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El domingo en GSO nos acercamos a Daniel 9. Daniel, siendo cómo un anciano, leyó la promesa de Dios y, en lugar de exigir o quejarse, volvió su rostro a Él en confesión y súplica.

Esta guía te ayudará a recordar lo que estudiamos y a llevarlo a tu vida práctica.

“Por favor, después de orar, lean el texto y usen las preguntas para recordar, aplicar y orar la verdad bíblica.”

Para recordar

  1. Lean la oración de Daniel en los versículos 4–19. ¿Cómo describe Daniel el pecado del pueblo? ¿Qué palabras o frases usa para confesar sin excusa?
  2. Daniel apela a la misericordia a la gracia de Dios, consciente de que no tenía nada para pagar Su deuda, pero en el versículo 26, leemos que Mesías “será muerto y no tendrá nada”. ¿Qué cambia en tu forma de orar y confesar el pecado al recordar que Jesús pagó tu deuda con Su muerte?
  3. ¿Hay alguna diferencia entre decirle a Dios “ten misericordia de mí porque soy pecador” y decirle “ten misericordia de mí por la sangre de Cristo”?

Para aplicar

El problema de fondo que Daniel 9 expone no es que el pueblo de Israel no supiera que había pecado. Lo sabían. El problema era que durante siglos no quisieron escuchar la advertencia y arrepentirse.

  1. El sermón mostró que Israel ignoró la advertencia de Dios repetidamente ¿En qué área de tu vida llevas tiempo escuchando una advertencia clara de parte del Señor que todavía no has atendido?
  2. Daniel confiesa sin justificación ni excusas. Cuando tú confiesas un pecado, ¿sueles añadir explicaciones que suavizan la responsabilidad? ¿Qué pecado específico en tu vida has estado confesando a medias, con excusas incluidas?
  3. Dios ya tenía un plan para “poner fin a la transgresión, terminar con el pecado, expiar la iniquidad.” Ese plan se cumplió en la Cruz. ¿En tu vida diaria, confías que Cristo ya pagó tu deuda o vives como alguien que debe ganarse el favor de Dios?
  4. ¿Qué paso concreto que vas a dar esta semana para volver tu rostro a Dios y confesar el pecado?

Para orar

  • Alabanza: Por la fidelidad de Dios que cumplió Su promesa en el tiempo exacto: envió al Mesías Príncipe según lo decretado, para expiar la iniquidad y traer justicia eterna.
  • Confesión: De nuestra tendencia a confesar el pecado con excusas, a culpar a Dios o a otros por las consecuencias de nuestras propias decisiones, y de vivir como si la deuda de nuestro pecado todavía estuviera sin pagar, en lugar de descansar en la Cruz.
  • Súplica: Pide al Espíritu Santo que nos dé humildad: la capacidad de volver el rostro a Dios en medio de la ruina, de confesar sin reservas, y de orar con urgencia y fe, no por nuestros méritos, sino únicamente por la gran compasión derramada en Jesucristo.