Introducción
Rey, te presentamos delante de ti para rogarte que tú uses a este hombre débil, para que tu Palabra sea expuesta con claridad y fidelidad a tu pueblo. Necesito que tu Espíritu continúe aplicando tu Palabra a mi vida, para que tú puedas aplicarla a tu pueblo, Señor, y produzcas en nosotros los frutos que de antemano has determinado. Descanso, Señor, sabiendo que no se debe a mi habilidad o falta de ella, sino a tu promesa de que siempre cumples tu propósito cada vez que tu Palabra es expuesta. Oramos en el nombre de Jesús. Amén.
Los mexicanos solemos ser sumamente desorganizados. ¿Cuántos de ustedes suelen hacer un presupuesto de gastos anuales? Nada más tres personas. ¿Cuántos hacen una agenda o un calendario de actividades familiares al año? Tres personas también. ¿Y un calendario de actividades mensuales? Un poquito mejor. Imagínate que hicieras un calendario de actividades para tu familia, marcando de un color los pagos, de otro las salidas familiares, de otro las actividades de la iglesia, de otro el trabajo. ¿De qué color crees que quedaría más marcado tu calendario? El de casi todos, porque todos tenemos muchas cuentas que pagar.
Ahora imagínate que el Señor fuera el que escribiera tu calendario —de hecho, todo es así—. ¿Cuál crees que sería la prioridad de Dios para las actividades que tú y yo vamos a hacer este año? La comunión con Él, la búsqueda cotidiana de Él y de su presencia. Lo que tenemos delante de nosotros, Levítico 23, es Dios mostrándole a su pueblo el calendario de actividades que Él le dio en el Antiguo Testamento. Déjame recordarte, y lo vamos a ver al final, que nosotros vivimos en una nueva era: ninguna de estas fiestas se aplica al pueblo del Nuevo Pacto, esto es absoluta y completamente para quienes vivieron bajo la ley. Y sin embargo, hay muchísimo que nosotros podemos aprender.
El día de hoy vamos a ver este pasaje en tres secciones: primero, los versículos 1 y 2, para entender cuál era el propósito de las fiestas; después, del versículo 3 al 44, cuáles eran esas fiestas; y finalmente, cómo podemos vivir y aplicar estas realidades. Titulé este sermón Un año marcado por la presencia de Dios.
I. El propósito de las fiestas
1 El Señor habló a Moisés: 2 «Habla a los israelitas y diles: “Las fiestas señaladas del Señor, que ustedes habrán de proclamar como santas convocaciones, son estas:
Esa frasecita, «el Señor habló a Moisés», se repite en el libro en momentos bien importantes. Déjame recordarte el contexto: en Éxodo, el Señor saca a su pueblo de Egipto y le dice que va a habitar en medio de ellos, en el Tabernáculo de Reunión. Al final de Éxodo, la presencia del Señor llena el tabernáculo, pero Moisés no puede entrar, porque Moisés, igual que tú, igual que yo, es un pecador, y Dios y el pecado son absoluta y totalmente incompatibles. Todo el libro de Levítico son las instrucciones que Dios le da a Moisés acerca de qué tenían que hacer los pecadores para poder acercarse a Dios: primero, los sacrificios, por los cuales el pecador era perdonado; después, del capítulo 8 al 10, el sacerdocio, porque tú no puedes hacer tus propios sacrificios, necesitas un mediador; luego, un código de pureza que el pueblo tenía que vivir; y en el centro del Levítico —y de todo el Pentateuco— el Día de la Expiación. Después de eso, más leyes de pureza, y de nuevo los sacerdotes, que fallaron. Y ahora, en la recta final del libro, llegamos a los últimos rituales que el pueblo tenía que cumplir: las fiestas. Todas estas fiestas eran requisitos que el Señor había estipulado para que el pueblo se acercara a Él.
