Introducción
Lectura bíblica
12 Quiero que sepan, hermanos, que las circunstancias en que me he visto, han redundado en un mayor progreso del evangelio, 13 de tal manera que mis prisiones por la causa de Cristo se han hecho notorias en toda la guardia pretoriana y a todos los demás. 14 La mayoría de los hermanos, confiando en el Señor por causa de mis prisiones, tienen mucho más valor para hablar la palabra de Dios sin temor. 15 Algunos, a la verdad, predican a Cristo aun por envidia y rivalidad, pero también otros lo hacen de buena voluntad. 16 Estos lo hacen por amor, sabiendo que he sido designado para la defensa del evangelio. 17 Aquellos proclaman a Cristo por ambición personal, no con sinceridad, pensando causarme angustia en mis prisiones. 18 ¿Entonces qué? Que de todas maneras, ya sea fingidamente o en verdad, Cristo es proclamado; y en esto me regocijo, sí, y me regocijaré. 19 Porque sé que esto resultará en mi liberación mediante las oraciones de ustedes y la provisión del Espíritu de Jesucristo, 20 conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado, sino que con toda confianza, aun ahora, como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte. 21 Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia. 22 Pero si el vivir en la carne, esto significa para mí una labor fructífera, entonces, no sé cuál escoger. 23 Porque de ambos lados me siento apremiado, teniendo el deseo de partir y estar con Cristo, pues eso es mucho mejor. 24 Sin embargo, continuar en la carne es más necesario por causa de ustedes. 25 Y convencido de esto, sé que permaneceré y continuaré con todos ustedes para su progreso y gozo en la fe, 26 para que su profunda satisfacción por mí abunde en Cristo Jesús a causa de mi visita otra vez a ustedes.
Señor, te queremos rogar que por tu gracia y por tu amor abras nuestro corazón y nuestro entendimiento a tu Palabra. Señor, me confieso como un hombre débil, y tu Palabra es tan gloriosa y poderosa; así que te ruego, Dios, que sea tu Palabra, tu Espíritu usando tu Palabra, el que hable a nuestro corazón, y nos ayudes a comprender el inmenso valor de Cristo, en el nombre de Jesús. Amén.
Ilustración: entre la espada y la pared
En 2010 salió una película basada en un libro de 2004, Entre la espada y la pared — la película se llama 127 horas. Cuenta la historia real de Aron Ralston, un montañista que, mientras descendía en rapel por un cañón profundo en Utah, quedó atrapado cuando una roca de más de trescientos kilos cayó y aprisionó su mano contra la pared. Durante seis días luchó por liberarse, y al final, hambriento y desesperado, se cortó él mismo la mano atrapada con una navaja suiza. Increíblemente, sobrevivió.
¿Qué motiva a un hombre a hacer algo así de desesperado? Lo que él nos está diciendo es: vale la pena vivir, vale la pena luchar por la vida. Nosotros nos aferramos con uñas y dientes a las cosas que valen la pena, estamos dispuestos a hacer cualquier cosa por la vida —no solo la nuestra, también la de nuestros seres queridos—. Pero hoy, en el pasaje que acabamos de leer, Pablo nos presenta algo todavía más valioso que la vida misma, algo que puede parecer en contra de todo sentido: un llamado a vivir y a morir por Cristo.
Vamos a ver este pasaje en tres partes: la fuente del gozo verdadero de Pablo, un anhelo peculiar, y un objetivo bien claro que Pablo tenía para su vida.
Argumento
Cristo es más glorioso que cualquier cosa que la vida pueda darme o la muerte pueda quitarme, por lo tanto no hay nada más glorioso que vivir y morir para Su gloria y el bien de Su pueblo.
I. Una fuente de gozo verdadero (vv. 12-18)
Idea clave
Mi gozo no depende de las circunstancias presentes, sino de mi llamado eterno.
A. Circunstancias vs. propósito (vv. 12-13)
Imagínate que te encuentras a un amigo muy querido, de hace muchos años, y te pregunta cómo te está yendo — a ese tipo de amigo no le ocultas las cosas. Si tú pudieras preguntarle a Pablo “¿qué onda, cómo te está yendo?”, recuerda que llevaba al menos cinco años en la cárcel —no porque no lo hubieran podido soltar antes, sino porque Pablo insistía en ver al emperador Nerón, y eso les resultaba sospechoso a los soldados—. Probablemente estaba en el cepo, con al menos una mano encadenada a un soldado romano, en una cárcel sucia, oscura y húmeda.
