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El domingo pasado, en Gracia Soberana Orizaba, Levítico 9 nos enseñó las características de la verdadera adoración. Vimos cómo Aarón, un sacerdote imperfecto, fue limpiado y capacitado para ministrar ante un Dios santo. Este capítulo marca la “gran inauguración” del culto en el tabernáculo, y nos recuerda que no hay adoración sin redención ni rendición. La presencia de Dios se manifestó con fuego, consumiendo las ofrendas y confirmando que Él habita en medio de Su pueblo. Hoy, en esta nueva era, Cristo es nuestro sacrificio perfecto, nuestro sumo sacerdote y la manifestación visible del Dios invisible.

Por favor, después de orar unos por otros, lean levítico 9 y usen estas preguntas para recordar y aplicar el pasaje.

Para Recordar

  1. ¿Por qué Aarón tuvo que ofrecer sacrificios por sí mismo antes de ministrar al pueblo?
  2. ¿Qué tipos de ofrendas se presentaron por el pueblo, y qué representaba cada una?
  3. ¿Cómo se manifestó la gloria de Dios al final del capítulo?
  4. ¿Cómo respondió el pueblo al ver la gloria de Dios?

Para Aplicar

  1. ¿Alguna vez has participado de la adoración o el servicio a Dios “sin estar a cuentas con Dios”? ¿Por qué? ¿Cuál es la respuesta correcta en esta situación?
  2. ¿Qué significa para ti que “no hay adoración sin confesión”? ¿Lo practicas de manera habitual? ¿Cómo?
  3. El holocausto representaba una entrega total del adorador ¿Qué áreas de tu vida necesitas rendir totalmente a Dios para poder adorar y servir con libertad?
  4. ¿Dónde podemos contemplar la gloria de Dios hoy en día? (2 Cor 3.14, 18) ¿Qué estás haciendo para ver la gloria de Dios diariamente?
  5. ¿Cuál es la manera correcta de responder a Su gloria?