabes que Dios ha condenado? ¿A qué lugar corres cuando tienes un problema? Reconoce tu condición, confiesa tus ídolos delante de Dios como lo que son —“Señor, te he ofendido, soy un idólatra, sigo esclavizado al pecado sexual”— y sustituye tu ídolo con una obediencia gozosa.

Uno de los pecados más serios entre nosotros son las ataduras sexuales. Según encuestas del grupo Barna en Estados Unidos, el 70% de los hombres cristianos confiesan ver pornografía de manera habitual, el 50% de las mujeres confiesan lo mismo, y el 60% de los hombres cristianos confiesan haberse involucrado sexualmente con alguien que no es su cónyuge. Toma en serio el pecado — no es solo “ay, me equivoqué”; es una ofensa contra el Dios vivo, y la sentencia sigue vigente. Pero no te quedes ahí: recuerda que Cristo ya cargó tu sentencia, no hay condenación. Deléitate en la gracia, dale gracias porque Cristo murió para librarte, depende del Espíritu, y toma decisiones basadas en la gracia — si luchas con pornografía, no te metas solo con tu celular a una habitación; si luchas con la tentación de ser infiel con alguien, aléjate de esa persona, no busques “evangelizarla” para justificar seguir cerca.

Conclusión

Oración de Philip Doddridge

Bendito Espíritu, autor de gracia y de consuelo, muéstrame mi pecado en todas sus horribles formas para que pueda sentir un odio inquebrantable por él. Muéstrame la majestad y la misericordia de Dios de tal manera que mi corazón se sobresalte y se derrita. Convénceme, oh bendito Espíritu, de pecado, justicia y arrepentimiento. Muéstrame que aunque sea destruido, mi ayuda se encuentra solo en Dios a través de Cristo, por medio del único por el cual extenderá Su compasión y ayuda. Muéstrame el poder de Cristo para salvar.

El Señor ya nos apartó para Él, para que seamos suyos y vivamos en santidad, confiando en que Cristo pagó la sentencia y que Su Espíritu es el que nos da el poder.

Cerramos los ojos y oramos: Rey, hoy nos acercamos a ti como hombres y mujeres quebrantados. Entendemos que todos los que estamos aquí seguimos luchando con la realidad del pecado, luchamos con ídolos, luchamos con pasiones. Tú sabes que hay personas aquí luchando con ataduras sexuales que han querido salir de ahí y, como leímos en Romanos, en ellos está el querer pero no el hacer. Señor, solo un derramamiento especial de tu gracia puede liberarnos de eso. Tú sabes que hay quienes no confían en tu palabra, que prefieren hacerse de la vista gorda ante partes de ella. Danos un derramamiento especial de tu gracia, y no solo el poder de ser perdonados: llénanos de tu Espíritu para que podamos vivir nuestra sexualidad como un altar de adoración a ti. Te lo ruego en el nombre glorioso de Jesús, amén.

La grabación continúa unos segundos con un aparte fuera del sermón (alguien se disculpa por tener que retirarse antes de que termine el servicio) — se excluyó por no ser parte de la prédica.