Nota: al final del audio se anuncia que la serie de Levítico se pausa después de este sermón, para retomarse a mediados de enero.
Introducción
Karl Barth
Karl Barth, pastor y teólogo alemán (ministerio de 1920 a después de la Segunda Guerra Mundial), fue usado por Dios para que la iglesia europea —dominada entonces por el liberalismo teológico— volviera a creer en la Escritura y en los milagros. Escribió el influyente Esbozo de dogmática y se opuso públicamente a los nazis. Sin embargo, sostuvo durante años una relación extraña y finalmente adúltera con su secretaria, a quien llegó a llevar a vivir a su propia casa junto con su esposa. Mientras vivió, nada se destapó del todo; tras su muerte se encontraron cartas que confirmaban la relación. Lo grave no fue solo la caída — cualquiera puede caer — sino que Barth siguió predicando, enseñando y escribiendo mientras la sostenía, sin abandonar el ministerio.
Esa contradicción entre lo que decimos creer y lo que vivimos no es exclusiva de Barth: muchos ministros y cristianos pueden conocer la Biblia de memoria, saber doctrina, y aun así vivir de manera que niega el evangelio. Levítico 21 y 22 —que no se leerán completos en el sermón, se recomienda leerlos en casa— hablan exactamente de esta tensión. El mensaje se titula “El fracaso del sacerdocio y la perfección de Cristo,” en tres puntos: una misión gloriosa, un estándar abrumador, y un fracaso rotundo.
I. Una misión gloriosa
1 Entonces el Señor dijo a Moisés: «Habla a los sacerdotes, los hijos de Aarón, y diles: “Ninguno se contamine con persona muerta entre su pueblo…
Este mensaje se dirige específicamente a los sacerdotes. Dios estableció, para que Su pueblo pudiera acercarse a Él, un sistema de sacrificios, un sacerdocio que los realizara, y leyes de pureza. Existen más de seiscientos mandamientos en la ley (no solo los Diez), y cuando el pueblo pecaba, llevaba un sacrificio — realizado por los sacerdotes.
6 Serán santos a su Dios y no profanarán el nombre de su Dios, porque presentarán las ofrendas encendidas al Señor, el alimento de su Dios; por tanto, ustedes serán santos.
El sacerdote entraba en la presencia de Dios — al lugar santo, y una vez al año (el sumo sacerdote) al lugar santísimo. Era un representante doble: ante Dios representaba al pueblo, y ante el pueblo representaba a Dios — como un embajador. Si alguien viera a un sacerdote comportándose de manera contraria a su llamado, la pregunta sería inevitable: “¿quién se cree?” — y no había otro tabernáculo al que acudir en su lugar.
12 No saldrá del santuario ni profanará el santuario de su Dios, porque la consagración del aceite de la unción de su Dios está sobre él. Yo soy el Señor.
El sacerdote vivía prácticamente confinado al terreno del tabernáculo — “una cuarentena elevada a la enésima potencia” — completamente dedicado a Dios. Su misión: acercarse al Dios santo y servir en Su presencia como intercesor por el pueblo — algo que ninguno de nosotros ha experimentado al cien por ciento; ni siquiera la presencia sentida en la alabanza o la oración se compara con lo que un día disfrutaremos al ver Su gloria. De los hombres que vieron algo cercano a esa gloria, solo Pedro, Santiago y Juan la contemplaron en el monte de la transfiguración — y quedaron pasmados.
II. Un estándar abrumador
Levítico 21:6 (repetido)
Serán santos a su Dios…
1 …Ninguno se contamine con persona muerta entre su pueblo, 2 salvo por sus parientes más cercanos, su madre, su padre, su hijo, su hija o su hermano.
El sacerdote no podía guardar luto ni siquiera por su propia esposa, solo por parientes sanguíneos directos — su misión era más importante que su dolor personal.
"El Niágara en bicicleta"
Como en la canción de Juan Luis Guerra, donde el hospital está en tal desorden que “es más fácil que cruces el Niágara en bicicleta” a que te atiendan bien: sería inconcebible que un médico se negara a atender una emergencia porque “está triste” o “está en su descanso.” Así de grave habría sido que un sacerdote se ausentara de su misión por duelo personal.
7 No tomarán mujer que haya sido profanada como ramera, ni tomarán mujer divorciada de su marido; porque el sacerdote es santo a su Dios.
9 Y la hija de un sacerdote, si se profana como ramera, a su padre profana; en el fuego será quemada.
Todo en la vida del sacerdote debía apuntar a la santidad de Dios — incluyendo con quién se casaba y la conducta de sus hijos adultos.
23 …solo que no ha de entrar hasta el velo o acercarse al altar, porque tiene defecto, para que no profane Mis santuarios; porque Yo soy el Señor que los santifico».
