
El domingo pasado en Gracia Soberana Orizaba, nos concentramos en Levítico 26. En ese pasaje el Señor nos mostró dos caminos con dos destinos opuestos: uno de bendición desbordante para quienes lo obedecen, y otro de devastación y juicio para quienes lo rechazan. Esto nos ayudó a reconocer nuestra condición: somos rebeldes por naturaleza y, por lo tanto, merecemos el justo juicio de Dios. Sin embargo en un acto de Gracia, Dios acredita la obediencia perfecta de Cristo a todos aquellos que se acercan en arrepentimiento y fe. Él ha llevado la maldición que justamente debíamos llevar y nos ha dado una nueva naturaleza que nos da el poder de obedecer en su nombre.
Para comentar
1 “Ustedes no se harán ídolos, ni se levantarán imagen tallada ni pilares sagrados, ni pondrán en su tierra piedra grabada para inclinarse ante ella; porque Yo soy el Señor su Dios. 2 Guardarán Mis días de reposo, y tendrán en reverencia Mi santuario. Yo soy el Señor.
- En Levítico 26.1 y 2 el Señor repite dos veces la frase “Yo soy el Señor” ¿Qué nos dice esto sobre quién es Él y Su autoridad sobre Su pueblo?
- En estos versículos, el Señor enfatiza tres cosas: no hacer ídolos, guardar el día de reposo, y reverenciar el tabernáculo. ¿Qué tienen en común estos tres mandatos? ¿Cómo se relacionan con adorar al Dios verdadero en lugar de ídolos?
Una frase para recordar:
“el corazón humano es una perpetua fábrica de ídolos”
- ¿Qué ídolos compiten actualmente por tu corazón (éxito, dinero, aprobación, comodidad, familia, experiencias espirituales)? ¿Qué medios te ha dado Dios para derrotarlos?”
Una frase para recordar:
La obediencia a Dios no es una carga sino una respuesta de amor y confianza en Dios que produce paz.
- ¿Has experimentado esto? Comparte un ejemplo reciente donde obedecer a Dios, aunque fuera difícil, te trajo paz.
11 Además, haré Mi morada en medio de ustedes, y Mi alma no los aborrecerá. 12 Andaré entre ustedes y seré su Dios, y ustedes serán Mi pueblo.
- Levítico 26:11-12 nos muestra que la mayor bendición no es la prosperidad material, sino la presencia de Dios. Seamos honestos: ¿Realmente lo creemos y lo vivimos así en la vida diaria? ¿Qué práctica específica te ha ayudado, o crees que podría ayudarte, a ser más consciente de la presencia de Dios (por ejemplo: tiempo diario a solas con Dios, ayuno, memorizar Escritura, adoración personal, descanso dominical intencional)?
15 si desprecian Mis estatutos y si su alma aborrece Mis ordenanzas para no poner por obra todos Mis mandamientos, quebrantando así Mi pacto… 21 “Si proceden con hostilidad contra Mí
- Levítico 26:15 y 21 describen la actitud del corazón detrás de la desobediencia (desprecio, traición, hostilidad). ¿Has identificado este patrón en tu vida? ¿Qué consecuencias trajo? (Te animo a compartir en beneficio de otros que puedan estar luchando con lo mismo).
16 Yo, por Mi parte, les haré esto: Pondré sobre ustedes terror repentino, tisis y fiebre que consuman los ojos y hagan desfallecer el alma… 22 Soltaré entre ustedes las fieras del campo que los privarán de sus hijos… 25 Y traeré sobre ustedes una espada que ejecutará venganza a causa del pacto… 26 Cuando Yo les quite el sustento del pan… 27 “Si a pesar de todo esto no me obedecen, sino que proceden con hostilidad contra Mí, 28 entonces Yo procederé con ira y hostilidad contra ustedes, Yo mismo los castigaré siete veces por sus pecados. 29 Comerán la carne de sus hijos, y la carne de sus hijas comerán.
- En Levítico 26:14 - 39 Dios advierte que las consecuencias de la rebelión serían cinco oleadas de juicio. ¿Crees que son demasiado severas o que son justas, al considerar la gravedad del desprecio, traición y hostilidad contra Dios?
- Dios muestra que uno de los propósitos al enviar el castigo en olas progresivas es llamar a Su pueblo al arrepentimiento ¿has experimentado cómo Dios usó consecuencias dolorosas de tu pecado para acercarte a Él? ¿Qué aprendiste de esa experiencia?
13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros, porque escrito está: «Maldito todo el que cuelga de un madero»,
- Gálatas 3:13 dice que Cristo “se hizo maldición por nosotros” Él llevó en la Cruz el pago por nuestra rebeldía. ¿Qué te dice eso del carácter de Dios? ¿Cómo debería cambiar esto la forma en que lo amamos y lo obedecemos?
31 Vienen días», declara el Señor, «en que haré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto, 32 no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, Mi pacto que ellos rompieron, aunque fui un esposo para ellos», declara el Señor. 33 «Porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días», declara el Señor. «Pondré Mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré. Entonces Yo seré su Dios y ellos serán Mi pueblo. 34 No tendrán que enseñar más cada uno a su prójimo y cada cual a su hermano, diciéndole: “Conoce al Señor”, porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande», declara el Señor, «pues perdonaré su maldad, y no recordaré más su pecado».
- Cristo no solo nos perdonó, también por medio de Su Espíritu nos ha dado una nueva naturaleza y nos ha unido a Él. Pensando en tus luchas actuales contra el pecado: ¿Cómo cambia esta verdad la forma en que enfrentas esas batallas?
Una frase para recordar:
Hay mas en ti de la gracia de Dios y el poder de Dios para obediencia que remanente del pecado para desobediencia.
- Toma un momento para identificar alguna área en tu vida donde te cueste obedecer a Dios (Por ejemplo negocio, impaciencia con los hijos, pornografía, ansiedad financiera, ira, etc.) ¿De qué manera específica vas a aplicar lo que hemos visto hoy para vencer en esas luchas?
Para orar
- Pide al Señor que nos libre de la “perpetua fábrica de ídolos” y nos dé hambre y sed por Su presencia por encima de cualquier bendición material o temporal.
- Intercede por las batallas concretas que cada miembro del grupo compartió, pidiendo que el Espíritu Santo les dé poder para caminar en obediencia gozosa y que experimenten la victoria de Cristo.
- Pide al Señor que nuestra iglesia sea un lugar donde confesamos nuestros pecados unos a otros en confianza y humildad, nos restauramos con mansedumbre, y nos recordamos continuamente el evangelio de la gracia.