Introducción

Señor, me presento ante ti para rogarte que tu Palabra obre en nuestros corazones, empezando por el mío y por cada miembro de esta iglesia. Que dé fruto en nuestros corazones, te lo ruego, Rey, en el nombre de Jesús.

Ilustración: el trabajo soñado

Imagina que alguien recibe la oferta de trabajo que soñó durante años; todos lo felicitan, pero al empezar a trabajar empieza a sentirse incapaz, a preguntarse “¿y si no estoy a la altura?“. Así me sentí cuando me llamaron a ser pastor, y muchos días me sigo sintiendo así — hay tantas cosas que me faltan.

Aarón vivió algo similar, multiplicado. De repente Dios lo llama a ser sacerdote, mediador entre un Dios santo y su pueblo, siendo él mismo un pecador. Ya vimos las semanas pasadas quién era: un hombre débil, un idólatra arrepentido. El llamado era mucho más grande que su carácter.

Hoy vamos a ver que cuando Dios llama a servirle: llama a los indignos, les da una nueva identidad, y manifiesta Su presencia.

Argumento

Dios toma al indigno, lo limpia por gracia, lo reviste de santidad, y lo llena de Su Espíritu para servir en Su presencia.

I. Dios llama a los indignos (vv. 1-5)

Levítico 8:1-3

1 Entonces el Señor dijo a Moisés: 2 «Toma a Aarón y con él a sus hijos, y las vestiduras, el aceite de la unción, el novillo de la ofrenda por el pecado, los dos carneros y la cesta de los panes sin levadura; 3 y reúne a toda la congregación a la entrada de la tienda de reunión».

“Entonces el Señor dijo a Moisés” marca, otra vez, el inicio de una nueva sección — hasta ahora vimos los sacrificios; ahora vemos que el pueblo necesita, además, un mediador.

Moisés como anticipo de Cristo

Hebreos 3:2-3 (NBLA)

2 El cual fue fiel al que lo designó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios. 3 Porque Jesús ha sido considerado digno de más gloria que Moisés, así como el constructor de la casa tiene más honra que la casa.

Moisés fue fiel en la casa de Dios, pero apunta a Cristo. Su papel consistía en ser mediador — Aarón fue llamado a ser sacerdote, pero no podía nombrarse a sí mismo; necesitaba que alguien lo nombrara.

»Ustedes no me escogieron a Mí, sino que Yo los escogí a ustedes,

Si tú sirves aquí, incluso en la alabanza, no es porque a ti se te ocurrió, sino porque el Señor decidió llamarte.

Dios llama a un siervo indigno

Aarón era un pecador. Cuando el pueblo lo presionó, hizo el becerro de oro sin dudarlo. Cuando Moisés lo confrontó, respondió (Éxodo 32:24, parafraseado): “me dieron el oro, lo eché al fuego, y salió un becerro” — como diciendo “no fue mi culpa”. Era un cobarde que, bajo presión, huyó de su responsabilidad — igual que nosotros nos ponemos irritables o huimos a las redes sociales cuando la realidad nos aprieta.

Idea clave

Cuando un hombre es llamado a servir no es un premio a sus esfuerzos, sino un milagro de la gracia.

Muchos seguimos pensando que los cristianos deberían ser perfectos, y juzgamos a quien sirve y sigue fallando. Pero el Señor no nos llama porque seamos perfectos, nos llama a pesar de nuestras imperfecciones.

27 Sino que Dios ha escogido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo para avergonzar a lo que es fuerte. 28 También Dios ha escogido lo vil y despreciado del mundo: lo que no es, para anular lo que es, 29 para que nadie se jacte delante de Dios. 30 Pero por obra Suya están ustedes en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, santificación y redención,

Idea clave

Decir que somos “escogidos de Dios” no dice nada sobre nuestra grandeza, sino sobre la grandeza de Dios.

Aarón fue escogido siendo idólatra, cobarde, mentiroso, y más adelante también chismoso y traidor. Nosotros somos sacerdotes de este Nuevo Pacto — llamados por gracia, no por mérito. Si alguien canta, no es por su voz —Dios tiene ángeles que cantan mejor—; si alguien enseña, no es porque sea un “maestrazo”. El mundo escoge por currículum, Dios escoge por misericordia.

Idea clave

Somos llamados a servir no por nuestra capacidad, sino la gracia de nuestro Dios.

Ponte en los zapatos de Aarón: había visto a Dios humillar a los dioses de Egipto, abrir el mar — y aun conociendo sus propios errores, ese mismo Dios lo llama: “ven, cobarde, mentiroso, idólatra, a servirme”. Pero el Dios que lo llama también le da lo que necesita.

Dios provee lo necesario

Las vestiduras que debía usar eran dignas de un rey — algo que Aarón jamás hubiera podido costear. Necesitaba ser perdonado, y no podía ganarse ese perdón.

Idea clave

Dios pide altos requisitos para servirlo, pero Él los provee todos.

