Introducción
El día de ayer estaba platicando con un hermano, y me dijo una frase que perforó mi corazón: “conozco la Biblia, pero estoy en pañales en lo que respecta a abrazar el evangelio.” Hablo por mí mismo: asisto a una iglesia desde que tenía unos 12 años, tengo casi 42, así que tengo tres décadas asistiendo a una iglesia — a veces con intermitencia. Me sé un montón de historias bíblicas, puedo citar versículos de memoria e incluso a los grandes autores de la antigüedad, y aun así es difícil dar fruto. Cada fin de año, o cada vez que hay un problema grave en casa, decimos “ahora sí voy a cambiar” — y el cambio no termina de llegar; a veces es temporal, a veces no pasa de un deseo.
4 Pido siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos ustedes, 5 por su participación en el evangelio desde el primer día hasta ahora. 6 Estoy convencido precisamente de esto: que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.
Los filipenses le habían mandado a Pablo una ofrenda para que pudiera seguir predicando. Si tú eres creyente, participas en la misión del evangelio de dos maneras: que el evangelio transforme tu propia vida, y que el Señor te use para que el evangelio avance en el mundo — eso es lo que llamamos santificación. Dios está comprometido con una obra: hacer que cada hijo suyo sea transformado a la semejanza de Jesús, para que cuando la gente nos vea a ti y a mí tenga una idea de cómo era el carácter de Jesús. Podemos tener metas económicas, profesionales, familiares — pero esa debería ser la más prioritaria. Y seamos honestos, todavía nos falta muchísimo — pueden preguntarle a mi esposa o a mis hijas.
9 Y esto pido en oración: que el amor de ustedes abunde aún más y más en conocimiento verdadero y en todo discernimiento, 10 a fin de que escojan lo mejor, para que sean puros e irreprensibles para el día de Cristo; 11 llenos del fruto de justicia que es por medio de Jesucristo, para la gloria y alabanza de Dios.
Lo que Dios quiere hacer en nuestra vida no es que seamos felices, ni plenos, ni que tengamos hijos exitosos — quiere que reflejemos a Cristo, y usa todo lo que ocurre en tu vida para eso. El primer fruto que el evangelio produce, según el verso 9, es que el amor abunde más y más — y el verso 11 dice que produce frutos de justicia. Es como un arbolito: la raíz es Cristo y Su evangelio; si un árbol no tiene raíz, jamás va a dar fruto, pero el brote que sale en las ramas es el amor que el Señor produce.
De ahí el título de hoy: el primer fruto del evangelio. Vamos a ver tres puntos: primero, queremos asombrarnos por el amor de Dios; segundo, responder al amor de Dios; y tercero, reflejar el amor de Dios.
Idea inicial
El primer fruto del evangelio es el amor. Lo recibimos al contemplar a Dios, respondemos amándole, y lo reflejamos al amar a nuestros hermanos.
I. Asombrándonos ante el amor de Dios
A. Nuestro problema con el amor
Tenemos un problema muy grave con el amor: en palabras de nuestra cultura popular, no sabemos amar. ¿Quién dijo “el amor es una gota de agua en un cristal, es un paseo largo sin hablar, es una fruta para dos”? — José Luis Perales. Y una canción de mi época decía que el amor “es una cosa que se da de pronto en forma natural, lleno de estrellas.” Para nuestra cultura, el amor es algo que debe proporcionarnos bienestar y placer. Pero el amor bíblico no es así — por eso nos decepcionamos, por eso nos rendimos. Solemos amar a otros siempre y cuando ese amor produzca placer, se acomode a nuestros intereses, o no suponga demasiado sacrificio. Por ese concepto tan distorsionado del amor es que hoy la unión libre es tan popular, hay padres que abandonan a sus hijos, y hay matrimonios estables que se desbaratan de un momento a otro.
Idea clave
El amor bíblico es radicalmente diferente al amor del mundo. El amor de Dios es absolutamente distinto a nuestro amor.
B. ¿Por qué ama Dios?
1 Juan 4:8
El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.
No es que Dios tenga amor — el amor es propio de Su naturaleza, algo que no se le puede quitar. Dios tiene ira, pero la ira no es intrínseca a Su naturaleza, es una respuesta al pecado; el amor sí forma parte de lo que Él es.
Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde Yo estoy, para que vean Mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.
