Introducción
Señor, ruego que en mi debilidad, en mi incapacidad, me uses por tu amor y por tu gracia para el bien de tu pueblo. Yo sé, Señor, que no tengo lo suficiente, ni mental, ni física, ni espiritualmente. Confío en ti, en tu gracia, para que sea tu Palabra la que obre en el corazón de tu iglesia. Te lo ruego, mi Dios, en el nombre de Jesús. Amén.
Ilustración: cuando el gozo se vuelve carga
El año pasado empecé a dar clases en línea en el colegio de pastores de Gracia Soberana. Al principio estaba encantado; para diciembre ya estaba cansado; para febrero, fastidiado; y ahora, a dos semanas de terminar el curso, me siento abrumado y desesperado — lo que empezó como gozo se volvió aburrido, luego cansado, luego desesperante. Nos pasa en el trabajo (la primera quincena te emociona; años después, te parece miseria), en el matrimonio (empezamos enamorados, y con el tiempo el enamoramiento se pierde), y hasta con Cristo mismo — muchos recordamos aquel “primer amor” cuando leíamos la Biblia sin cansarnos, y hoy solo queda la costumbre. Y nos pasa también con el servicio: los hermanos que llevan años compartiendo el evangelio en hospitales, que al principio hasta se juntaban con emoción a preparar el café, con el tiempo pueden sentirlo como una carga.
El pasaje de hoy en Levítico nos habla de cómo el Señor puso leyes para prevenir, en los sacerdotes de aquel entonces, ese patrón destructivo hacia el aburrimiento y la desesperación — y nosotros, al fin y al cabo, somos los sacerdotes del Nuevo Pacto.
I. Un mensaje para los sacerdotes
8 Entonces el Señor le dijo a Moisés: 9 «Ordena a Aarón y a sus hijos, y diles: “Esta es la ley del holocausto:
Ya vimos los cinco sacrificios que Dios le pidió al pueblo —holocausto, cereal, paz, pecado y culpa—; ahora Dios habla a los sacerdotes que sirven en el altar.
¿Quiénes eran Aarón y sus hijos?
»Entonces harás que se acerque a ti, de entre los israelitas, tu hermano Aarón, y con él sus hijos, para que me sirva como sacerdote: Aarón, con Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar, hijos de Aarón.
Aarón, hermano de Moisés, lo acompañó en la confrontación con el faraón. Pero el plan original de Dios era distinto:
5 Ahora pues, si en verdad escuchan Mi voz y guardan Mi pacto, serán Mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque Mía es toda la tierra. 6 Ustedes serán para Mí un reino de sacerdotes y una nación santa”.
El plan era que toda la nación fuera sacerdotal. Pero mientras Moisés recibía la ley en el monte:
1 Cuando el pueblo vio que Moisés tardaba en bajar del monte, la gente se congregó alrededor de Aarón, y le dijeron: «Levántate, haznos un dios que vaya delante de nosotros. En cuanto a este Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido». 2 Y Aarón les respondió: «Quiten los pendientes de oro de las orejas de sus mujeres, de sus hijos y de sus hijas, y tráiganmelos».
Aarón mismo fabricó el becerro de oro — pecó igual que el pueblo. Tanto el pueblo como Aarón quedaron descalificados para ser sacerdotes, y aun así Dios lo llama a servirle. A veces pensamos que para servir a Dios necesitamos ser especiales, no seguir luchando con el pecado — pero mientras vivamos, seguiremos batallando hasta el último aliento; el secreto es no dejar de pelear. O pensamos que nos falta conocimiento bíblico — ninguno de nosotros es experto, y el secreto es no dejar de aprender con humildad. O que no tenemos tiempo — el secreto es robarle tiempo a lo temporal para dedicarlo a lo eterno.
Idea clave
Dios no llamó a Aarón por mérito, sino por gracia. El ministerio nace de la gracia, no de la perfección humana.
¿Qué hacía un sacerdote?
Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en las cosas que a Dios se refieren, para presentar ofrendas y sacrificios por los pecados.
Era “tomado de entre los hombres” — tan humano como cualquier otro; todos estamos en igual condición delante de Dios. Pero era “constituido a favor de los hombres” — apartado para Dios, como el plato en que comes tú, distinto del plato de tus mascotas, no porque sea de mejor calidad, sino porque está apartado. Aunque seguía siendo humano y pecador, su vida ahora giraba alrededor de la adoración — pero su ministerio no lo hacía santo; él también necesitaba ser perdonado. Muchos en esta iglesia servimos de una u otra forma —predicando, en el equipo de adoración, limpiando, recibiendo en casa, preparando café para evangelizar en hospitales— y eso bendice muchísimo, pero no nos hace ganar el favor de Dios; solo el sacrificio de Cristo lo hace.
