Introducción
El día de hoy estamos en Levítico 3, un pasaje glorioso, porque aquí el Señor invita a Su pueblo a acercarse a Su mesa. El sermón se titula “Cuando Dios nos llama a sentarnos a Su mesa”. Vamos a ver tres puntos.
I. Invitados a la mesa de Dios
A. ¿Qué es una ofrenda de paz?
“Si alguien ofrece su ofrenda como sacrificio de las ofrendas de paz,
Distintas versiones traducen esto de manera diferente: la NVI dice “sacrificio de comunión”, la Biblia de Jerusalén también “sacrificio de comunión”, mientras que la NBLA y la Reina Valera dicen “ofrenda de paz”. La palabra hebrea detrás es shelamim, plural de shalom. Muchos conocen esa palabra — hay tiendas, negocios, hasta personas que se llaman Shalom — y saben que significa “paz”. Pero definir la paz simplemente como “ausencia de problemas” es tan limitado como definir la prosperidad como “no tener hambre”. La paz bíblica es estar completo, pleno, saludable, satisfecho, independientemente de tu condición — puede haber problemas, y aun así disfrutar de la paz que viene de Dios. Vivimos en una cultura de insatisfacción crónica: el que no tiene carro quiere aunque sea un carrito viejo; el que lo tiene, quiere uno mejor, y así sucesivamente. Esta ofrenda era una declaración de que estamos contentos, plenos, satisfechos con lo que Dios nos ha dado.
Idea clave
El Señor invita a Su pueblo a Su mesa para celebrar la paz y la provisión que fluyen de Su gracia.
B. ¿Cómo se realizaba el sacrificio?
A diferencia del holocausto, que tenía que ser macho, aquí podía ser macho o hembra — quitando limitaciones, para hacerlo más accesible.
1 “Si alguien ofrece su ofrenda como sacrificio de las ofrendas de paz, si la ofrece del ganado, sea macho o hembra, la ofrecerá sin defecto delante del Señor. 2 Pondrá su mano sobre la cabeza de su ofrenda y la degollará a la puerta de la tienda de reunión. Entonces los sacerdotes hijos de Aarón rociarán la sangre sobre el altar por todos los lados. 3 El que ofrece el sacrificio de las ofrendas de paz, presentará una ofrenda encendida al Señor: la grasa que cubre las entrañas y toda la grasa que hay sobre las entrañas, 4 los dos riñones con la grasa que está sobre ellos y sobre los lomos, y el lóbulo del hígado, que quitará con los riñones. 5 Los hijos de Aarón lo quemarán en el altar, sobre el holocausto que está sobre la leña en el fuego. Es una ofrenda encendida de aroma agradable para el Señor.
Imagínate a un niño israelita que vio nacer al becerrito, que hasta le puso nombre, y ahora su papá le explica que se lo van a llevar al Señor. El hombre llega a la puerta de la tienda de reunión con el animal y con su hijo de la mano, pone su mano sobre su cabeza, y con un cuchillo muy afilado lo degüella — la sangre brota de las arterias, los sacerdotes la recogen en toneles y la derraman alrededor del altar. Luego el padre, ayudado por los sacerdotes, desuella al animal y separa la grasa que cubre los intestinos, los dos riñones con su grasa, el hígado — todo pesado y pegajoso — y lo lleva al altar, donde se quema.
A diferencia del holocausto, donde se quemaba todo, aquí solo se quema una parte relativamente pequeña.
La ofrenda de un cordero
6 “Pero si su ofrenda como sacrificio de las ofrendas de paz para el Señor es del rebaño, sea macho o hembra, sin defecto la ofrecerá. 7 Si va a presentar un cordero como su ofrenda, lo ofrecerá delante del Señor. 8 Pondrá su mano sobre la cabeza de su ofrenda y la degollará delante de la tienda de reunión. Entonces los hijos de Aarón rociarán su sangre sobre el altar por todos los lados. 9 Del sacrificio de las ofrendas de paz, traerá una ofrenda encendida al Señor: la grasa, la cola entera, que cortará cerca del espinazo, la grasa que cubre las entrañas y toda la grasa que hay sobre las entrañas, 10 los dos riñones con la grasa que está sobre ellos y sobre los lomos, y el lóbulo del hígado, que quitará con los riñones. 11 Entonces el sacerdote lo quemará sobre el altar como alimento. Es una ofrenda encendida para el Señor.
Prácticamente lo mismo que con el becerro, con una sola diferencia: la cola. Había una raza de borregos en la región cuya cola podía pesar hasta seis kilos — era lo más codiciado, una capa de grasa que le daba un sabor especial a la carne, algo así como un corte de carne kobe hoy en día, con su grasa intramuscular. Nosotros, por salud, evitamos la grasa; en aquel entonces era un lujo que se comía una o dos veces al año.
¿Alimento para quién? No para el ofrendante, porque todo se quemaba — se volvía carbón. ¿Para Dios? Pero Dios mismo ha sido enfático en que no necesita que lo alimentemos, a diferencia de los dioses paganos.