Dios ama porque es un Dios trino y nunca ha estado solo — hay quien dice que Dios se sentía tan solo en el cielo que por eso nos creó, pero el Dios bíblico, por toda la eternidad, el Padre ha amado al Hijo, el Hijo ha respondido a ese amor, y el Espíritu Santo es parte de esa relación. Ahora, ¿por qué ama a pecadores como nosotros? Cuando un joven ama a una chica, es porque ella tiene algo que ofrecer — belleza, inteligencia. ¿Qué teníamos nosotros que ofrecerle a Dios? Nada.
Deuteronomio 7:7-8
El Señor no puso Su amor en ustedes ni los escogió por ser ustedes más numerosos que otro pueblo, pues eran el más pequeño de todos los pueblos; mas porque el Señor los amó y guardó el juramento que hizo a sus padres…
No había nada en Israel que los hiciera merecedores del amor de Dios — Él los amó porque quiso amarlos. Si tú conocieras todos mis secretos, los problemas de mi casa, de mi matrimonio, lo que pienso, seguro pensarías “este cuate es un falso” — y ni me saludarías. Dios lo conoce todo, y aun así me ama, porque quiso amarme.
Cita de un puritano
Si continuamos y preguntamos “pero, ¿por qué nos amó?”, no tenemos otra respuesta más que: “porque nos amó.”
Efesios 1:5 (RV)
…según el puro afecto de su voluntad.
Métete esto en la cabeza: nunca tuviste, ni tendrás, nada que te haga merecedor del amor de Dios — y aun así nada puede separarnos de ese amor.
C. ¿Cómo ama?
Cuando eras adolescente y te enamorabas, ¿qué hacías para demostrarlo? Escribir una carta (mi madre tiene guardadas, no sé cómo, las que yo le escribí a una chica antes de conocer a mi esposa — me avergüenzo un poco), comprar chocolates, dedicar una canción, etiquetar a alguien en redes sociales. Pero mira cómo ama Dios.
1 Juan 4:9-10
9 En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios ha enviado a Su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de Él. 10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a Su Hijo como propiciación por nuestros pecados.
No dice que nos mandó una cartita o un sticker: envió a Su Hijo. Amó, y por lo tanto envió a Su Hijo; amó, y por lo tanto nos da vida eterna; amó, y por lo tanto entregó a Cristo a la muerte.
Cita de David F. Wells
El amor de Dios no es amor en general, no solo buena voluntad, no simplemente una benevolencia general, no un afecto indiscriminado, no un amor romántico, sino un amor cuyo corazón es sacrificial, que se desprende de sí mismo.
Romanos 5:8
Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
Compara eso con el amor de las canciones, con el amor que tú y yo solemos dar — ninguno de nosotros tiene esa capacidad de amar así. Otro autor dijo que el amor de Dios significa que eternamente se da a otros — Él es inagotable.
Juan 13:1
…habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.
El Señor ama a Su pueblo hasta el extremo, hasta las últimas consecuencias — no hay manera de amar más de lo que Dios amó. ¿Y qué hacemos nosotros cuando la persona que amamos nos traiciona? Ponemos un límite: “hasta aquí, ya no puedo más.” Es natural cerrar el corazón. El amor de Dios no funciona así.
Oseas 3:1
Entonces el Señor me dijo: «Ve otra vez, ama a una mujer amada por otro y adúltera, así como el Señor ama a los israelitas a pesar de que ellos se vuelven a otros dioses…
Dios le había pedido a Oseas que se casara con una prostituta; ella lo abandona, vuelve a su vieja vida, y Dios le dice que vaya, la busque, le pague al proxeneta y la traiga de vuelta para amarla otra vez — “para que entiendas cómo amo a mi pueblo.” El amor de Dios no desaparece cuando fallas; nos busca precisamente cuando estamos perdidos.
Jeremías 31:3
Con amor eterno te he amado, por eso te he atraído con misericordia.
No depende de lo que tú hagas — no disminuye cuando fallas, no desaparece cuando huyes.
Cita de Octavius Winslow
El amor que te llamó es un amor cuyo párpado nunca se cierra, cuyos tonos nunca cambian, cuyo calor nunca se enfría. El amor de Cristo se destaca en la historia del amor como el más divino, el más santo, el más fuerte de todos los amores: inigualable, incomparable, insuperable.
Idea clave — punto I
El amor de Dios no nace de nuestra dignidad, no se detiene ante nuestra infidelidad, no conoce límite en el sacrificio. Es un amor eterno, sacrificial, sin reservas y fiel que brota del Dios que es amor.
