Introducción

Señor, nos presentamos ante ti humildemente, rogando tu dirección. Yo soy un hombre débil, y tu Palabra nos presenta un estándar demasiado alto para cualquiera de nosotros. Señor, yo no podría alardear de algo que no soy — el único que pudo cumplir tu Palabra a la perfección fue Cristo. Hoy venimos a refugiarnos en la gracia de Cristo; tú dices que Cristo está en nosotros, que Cristo sea formado en nosotros. Esa es una tarea que yo no puedo realizar, solo tu Espíritu — concédenos esa gracia, en el nombre de Jesús.

Ilustración: las cortinas quemadas

De niño, mi madre me dejaba a cargo de hacer la sopa. Un día, al encender la estufa con cerillos, prendí sin querer una servilleta y las cortinas de la cocina. Las apagué con la mano, sin quemarme, pero quedó la evidencia — envolví la servilleta y la cortina quemadas y las tiré detrás del patio, entre unos cañales. Me libré del castigo esa vez. Es algo muy común: cuando algo nos sale mal, tendemos a esconderlo — de niño escondemos travesuras, de adultos podemos esconder dobles vidas, infidelidades. Leí hace poco de una anciana en Rusia que durante décadas asesinó y ocultó a personas.

El pasaje de hoy, por eso se titula así el sermón, nos dice que Dios no ignora la culpa. Vamos a verlo en tres momentos: cuando la adoración se corrompe, cuando la desobediencia pasa desapercibida, y cuando pecamos contra otros. Este pasaje nos motiva a no esconder nuestra culpa, sino venir a Cristo, quien es capaz de perdonarnos y transformarnos.

I. Cuando la adoración se corrompe (5:14-16)

14 El Señor le dijo a Moisés: 15 «Si alguien comete una falta y peca inadvertidamente en las cosas sagradas del Señor, traerá su ofrenda por la culpa al Señor: un carnero sin defecto del rebaño, conforme a tu valuación en siclos de plata (un siclo equivale 11.4 gramos), según el siclo del santuario, como ofrenda por la culpa. 16 Hará restitución por aquello en que ha pecado en las cosas sagradas, y añadirá a ello la quinta parte, y se lo dará al sacerdote. Y el sacerdote hará expiación por él con el carnero de la ofrenda por la culpa, y le será perdonado.

En hebreo, Levítico se llama Vayikrá — “y llamó” o “y dijo” —, y esa misma expresión, “el Señor le dijo a Moisés”, marca el inicio de cada sección importante del libro. Aquí se abre una nueva: ya vimos el holocausto (entrega total), la ofrenda de cereal (todo viene de Dios), la ofrenda de paz (Dios invita a Su mesa) y, la semana pasada, la ofrenda por el pecado. Esta, la ofrenda por la culpa, está relacionada, pero es distinta.

El problema: pecar en las cosas sagradas

“Comete una falta” tiene connotación legal — como en el fútbol, donde violar el reglamento genera una falta. Israel estaba en una relación de pacto con Dios:

«Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre.

Ahora pues, si en verdad escuchan Mi voz y guardan Mi pacto, serán Mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque Mía es toda la tierra.

Luego tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, y ellos dijeron: «Todo lo que el Señor ha dicho haremos y obedeceremos».

El pacto era simple: Dios los salvó, y ellos se comprometieron a obedecer — de su propia boca. “Peca inadvertidamente” no significa sin intención de hacerlo en absoluto —como cuando se te pasa la fecha de pago de una tarjeta, o te brincas un amarillo sin querer—, sino sin la intención de rebelarse contra Dios. Aun así, tiene consecuencias graves — como pasarse un alto puede costarle la vida a un peatón, sin importar si fue intencional.

“En las cosas sagradas” se refiere a todo lo relacionado con la adoración. Imagina a alguien que podía llevar un novillo, pero decide llevar un borreguito porque prioriza otros gastos — no por pobreza, sino por egoísmo; no había “policía de las ofrendas” que lo detectara. O alguien con dos borregos, uno bonito y otro excepcional, que por orgullo de criador se queda con el mejor y entrega el otro. O un hombre que presenta su ofrenda por no honrar a sus padres, pero no confiesa que codicia a la mujer de su prójimo. O alguien que hace su ofrenda de paz pero deliberadamente no invita a un vecino con quien tiene un conflicto. O un levita cantor con una voz hermosa que, en el fondo, piensa en lo impresionante que suena. O un sacerdote auxiliar fastidiado de su servicio, harto del olor a sangre, que sigue sirviendo porque no puede renunciar.

Es tremendo que el ser humano pueda fallarle a Dios incluso en sus momentos más santos, y que en vez de reconocerlo pensemos “ya cumplí, ya di mi ofrenda, ya debo estar bien con Dios”.