Idea clave
Aunque el sacerdote era un hombre débil y pecador como el pueblo, Dios lo santificaba para que viviera para servirlo y adorarlo.
Los sacerdotes del Nuevo Pacto
Hebreos 3:1 (TLA)
Hermanos, Dios los ha llamado a ustedes para que sean su pueblo elegido. Por eso, pónganse a pensar seriamente en quién es Jesús: ¡Él es nuestro apóstol y nuestro Jefe de Sacerdotes!
Cristo fue totalmente humano, compartió nuestro dolor, fue tentado, pero nunca falló. Nosotros somos sacerdotes auxiliares — como aquellos ayudantes que cargaban la sangre y descuartizaban al animal, sin ser el protagonista.
Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anuncien las virtudes de Aquel que los llamó de las tinieblas a Su luz admirable.
El plan que se suspendió en Éxodo 32 se cumple en Cristo — cada creyente es un sacerdote. No importa a qué te dediques, tu vida entera —oficina, taller, hospital— es tu servicio sacerdotal: cuando haces tu trabajo para la gloria de Dios, cuando dependes de Él, cuando le hablas de Cristo a otros, cuando modelas Su carácter, o simplemente cuando vienes a la iglesia y adoras junto con otros, aunque no prediques ni toques ningún instrumento.
Idea clave
El Señor llamó a sacerdotes humanos, con debilidades y luchas, para colaborar con Él en su misión de redención.
II. Leyes para los sacerdotes
Levítico 6-7 repite constantemente “esta es la ley…” — instrucciones detalladas sobre vestimenta, procedimientos — como los protocolos que un cirujano o un ingeniero deben seguir, porque las consecuencias de no hacerlo son graves.
Idea clave
Servir al Señor es algo que debemos tomar con seriedad — no es un hobby, ni terapia ocupacional, ni “echarle la mano” a alguien. Es servir al Dios Santo, creador de todo.
Si limpias una silla, hazlo como si Cristo mismo fuera a sentarse en ella; si enseñas una clase, como si Cristo, siendo niño, fuera a estar en ella; si predicas, recuerda que el primero que escucha el sermón es Cristo mismo.
A. Adoración perpetua
«Ordena a Aarón y a sus hijos, y diles: “Esta es la ley del holocausto: el holocausto mismo permanecerá sobre el fuego, sobre el altar, toda la noche hasta la mañana, y el fuego del altar ha de mantenerse encendido en él.
El altar tenía que arder 24 horas al día. Los sacerdotes debían mantener la adoración durante cada día de su vida — su existencia entera giraba alrededor de eso, no alrededor del trabajo o del sustento.
Idea clave
Si somos sacerdotes del Señor, nuestra vida debe girar alrededor de la adoración.
Eso significa empezar el día buscando al Señor, orar sin cesar mientras manejas o caminas al trabajo, recurrir a Él primero ante cualquier problema. Siempre habrá otra venta que hacer, otro pendiente, otro reporte — pero no descuides lo eterno por lo urgente.
B. Continua necesidad de gracia
«Esta es la ofrenda que Aarón y sus hijos han de ofrecer al Señor el día de su unción: la décima parte de un efa (2.2 litros) de flor de harina como ofrenda perpetua de cereal, la mitad por la mañana y la mitad por la tarde.
Todos los días de su vida, el sumo sacerdote quemaba por completo una torta de harina, sin comer ni un pedacito — un recordatorio constante de que dependía de Dios, no de su propio esfuerzo, para su sustento. Es fácil creer que lo que tenemos lo ganamos solos; en 2 Pedro 2, “querer enriquecerse” del ministerio es señal de falsos maestros. El sacerdote también necesitaba recordar que su ministerio era aceptado por gracia, no por excelencia — el orgullo espiritual era una tentación real, y la historia de Israel está llena de sacerdotes orgullosos.
Idea clave
El sacerdote iniciaba y terminaba su día adorando a Dios y buscando Su gracia.