Pero mira lo que Pablo le dice a la iglesia, que había mandado a un hermano a visitarlo: “hermanos, ustedes tranquilos” — ya sé que Epafrodito les contó que estoy amarrado de pies y manos, que me latigaron, pero no es para tanto. Eso no es lo importante. A diferencia de nosotros, que nos encanta hacernos las víctimas —“ay hermano, estoy sufriendo, traigo una uña enterrada”—, Pablo ni siquiera menciona su propio dolor en este punto. Lo que dice es: las circunstancias en que me he visto han redundado en un mayor progreso del evangelio.
Hace unos días, manejando, una señora que se me quiso meter en mi carril, cuando le pedí espacio y se lo dio, me gritó un insulto al pasar — sentí esa efervescencia por dentro que hacía rato no sentía. ¿Cómo reaccionamos cuando nos ofenden? Pablo diría: eso no es importante, lo que importa es que el evangelio está avanzando.
Isaías 52:10 (TLA)
Dios mostrará su poder a todas las naciones, y todas las regiones de la tierra verán la salvación de nuestro Dios.
Ese es el plan de Dios. Y lo más interesante es que Dios nos haya llamado a ti y a mí a ser parte de ese plan: el Dios todopoderoso quiere usar todo lo que ocurre en nuestra vida —lo bueno, pero también nuestra incomodidad, nuestro sufrimiento— para que Su reino siga avanzando.
Idea clave
El Dios todopoderoso quiere usar todo en mi vida, incluyendo tu incomodidad y sufrimiento presente, para que Su reino siga avanzando.
Eso significa que cada lágrima, cada paso en el valle de sombra de muerte, cada vez que te has sentido angustiado, si estás caminando con Cristo, vale la pena, porque forma parte de Su plan.
Pablo pone un ejemplo de ese progreso: toda la guardia pretoriana ya sabe que está preso por Cristo. No está hablando de conversiones — simplemente de que otros saben que está preso por Jesús, y eso, para él, ya es ganancia. Esto debería redefinir la manera en que vemos nuestra vida: ¿para qué sufrimos? Como en la historia de Job, uno de los propósitos es que haya personas que sepan que padecemos siendo fieles a Cristo.
B. Lo que produce en otros (vv. 14-18)
14 La mayoría de los hermanos, confiando en el Señor por causa de mis prisiones, tienen mucho más valor para hablar la palabra de Dios sin temor. 15 Algunos, a la verdad, predican a Cristo aun por envidia y rivalidad, pero también otros lo hacen de buena voluntad. 16 Estos lo hacen por amor, sabiendo que he sido designado para la defensa del evangelio. 17 Aquellos proclaman a Cristo por ambición personal, no con sinceridad, pensando causarme angustia en mis prisiones. 18 ¿Entonces qué? Que de todas maneras, ya sea fingidamente o en verdad, Cristo es proclamado;
Había gente que predicaba a Cristo por envidia — “¿cómo va a ser que Pablo predique más que yo?” — con malas motivaciones, no falsas doctrinas, sino motivaciones equivocadas, para que Pablo supiera que allá afuera había alguien predicando “más chido” que él. Eso sí producía tristeza en Pablo. Pero observa el versículo 18: no importa, Cristo está siendo predicado.
C. Lo que produce en mí (v. 18b)
18 …y en esto me regocijo, sí, y me regocijaré.
Pablo tenía claro que lo importante no eran sus circunstancias, sino que el evangelio siguiera avanzando, y por eso podía gozarse incluso en prisión.
Conexión
Hace unos días discutí con mi esposa porque no me habló de manera amable, y decidí —en mi carnalidad— aplicarle la ley del hielo por un rato. Cuando después le dije que su actitud había sido pecaminosa, ella me respondió: “¿y lo que tú hiciste, no?” Ay, caray — no lo había visto desde esa perspectiva. Nos sentimos ofendidos, nos hacemos las víctimas, queremos que los reflectores apunten hacia nosotros. Pero Pablo está diciendo que los reflectores no apuntan hacia él — lo que importa es que su sufrimiento sea un reflector que hace que Cristo se vea más glorioso. Dios quiere usar eso mismo en tu vida: el hijo problemático, el familiar incómodo, la lucha tremenda.
Cuatro principios para recordar:
- Dios te llamó a ti y a mí para que seamos parte activa en el cumplimiento de Su plan.
- Dios quiere usar todo en tu vida —tus recursos, tus dones, tus habilidades, pero también tu sufrimiento y tu dolor— para que Su evangelio avance.
