
En Levítico 25, Dios recuerda a su pueblo que Él es el verdadero dueño de la tierra, del tiempo y de la vida. El año de reposo y el año del jubileo eran recordatorios poderosos de que Israel debía confiar en la provisión del Señor, vivir como administradores y no como dueños, y practicar el perdón en sus relaciones.
Hoy, como iglesia, somos llamados a vivir con esa misma conciencia: descansando en la fidelidad de Dios, reflejando que todo lo que somos y tenemos le pertenece, y extendiendo gracia y reconciliación a quienes nos rodean.
1 Entonces el Señor habló a Moisés en el monte Sinaí:
2 «Habla a los israelitas, y diles: “Cuando entren a la tierra que Yo les daré, la tierra guardará reposo para el Señor 3 Seis años sembrarás la tierra, seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos, 4 pero el séptimo año la tierra tendrá completo descanso, un reposo para el Señor; no sembrarás tu campo ni podarás tu viña… 10 Así consagrarán el quincuagésimo año y proclamarán libertad en la tierra para todos sus habitantes. Será de jubileo para ustedes, y cada uno de ustedes volverá a su posesión, y cada uno de ustedes volverá a su familia… 23 “Además, la tierra no se venderá en forma permanente, pues la tierra es Mía; porque ustedes son solo extranjeros y peregrinos para conmigo… 38 Yo soy el Señor su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto para darles la tierra de Canaán y para ser su Dios…> 55 Pues los israelitas son Mis siervos; siervos Míos son, a quienes saqué de la tierra de Egipto. Yo soy el Señor su Dios.
Después de orar lean Levítico 25 (Pueden leerlo todo o solo los versículos seleccionados ). Las siguientes preguntas les pueden ayudar a aplicar el pasaje a la vida diaria.
- ¿Qué nos enseña el año de reposo y el jubileo sobre reconocer que Dios es dueño de todo? ¿Qué retos enfrentaba Israel al depender totalmente de su provisión?
- ¿Por qué nos cuesta tanto vivir cada día como administradores de lo que Dios nos ha dado, en lugar de sentirnos dueños absolutos?
- ¿De qué maneras concretas podemos dar testimonio, en nuestras palabras y acciones, de que Dios es el dueño de nuestra vida y nuestros recursos?
- ¿Qué situaciones presentes hacen más difícil confiar en que Dios provee según su soberanía, y cómo podemos responder con fe?
- ¿Cómo podemos practicar hoy el principio de perdón y liberación que el jubileo enseñaba al pueblo de Dios?
- ¿Qué compromiso específico puedes asumir esta semana para reflejar, en tu fe, tus acciones y tus relaciones, que Dios es el dueño de tu vida?
Para orar
- Agradece que Dios es dueño de todo y que en Cristo nos da libertad y provisión.
- Pide al Señor que te enseñe a descansar en Él y a confiar en su fidelidad más que en tu esfuerzo.
- Ora para que como iglesia vivamos el jubileo: perdonando, compartiendo y cuidando del hermano necesitado.