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Esta semana en Gracia Soberana, vimos que a través de la ofrenda de paz El Señor invita a Su pueblo a Su mesa para celebrar la paz y la provisión que fluyen de Su Gracia.

Ahora que sabemos que por Su muerte, Cristo nos ha sentado a la mesa de Dios para que disfrutemos de Su presencia cada día.


Después de orar unos por otros, lean Levítico 3:1 - 5

  • Lean también y Levítico 7:11-21

Para Recordar

  • ¿Cómo se relaciona la ofrenda de paz con el concepto bíblico de “shalom”?
  • Intenten describir con sus propias palabras cómo se realizaba el sacrificio.
  • Ponte en los zapatos de los primeros ofrendantes ¿Qué pudo haberlo impactado más de esta experiencia? (Consideren aspectos como el costo de la ofrenda, la generosidad, el sacrificio, la atmósfera festiva o la solemnidad de la pureza)
  • ¿Por qué se dijo que en esta ofrenda el Señor invita a participar de Su mesa?
  • ¿Qué importancia tenía el hecho de compartir la comida en comunidad?
  • ¿Por qué se requería estar limpios para participar de la comida del sacrificio de paz?

Para meditar

  • En la era actual ¿En qué momentos o contextos nos sentemos a la mesa del Señor?
  • ¿Cómo podemos obtener la pureza requerida para sentarnos a la mesa del Señor?
  • ¿Qué tanto valoramos hoy este privilegio? ¿Cómo se refleja en nuestra actitud hacia la adoración, los sacramentos, la oración y la comunidad? ¿Qué puedes hacer para demostrar más amor y gratitud?
  • ¿Qué significa que el Señor invite a Su mesa a pobres, cojos, ciegos y marginados? (Lc 14:21–23) ¿Cómo refleja esto el corazón del evangelio? ¿A quién puedes invitar a acercarse al Rey?
  • ¿Qué lugar tiene la iglesia en la experiencia de esa comunión?

Para orar

  • Adora a Dios por haberte invitado a sentarte en Su mesa, y dale gracias por la obra de Cristo que abrió ese acceso. Pídele que te permita comprender más profundamente el precio que Él pagó para hacerlo posible.
  • Ruega a Dios que te use como instrumento para convocar a otros: familiares, amigos, marginados, a participar de Su mesa de gracia. Pide ojos sensibles y un corazón dispuesto a compartir lo que tú has recibido.
  • Ora con gratitud por la iglesia, el cuerpo con quien compartes esta comunión.