- Cuando comprenda que el avance del evangelio es más importante que mi comodidad, experimentaré un gozo inquebrantable. Piensa en tus conflictos de esta semana — casi siempre tienen que ver con que “mi comodidad se vio incomodada”.
- Dios va a usar a otros, aunque no me guste cómo lo haga —así como usaba a los que predicaban por rivalidad—.
II. Un anhelo peculiar para mi vida y muerte (vv. 19-21)
19 Porque sé que esto resultará en mi liberación mediante las oraciones de ustedes y la provisión del Espíritu de Jesucristo, 20 conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado, sino que con toda confianza, aun ahora, como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte. 21 Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia.
Idea clave
El anhelo y la esperanza de mi vida y muerte debe ser magnificar a Cristo y disfrutar de Él.
A. Pablo espera la liberación
Aquí Pablo aún no está hablando de su liberación final, la de la muerte —eso viene después—; puede referirse tanto a salir libre de la cárcel como a ser libre de esta vida, porque para Pablo existía la posibilidad real de ser ejecutado. Pase lo que pase, está tranquilo, porque los filipenses están orando por él y el Espíritu está intercediendo.
B. Un anhelo extraño
Anhelo es algo que deseas fervientemente —como la canción “un sueño ideal” de la película de Rapunzel, todos perseguimos algo—. Esperanza es algo que sabes que va a pasar, aunque todavía no ha pasado — como quien cobra por quincenas espera su pago el día 15 o el 30. Pablo tiene una esperanza doble.
Primero: “en nada seré avergonzado”. En aquel entonces las ejecuciones eran espectáculos públicos: decapitaciones, crucifixiones, el coliseo se construyó para eso, y los romanos perfeccionaron métodos de tortura como el desmembramiento. Pablo, muy probablemente, terminaría decapitado. Imagínate a Pablo imaginando a toda una multitud gritándole “niega a Cristo” — lo que dice es: pase lo que pase, nada me va a hacer avergonzarme de Él. Y lo va a enfrentar con toda confianza.
Segundo: “Cristo será exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte”. Exaltar significa resaltar la grandeza de alguien — ¿de qué se trata gran parte de las redes sociales, si no de exaltarnos a nosotros mismos? “Miren cuánto tengo”, “miren mis músculos”, incluso “miren cómo sufro”. No me imagino a Pablo tomándose una selfie en la cárcel. Lo que él quiere es que la gente sepa que Cristo es grande, no que digan “qué valiente es este hombre”.
Idea clave
Cristo es más precioso que cualquier cosa que la vida me pueda dar, o que la muerte me pueda quitar.
C. El propósito de la vida y la muerte
Vivir es Cristo. Si te preguntara cuál es el propósito de tu vida, muchos anotaríamos trabajo, esposa, hijos, familia, ministerio, viajes, placer. Pablo diría: Cristo. Esto es contradictorio, porque lo que Pablo expresa es que la fuente máxima de placer y gozo en esta vida consiste en conocer y disfrutar la gloria de Jesús. Vivir para Cristo no significa renunciar a tu trabajo o vender todo — tampoco es algo que decides de golpe una mañana, como si despertaras de una borrachera. Se hace día a día: rindiéndonos a Jesús, buscándolo, meditando en Su Palabra, amándolo, compartiéndolo.
Morir es ganancia. Tratamos de negar la muerte por todos los medios; no hablamos de ella con claridad, arreglamos a los muertos para que se vean “presentables”. Cada línea de expresión en nuestro rostro significa que hoy estamos más cerca de la muerte que ayer. Le tememos por lo que nos puede quitar — como un niño que llora al separarse de su mamá en el kínder. Pero nada de lo que la muerte nos pueda quitar es más valioso que Cristo. “Morir es ganancia” porque, para el creyente, significa finalmente contemplar a Cristo. Esto es fácil de creer cuando todo está bien; el reto es cuando enfrentamos la cruda realidad. Si no estás en Cristo, la muerte será la más grande pérdida —Hebreos 9:27 dice que está establecido que los hombres mueren una sola vez y después el juicio—.
Hay una escena en El progreso del peregrino que me conmueve: Cristiano y Esperanza, ya casi al final de su viaje, tienen que atravesar el río de la muerte para llegar a la ciudad celestial.