¿Qué es una fiesta, para el mexicano? Comida, música, baile. Nuestras fiestas están concentradas en recibir: el cumpleañero quiere recibir, y el que va también quiere recibir. Pero este concepto de fiesta es diferente: la palabra hebrea que aquí se traduce «fiesta» es la misma que se usa para el Tabernáculo de Reunión. Sería más correcto decir «encuentros» o «reuniones». Cuando te reúnes con un familiar que no has visto en años, ¿qué es lo que más te importa? Estar con la persona, abrazarlo, que te cuente cómo está. Para el Señor eso era el momento en que Dios se encontraba con su pueblo.
Estas fiestas eran «señaladas»: fechas que Dios mismo había apartado, marcado en el calendario, y que había que «proclamar» —anunciar con bombo y platillo, para que a nadie se le olvidara—. Pero observa que son fiestas señaladas «del Señor»: la persona celebrada no era el pueblo, era el Señor. Tendemos a querer ser el centro de atención —como el niño que llora en una fiesta ajena porque quiere que le canten las mañanitas a él y no al cumpleañero—; esa actitud no se nos quita nunca. Pero aquí Dios está diciendo: no, estas celebraciones se realizan en Su honor.
Idea Clave
Las fiestas del Señor nos recuerdan que la vida del pueblo de Dios gira en torno a encontrarse con Él, no a celebrarse a sí mismo.
II. Todo el año en Su presencia
Tenemos una fiesta especial, el día de reposo, que se repite cada semana, y siete fiestas anuales.
El día de reposo
3 Seis días se trabajará, pero el séptimo día será día de completo reposo, santa convocación en que no harán trabajo alguno; es día de reposo al Señor dondequiera que ustedes habiten.
Un esclavo no tiene día de descanso.
13 Los egipcios, pues, obligaron a los israelitas a trabajar duramente,
Habían vivido así por cuatrocientos años, generaciones tras generaciones, sin poder descansar. Pero el texto dice «es día de reposo al Señor», y aquí tenemos otro problema: ¿qué significa reposo? El concepto bíblico de reposo es muchísimo más amplio que descanso.
1 Después su suegra Noemí le dijo: «Hija mía, ¿no he de buscar seguridad para ti, para que te vaya bien?
Donde algunas traducciones dicen «seguridad», literalmente dice «reposo». La idea del reposo bíblico no es solo descanso, es seguridad, bienestar, estabilidad, satisfacción; plenitud. ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste así, con todo lo que necesitas, sin que te falte nada? Al mundo siempre le sobra publicidad para decirte que te falta algo. Y hay momentos —una enfermedad, un empleo perdido, un negocio que sale mal— en los que no hay satisfacción posible.
13 «Si por causa del día de reposo apartas tu pie para no hacer lo que te plazca en Mi día santo, y llamas al día de reposo delicia, al día santo del Señor, honorable, y lo honras, no siguiendo tus caminos, ni buscando tu placer, ni hablando de tus propios asuntos, 14 Entonces te deleitarás en el Señor, y Yo te haré cabalgar sobre las alturas de la tierra, y te alimentaré con la heredad de tu padre Jacob; porque la boca del Señor ha hablado».
El día de reposo no es para hacer lo que a ti te da satisfacción —a mí me da satisfacción subir montañas, a otros ver películas, gastar dinero—, y eso puede sonar contradictorio: Dios me da un día para mi satisfacción, ¿y ahora me dice que no la busque a mi manera? Lo que está diciendo Dios al pueblo es: si tú quieres encontrar satisfacción, no está en tus hobbies, la única fuente de satisfacción soy Yo.
Idea Clave
El día de reposo es un día para encontrar nuestra satisfacción en Dios y en Su presencia.
La Pascua
4 «Estas son las fiestas señaladas por el Señor, santas convocaciones que ustedes proclamarán en las fechas señaladas para ellas: 5 En el mes primero, el día catorce del mes, al anochecer, es la Pascua del Señor.
