Señor soberano, venimos a colocarnos humildemente bajo Tu Palabra, reconociendo que te necesitamos, reconociendo nuestra debilidad. Necesitamos que Tú nos sustentes, Señor; necesitamos el alimento de Tu Palabra, y eso es algo que yo no puedo producir — solo Tu Espíritu precioso puede saciarnos de Tu Palabra. Te pido, te ruego, que hoy Tu Espíritu Santo nos traiga Tu Palabra. Te lo suplico, Dios, en el nombre de Jesús, amén.
Introducción
El jueves a la una de la tarde, muchos estaban trabajando, pero cuando salí de la iglesia a comprar agua había un mar de gente formada para ver el partido — empezó el Mundial, y nos fue bien, 2-0 sobre Sudáfrica. Escuchaba los gritos de alegría de aquí enfrente. Y no es malo gozarse en un partido de fútbol — es parte de la gracia común de Dios. El problema es cuando nuestro gozo depende de cosas chiquitas y temporales. Perdón por ser el más aguafiestas: no hay mucho optimismo de que lleguemos lejos en este mundial. El fútbol da alegría, pero es una alegría que se esfuma al instante — ahí está el Maracanazo: en 1950 todo estaba listo para que Brasil ganara el Mundial en su propia casa, solo necesitaban empatar, y perdieron. Se le conoce como la tragedia del Maracaná, y hubo personas que se suicidaron después de eso. Porque cuando nuestra felicidad depende de las circunstancias, tarde o temprano termina en decepción.
Hay estudios que muestran que vivimos un tiempo récord de ansiedad y depresión — en Latinoamérica, muchos jóvenes de 18 a 24 años viven con tristeza o ansiedad persistente a un nivel que los incapacita. Las autolesiones también van en aumento entre adolescentes que no saben manejar el dolor. Es cierto que antes no medíamos esto con la misma precisión, pero el problema es real: ocurre en todo el mundo, de México a Japón, y empezó casi al mismo tiempo en que se popularizó el uso de celulares — todavía no se puede decir que sean la causa exacta, pero al menos son un factor. Podemos notarlo en nuestros hijos, en nuestros nietos, y a veces en nosotros mismos.
De eso queremos hablar hoy — del gozo, principalmente desde Filipenses 4. Tres puntos sencillos: el mandato del gozo, los ladrones del gozo, y el camino del gozo.
Regocíjense en el Señor siempre. Otra vez lo diré: ¡Regocíjense!
Ten en mente quién escribe esto y desde dónde: no es Pablo desde la playa con un coco en la mano, ni desde una suite de lujo — lo escribe encadenado, esperando un juicio que probablemente terminaría en su ejecución, a una iglesia perseguida. Y aun así, la palabra “gozo” se repite más de 16 veces en esta carta. Esto es sorprendente porque el mensaje que nos bombardea todos los días es “si obtienes esto, serás más feliz” — si tuviera una casa más grande, si tuviera otro trabajo. Pero el gozo bíblico no depende de las circunstancias. Hay un gozo que nadie te puede quitar: el gozo del Señor.
Recordemos cómo empezó esta iglesia — la de Filipos. Era el segundo viaje misionero de Pablo, quien no era un hombre perfecto: empezó ese viaje con Silas porque se había peleado con su compañero anterior, Bernabé.
Por la noche se le mostró a Pablo una visión: un hombre de Macedonia estaba de pie, suplicándole: «Pasa a Macedonia y ayúdanos».
El mismo Señor intervino soberanamente para que Pablo llegara a Filipos, la capital de esa región. ¿Recuerdas cómo termina la historia?
Después de darles muchos azotes, los echaron en la cárcel, ordenando al carcelero que los guardara con seguridad; el cual, habiendo recibido esa orden, los echó en el calabozo interior y les aseguró los pies en el cepo.
Dios mismo dirigió a Pablo a Filipos — y esa dirección terminó en azotes, látigo y cepo. ¿Cómo responderíamos nosotros en esos zapatos? La mayoría nos enojaríamos, le reclamaríamos a Dios, porque tenemos una compulsión enfermiza de pensar que Dios está interesado en nuestra comodidad — ¿nunca has pensado “Dios, ¿por qué lo permitiste?” cuando las cosas no salen cómodas? Dios está interesado en algo mucho más grande que nuestra comodidad, y Pablo y Silas lo sabían.
Los dispositivos y la dopamina
Los dispositivos no solo nos roban tiempo, nos roban la capacidad de estar donde realmente estamos — llegas a una casa donde todos están en el teléfono, físicamente presentes pero desconectados. Antes, si veías tu programa, duraba media hora y se acababa; ahora las plataformas te dan una descarga continua de dopamina, “un capítulo más” hasta las tres de la mañana. Un niño llora si le quitas el celular, aunque sea adolescente — este aparato nos ha hecho olvidar que la vida a veces es difícil, porque en vez de resolver el problema, vemos videos, Reels o pornografía como una pequeña droga que alivia sin arreglar nada. Si hubieras vivido en tiempos de Pablo, seguramente hubieras dicho: “azótenme, pero no me quiten mi celular.”