Además vi que entre ellos y la puerta estaba el Río de la Muerte. Pero no había puente para pasarlo, y el río era muy hondo. No había modo de seguir adelante sin pasar el río. A la vista de este río, los peregrinos se turbaron, pero los varones que se habían acercado a ellos dijeron: “Tienen que pasar por el Río, si no, no podrán llegar a la Puerta”. Entonces les preguntaron a los varones si el agua era de la misma profundidad en todas partes. Dijeron que no, pero que sin embargo no les podían ayudar, pues decían: “Hallarán el río de mayor o menor profundidad, según crean en el Rey del país”. Resolvieron, pues, pasar; pero entrando Cristiano en el agua, comenzó a hundirse, por lo que exclamó: “Me estoy hundiendo en aguas profundas, sus ondas me pasan por encima de la cabeza, la corriente me rodea por todos lados”. Esperanza luego dijo: “¡Ánimo, hermano mío! Toco fondo con los pies y verás que es firme”. “¡Ah, amigo mío! Estoy sobrecogido por los dolores de la muerte. Ya no veré la tierra que fluye leche y miel”. Y con esto, Cristiano se encontró en una gran y horrorosa oscuridad, tanto que no podía ver por dónde iba… Esperanza, pues, se vio en apuros tratando de mantener la cabeza de su hermano fuera del agua… diciendo: “Hermano, veo la puerta y varones que nos esperan”. Cristiano contestaba: “Es a ti a quien esperan, has conservado tu esperanza desde el primer momento que te conocí”. “¡Ay, hermano mío, estas aflicciones y amarguras por las que estás pasando en estas aguas, no son señal de que Dios te haya desamparado, sino que son enviadas para probarte, y ver si te acuerdas de lo que por su bondad has recibido, y para que te apoyes en él en medio de tus aflicciones! ¡Cobra ánimo! Jesucristo te salva”. Ahora Cristiano exclamó: “¡Oh, vuelvo a verlo y oigo que me dice: ‘Cuando pasares por las aguas, yo seré contigo; y cuando por los ríos, estos no te anegarán’!” Con esto, los dos se animaron —el enemigo se quedó inmóvil como una piedra— y muy pronto sus pies tocaron fondo desde allí en adelante, y acabaron de pasar sin tener más problemas.
Todos vamos a cruzar ese río, y no sabemos cómo será. He visto personas morir con paz y tranquilidad, y cristianos llorar ante la muerte — cada uno lo va a enfrentar diferente, pero si estás en Cristo, morir es ganancia.
III. Un claro objetivo por el que luchar (vv. 22-26)
Idea clave
Mientras viva, usaré cada oportunidad para que otros crezcan en su progreso y gozo en la fe.
22 Pero si el vivir en la carne, esto significa para mí una labor fructífera, entonces, no sé cuál escoger. 23 Porque de ambos lados me siento apremiado, teniendo el deseo de partir y estar con Cristo, pues eso es mucho mejor. 24 Sin embargo, continuar en la carne es más necesario por causa de ustedes. 25 Y convencido de esto, sé que permaneceré y continuaré con todos ustedes para su progreso y gozo en la fe, 26 para que su profunda satisfacción por mí abunde en Cristo Jesús a causa de mi visita otra vez a ustedes.
A. La tensión entre la vida y la muerte
La condición de Pablo era crítica, bajo el temible Nerón; no era él quien podía escoger, era un preso político y no sabía qué era mejor, morir o vivir. Por un lado tiene el deseo de partir y estar con Cristo — sabe que la muerte es mucho más que el cese de las funciones biológicas, consiste en ver y contemplar Su gloria, conocerlo como es conocido, mientras esperamos la resurrección.
3 Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: «El tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos y ellos serán Su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. 4 Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado».
Es muchísimo mejor, aunque para nosotros pueda sonar como una fábula hasta que nos enfrentamos a la prueba más grande: la muerte. ¿Qué nos motiva a nosotros a seguir viviendo — propósitos egoístas, terminar una carrera, casarnos, ver a nuestros hijos o nietos? Somos llamados a usar nuestra vida para la gloria de Cristo y el bien de Su pueblo.
B. El propósito de seguir viviendo
Pablo no quiere seguir vivo para ver a sus nietos, ni para ir de vacaciones a Europa — no tiene una meta terrenal que cumplir. Desea continuar porque es necesario por causa de los filipenses: mientras viva, puede ayudar a otros a progresar y gozarse en la fe.
Conclusión
Vimos tres puntos: la fuente de gozo verdadero no depende de mis circunstancias, sino de que el evangelio siga avanzando; el anhelo peculiar de Pablo es magnificar a Cristo, ya sea en la vida o en la muerte; y su claro objetivo es usar cada oportunidad, mientras viva, para que otros crezcan en la fe.
Argumento
Cristo es más glorioso que cualquier cosa que la vida pueda darme o que la muerte pueda quitarme.
