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En Levítico 25, Dios recuerda a su pueblo que Él es el verdadero dueño de la tierra, del tiempo y de la vida. El año de reposo y el año del jubileo eran recordatorios poderosos de que Israel debía confiar en la provisión del Señor, vivir como administradores y no como dueños, y practicar el perdón en sus relaciones.

Hoy, como iglesia, somos llamados a vivir con esa misma conciencia: descansando en la fidelidad de Dios, reflejando que todo lo que somos y tenemos le pertenece, y extendiendo gracia y reconciliación a quienes nos rodean.

Después de orar lean Levítico 25 (Pueden leerlo todo o solo los versículos seleccionados ). Las siguientes preguntas les pueden ayudar a aplicar el pasaje a la vida diaria.

  • ¿Qué nos enseña el año de reposo y el jubileo sobre reconocer que Dios es dueño de todo? ¿Qué retos enfrentaba Israel al depender totalmente de su provisión?
  • ¿Por qué nos cuesta tanto vivir cada día como administradores de lo que Dios nos ha dado, en lugar de sentirnos dueños absolutos?
  • ¿De qué maneras concretas podemos dar testimonio, en nuestras palabras y acciones, de que Dios es el dueño de nuestra vida y nuestros recursos?
  • ¿Qué situaciones presentes hacen más difícil confiar en que Dios provee según su soberanía, y cómo podemos responder con fe?
  • ¿Cómo podemos practicar hoy el principio de perdón y liberación que el jubileo enseñaba al pueblo de Dios?
  • ¿Qué compromiso específico puedes asumir esta semana para reflejar, en tu fe, tus acciones y tus relaciones, que Dios es el dueño de tu vida?

Para orar

  • Agradece que Dios es dueño de todo y que en Cristo nos da libertad y provisión.
  • Pide al Señor que te enseñe a descansar en Él y a confiar en su fidelidad más que en tu esfuerzo.
  • Ora para que como iglesia vivamos el jubileo: perdonando, compartiendo y cuidando del hermano necesitado.