Ejemplos contemporáneos

¿Podemos nosotros, cristianos del siglo XXI, pecar así? Confieso que en las últimas semanas me ha sido difícil encontrar el tiempo para prepararme espiritualmente para predicar — y creo que se ha notado. La negligencia ha corrompido mi propia adoración. Igual el creyente que empieza a orar en la mañana pero su mente ya está en los pendientes del día, y termina el “amén” a medias; o que solo alcanza a leer el versículo del día antes de abrir Facebook — la rutina ha devorado su adoración. O el maestro, músico o predicador que busca la excelencia solo para que otros vean “lo buenazo que es” — el orgullo ha manchado su adoración. O quien juzga con la mirada a otro adorador mientras canta — el juicio ha contaminado su alabanza. O quien, buscando desesperadamente ayuda de Dios contra su pecado, no puede evitar mirar con lujuria a alguien en la misma congregación — la lujuria ha contaminado su arrepentimiento.

Idea clave

Al igual que Israel, la inclinación de nuestro corazón hacia la maldad nos hace pecar incluso en las cosas santas.

Dos principios más:

Idea clave

La religión no produce salvación. Puedes hacer todo lo que hacen los cristianos —devocional, oración por los alimentos, discipulados— y si no hay fe ni amor por Cristo, eso no te salva.

Idea clave

La adoración no sustituye la santificación. Cantar, servir o predicar no reemplaza tu lucha personal contra el pecado.

La ofrenda, la restitución y el perdón

El ofensor traía un carnero sin defecto, evaluado por el sacerdote en siclos de plata del santuario, proporcional al daño causado, y debía añadir una quinta parte adicional — el pecado es perdonado, pero no es barato, requiere restitución. El ofensor no podía expiar su propio pecado; necesitaba un mediador, el sacerdote, y un sacrificio.

Idea clave

Pecar en la adoración es una ofensa grave que genera culpabilidad delante del Señor: una deuda que no puede ignorarse, que requiere restitución, mediación y expiación.

II. Cuando la desobediencia pasa desapercibida (vv. 17-19)

»Si alguien peca y hace cualquiera de las cosas que el Señor ha mandado que no se hagan, aunque no se dé cuenta, será culpable y llevará su castigo.

“Las cosas que el Señor ha mandado” eran, a esas alturas, los Diez Mandamientos de Éxodo 20 — hacia Dios (no tendrás otros dioses, no harás imágenes, no tomarás Su nombre en vano, guardarás el reposo) y hacia el prójimo (honra a tus padres, no matarás, no adulterarás, no robarás, no darás falso testimonio, no codiciarás). ¿Se podían violar fácilmente? Sí — igual que hoy: si te enojas con tu hermano, eres culpable de homicidio delante del Señor; muchos, viniendo hacia acá, ya codiciaron con la mirada.

“Aunque no se dé cuenta” — cuando el pecado nos es tan familiar, ya ni lo notamos; lo justificamos tan seguido que dejamos de percibirlo como pecado. Pero no darte cuenta no te exime de la culpa.

Porque cualquiera que guarda toda la ley, pero falla en un punto, se ha hecho culpable de todos.

por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios.

La ofrenda

Entonces traerá al sacerdote un carnero sin defecto del rebaño, conforme a tu valuación, como ofrenda por la culpa. Así el sacerdote hará expiación por él por su error mediante el cual ha pecado inadvertidamente, y sin él saberlo, y le será perdonado.

Otra vez, un sacrificio proporcional al daño — el pecado siempre pasa factura, tarde o temprano, si no en este mundo, en la eternidad.

Números 32:23

tengan por seguro que su pecado los alcanzará.

Porque la paga del pecado es muerte,

Es ofrenda por la culpa; ciertamente era culpable delante del Señor».

Idea clave

La desobediencia a la ley de Dios, aunque sea inconsciente, es una ofensa grave que genera culpabilidad delante del Señor: una deuda que no puede ignorarse, sino que requiere mediación y expiación.

III. Cuando pecamos contra otros (6:1-7)

1 Entonces el Señor le dijo a Moisés: 2 «Cuando alguien peque y cometa una falta contra el Señor, engañando a su prójimo en cuanto a un depósito o alguna cosa que se le ha confiado, o por robo, o por haber extorsionado a su prójimo, 3 o ha encontrado lo que estaba perdido y ha mentido acerca de ello, y ha jurado falsamente,

Aquí ya no se habla de algo inadvertido — es pecado voluntario, robo, engaño, extorsión, mentira. Pecar contra el prójimo equivale a pecar contra Dios, porque cada ser humano lleva la imagen de Dios.

Contra Ti, contra Ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de Tus ojos,

David había pecado contra Betsabé, contra Urías, contra su pueblo — y aun así dice “contra ti solo”. “De la manera en que peca en cualquiera de las cosas que suele hacer el hombre” — la transa y el abuso son parte de nuestra naturaleza caída, visible desde bebés (quítale un juguete a un niño y verás su reacción).