Conexión con el evangelio
21 Desde entonces Jesucristo comenzó a declarar a Sus discípulos que debía ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas de parte de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día. 22 Tomando aparte a Jesús, Pedro lo reprendió: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso nunca te acontecerá». 23 Pero volviéndose Él, dijo a Pedro: «¡Quítate de delante de Mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres». 24 Entonces Jesús dijo a Sus discípulos: «Si alguien quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y que me siga. 25 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de Mí, la hallará.
Este mensaje va en contra de nuestra naturaleza caída — queremos ser felices y cómodos. Imagínate poder escoger, antes de nacer, a qué familia nacer o qué herencia genética recibir: obviamente escogeríamos riqueza y salud. Pero Dios no te preguntó — y si pudiéramos escoger siempre la comodidad, seríamos las personas más infelices. Lo que Dios nos está diciendo es que todo esto no es para nuestra gloria, sino para la Suya. Igual que Pedro, no queremos que Jesús sufra — pero pensar así, según Cristo, es un pensamiento satánico, porque si Dios humilló a Su propio Hijo para salvarnos, ¿quién soy yo para no sufrir?
Idea clave
Si Cristo entregó su vida para salvarme, ¿qué me hace pensar que yo debo pagar menos?
Aplicaciones
- Cambiar la manera en que veo la conversión: ser cristiano no es repetir una oración, es entender que el tesoro más grande es Cristo.
- Cambiar la manera en que vivo la vida cristiana: la lucha más grande ocurre dentro de nosotros, contra los ídolos de nuestro corazón.
13 «Porque dos males ha hecho Mi pueblo: Me han abandonado a Mí, Fuente de aguas vivas, y han cavado para sí cisternas, cisternas agrietadas que no retienen el agua.
- Cambiar la manera en que inicio mi día: no de un brinco, corriendo porque se me hizo tarde, sino rindiéndome a Cristo, examinando mi vida, preguntándole a quién le puedo hablar hoy de Él y cómo puedo ayudar a otros a crecer en su fe.
- Cambiar la manera en que mido mis esfuerzos: ¿por qué sudamos y nos desgastamos todos los días? Igual que se evalúa si un negocio da o no da, hay que preguntarse si aquello por lo que nos desgastamos nos ayuda a vivir para Cristo, o se lo impide.
- Cambiar la manera en que enfrento la oposición: va a haber quien se burle, quien te diga “ahí va el aleluya” — pero el sufrimiento exalta a Cristo.
- Cambiar la manera en que veo el dinero: contando la ofrenda un mes con otros hermanos, hice cuentas simples — cuánto entró, cuántos somos— y llegué a la conclusión de que, como iglesia, somos tacaños; hay gente muy generosa, lo cual resalta todavía más que la mayoría da menos. No te lo digo por interés económico, sino porque refleja cómo vemos el dinero: no es para atesorar, es para glorificar a Cristo y ayudar al prójimo. En promedio, probablemente gastamos más en refrescos o papitas que en lo que ofrendamos.
- Cambiar la manera en que veo el sufrimiento: el Señor te lo da como oportunidad para reflejar y glorificar a Cristo, y para hablarle de Él a personas a las que de otro modo no podrías.
Cristo es más glorioso que cualquier cosa que la vida pueda darte o que la muerte pueda quitarte; por lo tanto, no hay nada más glorioso que vivir y morir para Su gloria y el bien de Su pueblo.
Cierra tus ojos por un momento, vamos a orar.
Señor, tu Palabra es retadora, nos confronta, porque ninguno de nosotros ni quiere ni puede hacer esto — no es natural en nosotros. Sin embargo, tú has puesto en nosotros algo nuevo, la semilla de tu presencia, una nueva vida, tu Espíritu Santo. Señor, quiero que me ayudes a mí en primer lugar, y a mis hermanos, a creer estas verdades: que lo más glorioso en la vida no es lo que somos ni lo que tenemos, sino que hemos conocido a Cristo, y que conociéndolo, Señor, podamos disfrutar de Él y glorificarlo. Ayúdanos, Señor, ayúdanos a que estas verdades que expresé torpemente, el Espíritu las tome y las traiga al corazón de mis hermanos, y nos guíe para ser transformados a la luz de tu Palabra. Oramos en el nombre de Jesús.
Pónganse de pie, vamos a terminar con un canto — A ti mi salvador, el que en la cruz fue quebrantado — pidiéndole que nos ayude a creer y a vivir que Cristo es más grande que cualquier cosa que podamos tener en la vida o perder en la muerte. En el nombre de Jesús. Amén.