Hechos 16:25
Como a medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los presos los escuchaban.
¿Qué se escuchaba en esa prisión — reclamos, lamentos? No: himnos. Así conoció la iglesia de Filipos a estos dos hombres imperfectos que, en medio de su imperfección, aprendieron a confiar en la bondad y la soberanía de Dios. Años después, Pablo, otra vez en la cárcel, les escribe: “regocíjense en el Señor siempre.” Para los filipenses no era teología teórica — habían visto a un hombre de carne y hueso regocijarse en la peor noche de su vida; me imagino al carcelero, escuchando la carta, pensando “sí, yo le di esas heridas, yo lo escuché cantar a medianoche.”
Hoy queremos preguntarnos: ¿qué es el gozo? ¿Por qué es tan fácil perderlo? ¿Cómo podemos crecer en él?
I. El mandato del gozo
Regocíjense en el Señor siempre. Otra vez lo diré: ¡Regocíjense!
Lo primero que hay que notar: es una orden. El Señor no dice “cuando te vaya bien, gózate,” ni “si eres de los extrovertidos, gózate.” Es una orden: regocíjate. Solemos interpretar el gozo como una emoción sobre la que no podemos hacer nada — pero el gozo bíblico es más que un sentimiento o estado de ánimo que sube y baja. El Señor nunca nos daría una orden que no pudiéramos cumplir, así que si nos ordena gozarnos siempre, significa que podemos aprender a hacerlo. Piensa en tu propia vida: si le pido a tus hijos que te describan con tres palabras, ¿estaría “gozo” o “alegría” entre ellas, o dirían “enojón, gritón, mandón”? El gozo tiene que ser parte de nosotros.
Filipenses 4:11-12
…pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación… En todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad.
Yo no prefiero el sufrimiento — si llego a mi casa con hambre y no hay comida, me da mucho coraje. Pero Pablo dice que se puede aprender, sea cual sea tu temperamento (esa palabra que se puso de moda hace unos 50 años y se quedó en las iglesias, aunque la Biblia nunca habla de “temperamentos”). Cuando el día 14 o 15 no te ha caído el depósito y te faltan 1,500 pesos para un pago, ¿está tu gozo al cien? Por supuesto que no — pero Pablo dice que se puede aprender.
El texto dice “regocíjense en el Señor” — esa es la clave: la fuente de nuestro gozo procede de Dios, no de nuestras circunstancias. Y el texto no nos ordena fingir el gozo — fingir es fácil, llegar a la iglesia con una sonrisa colgada. Lo que nos ordena es cambiar el lugar de donde brota nuestro gozo. Imagínate que te depositan 4,000 pesos extra con una nota de tu jefe felicitándote — eso no va a pasar, pero imagina que ocurriera, ¿cómo te sentirías? El problema es la fuente del gozo: si tu alegría procede del dinero, va a acabarse o vivirás con miedo a perderlo; si te gozas en tu salud, vas a envejecer y enfermar; si te gozas en tus hijos, van a fallarte o, aunque no fallen, tarde o temprano se irán; si te gozas en el reconocimiento de otros, vivirás esclavo de su opinión.
Lucas 10:20
Sin embargo, no se regocijen en esto, de que los espíritus se les sometan, sino regocíjense de que sus nombres están escritos en los cielos.
Los discípulos venían contentos porque los demonios se les sometían, y Jesús les corrige la fuente del gozo: lo que importa es que son salvos.
Salmo 16:11
Me darás a conocer la senda de la vida; En Tu presencia hay plenitud de gozo; En Tu diestra hay deleites para siempre.
Definición
El gozo es la respuesta alegre de alguien que confía en la gracia y la providencia de Dios.
Esto no significa que el cristiano ande siempre con una sonrisa — los creyentes también lloran, Jesús mismo lloró. El texto no nos pide negar el dolor.
2 Corintios 6:10
…como entristecidos, mas siempre gozosos…
Cita de Paul Tripp
El gozo cristiano no consiste en evadir la vida soñando con el cielo. Consiste en mirar con absoluta honestidad toda la vida terrenal a través del lente del cielo.
Imagina que mañana te hacen un descuento injusto en la quincena — a mí me ha pasado. Míralo desde una perspectiva celestial: cuando estés en el cielo y recuerdes ese día, ¿qué vas a pensar? Aquí vivimos una temporadita chiquita; en el cielo estaremos para siempre.