Idea clave

El pecado horizontal tiene implicaciones verticales.

Cuando un esposo guarda rencor y deja de amar a su esposa como Cristo ama a la iglesia, ofende también a Cristo. Cuando una esposa desprecia el liderazgo de su esposo, ofende directamente a Dios. Cuando un padre no está presente o hiere con palabras a sus hijos, desfigura el evangelio delante de ellos y ofende a Dios. Cuando un hijo desobedece o se burla de sus padres, ofende el mandamiento divino. Cuando un empleado es flojo o llega tarde, no solo falla a su jefe, sino a Dios.

Ustedes, maridos, igualmente, convivan de manera comprensiva con sus mujeres, como con un vaso más frágil, puesto que es mujer, dándole honor por ser heredera como ustedes de la gracia de la vida, para que sus oraciones no sean estorbadas.

La restitución

4 será, entonces, que cuando peque y sea culpable, devolverá lo que tomó al robar, o lo que obtuvo mediante extorsión, o el depósito que le fue confiado, o la cosa perdida que ha encontrado, 5 o cualquier cosa acerca de la cual juró falsamente; hará completa restitución de ello y le añadirá una quinta parte más. Se la dará al que le pertenece el día que presente su ofrenda por la culpa.

El perdón divino no ignora la justicia horizontal — la gracia no anula la responsabilidad. No puedo estar bien con Dios si primero no estoy bien con mi prójimo; si le debo algo —dinero, respeto, una disculpa—, tengo que resarcirlo. No basta con pedirle perdón a Dios mientras la ofensa concreta contra el otro sigue sin resolverse — Juan habla de “frutos dignos de arrepentimiento”.

La ofrenda por la culpa

6 Entonces traerá al sacerdote su ofrenda por la culpa para el Señor, un carnero sin defecto del rebaño, conforme a tu valuación como ofrenda por la culpa, 7 y el sacerdote hará expiación por él delante del Señor, y le será perdonada cualquier cosa que haya hecho por la cual sea culpable».

Idea clave

Toda transgresión contra otros equivale a pecar contra el Señor: es una ofensa grave que genera culpabilidad delante del Señor, una deuda que no puede ignorarse, que requiere restitución, mediación y expiación.

Conclusión

Ellos eran culpables. ¿Y nosotros? ¿Cuántas veces hemos pecado durante la adoración, dado a Dios lo que nos sobra en vez de lo mejor, violado Sus mandamientos sin darnos cuenta, pecado contra otros sin pensar que ofendíamos a Dios? Somos culpables.

Colosenses 2:13-14

13 Y cuando ustedes estaban muertos en sus delitos y en la incircuncisión de su carne, Dios les dio vida juntamente con Cristo, habiéndonos perdonado todos los delitos, 14 habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz.

Todos éramos deudores de algo que jamás podríamos pagar —ni una eternidad en el infierno lo pagaría— y Cristo cargó esa deuda en la cruz.

Podemos usar nuestros propios rituales para justificarnos — a veces, después de discutir con mi esposa, llego a la iglesia y me pongo a limpiar, a acomodar sillas, hasta a trapear, como si eso “descontara” mi falta. Ningún ritual produce salvación ni perdón; la única fuente de perdón es Cristo. Si le fallaste a Dios, no cargues tú con la culpa — entrégasela a Él. Nunca seremos dignos del Dios santo por nosotros mismos; es Él quien nos hace dignos por la sangre de Jesús.

Aplicacion

  • Examínate con sinceridad: ¿has contaminado tu adoración con orgullo, distracción o negligencia? ¿ignoras mandamientos por falta de atención espiritual? ¿has herido a tu prójimo sin considerar que ofendes al Señor?
  • Arrepiéntete y recibe el perdón de Dios — el texto no dice “intenta hacerlo mejor”, dice “será perdonado”.
  • Restituye a la parte ofendida: ¿a quién debes pedirle perdón? ¿qué relación necesitas restaurar?

Hemos visto cómo la culpa puede surgir en los momentos más solemnes, esconderse detrás de la inconsciencia, o brotar con intención al dañar a otro. En cada caso, el veredicto es el mismo: ciertamente era culpable delante del Señor. Pero Dios no ignora la culpa, y tampoco abandona al culpable — ya nos marcó el camino, no para escondernos, sino para restaurarnos. Si has fallado en lo santo, si has ignorado los mandamientos, si has herido a tu prójimo, no te aferres a la culpa: corre hacia el Señor que ya pagó. En Cristo, el Cordero perfecto, tenemos restauración completa, intercesión constante y perdón eterno.

Vamos a orar. Señor, te alabamos por tu gracia…