El cambio es evidente

A veces, cuando conozco gente nueva, no les digo enseguida que soy pastor, no por vergüenza, sino porque cambia el trato — me empiezan a hablar de usted, se sienten incómodos. Aarón era igual que cualquier israelita, pero ahora todo el pueblo sabía que Dios lo había llamado para algo especial — su vida jamás sería igual.

Si tú has creído en Cristo, eres siervo de Dios. ¿Lo saben tus amigos, tus compañeros de trabajo? A veces no lo decimos porque sabemos que no vivimos a la altura del evangelio — pero no se trata de ser perfectos, sino de estar creciendo.

Resumen

  1. Dios llama a un pecador para servirlo.
  2. Dios le provee lo que necesita para servirlo.
  3. Todos saben que ese pecador es ahora un siervo de Dios.

Si te enteras de que un hermano peca, no deberías escandalizarte — deberías orar por él, acercarte con amor. Nadie está en la iglesia porque sea perfecto.

Idea clave

Dios llama desde la ruina, viste en la gracia y capacita con poder, para que todo servicio hable más de Su redención que de la capacidad humana.

¿Alguna vez te has sentido indigno de servir a Dios? Vas por buen camino — porque tú y yo, por nosotros mismos, somos indignos. Dios no llama a personas invencibles; llama a quienes atraviesan sufrimiento, para manifestar Su poder y usarlo para el bien de otros.

Dios usa gente ordinaria para hacer cosas extraordinarias en las vidas de los demás. Paul Tripp

II. Dios da una nueva identidad (vv. 6-9)

El lavado precede al llamado

Levítico 8:6

6 Entonces Moisés hizo que Aarón y sus hijos se acercaran, y los lavó con agua.

En el desierto, bañarse a diario no era la costumbre —muchas culturas antiguas se limpiaban una o dos veces al año, con arena—. La tradición judía enseña que Aarón y sus hijos fueron sumergidos por completo en agua, y tallados — muchos lo asocian con el bautismo.

Idea clave

El primer requisito para servir no es talento, ni conocimiento, ni experiencia, es la salvación.

22 Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en Tu nombre, y en Tu nombre echamos fuera demonios, y en Tu nombre hicimos muchos milagros?“. 23 Entonces les declararé: “Jamás los conocí; apártense de Mí, los que practican la iniquidad”.

No confíes en lo que haces, sino en Aquel en quien has creído. Si ya fuiste perdonado, ya tienes lo primero que necesitas para servir — no necesitas ningún curso previo.

Ropa que revela el corazón

Levítico 8:7-9

7 Puso sobre él la túnica, lo ciñó con el cinturón y lo vistió con el manto; luego le puso el efod, y lo ciñó con el cinto tejido del efod, con el cual se lo ató. 8 Después le puso el pectoral, y dentro del pectoral puso el Urim y el Tumim. 9 Puso también la tiara sobre su cabeza, y sobre la tiara, al frente, puso la lámina de oro, la diadema santa, tal como el Señor había ordenado a Moisés.

¿Por qué nuestra sociedad le da tanto peso a la ropa? Habla de posición, pero también de prioridades — no llegarías a la cena de tu aniversario en shorts sudados, ni a la graduación de tu hijo en bermudas.

Harás vestiduras sagradas para tu hermano Aarón, para gloria y hermosura.

No es que Aarón se viera guapo — es que iba a servir a un Dios glorioso, y debía vestirse en consonancia.

Túnica y manto: de tela azul, reservada para reyes.

31 »Harás asimismo el manto del efod todo de tela azul. 33 »En su borde inferior harás granadas de tela azul, púrpura y… también alrededor, campanillas de oro… 35 Estará sobre Aarón cuando ministre. Y el tintineo se oirá cuando entre en el lugar santo delante del Señor y cuando salga, para que no muera.

No es que a Dios le importe la marca — es “Aarón, acuérdate de quién eres: un idólatra, un cobarde, y aun así te visto como un rey”. Las granadas —fruto preciado hasta hoy— hablaban de la vida fructífera que el sacerdote debía dar; las campanillas de oro sonaban a cada paso, recordándole que servía a un Dios santo, para que no muriera.

Idea clave

El manto hablaba de una vida transformada por la gracia, donde los frutos son visibles y los pasos resuenan con santidad.

El efod: tejido con hilo de oro, con dos piedras de ónix en los hombros grabadas con los nombres de las tribus de Israel — representando el peso de servir a Dios. Imagínate a Martín Lutero, en su primera misa católica, paralizado de temor al pensar que estaba manejando el cuerpo de Cristo — así de pesado era este llamado para Aarón.

Idea clave

El efod nos habla del peso que el sacerdote llevaba sobre sus hombros.

El pectoral, el Urim y el Tumim: el pectoral llevaba doce piedras preciosas, una por tribu — hoy costaría medio millón de pesos replicarlo, y aun así, para Dios Su pueblo vale muchísimo más. Iba sobre el corazón, recordándole a Aarón amar y cuidar al pueblo como Dios lo hace.

Lleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo.

Idea clave

El pectoral representaba el amor de Dios por Su pueblo, un amor que debía reflejarse en la vida del sacerdote.

El Urim y el Tumim —nadie sabe con certeza qué eran físicamente— eran el medio por el cual Dios hablaba antes de que existiera la revelación completa de la Escritura.