Idea clave — punto I
El gozo no depende de las circunstancias, depende del Señor, y por eso podemos aprenderlo.
II. Los ladrones del gozo
La bondad de ustedes sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios.
Inmediatamente después del mandato del gozo, viene la orden de no estar afanosos. No es casualidad: hoy le llamamos ansiedad, y el gozo y la ansiedad combaten por el mismo corazón — donde reina uno, no puede reinar el otro. La semana pasada vimos: “echando toda su ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de ustedes” (1 Pedro 5:7). Cuando algo te sale mal —un gasto inesperado del carro, por ejemplo— ¿cómo respondes? Yo suelo responder con preocupación o irritación, hasta le he reclamado a mi esposa por no recordarme algo, aunque ella ni siquiera maneja. Pero si de verdad creemos que Dios tiene control de todo, responderíamos distinto — cuando se me pasa el camión, en vez de maldecir podría decir “gracias, Señor, la próxima salgo más temprano.” ¿Cuántas veces estás con tu familia el domingo y no disfrutas el momento porque estás pensando en cómo juntar dinero para el pago de mañana?
La solución está en la frase anterior: “el Señor está cerca” — en dos sentidos. Cerca en el sentido de Su presencia, como un niño que se cae sabiendo que su papá está cerca y lo va a levantar. Y cerca en el sentido de Su venida: cuando Cristo vuelva, las cuentas pendientes, el coche que no puedes pagar, el alquiler acumulado, van a perder su importancia.
Hay otros ladrones del gozo: las circunstancias, las expectativas no cumplidas, el consumismo (Eclesiastés 1:8 dice que el ojo nunca se sacia de ver — siempre habrá otro par de tenis, otro teléfono que queramos), y la queja. Confieso con vergüenza que soy muy quejumbroso — hasta lo hacemos en broma con el clima: “qué calor,” “qué frío,” “qué barbaridad de lluvia.”
Cita de Paul Tripp
No hay gozo en la casa de Sally porque no hay gracia que celebrar.
No dice que esta mujer no tenga gracia —es cristiana— sino que esa gracia no está siendo celebrada. Hay una gran diferencia entre conocer la gracia y celebrarla: has sido perdonado de todos tus pecados, ¿lo celebras? Tienes la promesa de la vida eterna, ¿la celebramos? Si te caen 500 pesos extra en la cuenta, lo celebras en dos minutos — deberíamos celebrar así que el Dios que creó el universo es nuestro Padre. El problema no es que Dios nos haya dado poco: nos ha dado demasiado. El problema es que no estamos notando ni celebrando lo que nos ha dado — la gracia común (que amaneció, el sol, el café, los frijoles, la familia) y sobre todo la gracia especial: que Dios entregó a Su Hijo para perdonar tus pecados. Eso tendríamos que celebrarlo todos los días, aunque México no llegue a octavos de final.
Idea clave — punto II
El gozo empieza a morir cuando permitimos que las circunstancias, la queja y las posesiones opaquen la inmensa gracia de Dios.
III. El camino del gozo
Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto mediten. Lo que también han aprendido y recibido y oído y visto en mí, esto practiquen, y el Dios de paz estará con ustedes.
Antes de estos consejos prácticos, hay tres preguntas fundamentales de las que depende nuestro gozo: ¿quién es Dios?, ¿quién soy yo?, ¿para qué estoy aquí? Si le preguntas a nuestra sociedad quién es Dios, aunque el ateísmo tiene mucha publicidad, sigue habiendo pocos ateos —no es lógico— pero la mayoría piensa que Dios existe para hacerlos felices, como el genio de la lámpara: si no cumple, nos enojamos y nos alejamos. Si le preguntas a la sociedad quién eres tú, te dirán que eres el centro del universo, aquí para vivir tu vida y disfrutarla — y eso responde también la tercera pregunta: para qué estás aquí, para ser feliz.
Pero la Escritura responde distinto. Para conocer quién es Dios hay que leer la Biblia — nadie lo conoce en su totalidad, porque para una criatura es imposible conocer totalmente a Dios.
Confesión Belga (citada de memoria)
Todos creemos con el corazón y confesamos con la boca que hay un solo Ser, simple y espiritual, al que llamamos Dios; y que Él es eterno, incomprensible, invisible, inmutable, infinito, todopoderoso, perfectamente sabio, justo, bueno y fuente rebosante de todo bien.
Los catecismos y confesiones históricas son manuales de discipulado que escribieron hermanos hace cientos de años, estudiando la Palabra toda su vida — no son perfectos, tienen errores porque los escribieron humanos, pero son valiosos. Este Dios no es un Dios a nuestro servicio: es todopoderoso, soberano, infinitamente bueno, y no escatimó a Su propio Hijo. Cuando las cosas se ponen difíciles, eso no significa que Dios te falló — recuerda que ya demostró Su amor al enviar a Cristo.