Los detalles se encuentran en Éxodo 12: un corderito de un año, sin defectos, sacrificado, con su sangre pintando el marco de la puerta, preparado con hierbas amargas. No era necesariamente lo más delicioso, pero era la primera fiesta del año: el pueblo empezaba celebrando que el Señor los había salvado. Ellos eran esclavos, y el Señor los sacó de la esclavitud —fue, por así decirlo, su independencia—. Pero el «héroe» que les dio esa liberación fue Moisés, un tartamudo, cobarde, iracundo e inconsistente. ¿Qué hizo el pueblo para conseguir su salvación? Nada; lo único que hicieron fue quejarse. El pueblo de Dios empezaba el año celebrando que no habían ganado ellos su salvación, sino que Dios la había ganado por ellos.
Los panes sin levadura
6 El día quince del mismo mes es la Fiesta de los Panes sin Levadura para el Señor; por siete días comerán pan sin levadura.
La única levadura que existía entonces era la masa madre, y para que esté lista se necesitan al menos siete días. Cuando Dios sacó a su pueblo de Egipto, no tuvieron ni tiempo de preparar su propio pan —salieron tan rápido como cuando alguien te dice «agarra tus cosas, nos vamos» sin darte tiempo para nada—. La fiesta de los panes sin levadura recordaba la rapidez con que huyeron, y que confiaron en que Dios les proveería. Y vaya que les proveyó: agua de la roca, pan del cielo, carne en abundancia, durante cuarenta años en el desierto.
Idea Clave
La fiesta de los panes sin levadura recordaba que el Señor sostuvo a Israel por cuarenta años en el desierto, enseñándoles a confiar en Su provisión y no en sus propios recursos.
La ofrenda de los primeros frutos
10 «Di a los israelitas: “Cuando ustedes entren en la tierra que Yo les daré, y sieguen su cosecha, entonces traerán al sacerdote una gavilla de las primicias de su cosecha.
Esta fiesta no se celebraba todavía en el desierto, sino hasta la primera cosecha en la tierra prometida. El pueblo llevaba una gavilla —un manojo de trigo, cebada o centeno— al sacerdote, y el Señor pedía además sacrificios: holocausto, ofrenda de cereal, ofrenda encendida.
14 Hasta ese mismo día, hasta que ustedes hayan traído la ofrenda de su Dios, no comerán pan, ni grano tostado, ni espiga tierna. Estatuto perpetuo será para todas sus generaciones dondequiera que habiten.
La idea es reconocer que Dios es el proveedor de todo: si tenían algo que llevarse a la boca, era por Su gracia. El primero a quien tenían que agradecer era al Señor, como en muchos hogares donde el primero a quien se sirve en la mesa es el padre de familia.
Idea Clave
La ofrenda de los primeros frutos enseñaba al pueblo a reconocer que toda su cosecha venía de Dios, dándole las primicias con gratitud.
La fiesta de las semanas
16 Contarán cincuenta días hasta el día siguiente al séptimo día de reposo; entonces presentarán una ofrenda de espiga tierna al Señor. 17 Traerán de sus moradas dos panes para ofrenda mecida, hechos de dos décimas de un efa; serán de flor de harina, amasados con levadura, como primeros frutos al Señor.
La cosecha tardaba aproximadamente cincuenta días, y tenían que reconocer al Señor al empezar a cosechar y al terminar: una fiesta de gratitud, porque todo lo que tenían venía de Dios.
22 «Cuando sieguen la cosecha de su tierra, no segarán hasta el último rincón de ella ni espigarán el sobrante de su cosecha; los dejarán para el pobre y para el extranjero. Yo soy el Señor su Dios».
Esta fiesta, conocida en el Nuevo Testamento como Pentecostés, enseñaba que todo lo que tienes, de principio a fin, es del Señor, y la manera de responder a lo que Dios te dio es siendo generoso con quienes no tienen —la bendición que Dios te da no es solo para ti.