Salmo 50:13
¿Acaso he de comer carne de toros, O beber sangre de machos cabríos?
La idea es como cuando invitas a alguien especial a comer — cuando corteé a mi esposa, ahorré para llevarla a uno de los mejores restaurantes de la zona—: procuras darle lo mejor. Dios está en Su trono, y le dice a Su pueblo: acércate a mi mesa. Y ese pueblo le lleva lo mejor para comer con Él.
Idea clave
El pueblo se acerca a la mesa del Señor trayendo lo mejor para tener comunión con Él.
Ganado caprino
12 “Si su ofrenda es una cabra, la ofrecerá delante del Señor. 13 Pondrá su mano sobre su cabeza y la degollará delante de la tienda de reunión. Entonces los hijos de Aarón rociarán su sangre sobre el altar por todos los lados. 14 Después presentará de ella su ofrenda como ofrenda encendida para el Señor: la grasa que cubre las entrañas y toda la grasa que hay sobre las entrañas, 15 los dos riñones con la grasa que está sobre ellos y sobre los lomos, y el lóbulo del hígado, que quitará con los riñones. 16 Entonces el sacerdote los quemará sobre el altar como alimento. Es una ofrenda encendida como aroma agradable. Toda la grasa es del Señor. 17 Estatuto perpetuo será por todas sus generaciones, dondequiera que ustedes habiten: ninguna grasa ni ninguna sangre comerán”.
Exactamente el mismo ritual: becerro, borrego o cabra — se presenta, se degüella, se quema solo la grasa y ciertos órganos, y eso es agradable al Señor. Toda esa grasa —lo mejor, no así en la vida diaria, solo en el sacrificio— era exclusivamente del Señor.
Idea clave
El Señor invita a Su pueblo a Su mesa, para que ellos le ofrezcan lo mejor y celebren la paz y la provisión que Él les da.
II. Compartiendo la mesa con Dios
“Esta es la ley del sacrificio de la ofrenda de paz que será ofrecido al Señor:
Este segundo pasaje añade detalles: la ofrenda de paz se daba en tres circunstancias — acción de gracias, cumplimiento de un voto, u ofrenda voluntaria.
12 Si lo ofrece en acción de gracias, entonces, junto con el sacrificio de acción de gracias, ofrecerá tortas sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untados con aceite, y tortas de flor de harina bien mezclada, amasadas con aceite. 13 Con el sacrificio de sus ofrendas de paz en acción de gracias, presentará su ofrenda con tortas de pan leudado.
¿Alguna vez Dios ha contestado una oración tuya, y te acuerdas de darle gracias? Cuando en el Antiguo Testamento Dios respondía una oración especial, el pueblo llevaba una ofrenda de paz — con todos sus complementos, como pedirnos hoy que la carne venga con sus tortillitas, nopalitos, cebollines, salsita. La carne, en aquel entonces, era un manjar que se comía una o dos veces al año.
Y de ello presentará una parte de cada ofrenda como contribución al Señor; será para el sacerdote que rocía la sangre de las ofrendas de paz.
“En cuanto a la carne del sacrificio de sus ofrendas de paz en acción de gracias, se comerá el día que la ofrezca; no dejará nada hasta la mañana siguiente.
Le pregunté a un carnicero de nuestra iglesia cuánta carne comestible quedaría de una res chica, quitando riñones e hígado — como 300 kilos. Esa carne se asaba en fogones auxiliares (el altar era sagrado, no se usaba para esto), y el ofrendante y su familia debían comerla en el tabernáculo mismo, ese mismo día, frente a la columna de nube que representaba la presencia de Dios. ¿Qué tenías que hacer para acabarte 300 kilos de carne en un día? Invitar a otros.
Idea clave
Dios invita a Su pueblo a Su mesa, para compartir hoy la alegría de Su comunión.
Un becerro alimenta a más de 100 personas; un cordero o cabra, a unas 25 — cientos podían estar sentados a la mesa de Dios.
Idea clave
La gracia y la presencia de Dios no se celebran en soledad, sino compartiéndolas con otros.
16 Pero si el sacrificio de su ofrenda es por un voto o una ofrenda voluntaria, se comerá en el día que ofrezca el sacrificio; y al día siguiente se podrá comer lo que quede; 17 pero lo que quede de la carne del sacrificio será quemado en el fuego al tercer día. 18 De manera que si se come de la carne del sacrificio de sus ofrendas de paz en el tercer día, el que la ofrezca no será acepto, ni se le tendrá en cuenta. Será cosa ofensiva, y la persona que coma de ella llevará su propia iniquidad.
Un voto era una promesa condicional a Dios (“Señor, si me das lluvia y cosecha, te traeré esto”); si no se consumía a tiempo, se quemaba — otro motivo para invitar a otros a compartir.