Incluso el cuerpo: un defecto físico descalificaba para el servicio ante el altar.
3 …estando inmundo, esa persona será eliminada de Mi presencia. Yo soy el Señor.
9 Guardarán, pues, Mi ordenanza para que no se carguen de pecado por ello, y mueran porque la profanen. Yo soy el Señor que los santifico.
Conducta, relaciones, matrimonio, cuerpo — toda la vida del sacerdote debía estar totalmente apartada para Dios. Un estándar que parece pedir perfección absoluta. La pregunta es inevitable: ¿quién puede cumplirlo?
III. El fracaso rotundo
Los sacerdotes humanos
Aarón — al construir el becerro de oro mientras Moisés estaba en el monte, y al excusarse después diciendo simplemente “lo eché al fuego y salió este becerro” (Éxodo 32:24) — no solo idolatría, sino cobardía para asumir su responsabilidad.
Elí — supo que sus hijos, también sacerdotes, se acostaban con mujeres que servían a la entrada de la tienda de reunión, y solo les dijo, débilmente, “hijitos, ¿por qué hacen estas cosas?” (1 Samuel 2:22-23), sin corregirlos con la firmeza que su cargo exigía.
Ofni y Finees — despreciaban la ofrenda del Señor, tomando para sí lo que no les correspondía (1 Samuel 2:17).
Los sacerdotes de los tiempos de los reyes — “fueron infieles en gran manera, y siguieron todas las abominaciones de las naciones” (2 Crónicas 36:14).
Caifás y los sacerdotes del Nuevo Testamento — el fracaso más terrible: teniendo delante de ellos al Hijo de Dios, “con engaño, tramaron entre ellos prender y matar” a Jesús (Mateo 26:3-4).
Idea clave
Todos los sacerdotes humanos fallaron —por debilidad, pecado o corrupción— mostrando la insuficiencia humana y la necesidad de un mediador perfecto.
El Sumo Sacerdote perfecto
15 Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino Uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado.
Cristo, 100% hombre y 100% Dios, enfrentó toda tentación real y nunca falló — la única diferencia entre Él y los demás sacerdotes. Y no solo fue el sacerdote perfecto: también fue el sacrificio.
14 Porque por una ofrenda Él ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados… 17 «Y nunca más me acordaré de sus pecados e iniquidades».
Sobre la justificación
La justificación es un decreto legal: Dios declara inocentes y perfectos a los que han creído en Cristo, y declaró culpable a Cristo en la cruz en lugar nuestro — Él recibió la condenación que merecíamos, para transferirnos legalmente Su justicia y perfección. Quien ha creído en Cristo es visto por Dios como perfecto — no porque nosotros lo seamos, sino por lo que Cristo hizo. Seguimos pecando, pero ya hemos sido declarados justos.
22 Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestro cuerpo lavado con agua pura. 23 Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es Aquel que prometió. 24 Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros…
No debemos tratar a Dios como si llevara un registro de rencor igual que nosotros — el castigo ya cayó sobre Cristo, no sobre nosotros, así que podemos acercarnos con plena confianza. Y esto no se vive en solitario: cuando alguien en la comunidad ya no puede más, los demás están llamados a cargarlo entre varios, no a empujarlo.
Idea clave
Los sacerdotes humanos fracasaron rotundamente; solo Cristo venció donde todos fallaron, y ahora nos restaura y capacita para servir a Dios en verdadera santidad.
Conclusión y aplicaciones
Argumento
Cristo nos ha limpiado y capacitado para servir a Dios en verdadera santidad; descansa plenamente en Su gracia y toma hoy la decisión de reflejar Su santidad en cada área de tu vida.
- Examina tu vida y ministerio a la luz de las demandas de santidad: relaciones familiares (el matrimonio y el trato a los hijos deben reflejar esa santidad), cuidado del cuerpo (nadie alcanzará la perfección física exigida al sacerdote, pero sí se puede cuidar el cuerpo como templo del Señor), y pureza de vida.
- Reconoce que, medidos por estos estándares, todos saldríamos reprobados — identifica en qué áreas específicas has fallado.
- Haz un compromiso de fe y gracia delante del Señor, pidiendo perdón y proponiéndote ser transformado.
- Esfuérzate en comunidad: la santificación no se logra en solitario, sino caminando con otros creyentes igual de débiles, que sostienen cuando uno cae.
Solo Cristo, el Sumo Sacerdote perfecto, venció donde todos fracasamos. Él abrió el camino para acercarnos a Dios con confianza, nos ha limpiado y capacitado para vivir en verdadera santidad.
La grabación llega hasta el cierre del mensaje (“mientras proclamamos a otros que este perdón y esta transformación se encuentra en Jesús”) sin que se haya conservado una oración final explícita.