Idea Clave
La fiesta de las semanas enseñaba al pueblo a celebrar la abundante provisión de Dios compartiendo con el pobre y el extranjero.
La fiesta de las trompetas
24 «En el séptimo mes, el primer día del mes, tendrán día de reposo, un memorial al son de trompetas, una santa convocación. 25 No harán ningún trabajo servil, pero presentarán una ofrenda encendida al Señor».
Empieza aquí el segundo bloque de fiestas, las de otoño —el séptimo mes, cuando bajaba el trabajo en el campo—. Era un memorial, se tocaban trompetas de cuerno.
16 Y aconteció que al tercer día, cuando llegó la mañana, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un sonido tan fuerte de trompeta, que hizo temblar a todo el pueblo que estaba en el campamento.
La última vez que se habían tocado trompetas fue el día en que Dios descendió en el Sinaí para entregar los diez mandamientos. Lo que tenían que recordar era que vivían en una relación de pacto con Dios: Él les daba Su presencia, protección y bendición, y ellos le debían obediencia. El problema es que Dios nunca se olvida de cumplir Su parte, pero el ser humano sí.
Idea Clave
La fiesta de las trompetas recordaba al pueblo que vivía en una relación de pacto con Dios, basada en Su presencia en medio de ellos y en la obediencia que Él demandaba.
El día de la expiación
27 «A los diez días de este séptimo mes será el día de expiación; será santa convocación para ustedes, y humillarán sus almas y presentarán una ofrenda encendida al Señor.
No da muchos detalles, porque están en Levítico 16. Después de recordar en la fiesta de las trompetas que Dios pedía obediencia, llegaba el día de arrepentirse delante de Dios: «humillarán sus almas» significa arrepentimiento, no fingido, sino real —y si alguien no se arrepentía ese día, era cortado de su pueblo—.
Idea Clave
El día de la expiación recordaba al pueblo la necesidad del arrepentimiento y la imposibilidad de limpiarse a sí mismos, mostrando que solo Dios podía perdonarlos mediante el sacrificio que Él mismo proveía.
La fiesta de los tabernáculos
34 «El día quince de este séptimo mes es la Fiesta de los Tabernáculos; se celebrará al Señor por siete días. 35 El primer día es santa convocación; no harán ninguna clase de trabajo servil. 36 Durante siete días presentarán al Señor una ofrenda encendida. El octavo día tendrán una santa convocación, y presentarán al Señor una ofrenda encendida; es asamblea solemne. No harán trabajo servil.
39 «El día quince del mes séptimo, cuando hayan recogido el fruto de la tierra, celebrarán la fiesta del Señor por siete días, con reposo en el primer día y reposo en el octavo día. 40 Y el primer día tomarán para ustedes frutos de árboles hermosos, hojas de palmera y ramas de árboles frondosos, y sauces de río; y se alegrarán delante del Señor su Dios por siete días. 41 Así la celebrarán como fiesta al Señor por siete días en el año. Será estatuto perpetuo para todas sus generaciones; la celebrarán en el mes séptimo. 42 Habitarán en tabernáculos por siete días; todo nativo de Israel vivirá en tabernáculos, 43 para que sus generaciones sepan que Yo hice habitar en tabernáculos a los israelitas cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo soy el Señor su Dios».
Seguramente era la fiesta más esperada por los niños: cortaban cítricos, ramas de palmera, construían una tienda, y vivían ahí toda la familia por siete días. El primer día, emocionados; al sexto, «papá, ¿cuántos días faltan?». Y el papá les recordaba: nosotros estamos aquí solo por seis días, el Señor sostuvo a nuestros antepasados cuarenta años en el desierto.
Idea Clave
La fiesta de los Tabernáculos enseñaba al pueblo a recordar gozosa y humildemente cómo Dios los sostuvo en el desierto, para que cada generación nunca olvidara quién es el Señor que provee en medio de ellos.
