banner

El domingo pasado vimos en Daniel 4 la historia de un rey que lo tenía todo, poder, gloria, un imperio, y que necesitó perderlo todo para finalmente reconocer que hay un solo Rey que gobierna la historia. Esta guía te ayudará a recordar lo que estudiamos y a llevarlo a tu vida práctica.

Por favor, después de orar, lean el texto y usen las preguntas para recordar, aplicar y orar la verdad bíblica.

Para recordar

  1. El sueño del árbol tiene un propósito declarado en el v. 17. ¿Cuál es ese propósito? ¿Por qué crees que Dios no simplemente le quitó el reino a Nabucodonosor sin advertirle primero?
  2. En el v. 37, Nabucodonosor expresa el propósito de su edicto. ¿Cómo se complementa eso con el propósito declarado en el v. 17?
  3. Nabucodonosor ya había visto el poder de Dios en los capítulos 2 y 3, y sin embargo vuelve a hacer lo mismo: buscar respuestas en los sabios de Babilonia antes de acudir a Daniel. ¿Qué nos dice eso sobre la naturaleza del corazón humano?
  4. Nabucodonosor resistió hasta que no pudo más. Jesús, teniendo todo el derecho de imponer su soberanía, eligió humillarse… Tomó forma de siervo… Se hizo obediente hasta la muerte de cruz…
    • ¿Qué nos dice sobre Jesús que el Rey del universo haya elegido humillarse en lugar de imponerse?
    • Si el Hijo mismo se humilló voluntariamente en obediencia al Padre, ¿cómo debería cambiar eso la manera en que vemos nuestra propia resistencia a humillarnos ante Dios?

Para aplicar

Nabucodonosor no era un hombre ignorante de Dios, lo había visto actuar dos veces. El problema no era falta de información: era que sabía, pero no reconocía. Y hay un gran trecho entre saber y reconocer. Las siguientes preguntas no son para responder en abstracto. Son para responder pensando en algo concreto que está pasando en tu vida ahora mismo.


1. Nabucodonosor miró su ciudad y dijo: “Yo la edifiqué. Para mi gloria.” Lo dijo con la naturalidad de alguien que nunca había cuestionado esa suposición. Así funcionamos nosotros también.
Piensa en lo que más ocupa tu mente y tu tiempo esta semana — un proyecto, un negocio, una relación, una meta, tu reputación. Sé honesto:
¿Estás construyendo eso para la gloria de Dios, o para la tuya?

Advertencia

No confíes sin más en tu primera respuesta. El corazón es engañoso.


2. El orgullo rara vez dice “yo soy el rey.” Se disfraza en frases y actitudes como:

  • No necesito de Dios para esto.
  • Dios entiende que Su Palabra no aplica en mi caso.
  • Cuando esta situación pase, entonces me ocupo de eso con Dios.

Reflexiona:

  • ¿Has usado o pensado alguna frase parecida? ¿Hay actitudes en ti que lo demuestren?
  • ¿En qué momentos o situaciones concretas? (No respondas de manera general — ponle nombre a la situación.)
  • ¿Cómo te guía esto al arrepentimiento?

3. Dios le dio a Nabucodonosor doce meses después de la advertencia. Doce meses en los que pudo haber respondido — y no lo hizo. Nosotros también tenemos nuestros doce meses.

  • ¿Hay algo que Dios te ha estado hablando — a través de Su Palabra, de un hermano, de tu propia conciencia — y que llevas tiempo aplazando?
  • ¿Cuánto tiempo llevas con eso?
  • ¿Qué excusa has estado usando?
  • ¿Qué paso concreto vas a dar esta semana?

4. La pregunta con la que abrimos el sermón fue: ¿cuánto necesita perder un hombre para finalmente levantar los ojos al cielo? Para Nabucodonosor fueron siete años. Para Lewis fue rendirse de rodillas buscando una salida que ya no existía.

  • ¿Qué tendría que quitarte Dios para que finalmente le rindieras eso que todavía no le has rendido?
  • ¿Por qué esperar a perderlo?

Para orar

  • Alabemos al Dios del cielo, quien gobierna sobre todo y su reino es eterno.
  • Confesemos nuestro orgullo, reconozcamos que muchas veces que hemos trabajado para nuestra propia gloria.
  • Roguemos al Señor que Su Espíritu genere en nosotros un corazón humilde para que vivamos toda nuestra vida para Su gloria.