Una exclusión
19 “La carne que toque cualquier cosa inmunda no se comerá; se quemará en el fuego. En cuanto a otra carne, cualquiera que esté limpio puede comer de ella. 20 Pero la persona que coma la carne del sacrificio de las ofrendas de paz que pertenecen al Señor, estando inmunda, esa persona será exterminada de entre su pueblo. 21 Y cuando alguien toque alguna cosa inmunda, ya sea inmundicia humana o un animal inmundo, o cualquier cosa abominable e inmunda y coma de la carne del sacrificio de la ofrenda de paz que pertenece al Señor, esa persona será exterminada de entre su pueblo”.
Había círculos concéntricos de santidad y pureza: personas (sumo sacerdote, sacerdotes, pueblo, extranjero), lugares (lugar santísimo, tabernáculo, campamento, desierto) y cosas (santificadas, santas, comunes, inmundas o abominables). Mientras más cerca de Dios, más pureza se requería. No es que estar en contacto con fluidos corporales u otras cosas inmundas fuera malo en sí mismo, pero impedía acercarse a Dios hasta purificarse.
Idea clave
Quienes se sientan a la mesa del Dios Santo, deben hacerlo en pureza.
Invitando a los inmundos
Si tú hubieras vivido en aquella época, ¿habrías sido una persona inmunda?
Todos nosotros somos como el inmundo, y como trapo de inmundicia todas nuestras obras justas. Todos nos marchitamos como una hoja, y nuestras iniquidades, como el viento, nos arrastran.
No hubiéramos podido siquiera acercarnos al campamento de Israel.
Efesios 2:12–13 (NBLA)
12 recuerden que en ese tiempo ustedes estaban separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel, extraños a los pactos de la promesa, sin tener esperanza y sin Dios en el mundo. 13 Pero ahora en Cristo Jesús, ustedes, que en otro tiempo estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo.
Cristo mismo se entregó a la muerte como nuestra ofrenda de paz. Ya no tenemos que traer nuestra propia ofrenda ni terminar embarrados en sangre.
Idea clave
Debido a nuestra condición y a nuestras acciones no podíamos aspirar a acercarnos a la mesa del Señor, pero Cristo fue nuestra ofrenda de comunión.
Somos recibidos sin merecerlo
Lucas 14:21–22 (NBLA)
21 Cuando el siervo regresó, informó de todo esto a su señor. Entonces, enojado el dueño de la casa, dijo a su siervo: “Sal enseguida por las calles y callejones de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los ciegos y los cojos”. 22 Y el siervo dijo: “Señor, se ha hecho lo que usted ordenó, y todavía hay lugar”.
Si te invitaran al mejor salón de la ciudad, con las figuras más importantes, procurarías vestirte a la altura. Ante el Rey de reyes, ni el traje más caro nos haría dignos. Nosotros éramos como los pobres de la calle, y Él nos fue a buscar y nos sentó a Su mesa. Nunca deberíamos dejar de estar agradecidos, ni pensar que merecemos algo — Dios no nos debe nada; cada oportunidad de servir, dar u orar es un privilegio, no un derecho que ganamos.
Esto tiene una conexión directa con la Cena del Señor, donde por medio del pan y el vino participamos de Cristo por la fe. Pero trasciende eso.
Hebreos 4:16
Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.
Ya no necesitas llevar sacrificios — el único sacrificio necesario ya fue entregado, y puedes acercarte por medio de la oración. Es una tragedia que la iglesia del siglo XXI no valore la oración — si le quitamos la oración por los alimentos, ¿cuánto tiempo real le dedicamos? Cristo tuvo que morir para abrir ese camino; cada vez que no oramos, estamos desperdiciando algo que le costó Su vida.
Nuestra vida entera es el sacrificio
Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes.
Ya no nos pide agarrar la grasa de un becerro — nos pide algo más difícil: nuestro cuerpo entero. ¿Para qué usaste tu boca esta semana — para cantar, pero también para ofender, para malas palabras, para rencor? ¿Tus manos? ¿Tu sexualidad? Estamos en un lugar más íntimo que el tabernáculo — ¿hablarías igual sentado frente a la columna de nube que como hablas con tus amigos no creyentes? ¿Qué ambiente hay en tu propia mesa, en tu hogar — de paz y bendición, o de rencillas e indirectas?
Idea clave
Por Cristo estamos sentados a la mesa de Dios para disfrutar de Su comunión y darle lo mejor cada día.
Somos llamados a compartir con otros
Lucas 14:23
Entonces el señor dijo al siervo: “Sal a los caminos y por los cercados, y oblígalos a entrar para que se llene mi casa.
Necesitamos estar en la presencia de Dios con el pueblo de Dios, pero también invitar a otros — por eso hablamos de Cristo, porque queremos que otros experimenten esta misma presencia.
Idea clave
La comunión con el Dios vivo es un tesoro tan glorioso que merece ser compartido.
Conclusión
¿Cómo vamos a responder a esta invitación de Dios? El sacrificio ya fue realizado. La mesa ya está puesta. Acércate al Dios vivo.
Cierra tus ojos y vamos a terminar…