II. Respondiendo al amor de Dios
Una verdad incómoda: no amamos a Dios de manera natural. En Romanos 3, Pablo dice que no hay quien busque a Dios, no hay quien haga lo bueno — el pecado corrompe nuestra capacidad de amar. Ni siquiera puedo amar a mi esposa como la Biblia me manda, ni siquiera a mis hijos correctamente — ese amor ciego y distorsionado es responsable de muchos de los daños que tienen nuestros hijos. ¿Cómo vamos a poder amar a Dios?
1 Juan 4:19
Nosotros amamos porque Él nos amó primero.
Observa el orden: no dice “Dios nos amó porque nosotros lo amamos primero” — dice que amamos porque Él nos amó primero. El amor a Dios no es el punto de partida, es la consecuencia.
Romanos 5:5
…el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado.
Dios no te ama a cuentagotas — como esos niños que abren la bolsa de papas y la aprietan para que no se les acabe, o como cuando guardas un buen vino solo para ti y no quieres compartirlo. Dios derrama Su amor por el Espíritu, y no es algo que nosotros fabriquemos — es algo que Él nos da. Amar a Dios es siempre una respuesta, nunca tu iniciativa: no se trata de decidir “ahora sí voy a amar a Dios”, sino de recibir Su amor, porque cuando lo recibes, Él te capacita para amarlo.
¿Cuándo fue la última vez que te detuviste a contemplar algo hermoso — un volcán, las montañas, las nubes? Vivimos en un mundo tan acelerado, y creo que es parte de la estrategia del diablo: acelerarnos para que tengamos menos tiempo de pensar. Si no te has detenido a contemplar eso, tal vez tampoco te has detenido a contemplar el amor de Dios.
Efesios 3:17-19
…de manera que Cristo habite por la fe en sus corazones. También ruego que arraigados y cimentados en amor, ustedes sean capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que sean llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios.
Pablo no dice “necesitan leer más teología sistemática” — dice que necesitan conocer y experimentar la realidad viva del amor de Dios, porque contemplarlo produce deleite y gozo, y te deja lleno.
Salmo 90:14
Sácianos por la mañana con Tu misericordia, Y cantaremos con gozo y nos alegraremos todos nuestros días.
2 Corintios 5:14-15
Porque el amor de Cristo nos apremia, habiendo llegado a esta conclusión: que Uno murió por todos, y por consiguiente, todos murieron. Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos.
El amor de Cristo nos apremia, nos domina — no es que Pablo un día decidió “se me ocurre vivir para Cristo”; cuando alguien recibe el amor de Dios, la consecuencia natural es que deja de vivir para sí. Vivimos luchando contra el pecado —orgullo, ira, envidia, amargura, codicia, lujuria, pornografía— y hay veces que dices “llevo una semana sin gritar” y diez minutos después estás gritando todo lo que no gritaste en la semana. El primer paso que un hijo de Dios debe dar para vencer el pecado es llenarse del amor de Dios y deleitarse en Él — si quieres vencer la ira, la mentira, la amargura, la lujuria, profundiza en el amor de Dios.
Testimonio de Agustín de Hipona
Te amo, Señor, con conocimiento y seguridad, no con duda. Golpeaste mi corazón con tu palabra, y te amé. El cielo y la tierra, y todo lo que hay en ellos, me exhortan a amarte.
Agustín, un hombre exitosísimo que probó todos los placeres de su época y quedó completamente vacío, no dice “cuánto he trabajado por amarte” — dice “tú me golpeaste, y mi respuesta fue amarte.” El amor a Dios es una respuesta.
Pedro le dijo al Señor “si es necesario moriré por ti”, y esa misma noche lo negó tres veces.
Juan 21:17
Jesús le dijo por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció porque la tercera vez le dijo: «¿Me quieres?». Y le respondió: «Señor, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te quiero».
Cuando Pedro falla, el Señor no le dice “no eres digno de mí, apártate” ni “tómate un tiempo, no vayas a manchar a esta gente santa” — lo busca, y le pregunta: “¿de verdad me amas?” Esa es la pregunta que todos tenemos que hacernos. Si somos honestos, la respuesta debería ser “sí lo amo, pero no como debería amarlo.”