Idea clave

El Urim y Tumim eran símbolos de la revelación divina en el Antiguo Pacto, anticipando la plenitud de la verdad revelada en Cristo y en las Escrituras.

La tiara: con una lámina de oro grabada “Santidad al Señor” — dondequiera que Aarón fuera, llevaba visible su consagración.

Idea clave

La tiara señalaba que toda la vida del sacerdote pertenecía al Señor.

Nosotros no llevamos esa lámina, pero tenemos algo más profundo: el sello del Espíritu, que dice “esto es mío” (Efesios 1:13).

Idea clave

Las vestiduras del siervo revelan que Dios ha alineado su corazón con Su santidad y propósito.

Hoy no vestimos lino ni oro — encarnamos a Cristo mismo. No tenemos el Urim, tenemos Su Palabra. No tenemos una lámina en la frente, tenemos el Espíritu grabado en el corazón. La verdadera santidad no se viste, se vive.

III. Dios manifiesta Su presencia (vv. 10-12)

La unción del tabernáculo

Levítico 8:10-11

10 Entonces Moisés tomó el aceite de la unción y ungió el tabernáculo y todo lo que en él había, y los consagró. 11 Con el aceite roció el altar siete veces y ungió el altar y todos sus utensilios, así como la pila y su base, para consagrarlos.

Este aceite tenía una receta especial e irrepetible — resina, aceite de oliva, canela y otras especias. El número siete comunica plenitud: una consagración total, no a medias.

La unción de Aarón

Levítico 8:12

12 Después derramó del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón y lo ungió, para consagrarlo.

Al tabernáculo se le roció; sobre Aarón se derramó — varios litros, escurriendo por su barba y hasta sus vestiduras, según describe el Salmo 133. Esto representaba que Aarón, completo, le pertenecía a Dios, y que la presencia de Dios estaba en su vida.

Idea clave

Cuando el siervo es consagrado para Dios, Su presencia se manifiesta en su vida.

Conclusión

Donde antes hubo ruina, ahora hay perdón. Donde hubo vergüenza, ahora hay adoración. Donde hubo fracaso, ahora hay poder.

Argumento

Dios llama, limpia y capacita al indigno; acerquémonos al altar del sacrificio, y recibamos la provisión de Dios para vivir y servir en Su presencia.

Si has reconocido tu indignidad y recibido la gracia de Dios, eres bíblicamente un sacerdote — sin importar tu profesión, esa no es tu identidad última. Pero también hay que examinarse: desde la antigüedad ha habido falsos sacerdotes, con la vestimenta y las funciones, pero sin haber reconocido su indignidad ni haber sido lavados ni ungidos — “sepulcros blanqueados”.

El peso del pecado y el sufrimiento nos impiden ver esta provisión. A veces es la culpa —por el pasado, o por un pecado secreto—; a veces el sufrimiento, que nubla la vista, olvidando que Dios quiere manifestar Su poder en medio de él; a veces el orgullo, luchando contra el pecado con nuestras propias fuerzas, y terminando frustrados.

Conexión con el evangelio

El evangelio no exalta al digno, lo transforma. Por Su sangre, Cristo hace aptos a quienes se acercan a Él.

20 Y el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor, el gran Pastor de las ovejas mediante la sangre del pacto eterno, 21 los haga aptos en toda obra buena para hacer Su voluntad, obrando Él en nosotros lo que es agradable delante de Él mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Muchas veces, después de fallarle al Señor —una discusión con mi esposa, algo que no debí decir— y me toca servir o predicar, me siento aplastado por el pecado, casi viendo una lona que dice “eres un hipócrita”. Cuando el diablo te diga “¿cómo te crees sacerdote siendo tan pecador?”, tienes que repetirte: Él me hizo apto. Él está obrando en mí, no soy yo.

Aplicacion

  • Si un pecado secreto te impide vivir y servir como sacerdote, recibe la gracia que perdona.
  • Si la culpa del pasado te ata, permite que Su amor y gracia te liberen — Cristo ya lo pagó todo.
  • Si el sufrimiento te paraliza, deja que Él te abrace, te consuele, te fortalezca.
  • Si es el orgullo, hay dos caminos: que Él te humille ahora, por gracia, o que te humille en la eternidad, cuando toda rodilla se doble.
  • Aprende a verte como sacerdote de Dios al iniciar tu día — al mirarte al espejo, al ponerte tu uniforme de trabajo.
  • Usa tus propias “campanillas” para recordarlo: cuando yo era joven y luchaba con la pornografía, le puse a mi computadora la contraseña “SantidadAJehová” — tenía que escribirla cada vez que quería ceder a la tentación, y me ayudó muchísimo. Pon versículos en tu celular, cambia lo que escuchas por música que hable del evangelio.

Aceptemos la invitación de Dios. Él quiere convertirnos en dignos sacerdotes. El altar está encendido, el Cordero ya fue inmolado, la gracia ya fue derramada. ¿Qué esperas? Acércate, recibe la provisión para vivir y servir en Su presencia.

Cierra tus ojos…