Confesión de fe de Gracia Soberana (citada de memoria)
Aquellos a quienes Dios justifica, los adopta como miembros de Su familia, y les otorga todo el estatus, todos los derechos y todos los privilegios de hijos amados.
¿Quién eres tú? Un hijo amado de Dios — si creemos esto, vamos a tener gozo en circunstancias adversas.
Catecismo Menor de Westminster (citado de memoria)
El fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de Él para siempre.
¿Para qué estás aquí? Para conocer a Dios, darle gloria, y mientras le das gloria, disfrutarlo. Si crecemos recordando quién es Dios, quiénes somos y para qué estamos aquí, podremos entender el Salmo 16:11: “en Tu presencia hay plenitud de gozo.”
Desde ahí, tres prácticas concretas: primero, orar con gratitud — ¿en qué pasas más tiempo cuando oras, en pedir o en agradecer? Muchas veces parece carta a los Reyes Magos: te pido, te pido. Dios ya sabe lo que necesitas; sí hay que pedir, pero también agradecer, por lo que da y por lo que no da. Segundo, meditar — todos meditamos pasivamente en algo, aunque no nos demos cuenta (el trabajo, el dinero, las deudas). Tu gozo se alimenta de aquello en lo que meditas; si tienes tiempo libre, apaga el celular y busca al Señor en Su Palabra; si no tienes tiempo libre, busca la manera de escuchar predicaciones, aunque es mejor escuchar la Palabra directamente. Tercero, practicar lo aprendido — antes de poner algo en práctica hay que pensar cómo se vive; los predicadores no tenemos bola de cristal para decirte exactamente qué necesitas, te toca a ti pensarlo.
Idea clave — punto III
Quienes conocen a su Dios, su identidad y su propósito cultivan el gozo con hábitos de gracia.
Conclusión
Queremos ser personas que irradian gozo, una iglesia donde la gente sienta gozo al llegar — y no me refiero solo a aplaudir en la alabanza, el gozo es mucho más que eso, tiene que ver con cómo respondemos al amor de Dios. Esto puede sonar como una carga más, porque no todos nos gozamos como deberíamos. Pero Cristo fue el hombre con más gozo que ha existido.
Hebreos 1:9
Has amado la justicia y aborrecido la iniquidad; por lo cual Dios, Tu Dios, te ha ungido con óleo de alegría más que a tus compañeros.
Las películas suelen presentar a Jesús con la mirada perdida, pero estaba radiante de gozo. Los niños corrían a Él —tenían que pedirles que dejaran de molestar al Maestro—, los pecadores querían sentarse a Su mesa, porque era delicioso estar con Él. Y sin embargo fue “varón de dolores, experimentado en quebranto.” ¿Cómo puede ser la misma persona?
Hebreos 12:2
puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, despreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.
¿Cuál era ese gozo puesto delante de Cristo? Éramos tú y yo — soportó la cruz porque vio el fruto de la aflicción de Su alma. Las tinieblas inundaron el mundo para que tú y yo nunca tengamos que perder el gozo. Cristo cantó un himno en Getsemaní para que nosotros podamos cantar a medianoche en cualquier cárcel en la que estemos. Este mandato no es una carga: no nos ordena fabricar gozo, nos ordena abrir el regalo que ya fue comprado con sangre.
Cita de Octavius Winslow
Cristo vino a quitar nuestros pecados, a deshacer nuestra maldición, a romper nuestras cadenas, a abrir nuestra prisión, a cancelar nuestra deuda. ¿No es esto gozo? ¿Dónde podemos encontrar un gozo tan real, tan profundo, tan puro, tan duradero?
Si sabes que algo te está robando el gozo —un afán, una ansiedad— conviértelo en una oración agradecida. Revisa en qué estás meditando, y si no es en la Palabra, esfuérzate. Y un último reto: practica el gozo en voz alta. Ayer, mientras algunos hermanos estaban aquí hasta las once y media de la noche, frustrados intentando arreglar las bocinas que no funcionan, uno de ellos agarró un trapeador y se puso a limpiar cantando alabanzas — alguien hasta preguntó si traía audífonos. Necesitamos hacer eso: cantar cuando vamos manejando en el tráfico, cantar el evangelio en casa.
Si has estado buscando el gozo en otras fuentes y no lo has encontrado, hay una sola fuente. Somos el pueblo que recibió las buenas noticias de gran gozo — que en Orizaba y Córdoba no nos conozcan solo porque somos una iglesia de sana doctrina, ni porque somos “el hermanito protestante,” sino por nuestro gozo: que cuando te pregunten “¿qué onda contigo?” no puedas responder de otra manera que “tengo un Salvador tan grande.”
Regocíjense en el Señor siempre.