Mateo 22:37
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
Si tú piensas que no eres tan buen cristiano porque no amas a Dios lo suficiente, si te sientes indigno o hipócrita cuando vienes a la iglesia porque estás fallando, no eres el único. Lo que necesitas hacer es recibir el amor de Dios, dejar que Él te ame, crecer en la manera en que entiendes ese amor, regocijarte y deleitarte en Él — y después de deleitarte en Él, aprender a elegirlo y amarlo.
Idea clave — punto II
Cuando crecemos en nuestro deleite en el amor de Dios, el Espíritu nos hace responder amándole.
III. Reflejando el amor de Dios
Dios nunca nos va a pedir que hagamos algo sin capacitarnos primero para hacerlo.
Cita de John Piper
El amor es el desbordamiento de gozo en Dios que suple las necesidades de otros.
Piensa en tus hermanos: hay hermanos fáciles de amar y difíciles de amar — ¿sabes por qué son “fáciles”? Porque todavía no los conoces lo suficiente. Y en el hogar se ve más claro: mi esposa, que es quien mejor me conoce, ve todos mis errores —más que errores, horrores— y eso me hace difícil de amar. No amamos a los demás porque sean fáciles de amar; amamos porque somos como un vasito en el que Dios va derramando Su gozo, y cuando el vaso ya está lleno y le sigues echando, se desborda (soy muy distraído, y cuando sirvo agua platicando con alguien sigo vaciando la jarra aunque el vaso ya se llenó — eso es lo que Dios quiere hacer en nosotros: saturarnos de tal manera que amar a otro sea un desbordamiento, no un esfuerzo).
¿Por qué nos cuesta amar a los demás, a nuestro cónyuge? No es que nos falten razones para hacer una lista de sus defectos — el problema es que no estamos desbordando el amor de Dios. Cuando alguien te pisa, la respuesta natural es “¡fíjate!” o algo peor; pero si estás lleno del amor de Dios, lo que desbordas no es ira, es preocupación.
1 Juan 4:11-12
Amados, si Dios así nos amó, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nunca lo ha visto nadie. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y Su amor se perfecciona en nosotros.
Él nos manda amar a los demás porque Él nos amó primero. ¿De verdad amas a tu iglesia? La prueba más simple: ¿te sabes el nombre de todos? ¿Cómo vas a amar a alguien que ni conoces? El problema no es falta de esfuerzo, es que no estás desbordando el amor de Dios.
Juan 13:34-35
Un mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros; que como Yo los he amado, así también se amen los unos a los otros. En esto conocerán todos que son Mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros.
¿Será que somos conocidos porque nos amamos? ¿Que lo que distingue a nuestra iglesia no es la buena doctrina ni la buena alabanza, sino que se aman? ¿O somos conocidos por otra cosa?
Cuando termine el culto, si estás vacío, lo que vas a querer es que otros te llenen — pero como los demás están igual de vacíos, nunca te van a llenar. Lo que hay que decirle al Señor es “sátúrame de tu amor, para que yo pueda acercarme a otros, en vez de esperar que el otro me dé a mí.” Eso implica detenerte, aunque tengas prisa por llegar a otros compromisos — porque cuando sales corriendo, lo que estás diciendo es que amas más tus intereses que a la iglesia por la que Cristo murió. Necesitamos saludar con intención — no el “¿qué onda, cómo estás? — bien, ahí nos vemos” — sino de verdad querer saber cómo está el otro y escucharlo hasta el final; buscarlo entre semana para decirle “me quedé preocupado por ti”; ir primero, sin esperar a que el otro tome la iniciativa, porque el Señor no esperó que tú la tomaras; y orar con los demás, no solo por ellos.
Idea clave — punto III
El amor que el Señor derramó en nosotros se desborda en actos concretos de amor.
Conclusión
Hemos visto tres cosas: que el amor de Dios es un amor glorioso, sacrificial, sin reservas y fiel; que cuando crecemos en la comprensión de ese amor, el Espíritu produce en nosotros amor hacia Él; y que el amor que el Señor derramó en nosotros tiene que reflejarse en actos concretos de amor por los demás.
Argumento
El primer fruto del evangelio es el amor: lo recibimos al contemplarlo, respondemos amándolo, y somos llamados a reflejarlo amando a los demás.
Creo que esta es la lucha más grande, y el primer paso es dejar que el amor de Dios te llene. Los invito a que hoy, y cada día, se llenen del amor de Dios — todo lo demás va a brotar de ahí.
La grabación se corta justo cuando invita a cerrar los ojos para orar — no se conservó la oración de cierre.