III. Nuestra vida en Su presencia
Resumiendo: la Pascua celebra la salvación del Señor, los panes sin levadura Su provisión, las primicias la gratitud, la fiesta de las semanas la generosidad, las trompetas la obediencia, la expiación el perdón de Dios, y los tabernáculos enseñaban a los pequeños.
Colosenses 2:17
17 cosas que solo son sombra de lo que ha de venir, pero el cuerpo pertenece a Cristo.
Bajo esta nueva era nosotros ya no estamos llamados a celebrar estas fiestas —ni la Pascua, ni los tabernáculos, ni los panes sin levadura—. Pero algo pasó con estas fiestas que Dios instituyó.
Amós 5:21-23
21 «Aborrezco, desprecio sus fiestas, tampoco me agradan sus asambleas solemnes. 22 Aunque ustedes me ofrezcan holocaustos y sus ofrendas de grano, no los aceptaré; ni miraré a las ofrendas de paz de sus animales cebados. 23 Aparten de Mí el ruido de sus cánticos, pues no escucharé ni siquiera la música de sus arpas.
¿Qué pasó? Tendemos a convertir las bendiciones del Señor en cargas pesadas. Orar por los alimentos, venir a la iglesia, las disciplinas espirituales —cosas genialísimas— se vuelven rituales vacíos, o peor, una manera de sentirnos superiores a los demás, como el fariseo que agradece no ser como los demás hombres. Las fiestas nunca fueron diseñadas para darnos satisfacción; fueron diseñadas para reflejar una satisfacción que ya está en nuestro corazón. Es como si yo le llevara flores a mi esposa y empezara a sentirme merecedor de su gratitud, en vez de que el centro sea ella. Tendemos a convertir las cosas centradas en Dios en cosas centradas en mí.
Todo su año debía girar alrededor de Dios, y nosotros también, hoy, somos llamados a vivir toda nuestra vida alrededor del Señor. No importan las palabras que usemos al orar, ni la puntualidad, ni si te aprendes versículos y versículos: lo que importa no es visible por fuera, sino que Cristo esté al centro.
Isaías 53:11
11 Debido a la angustia de Su alma, Él lo verá y quedará satisfecho.
¿Sabes cuándo reposó Cristo? Cuando estaba en la cruz, Él contempló lo que iba a conseguir con Su sacrificio y quedó satisfecho.
Mateo 11:28
28 «Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar.
Conexión con el evangelio
La única manera de vivir para la gloria de Dios cada día del año es si recibimos de Cristo la entera satisfacción que solo Él puede dar y que ganó para nosotros en la cruz.
Aplicaciones
Anhelo que este año sea un año marcado por la presencia de Dios. Te quiero poner unos retos sencillos.
Primero, así como el Señor apartó días para estar con Su pueblo, tú tienes que apartar tiempo para estar con Él —no va a suceder mágicamente—. Si te cuesta trabajo tener un devocional consistente, aparta dos días a la semana, márcalos literalmente en tu calendario.
Segundo, la gratitud: te invito a que esta semana, de aquí al domingo, escribas cada día una acción de gracias por algo que Dios hizo ese día, y el domingo se lo agradezcas.
El Catecismo de Heidelberg, en su segunda pregunta, dice que debemos saber tres cosas para vivir y morir dichosamente: cuán grandes son mis pecados y mis miserias, la manera en que fui librado de ellos, y la gratitud que le debo a Dios por esa liberación.
Es lo que dice 1 Juan sobre la confesión: no dejes ahí el motivo de gratitud, escribe también en qué le fallaste al Señor esa semana, y pídele perdón.
Y finalmente, necesitamos buscar la manera de guiar a nuestros hijos en la Palabra, apartando momentos para recordarles quién es el Señor.
La única manera de tener un año marcado por la presencia del Señor es así: cada día volviendo intencionalmente a Cristo para descansar, para recordar, para agradecer, para compartir y para arrepentirnos en Su presencia.
Vamos a orar. Señor, te alabamos…