C. Las cosas santas por personas santas
26 El sacerdote que la ofrezca por el pecado la comerá. Se comerá en un lugar santo, en el atrio de la tienda de reunión. 27 Todo el que toque su carne quedará consagrado; y si la sangre salpica sobre una vestidura, lavarás en un lugar santo lo que fue salpicado. 28 Y la vasija de barro en la cual fue hervida, será quebrada; y si se hirvió en una vasija de bronce, se restregará y se lavará con agua.
La carne de la ofrenda por el pecado solo podía comerla el sacerdote, y solo en el tabernáculo — nunca llevársela a casa. Cualquier cosa que tocara esa carne santa quedaba consagrada, apartada para Dios, aunque fuera sin querer. Si la sangre salpicaba, había que lavarlo en un lugar santo. Si se hervía en una vasija de barro, había que romperla después.
Idea clave
Solo personas apartadas para Dios pueden servir a Dios.
Lo santo debe tratarse con seriedad. ¿Con qué seriedad tratas tu tiempo de oración — como algo especial, o como un trámite? No servimos con las manos, sino con la vida entera: no se trata de preparar una clase, sino de creerla y modelarla; no de tocar los acordes correctos, sino de vivir en continua adoración.
Idea clave
Dios sigue buscando personas consagradas, no perfectas, sino apartadas, para servirle en toda su vida.
La porción de los sacerdotes
Los sacerdotes y levitas no podían poseer tierra — dependían de una porción de las ofrendas. Esto podía derivar en dos extremos.
Así que toda ofrenda de cereal del sacerdote será totalmente quemada. No se comerá».
El Señor pone límites precisos para evitar que un sacerdote convirtiera su posición en negocio — como los hijos de Elí, que se apropiaban de carne que no les correspondía.
Idea clave
El Señor da principios para proteger a Sus siervos de la tentación de abusar económicamente de su ministerio.
Pero también existía el extremo contrario:
El Señor había ordenado que se les diera esa porción de parte de los israelitas el día en que Él los ungió. Es la porción de ellos para siempre, por todas sus generaciones».
Si no había suficiente sustento, algunos sacerdotes se iban a servir a naciones paganas, o se ofrecían como “sacerdotes particulares” de algún rico, como vemos en Jueces.
Idea clave
El Señor manda que sus siervos coman de las ofrendas sin caer en abuso ni en escasez.
Hoy, tristemente, ha habido más siervos de Dios que han muerto literalmente de hambre que abusadores — aunque los abusos también son reales, y son marca de falsos maestros.
Así también ordenó el Señor que los que proclaman el evangelio, vivan del evangelio.
Como el único que sirve a tiempo completo en esta iglesia, tengo un salario asignado, que agradezco al Señor. Mi proyecto es que un comité de hombres fieles pueda evaluar con transparencia esas finanzas — no porque desconfíe, sino por ser fieles en esa área.
Conclusión
Hemos visto que el Señor llama a Sus sacerdotes a ser Él, y que en este Nuevo Pacto todos somos sacerdotes. Primero: toda tu vida debe girar alrededor de Él. Segundo: cada día debe empezar y terminar adorando. Tercero: el Señor nos ha dado una porción, sin caer en abuso ni escasez. Y lo santo se debe tratar con seriedad.
Muchos de nosotros hemos cumplido nuestro ministerio con el corazón lejos de Dios — nuestra vida gira más alrededor del dinero, el trabajo y los problemas que de Aquel que nos salvó, y muchas veces nuestro día no empieza ni termina adorándolo. Pero Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, intercede por nosotros ante el trono celestial, y Su sacrificio es tan perfecto que puede perdonar a estos sacerdotes que fallan.
Si tú eres creyente, eres un sacerdote — no importa si eres nuevo en la fe o si no tienes un ministerio formal. Puedes servirlo en tu trabajo, en tu casa, con tus hijos. Esfuérzate y agradece al Señor que te llamó, que te hizo pasar de enemigo a hijo, y no solo hijo, sino sacerdote. Si tienes un ministerio en esta iglesia, tómalo con la seriedad correspondiente.
Y si nos visitas hoy: Cristo, el Sumo Sacerdote, murió en la cruz para que lo aceptes, lo conozcas y le sirvas. No tienes que ser perfecto — solo creer que Él murió y resucitó para perdonarte.
Levantémonos, y también tú ponte de pie, para terminar orando, y cada día, para buscar al Sumo Sacerdote. Señor, te damos la gloria porque nos has…